Saga para + 18

Iris púrpura es el cuarto libro de la saga Los Craig. Para comprender la historia y conocer los personajes es necesario partir de la lectura de Los ojos de Douglas Craig.

La saga es de género romántico paranormal. El blog contiene escenas de sexo y lenguaje adulto.

Si deseas comunicarte conmigo por dudas o pedido de archivos escribe a mi mail. Lou.


sábado, 22 de abril de 2017

¡Holaaa! Ya los veo con cuchillo y tenedor para devorar el capi, ¿estoy acertada? Es que sé que han estado tras Douglas y Marin desde hace tiempo así que no los demoro más.Todo de ustedes mis soles a pesar que los pondré un poco nerviosos, créanme, lo pasé fatal en el compromiso. No se olviden de contarme que les pareció, me hace feliz. Besotes miles y gracias totales. Lou.

PD: Si quedan con ganas de más, tengan paciencia no podía explayarme lo necesario para ciertas escenas. Pero prometo que sobre Douglas y Marin... no faltará nada.

Capítulo 25.
Compromiso.

Douglas.


Eran las siete de la mañana del sábado cuando abrí con el control los portones de mi hogar. Numa bajó del taxi después de pagar el viaje desde el aeropuerto. Acomodé mi bolso en el hombro y avancé por el sendero hasta el portal con la intención de no detenerme hasta llegar a mi habitación. La voz de Numa me detuvo en seco.

-¡Loco! ¿Dejarás los portones sin cerrar?

Giré y lo miré confundido.

-Lo siento, lo olvidé.

De inmediato pulsé uno de los botones del control que encerraba en mi mano. Sin esperar más seguí mi camino por la senda cubierta de nieve. Charles abrió la puerta antes de que yo subiera el último escalón.

-Bienvenidos.
-Gracias Charles –respondí sonriendo-. Aunque será por poco. Volveré a la isla en dos días.
-¿En serio? Creí que al menos te quedarías una semana.
-¡Hola Charles!  -saludó mi hermano-. Si, el trastornado éste, extraña correr tras los osos polares y las focas.

Subí la escalera.

-Sabes que puedes quedarte, Numa. No necesito niñera.
-¡Mira cabrón, no te enfades conmigo! Que arrastrabas ese mal humor hace tiempo.

Charles se acercó al pie de la escalera y apoyó un brazo.

-¿Quizás desde mes y medio?
-No empieces, Charles –refunfuñé.
-Muy bien, como gustes. Antes de que continúes gruñendo te cuento que Margaret ha cocinado para esperarte. Esas tartas de jamón que tanto te gustan.

Sonreí.

-Gracias. Me daré un baño y bajaré por mi tarta y a saludar. ¿Papá y Bianca?
-En su alcoba.
-¿Perdón? ¿Y a mí? Yo no como –se quejó Numa.
-A ti te preparé un coctel especial, querido mío. Lo suficientemente fuerte para darte valor y decirle a Rose cuanto la has extrañado.

Mi hermano lo miró con la boca abierta.

Reí y subí  rumbo a saludar a mi padre y a Bianca.
………………………………………………………………………………………………...............

Devorando la tarta de jamón y bebiendo un rico refresco, comentaba con Margaret las novedades de la empresa en la isla. La explotación de mineral iba viento en popa y varias familias se habían sumado a habitar ese trozo de tierra helado e inhóspito. Me había hecho bien sentirme en soledad algunas veces. Caminar por la playa, correr por las mañanas azuladas sin sol, escribir y perfeccionar mi teoría, y dormir con la rendija de la ventana abierta. Abrigado con dos edredones gruesos escuchaba el sonido del mar rompiendo contra las rocas. Era como un arrullo inquietante. Un sonido que te adormecía y a la vez daba impulso al latido del corazón. El mar era sinónimo de vida, de movimiento, de fuerza, todo lo que escaseaba en mi alma desde que había abandonado mi hogar en busca de olvido.

Ella, la culpable de mi desazón, habría seguido con su vida como la rotación de la tierra. En cambio yo, me había detenido en esos besos que nos habíamos dado, en sus ojos claros aparentemente inocentes, y hasta en las discusiones. Cada noche la imagen de Marin volvía a mí. Me preguntaba una y otra vez, ¿estará en sus brazos? ¿Me recordará? Hubiera sido perfecto si ella no me hubiera dejado ir. Evidentemente no le había importado mi partida. Eso era una clara evidencia que no me amaba. Ella, me había pedido formalidad en la relación, sin embargo como entregarme sin estar seguro de su amor. ¿Acaso no había sufrido con Clelia lo suficiente?

Margaret salió para llevarle un café a Charles y Lenya entró a la cocina.

-Ojos de lobo, ¿otra vez por aquí?

Bebí un trago de jugo de naranja y me puse de pie.

-Tío –sonreí.

Se acercó y me abrazó. Correspondí al abrazo más del tiempo que hubiera imaginado. Creo que había necesitado mi familia cerca todo este mes y medio que había estado ausente. Si bien sentía que había madurado en cuanto a mi independencia, el calor de mi hogar no era reemplazable por nada del mundo.

Recordaba que ya había intentado alejarme cuando partí a Suiza para vivir con mi madre. Sin embargo instalarme en la Isla del Oso a pesar de contar con mi hermano había sido muy diferente.

Me senté en el taburete y Lenya se ubicó en otro junto a mí.

-¿Quieres beber algo? –pregunté.

Negó con la cabeza.

-Gracias. ¿Estás bien?

Asentí y bebí jugo. Nos quedamos en silencio varios segundos.

Cuando volví a mirarlo a la cara largué una frase que ni siquiera había pensado decirla.

-Gracias por haberme salvado la vida aquella vez.

Arqueó la ceja, sorprendido. Después se cruzó de brazos y suspiró.

-¿Qué ocurre que tienes ganas de ahondar en el pasado? Fue hace tiempo.
-Lo sé… Quizás porque si tuviera oportunidad de regresar no cometería tantos errores. Fui arrogante.
-Diría inmaduro.
-No, arrogante –insistí.

Bajó la vista unos segundos y me miró.

-Y de esos… tantos errores… que dices has cometido, ¿alguno es posible de subsanar? Quitando el pedido de disculpas a mí.

Bebí otro trago mientras pensaba. Con la vista clavada en la encimera.

-No. Es tarde para algunas cosas.
-¿Marin?
-La hice sufrir mucho. Por eso me fui.
-¿Te fuiste por ella o por ti?
-Por ella. Por mí me hubiera quedado y no me hubiera importado nada sólo con verla.
-Creo que si lo hiciste por ella algo no está bien. Marin no hubiera querido que abandonaras la lucha.
-Es tarde, tío. Ya nada puedo remediar.
-¿En serio? ¿Estás seguro? –echó un vistazo al reloj de pared que colgaba en la cocina.

Seguí con la vista su perspectiva y lo miré.

-¿Por qué miras la hora?

Se mantuvo en silencio unos instantes con la vista al suelo. Al mirarme a la cara nuevamente se decidió y me lo dijo.

-Mira, no sé si cambiarían las cosas el hecho que sepas que ocurrió ese día que partiste de Kirkenes.

Mi corazón cambió el ritmo del latido. Tragué saliva. ¿Qué estaría por decirme?

-¿Qué ocurrió? –murmuré.
-Cuando me retiraba del aeropuerto me entretuve en comprar unas revistas para Liz. Cuando terminé de pagar la compra vi a Marin en el aeropuerto.

Parpadee… El latido aceleró más.

-¿Qué hacía allí? –balbucee casi sin voz.
-Al principio pensé que viajaría con ese tal Carl que Liz tiene entre cejas. Lo odia, ¿lo sabías?

Sonreí apenas. Ansioso porque terminara lo que tenía para contarme.

-¿Y?
-No quise darle importancia. La verdad me importaban tres cominos que hiciera ella en el aeropuerto y a dónde viajaba. Pero… pensé al verla correr… No lleva equipaje… Entonces no viaja -me moví inquieto en el taburete-. Fue así que decidí seguirla.

A esa altura mi corazón galopaba con ansiedad y el nudo del estómago se hizo insostenible.

Lenya me observó.

-Mira cómo te has puesto, Douglas. ¿Te das cuenta que te importa demasiado?
-Eso lo sé. Pero no quiero joderla.
-¡Ella fue por ti, caray! Abre los ojos. Yo mismo la espié cuando armó tremendo lío porque no detenían el vuelo. ¡Y no pudieron, Douglas! Tu avión había recibido la orden de salir a pista. Lo escuché de la empresa cuando trataban de calmarla.
-¿Marin? ¿Marin haciendo escándalo?
-Te lo juro.

Titubee… Sentí la alegría recorrerme el cuerpo. Sin embargo el nudo de mi estómago no desaparecía.

-Tío… ¿Por qué miraste la hora?

Él respiró profundo con los brazos en jarro.

-Acabo de llevar a Liz a la reserva. Marin se compromete con ese idiota en…
-¿En cuánto? –transpiré.

Volvió a mirar el reloj.

-En media hora.
-¿No lo ves? El destino se ha puesto en contra. No puedo ir como si nada en el medio de la reunión y hacerle pasar vergüenza si ella está a punto de comprometerse. ¿Y si algo sale mal? No me lo perdonará.
-¿Y si sale bien?

La puerta de la cocina se abrió de golpe y Rose acompañada de Anouk entraron elegantemente vestidas.

-¡Ah, pero mira a quién tenemos aquí! –exclamó Anouk avanzando hacia mí.
-Hola –murmuré.
-Hola Douglas –saludó Rose.
-¿Hola? Ni “hola” te mereces tú –protestó la Gólubev.

Lenya abandonó la cocina arqueando la ceja, divertido.

-¿A ti que te pasa? –contesté.
-¿Qué me pasa? Mira, te diré ante todo que soy una chica educada y bien formada para decirte lo que pienso así que siguiendo los lineamientos de mi prestigiosa familia…
-¡Al grano Anouk! El taxi espera –exclamó Rose.
-Espérate un momentito –se volvió hacia mí y despotricó sin ton ni son con la máxima educación-. Te diré  con todo el respeto que merece un Craig, que estás equivocándote dejando que Marin, mi querida amiga, se comprometa con ese individuo. Ella no lo ama, te ama a ti. Y ha llorado cada día de tu ausencia. Creo que no estás haciendo lo correcto y eso que te lo he dicho con educación y…
-¡Anouk! Scarlet no quiso llevarnos porque dijo que tardaríamos una eternidad. ¡Tenía razón!

Anouk siguió a Rose pero antes de salir por la puerta se detuvo bruscamente.

-¿Sabes qué? Te diré lo que pienso –avanzó hasta tenerme cerca cara a cara-. La verdad que eres un idiota, engreído, caprichoso, que por tu orgullo de mierda dejas que mi amiga se quede con ese lobo pestoso y cabrón. No tienes pelotas para correr tras ella pedirle disculpas por cada hora que la has hecho sufrir. ¡Eres un cagón! ¡He dicho!

Suspiró y giró abandonando la cocina.

La escuché hablar con Rose.

-¡Ah, qué genial! Tiene razón Natasha, uno se siente más liviana.

Me senté en el taburete con la boca abierta. Vaya… Otra que tenía un mal concepto de mí. Porque estaba seguro que si le preguntaba a Rose me hubiera dicho un par de cosas sin mucha vuelta. No ignoraba que también era amiga de Marin. Lo vi en su mirada de reproche aunque no había protestado indignada.

¿Es que nadie entendía que ella había tenido oportunidades de decirme que me amaba? Nunca lo había hecho. Ella sólo quería que le asegurara una pareja estable y monogamia. ¿Y yo dónde quedaba si ella me abandonaba como Clelia?

Salí de la cocina sintiendo una gran desazón. De todas formas Marin estaría prácticamente en plena reunión. Rose había dicho que llegarían tarde. Si a eso le sumaba que Lenya había sido más específico al mirar el reloj… En media hora… Ahora faltaban quince minutos. Quince minutos nos llevaba generalmente llegar a la reserva. Y de ahí, ¿Qué hacer? ¿Buscar cabaña por cabaña la casa de Carl? No me dejarían entrar si es que me decidiera a hacer el escándalo del año y robármela de allí. Era inútil. No más escenas infantiles.

Subí la escalera como alma en pena. Caminé el pasillo superior y de reojo vi la habitación de Bianca y mi padre vacía. Bianca habría ido a presenciar el compromiso de su prima… Mi padre estaría en el despacho. De todas formas no tenía ganas de cruzarme con nadie más. Mejor que este día pasara rápido. Mañana presentaría la tesis y regresaría a la Isla.

Al llegar a mi habitación me desnudé y me metí a la ducha. El agua tibia cayó por mi cuerpo y alivió la tensión que había estado sintiendo desde que Lenya había contado los del aeropuerto. Enjaboné mis hombros y mi abdomen y cerré los ojos bajó la lluvia.

Marin comprometiéndose con ese lobo… Marin siendo suya cada maldita noche por no haber hablado de frente con ella.

Abrí los ojos, enjaboné el resto del cuerpo con lentitud, escuchando mi corazón latir muy lento, como si estuviera agotado de sobresaltos. Es que toda nuestra relación, si es que podía llamarla así, había sido un espanto de riñas y peleas. Mis celos, mi orgullo, el no saber decirle que me tuviera paciencia pero que yo sentía por ella algo especial, que no era una más ni nunca lo sería. Y ella… Ella que no era capaz de hacerme sentir esa seguridad de ser amado y no estafado.

Me enjuagué y cerré el grifo. Estiré la mano y cogí la toalla.

Las palabras de Lenya resonaron en mi oído…

“¡Ella fue por ti! Abre los ojos.”

Me quedé tieso, estático… Repetí muy bajo…

-Ella fue por mí… Por mí… Quería detener el avión… ¿No era una forma de decir “te amo, no te vayas?”

Vamos Douglas… No tengas miedo de apostar otra vez.

Mi tío había dicho, ¿y si sale bien?

-¿Y si sale mal? –dije en voz alta.

Pensé, mientras me vestía con mi camiseta gruesa y mis jeans, y si sale mal, ¿qué Douglas? ¿Se caería el mundo? ¿Mi padre y Bianca me rechazarían? ¿Marin me echaría y Carl me golpearía? ¿Acaso importaba después de haberme sacado las ganas de decirle la verdad como nunca me había animado?

Calcé mis botas y el sonido de mi móvil hizo que desviara la vista hacia la mesa de luz.

Era una alarma programada.

Me puse de pie y lo cogí.

“Practicar tesis”, leí.

Hora… doce menos cinco… Faltaba cinco minutos para la hora señalada por Lenya…

“Ella fue por ti”… Ella no era Clelia, nunca se le parecería. Ni por la dulzura con que me miraba cuando yo simulaba estar distraído, ni por la pasión de los besos robados, ni por el hecho que ella había ido por mí. Esta vez yo no había quedado como idiota pensando que algún día volvería y me amaría. Marin había ido al aeropuerto y si ese avión se hubiera retrasado… Yo estaría con ella, juntos, para siempre.

Le hubiera dicho al verla, “¿estás aquí por mí? Yo también te amo, mi amor. Soy tuyo desde ese día que te conocí. ¿Recuerdas? Cuando te robé ese beso en el pasillo superior…

¿Y ahora? ¿Por qué no corría a decírselo? ¿Por la escena delante de todos? ¿Por el ridículo? ¿Qué cambiaba? Nada, Douglas, no cambia nada si ella te ama. ¡Al diablo el ridículo!

Me abalancé al ropero y quité la chaqueta de abrigo.

Salí corriendo hasta la planta baja. Charles y Ron conversaban junto al piano.

-¡Douglas! ¿Qué se incendia? –preguntó Ron.

Charles se aproximó cogiendo los controles de los portones.

-Su corazón, se incendia su corazón –sonrió-. Apresúrate.
-¡Charles! Dime qué hora es.

Él miró el reloj pulsera y con gesto angustiado dijo, “las doce en punto”.

-¡No voy a llegar!
-Tranquilo Douglas. Tu moto está lista y tiene gasolina. La tenía preparada por las dudas. ¡Corre! –apresuró Ron.

A velocidad de la luz monté mi moto y di arranque. Charles abrió los portones y me espero en el límite.

-¡Cógelas!

Lanzó algo en el aire y lo atrapé con las manos.

Un manojo de llaves.

-¿Qué es esto, Charles?
-Son las llaves de mi casa cerca del mar, tú la conoces. Imagino que no querrás traer a Marin a la mansión –guiñó el ojo-. Hay mucho público.

Sonreí.

-Gracias Charles, deséame suerte.
-Siempre lo hago.

Volé por la carretera rumbo a la reserva. Sin casco, seguro que mi madre no aprobaría al verme, pero lo que iba a intentar suponía que mi cuidado al conducir no sería lo más significativo. ¿Y a dónde iba? ¿A quién de los lobos preguntaría?

De pronto se me ocurrió una idea que podría funcionar. Tantee mi bolsillo de los jeans haciendo maniobras para mantener el equilibrio y extraje el móvil. No llevaba guantes y el frío había sensibilizado mis dedos. El móvil resbaló en mi bolsillo. Mierda…

Cogí la primera curva y volví a intentarlo. Aún quedaban diez minutos de camino.

Con el móvil en una mano traté de pulsar el número… ¡Joder qué difícil!

Al fin el deseado sonido de llamada se escuchó mientras el viento contra mi rostro distorsionaba la señal.

-Cielos… que atienda…

Al escuchar su voz tartamudee. No me entendió el pedido desesperado pero al menos había escuchado que era yo. Corté con rabia. Era imposible entablar un diálogo. Volvería a intentarlo…

La moto tambaleó por unos segundos y creí verme en el piso con varias quebraduras. Antes de pulsar el último dígito, su llamada entrante sonó.

-Hola, holaaa, ¡por fin! Escucha… Sé que te parecerá extraño… voy camino a la reserva. Necesito que me hagas un favor…


Marin.


Observé alrededor a todos los invitados. Parecían atentos y curiosos ante lo que venía. Notaba que ni mi compromiso ni mi felicidad importaban demasiado. Parecía una extraña junto a esa familia de arrogantes y antipáticos que se habían ganado la falta de afecto de quienes eran de su misma raza. La madre de Carl no había cesado de hacerme sentir poca cosa. La hermana y su marido mejor ni hablar. Sus miradas despectivas y hasta de burla estuvieron a punto de provocarme el llanto. Carl no se detuvo a interesarse en mí. Sólo no dejó oportunidad de hablar sobre el gasto que había hecho en los anillos y en la gran cabaña en la reserva en un lugar apartado y privilegiado que había mandado construir para cuando contrajéramos matrimonio. Cabaña que no tenía idea de cómo era ya que nunca me la había mostrado y mucho menos preguntarme si estaba de acuerdo. ¿Pero acaso no estaba parada aquí por decisión mía? Sí… Aunque tenía ganas de llorar por sentirme una caprichosa y cobarde. Por no dar mi brazo a torcer y después de haber perdido el avión en el que partía Douglas no decidir ir a buscarlo a la bendita isla.

Por eso, en medio de tanta angustia apenas llegó mi hermana, la abracé y las primeras lágrimas asomaron en los ojos. Ella me miró y cogió mi rostro con ambas manos.

-Marin… Esto no es amor, no luces feliz. Por favor, estás a tiempo.

Negué con la cabeza pensando que sin Douglas nada importaría, podía ser fulano o mengano siempre y cuando me fuera fiel y me quisiera.

Con la llegada de Scarlet y Bianca otro tanto más. Parece que nadie creía que podía ser feliz con Carl. Sabía que ambas amaban a Douglas y por más que Bianca fuera mi prima tenía una gran preferencia por el hijo de Sebastien. Lo tomé como un consejo normal de quienes deseaban verme convertida en una Craig.

Con Rose y Anouk fue distinto. A las dos las consideraba muy amigas y sabía que pensaban puro y exclusivamente en mí. Por eso me dolió escuchar a Rose contándome que Douglas se encontraba en la mansión y que si tenía valor debía ir por él. En cuanto a Anouk, siempre me hacía sonreír a pesar de los malos momentos. Cuando la noté observando atenta el panorama alrededor, en voz baja pregunté, “¿estás buscando al leñador?” Me miró sorprendida y con su tono altanero respondió, “no querida, ya lo encontré. Lo que busco es un lugar por donde podrías escaparte de la atrocidad que estás a punto de hacer.”

Suspiré agobiada. Ya era tarde para dejar mi orgullo y plantar todo. Debía enfrentar las consecuencias de mis propias decisiones. Para bien o para mal.

Sin embargo, yo era soñadora, y aunque pensar que Douglas vendría en su caballo blanco y me rescataría era una utopía, juro que mi corazón se alegró de pensar que un milagro podría ocurrir ese día.


Drank.


Y ahí estaba ella, la luz de mis ojos, vestida para matar con ese vestido rojo. Liz entró sola al recinto donde los lobos hacían las reuniones. Bernardo y Sabina habían dispuesto todo muy bonito para el compromiso de Marin y Carl, aunque supuse que a la distinguida señora, madre del susodicho novio, no le había gustado en absoluto. En realidad creo que a nadie estaba gustándole estar aquí. No por el lugar tan cálido y acogedor con esa vista maravillosa del bosque, sino porque Carl no era santo de devoción de nadie, y si era crudo y sincero no tenía amigos en la reserva. Creo que todos asistimos por educación. Aunque yo necesitaba estar junto a Marin en este momento importante de su vida. Corrijo, en este momento importante y erróneo de su vida.

¡Qué testaruda había resultado! Peor que la hermana. Yo que pensaba que a último instante se arrepentiría. No, allí estaba, acercándose a Liz con una sonrisa fingida que no le creería quien la conocía.

Liz me vio en el extremo del salón junto a Louk y Mike, e hizo un gesto de saludo gentil con inclinación de cabeza incluido. ¡Qué amable! Y pensar que habíamos compartido la cama y tantas cosas. ¡Pero claro, yo mismo la había apartado y sé que me lo haría pagar con creces! Sabía que el día que pudiera abrazarla sería ese día que no sentiría ese inmenso amor que me llenaba aún cada día.

Tim se acercó sonriente.

-Está muy bonita la prometida, ¿han visto?
-Marin es muy bella –murmuré.
-Pero no como la hermana, ¿no es cierto? –dijo Louk guiñando un ojo.

Fruncí el ceño.

-¿Por qué no piensas antes de hablar? –se quejó Tim-. Eres tan impulsivo.
-Lo siento –se disculpó.
-Yo voy por cerveza, necesitaré algo fuerte para escuchar al idiota de Carl hablar –dijo Mike.
Carl pidió atención a todos los que estábamos allí. Hubo mucho rodeo de ojos. Comenzó a hablar frente a Marin. Esas frases comunes que se dicen en los compromisos. “Hoy es un día muy feliz para mí, me comprometo con la hembra de mi vida, etc…”

Louk se me acercó.

-Oye, ¿no te alegras por Marin? Dijiste que la querías mucho.

Lo miré con gesto de burla.

-¡Claro que la quiero! Por eso no puedo estar feliz. Tú sabes quién es Carl.
-Sí, ya lo sé. Pero puede que ellos se entiendan y Marin hasta logre cambiarlo.
-Ella ama a Douglas, Louk.
-¿Douglas Craig? ¿Y qué hace con este idiota?
-Sssssh, ¿quieren callarse los dos? –dijo Tim.

Hablé más bajo…

-Mira que arrogante es, Louk. Además estoy seguro que Douglas le corresponde.
-Si le correspondiera estaría aquí.
-Lo sé…

Carl besó a Marin ante unos aplausos más desganados que vi en mi vida.

-Mira, ¿nunca te conté como comencé a salir con July? No sabes por lo que tuve que pasar y…
-Sssssh, ¡por favor! Parecen niños –otra vez Tim.
-Lo siento… -murmuré.

Carl continuó hablando. ¡Qué tipo denso!

Louk se acercó a mi oído.

-Oye, ¿has visto como te mira?
-¿Quién?
-Esa vampiresa de formas perfectas. La del vestido negro.

Eché un vistazo alrededor y no vi a nadie en particular.

-Junto a la pelirroja, Drank.

Entonces la vi…

-No me mira a mí. Esa chica la vi varias veces en la reserva. Siempre está con la hija de Adrien Craig.
-¡Y qué!
-¡Qué no! Creo que es de un aquelarre adinerado y con poder. No sé… Se le nota la soberbia por los poros. No te olvides que soy pobre y humilde.
-Tú ni tan pobre ni tan humilde. Y no olvides que no soy tonto. Te repito, te mira para comerte.
-Bueno, quizás le gusto para divertirse. No busco eso.
-¡Por supuesto! Si para entretenerte tienes a Bua.
-Bua es una dulzura, no la compares.

Tim nos cogió del hombro a los dos y nos arrastró hasta la salida.

-¿Quieren hablar afuera? Sean respetuosos, joder.
-Lo siento Tim, de verdad –me disculpé. En ese instante mi móvil sonó provocando que Tim frunciera el ceño.
-Perdón perdón…

Cogí el teléfono apresurado y atendí.

-Hola… ¿Douglas? ¡Douglas! ¿Qué haces en Kirkenes? Hola… Holaaa.

La llamada se cortó.

Salí al exterior sin abrigo.

Joder que hacía frío…

Lo llamé sin demora. Algo me decía que era urgente.

Por fin pude comunicarme aunque había sonido de interferencia. Él me había hecho un pedido muy particular y aunque dudé al principio, pensé que haría lo correcto y le dije donde era el compromiso. Douglas había dicho, “Drank, estoy en camino a la reserva por Marin. No llegaré… ¡Haz tiempo por favor! Que él no parta con ella.”

Cielos… ¿Qué podía hacer?

En cuanto entré eché un vistazo alrededor. Varias personas se encontraban intercediendo el camino si quería llegar a Marin y avisarle que Douglas estaba en camino. Pasaría como un total maleducado entre la gente como si quisiera ver todo en primera fila. Nada más lejos de mí. Sin embargo lo de maleducado me importaba un rábano. Todo por la buena acción del día… Del día no, del año, si todo salía bien.

Fui haciéndome lugar entre la gente con dificultad, sobre todo por la cantidad de chicas de la reserva que deseaban estar cerca de Marin.

-Permiso… Permiso…
-¡Oye! ¿Dónde crees que vas? –se molestó una de las lobas.
-Lo siento, quiero saludar a la prometida.
-Espera tu turno, ¡impaciente!

Sinceramente la dejé hablando sola y continué abriéndome paso hasta llegar a Marin.

Carl la tenía cogida de las manos y ella sonreía apenas. No sé si por angustia o por nervios pero estaba seguro que se largaría a llorar en cualquier momento.

Me estiré y rocé su hombro. Ella giró y me miró sorprendida.

-Marin…
-Drank, gracias por estar aquí.
-No… de nada… No me lo agradezcas. Escucha, debo hablar contigo.
-Oye, Drank –Carl se dirigió a mí con el entrecejo fruncido-, ¿quieres dejar de importunar?

Esquivé la mirada de él y volví a insistir.

-Marin, necesito que hablemos, por favor.
-¿Ahora? –preguntó dudando.
-Sí, ahora. Dos segundos.
-Drank, ¡deja de molestar! –exclamó Carl-. ¡Nos pondremos los anillos!

Bernardo se acercó.

-¿Qué ocurre Drank?

Recordé la frase de Douglas…

“Haz algo pero que no la avergüence”.

-Nada, Bernardo. Quería felicitarla.
-Okay, después lo harás.

Me retiré con discreción…

Mierda… ¿Y ahora? No había sonido de moto alguna. Douglas no estaba cerca aún.

Contemplé la escena de la pareja… Él la tenía cogida de las manos y hablaba sobre el futuro y no sé qué más. No lo escuchaba, mi cerebro iba a mil tratando de encontrar una solución para hacer tiempo.
De pronto, Carl mostró uno de los anillos y la luz de la joya hizo destellos.

Él sonrió muy ufano… Engreído, desgraciado… A cualquiera le hubiera dado asco y un ataque al corazón de ver tanta vanidad…

Ataque al corazón…

Miré a mí alrededor… Todos no querían perder detalle de la entrega de anillos…

Ataque al corazón…

Y bueno… Aquí vamos Drank y que Dios te ampare.

Con un grito de  “Aaaaay me muerooo”, enmudecí la sala. Consciente de que todos me miraban incluso los novios, caminé tambaleándome hasta llegar a la pared. Me apoyé con una mano y con la otra me toqué el pecho.

Hubo silencio, total… Después murmullos…

-Ay jodeeer, duele muchooo. ¡Por favor, que alguien me ayude!

En segundos la reunión se revolucionó. Louk y Mike fueron los primeros en llegar a mi lado, pero no fueron los únicos. Liz corrió seguida de unas tres vampiresas.

Pensé… Lo siento, mi amor. Sé que te voy a preocupar pero es lo mejor que se me ha ocurrido para salvar a tu hermana.

Rápidamente todos los invitados se arremolinaron curiosos y preocupados. Marin no fue la excepción. En cuanto resbalé por la pared hasta caer en al suelo en medio de gestos de dolor, (obvio si mentía había que hacerlo bien), llegué a escucharla angustiada, “Drank, ¿qué tienes?”

Escuché muchas órdenes apenas cerré los ojos, tales como, “llamen a una ambulancia, despejen alrededor, dejen que respire, etc.” Había ocasionado una hecatombe… Y Douglas no llegaba…

Pensé… “Por todos los santos no permitan que me lleven a un maldito hospital y me pinchen con esas agujas horribles.” Y me lo tenía merecido. Estaba preocupando a mis amigos, a Liz, a Sabina y Bernardo…

Louk se acercó a mi rostro.

-Amigo, resiste, la ambulancia viene en camino.

Lo cogí de la solapa de la chaqueta y lo acerqué para que sólo él escuchara.

-El que está en camino es Douglas.

Se separó y me miró con ojos desorbitados. Vocalizó sin voz, “cabrón hijo de puta, voy a matarte”.

Dos cosas ocurrieron para que mi amigo no me partiera la cara a trompadas. La primera, mi mirada de súplica, “por favor, por favor, por favooooor”. La segunda, el ruido del motor de una moto que se acercaba.

Todos miraron hacia el exterior… Marin que tenía la vista clavada en mí, lentamente cambió la perspectiva y su iris celeste cielo se dirigieron a los grandes ventanales.

Confundida me miró…

-Es él –murmuré-. Viene por ti.

Se puso de pie al instante y su rostro aterrado mezcla de alegría y confusión no fue captado por nadie. Bueno, sí por su hermana, que de inmediato al contemplarla me clavó los ojos y su gesto de, “¿estás locoooo?” me hizo sentir pequeñito, casi invisible. Sí…Otra que me mataría por preocuparla.

Carl viendo que los invitados se agolpaban contra los cristales de la sala de reunión para ver quien se acercaba, cambió el rostro arrogante por uno pálido. Se abalanzó hacia la puerta y la abrió con furia. Creo que estaba fuera de sí.

No escuché más el motor… Oh oh… Ahora venía lo peor. Mi trabajo estaba concluido.

Me incorporé despacio con ayuda de Louk que para actor era mandado a hacer aunque palmeó mi espalda con mucha más fuerza que si fuera con afecto. Vi a Douglas en la puerta, frente a Carl, cara a cara…

-¿Qué haces aquí? No eres bienvenido a mi compromiso.
-No vine por ti –dijo Douglas con voz neutra-.Vine por la novia.

Sus ojos casi dorados largaron chispas y se hundieron en ese iris de Carl, que aún no podría creer lo que pasaba.

-Ten a Yako, Bernardo –escuché a Sabina-. Creo que voy a desmayarme.
-¡Te has vuelto loco! –Carl gritó con los puños crispados.
-No, antes lo estaba. Cuando permití que te quedaras con el amor de mi vida. Pero hasta aquí llegaste. Vine por lo mío.

Todos los rostros giraron hacia Marin. Ella estaba estática, sin parpadear, con la boca abierta por el asombro.

-Ella me ama a mí, idiota. ¡No sigas haciendo el ridículo!

Douglas ignoró las palabras de Carl y miró a Marin. La sala en un silencio sepulcral…

Pasó al costado del lobo y caminó lentamente hacia Marin. Todos se abrieron paso para dejarlo pasar.
Por unos segundos no emitió palabra. La miró a los ojos, con angustia, con arrepentimiento, con amor. Marin también lo miró a pesar de temblar como una hoja.

-Yo… -comenzó a hablar-. Lamento tanto no haberte dicho antes que te amaba con todo mi alma. No decirte que cada día de mi vida estuviste en mi pensamiento. En cada sueño por las noches, cada hora que estaba lejos de ti. Lo siento… Siento no haberme jugado y dejar que hicieras conmigo lo que desearas. Actué como un imbécil, lo sé. No fue por no querer una vida junto a ti, porque de eso estoy seguro. Llámalo miedo, cobardía, lo que sea. Sólo sé que el mundo pondría a tus pies si me lo pidieras. Ahora… puedo ofrecerte lo que tanto has reclamado. Una familia, un apellido, hijos, amor eterno, y mi corazón, que aquí lo tienes, en tus manos. Tú decides que hacer conmigo. Me entrego a lo que desees. Si lo prefieres y es tarde para ti, me iré y prometo no molestarte más.

Hubo silencio… Las lágrimas de Marin corrían por las mejillas. Sin embargo no dijo nada. Creo que todos esperaban que le contestara por sí o por no, pero se mantuvo muda, llorando en silencio.

Douglas la miró por última vez y caminó hacia la puerta abandonando la sala.

Carl se aproximó a Marin para calmarla.

-Cariño, está mal de la cabeza. Por favor, olvidemos este ridículo que ha armado ese idiota.

Se acercó para cogerla de la mano pero ella dio dos pasos atrás. Se miraron a los ojos. Sonrió débilmente… Carl confundido insistió acercándose otra vez. Marin nuevamente retrocedió mirándolo fijo…

-¿Marin? –balbuceó él.

De pronto ella se abalanzó hacia la puerta esquivando los invitados y echó a correr.

Todos la seguimos. Creo que a nadie le importaba el frío con tal de seguir esta novela.

Entonces, Douglas a punto de subir a la moto se detuvo ante el grito de Marin.

-¡Douglaaas! ¡Te amooo!

Él la encerró entre los brazos y se fundieron en un beso demoledor… Vaya… Sonreí.

Sin embargo mi sonrisa no iba a durar mucho. Un par de ojos rojizos con vetas verde profundo se acercaban a pasos agigantados. Se detuvo frente a mí con los brazos en jarro.

Mi sonrisa se diluyó aunque me hice el chistoso.

-Bueno, no negarás que merezco el Oscar.

¿Quién me mandaba ser gracioso con la reina del mar?

-Por supuesto –gruñó ella-. ¡El Oscar y esto!

La bofetada que me dio me lanzó dos metros y escuché el “Uuuuuuh” de Louk y Mike.

-¡Por qué no me avisaste, anormal! ¿Hasta cuando quieres que me preocupe por ti?

Me levanté del suelo ayudado por Lankaster, un lobo cincuentón.

Sin embargo nadie objetó su enojo, nadie… Y cuando ella giró enfadada hacia la puerta, el resto de los lobos y lobas se abrieron dejándola pasar, incluso “mamina”.

¿Tanto era el poder de Liz que le temían? ¿Cuál era la razón por la cual todos en la reserva la llamaban “reina del mar”? Había pensado que era el color de su iris. Pero algo me dijo que había algo más en ese apodo. Algo más… y aterrador.


NOTA: Lo sé lo sé, les debo la mansión de Charles...