Saga para + 18

Iris púrpura es el cuarto libro de la saga Los Craig. Para comprender la historia y conocer los personajes es necesario partir de la lectura de Los ojos de Douglas Craig.

La saga es de género romántico paranormal. El blog contiene escenas de sexo y lenguaje adulto.

Si deseas comunicarte conmigo por dudas o pedido de archivos escribe a mi mail. Lou.


viernes, 15 de septiembre de 2017

¡Hola corazones! El capi 35 en cierto modo es una despedida de varios temas que aún no cerrarán. El motivo, no llegaría a desarrollar las historias que sí deben tener un fin en este libro. Así que posiblemente sabremos alguna cosilla sobre Anouk y Drank, pero no mucho hasta "Miel canela y ámbar". Tampoco de Marin y Douglas salvo lo cotidiano. No me explayaré sobre "el sami", ni sobre Bernardo y Sabina. Carl, Louk, Tim, y Mike, también se postergarán. Solo por llevar un orden acorde a una historia que sea digna de leer.

A partir de los próximos capis, el libro se centrará en los descubrimientos de Natasha, y en Bianca y Sebastien. Más no adelantaré. Espero que sigan disfrutando de la saga y al cierre de esta entrega queden satisfechos. Es mi objetivo y pondré empeño en cumplirlo.

En cuanto a los comentarios, veo que se les hace difícil hacerlo, no sé si porque no lo desean o no pueden por varios motivos. Tengo 75 entradas de las cuales diez sé sus opiniones. El resto no sé que opina. Los invito si lo prefieren a comentar en la pág de los Craig, quizás les quede más accesible.

De todas formas agradezco a los que lo hacen porque me hace feliz saber que les gusta y que no.

Muchas gracias y besotes miles. Los dejo con el capi. Lou.


Capítulo 35.
La kermesse.


Marin.

Douglas y yo llegamos a la plaza alrededor de las cuatro de la tarde. No pudimos llegar a tiempo para ver la largada de la carrera de ciclistas porque debía estudiar su tesis, pero al menos veríamos la llegada y al ganador. Esperábamos que lo lograra Kriger, un lobo de la reserva representando a Kirkenes. Aunque en el fondo de mi corazón deseaba que Drobak también se destacara.

Había muchas personas no solo acodadas en las barras de caño que habían armado para separar las calles que recorrerían los participantes, sino también caminando por la plaza. Los adornos coloridos de banderines que colgaban de los postes de luz se balanceaban con una suave brisa primaveral, y alegraban el cielo plomizo. En muchas de las vidrieras de los locales se exhibían banderas rojas y azules en honor a Noruega. Las calles del circuito habían sido cortadas al tráfico y las risas y conversaciones llenaban cada rincón de esta ciudad que había comenzado a querer entrañablemente.

De la mano cruzamos por entre los jardineros y tuvimos que esquivar varios carros de vendedores ambulantes entre los senderos de la plaza. Había de todo tipo de golosinas, desde manzanas y peras caramelizadas, chocolatines, copos de maíz glaseados, y muchas mermeladas. Me detuve ante una tienda de toldo rojo y tironee de la mano de Douglas.

-Amor, ¿tienes buena puntería?

Douglas miró la tienda de tiro al blanco y sonrió.

-¿A qué quieres ese oso gigante?

Reí y lo enlacé por la cintura.

-Siiii.

Enroscó mi brazo y me pegó a su cintura. Frente a frente, abrazados, me miró con picardía.

-¿Qué me ganaré yo?

Me acerqué al oído y recité una serie de acciones obscenas provocando su silbido.

Reí y eché mi cabeza hacia atrás para contemplar el iris ámbar. Inclinó el rostro, entornó los ojos, y me abandoné a su beso apasionado. Mi lengua fue al encuentro de su lengua cálida y húmeda sintiendo sus manos aferrarse a mis caderas. Hubiéramos perdido noción del tiempo y espacio salvo por un crío que nos empujó al correr entre la gente. Su madre desesperada salió tras él a puro grito.

-Ya no puede uno besar tranquilo a su chica -protestó Douglas sonriendo-. No importa, me cobraré tu oso cuando regresemos al hotel.
-¿Lo ganarás? ¿Estás seguro? –pestañee coqueta.
-Ni lo dudes.

Bueno… Digamos que la intensión la tuvo pero lo cierto que parecía demasiado difícil. Era obvio que el hombre que insistía en las apuestas no iba a entregar los premios sin que gastaran varias fichas. Menos un oso de peluche de gran tamaño.

Douglas bufó y se preparó para tirar con el rifle de aire comprimido por quinta vez.

-Pagaré también por la intensión de regalármelo –sonreí mientras daba un beso en los labios.
-¡No puede ser, Marin! Debe haber una trampa.
-Pero si nunca practicas con un arma, es normal, amor.
-¿Puedo intentarlo yo?

Giramos a la derecha para ver a Scarlet con su uniforme de policía. Había tenido que cumplir con su turno y como muchos de sus compañeros cuidaban el orden en la plaza y alrededores.

El dueño del puesto de juegos se acercó con cara de pocos amigos al ver que Douglas daba el rifle a Scarlet.

-Oficial, usted no puede participar.

Scarlet lo miró bajo la gorra.

-¿Por qué no? ¿En algún lado dice que no pueden participar los policías?
-No, no –dudó el hombre sin saber que decir.
-¿Entonces?
-Bueno tendría que… Tendría que pagar otra ficha.
-Muy bien, aquí tiene –quitó del bolsillo de la chaqueta azul un billete.

Sin esperar un segundo cogió el rifle y apuntó al objetivo. Se separó de la mira para mirarnos y bromear.

-¿Hay que apuntar al oso?
-Nooo -reímos.

Su risa puso nervioso al pobre dueño del puesto que minuto después tuvo que subir a un taburete y coger el oso.

Scarlet abrazó al peluche riendo divertida.

-¿Es para Douglas?
-No, para mí –grité saltando feliz.
-Todo tuyo.
-¡Gracias tía! –bromee.

Claro Que después tuve que besar a Douglas para quitarle el gesto de frustración.

-Me despido chicos, seguiré la ronda. No debería haber participado pero supongo que nadie se molestará en protestar.
-¡Adiós Scarlet! ¡Te veremos luego!

De pronto, la gente comenzó a vitorear una canción sobre Kirkenes. Se escucharon gritos de ánimo y alegría.

-¡Douglas! Los ciclistas llegarán a la recta final y nosotros aquí dando vueltas.
-¡Vamos cariño!

Echamos a correr hacia uno de los extremos de la plaza donde la multitud se había agolpado. Correr con el oso no era muy cómodo, y mis frágiles brazos apenas llegaban a sostener el peso, así que mi chico lo cogió y aferró mi mano para llegar cuanto antes a destino.

Entre la multitud pude ver rostros conocidos.

-¡Allí están los chicos! –informé.

Tim era muy alto y fue al primero que distinguí entre el grupo de lobos. A su lado, a la derecha,  estaba Mike y Louk junto a July. A la izquierda, Drank… y Carl.

El corazón palpitó. No porque me emocionara verlo después de aquel día donde comencé una vida nueva. Sino por el miedo de que algo ocurriera estando Douglas frente a frente.

-Mejor veremos la llegada desde allí –dije señalando el lado opuesto
-No Marin, es mejor desde ese sitio, además está Drank. Quiero saludarlo.

Apenas tironeó suavemente de mi mano volví a resistirme. Fue en ese instante que giró la cabeza hacia el grupo y miró detenidamente.

-¿Es por él?
-Por favor, Douglas. No quiero que peleen.
-No te preocupes. No provocaré una riña. Y si él comienza prometo retirarme.
-¿De verdad?
-Te lo prometo. Pero no pienso dejar de visitar la reserva ni de acercarme a la gente que me agrada por culpa de él.

Sin embargo, Carl ni se inmutó cuando llegamos a saludar. Ante todo, los ciclistas podían verse a menos de una manzana y nadie deseaba perderse la llegada. Pero creo que su mente tampoco estaba allí. Lucía muy delgado, con ropa que parecía prestada, de talle más grande. El rostro con ojeras, y su cabello que siempre había estado impecable se veía despeinado. Me dio mucha pena. Douglas me había contado sobre la desalmada de su madre y la bancarrota en la que se encontraba por culpa de su cuñado.

Me atreví a mirarlo mientras Douglas daba un abrazo a Drank. Aproveché que Carl parecía estudiar los rostros de las personas que clamaban por el ganador. Me dio la sensación de estar buscando a alguien entre la multitud. Y recordé a Ernestina… ¿Dónde estaría Ernestina? ¿Por qué no había comenzado una relación con él ahora que su madre no vivía en la reserva?

Carl fue apartándose poco a poco. Alejándose del grupo distraído en saludar a Douglas. Vi a Tim gira su cabeza y fijar la vista en él. Apresurado se hizo lugar entre varias personas que se agolpaban para ver la llegada hasta que finalmente lo alcanzó. Noté que lo aferraba del brazo y él se resistía. No supe de que hablaban. Solo sé que lo convenció de regresar.

La llegada del primer ciclista fue acompañada por gritos de júbilo. Douglas y yo nos acercamos a la barandilla para comprobar que el ganador era oriundo de Bergen. Poco nos duró el desánimo ya que Kriger fue el segundo en llegar. Era meritorio si te ponías a pensar que el número de participantes era elevado.

Alguien golpeó mi hombro en el instante que el grupo de lobos se disgregó para saludar a Kriger. Voltee mi cabeza y vi con alegría a Rose y a Anouk sonrientes.

-¡Hola chicas!
-¡Hola Marin!
-Oye Anouk, ¡qué bonita estás!
-¡Gracias! Fue idea de Rose.
-¡Bien por Rose!

Douglas se apartó para saludar a Kriger y las chicas decidimos dar una vuelta por la plaza y curiosear. Por supuesto que con el oso a cuestas. Anouk se ofreció para cargarlo ya que para ella no era terrible peso e incomodidad, así podíamos caminar y ver las distintas tiendas de toldos coloridos.

-¡Qué pena que Anne no haya querido acompañarnos! –dijo Rose.
-Cierto, le hubiera gustado –acoté.
-¿Y cómo vas con Drank, Anouk?
-Paso a paso, según Rose. Dice que debo mostrar mis curvas.
-¿Verdad qué tengo razón?
-Pues sí, debes seducir. Esa camiseta realza tus curvas.
-Me siento un poco extraña.
-Es la falta de costumbre ya le he dicho.

De pronto, vi una tienda que tenía en su toldo celeste dibujos de constelaciones grandes y pequeñas.

-Chicas, ¿vieron eso? Es la tienda de una adivina.
-Sí, pero hay personas haciendo fila.
-¿Y si entramos?
-¿Te parece Marin?
-No creo sea buena idea –dijo Anouk.
-¿Por qué no? A ver que nos dice.
-Tengo miedo. ¿Si es una bruja verdadera y sabe que no somos humanas? –insistió.
-Entonces entraré yo. De mí no dirá nada extraño. A lo sumo adivinará el futuro.
-Te esperaremos con Anouk fuera de la tienda.
-Okay.

……………………………………………………………............


La fila de personas que deseaban saber sobre su futuro no eran muchas. Pero debimos esperar unos veinte minutos para que al fin fuera mi turno. Las chicas se quedaron aguardando impacientes ya que a esa altura las había contagiado con mi entusiasmo.

Lo primero que vi fue una mujer anciana sentada como hindú sobre una alfombra de persa.

Sus manos descansaban en sus rodillas y estaba vestida con una túnica blanca. Un pañuelo en la cabeza escondía parte de su cabello canoso. Sin embargo lo que llamó mi atención fueron sus ojos. Tenía el iris descolorido, sin pigmentación. Me impresionó su aspecto. No precisamente las arrugas y la delgadez, sino el hecho que fuera no vidente.

A mi derecha había un caballero que vestía similar. Aunque sus ojos eran oscuros al igual que su cabello bajo el turbante.

Había una pequeña mesa con una caja llena de billetes y monedas. Cuando me acerqué quitando del bolsillo de los jeans varias coronas, asintió con la cabeza y murmuró, “a voluntad”.

Fui generosa, porque negarlo. La gente sin recursos se la rebuscaba como podía y mientras no hicieran daño y fuera parte de un juego divertido no me parecía mal.

Me acerqué lentamente hasta quedar muy próxima a la anciana.

-Siéntate, por favor.

Así lo hice. Tomé posición en la alfombra y aguardé.

-¿Qué te trae hasta aquí, jovencita?

¿Cómo podía saber si era una chica joven?

-Curiosidad –respondí.
-¿Estás segura de querer conocer tu futuro?
-Sí.
-Muy bien. Debes tener en cuenta que no siempre será agradable.
-No importa.

Por unos instantes no habló. Su iris blanquecino fijo en un punto indefinido de la tienda quedó oculto bajo los párpados.

-Debo advertirte que para comprender tu futuro indagaré sobre tu pasado. ¿Te molesta?
-En absoluto.

Por un momento casi logra ponerme nerviosa. Aún así, mi curiosidad era tal que no me iría sin escucharla.

Extendió sus manos delgadas. De dedos huesudos y uñas largas y traslúcidas. Giró sus manos hasta presentar ante mí las palmas.

-Apoya tus manos en las mías.

Así lo hice…

Poco a poco fue cerrando sus dedos tibios hasta cubrir mis manos. Sus ojos se abrieron lentamente y pareció quedar en una especie de trance. Estuve a punto de tentarme de risa. Es que parecía sacada de un cuento infantil. Aunque más infantil era yo por creer que adivinaría mi futuro.

-Has tenido una infancia feliz…
-Sí, es verdad –me sorprendí.
-Te veo como adolescente… Una chica muy bonita… Rubia… Ojos azul verdoso… Simpática, aunque introvertida…
-Eso dicen –murmuré.
-Pero… no todo es felicidad en tu hogar… Veo soledad alrededor tuyo… Mucha soledad… Desesperación… Hambre… Nieve, mucha nieve y frío… Una muerte de alguien que amabas…

Mis dedos se encogieron por la sorpresa y sentí que comenzaba a arrepentirme de haber entrado allí.

-¡Horribles hechos te marcaron! Ahora… Ahora veo un presente feliz…

Sonreí aliviada.

-El amor te ha llegado. Un amor verdadero y correspondido… Tu futuro… Tu futuro… -quedó en silencio.

-¿Mi futuro? –pregunté-. ¿Seré feliz?

No respondió y el corazón comenzó a latir rápido.

-¿Feliz? Así parece… Sonríes pero después de mucho llanto.
-¿Llanto? ¿Por qué?

Ella no habló. Continuó acariciando mis manos en actitud pensativa y lejana.

-Deseas algo con todas tus fuerzas… Sin embargo las cosas no salen como quieres…
-¿Qué es lo que ve que no me gustará?
-Tus ojos… Tus ojos cambiarán de color y sellarán tu destino.

Retiré mis manos bruscamente.

-Lo siento. Se ha hecho tarde. Gracias por todo.

Me puse de pie y salí de la tienda todo lo que daban mis pies.

Anouk y Rose cuchicheaban y reían hasta que vieron acercarme.

-¿Qué tal te fue? –preguntó Rose.

No supe que responder. Me quedé inmóvil.

-No digas nada, la bruja adivinó que tenías amigas vampiresas –acotó Anouk.
-Algo así…
-¿Cómooooo? –exclamaron las dos.
-En realidad…-di unos pasos y me senté en un jardinero de ladrillo-. No habló sobre ustedes. Pero sí de Douglas. Creo…
-¡Es un chiste! –aseguró Rose-. Quieres ponernos nerviosas.
-No… Ella habló de mi futuro feliz. Sin embargo supo de mi conversión. Suponiendo que Douglas algún día me convierta.
-¡Explícate mejor!
-Calla Anouk, déjala que hable.
-No sé… Ella dijo que mis ojos cambiarían de color.
-¿En serio? –se asombró mi amiga pelirroja.
-Sí. Y también dijo que al principio lloraría mucho, o algo así.
-Bueno, tranquila. Es normal que convertirte no será como beber agua –sonrió Anouk.
-Sí… Eso creo…
-Lo importante es que estarás con Douglas y serás feliz.
-Sí Rose, eso dijo.
-¡Mi amor! –Douglas esquivó varias personas para llegar a nosotras-. Te he buscado por toda la plaza.
-Hola, ¿nos vamos? –me puse de pie.
-Sí, mi amor. Debo seguir con la tesis.

Me abrazó y me fundí en sus poderosos brazos. Nos besamos en los labios y sonreí.

-Coge tu oso –rio Anouk-. No vayas a olvidarlo.
-¡Claro qué no! Hasta pronto chicas.
-¡Hasta pronto!
-Ah… ¡Suerte con lo tuyo, Anouk!

Ella sonrió.

Rose se adelantó e intentó detenerme. Me alejé de Douglas para saber que querría decirme.

-Ya sabes, Marin. Piensa bien lo que hagas. Si la bruja dijo la verdad… Algo podría salir mal.
-Gracias. No te preocupes. Nada será improvisado.



Anouk.

Rose y yo nos acercamos al grupo de lobos. Algunos se despedían después de felicitar al ganador. Drank estaba sentado sobre los caños de la baranda que separaba la pista improvisada. Fumaba un cigarro y hablaba con esa loba… ¿Lua? ¿Bua? O como se llamara.

Nos vio llegar y me miró dando una calada a su cigarro. Su mirada paseó por mi atuendo a mi entender demasiado atrevido para lo que estaba acostumbrada. Me sentía un poco incómoda, ya que él no fue el único que reparó en mí. Un par de lobos me estudiaron de arriba abajo y se detuvieron en mi camiseta roja escotada.

Durante mi trayecto hasta el grupo, Drank siguió conversando con la loba pero varias veces cambió la perspectiva para volver a mí. Ella se dio cuenta que seguramente no estaría atento porque giró a su espalda y nos vio llegar.

La loba lejos de fruncir el entrecejo, sonrió. No parecía enfadada como si Drank fuera algo de su propiedad. Al contrario se excusó después de saludar atenta y se acercó a Tim al cual abrazó por la cintura.

-Vamos a festejar el triunfo –dijo Drank-. ¿Vienen?
-Yo no puedo quedarme –aseguré con pena.

Aspiró el cigarro e hizo una mueca de decepción.

Rose se apresuró a informarle.

-Anouk rendirá esta semana un examen sobre psicología infantil. En unos meses se recibirá de docente.
-Felicitaciones.
-Gracias -murmuré.
-¡Drank! –llamó un lobo que siempre veía junto al leñador. Creo que se llamaba Louk-. ¡Hemos salido segundos! ¡Hay qué festejar!

Se acercó y ambos hablaron sobre la carrera.

Dio un salto bajando de la baranda y sacudió sus jeans. Tenía un cuerpo perfecto. Los músculos de sus hombros y brazos se marcaron bajo la camiseta blanca. Madre mía… No podría con todo eso. Si ni siquiera sabía cómo besarlo…

Al verlo alejado hablando con su amigo, Rose cogió mi brazo y habló al oído.

-¿Qué ocurre?
-Anouk, debiste decirle que te gusta. Era tu oportunidad. Noté como te miraba con interés.
-¡Estás loca, Rose! No puedo decirle, “oye me gustas hasta el punto de soñar contigo noche y día”.
-¡Pues no! Solo hubieras dicho que está guapo y esas cosas, o que le quedaba bien ese color de camiseta. ¡No sé! Usa tu cerebro.
-No Rose. No puedo. ¿No entiendes? No es fácil para mí. Tenía poco tiempo. Debo rendir los exámenes bien para que mi familia se sienta orgullosa. Si lo abordo como babosa siento que estoy regalándome.
-¡Ay Anouk! No avanzaremos así. Entonces, si no te animas a halagarlo, bésalo.
-¡Ahora sí perdiste la cabeza!

Rose pateó el piso con rabia y me miró furiosa.

-¡Si no me haces caso en nada no sé cómo puedo ayudarte!
-¡No quiero que me ayudes más si voy a quedar como una cualquiera!
-Yo no actúo como una cualquiera –sus ojos me miraron con tristeza y reproche-. Solo vivo la vida.

Me arrepentí de haberle dicho las cosas de esa forma. Había sonado grosera y ella había intentado todo para ayudarme. Quise pedirle disculpas pero no me dio tiempo. Giró y se alejó rápidamente. Escuché una última frase antes de desaparecer entre la gente, “esperaré en el coche”.

Me sentí pésima. Me odié por ser tan boca suelta y no pensar antes de abrir la boca y herirla. Nunca había experimentado la culpa en su máxima expresión. Es que pagarle mal a un amigo aunque fuera sin querer, tenía más peso que ser desobediente con mis padres o tramar una maldad a mis hermanos. No tenía que ver con eso… No… Era muy diferente.

-¿Discutieron?

La pregunta en la boca de Drank no solo me sobresaltó sino que me dejó muda. No lo había visto llegar y eso que había estado pendiente toda la tarde de cada uno de sus movimientos.

Como no respondí de inmediato esperó mi respuesta, mirándome fijo… Con ese color de iris que se parecía al cielo de Moscú. Porque para mí el cielo de mi tierra era más azul profundo que en Noruega.

-Sí –contesté a media voz.
-¿Qué ocurrió? –Se retractó de inmediato-. Bueno, si quieres contarme.
-Es que… -titubee. No podía confesar el motivo de la discusión-. No tiene importancia. Cosas de chicas. Tú sabes.
-No, no sé. No soy una chica –sonrió.

Reí.

-¡Claro! Eso lo noté.
-Entonces, ¿no te quedarás? Los chicos y yo iremos a festejar que Kriger salió segundo. Ha obtenido la medalla de plata, ¿has visto?
-Sí, lo vi. Estaba feliz. Un lobo le dio un beso en la boca.

Sonrió de lado.

-Sí, es su pareja. Se llama Mike. Es mi amigo.

Sonreí también.

-¿Sabes? A veces me cuesta ser tan moderna. No es que no acepte el progreso y las libertades solo que… -murmuré con temor a que rechazara mis ideas.
-Te entiendo. A veces me ocurre. He vivido en una ciudad pequeña pero a pesar de eso creo que tarde o temprano me adapto a los avances. Pienso que está bien que la gente se ame, mientras no hagan daño.
-Sí… Se lo ve felices.

Giré mi cabeza para ver si Rose se había arrepentido, pero no.

-¿De verdad tienes que estudiar?

Titubee… Finalmente me decidí por lo que creía era lo correcto.

-Sí. De verdad te agradezco la invitación, además quiero buscar a Rose y pedirle disculpas. No estuve bien.

Me miró a los ojos por unos segundos interminables. Y por otros segundos reparó en mi escote antes de volver a mis ojos.

-Eres extraña, Anouk.
-¿Eso es malo o bueno? –temblé.
-Ni lo uno ni lo otro. Solo diferente. Hace un momento me pareciste sensible por la discusión con tu amiga. Sin embargo… muchas veces por tu forma de hablar pareces fría y…
-¿Y vanidosa?

Se mantuvo en silencio.

-Sí, se que parezco insoportable. Dimitri a veces me lo dice. Dimitri es mi hermano. Uno de ellos. Tengo cuatro.
-Vaya, familia numerosa los Gólubev.

Sonreí.

-¿Recordaste mi apellido?

Asintió levemente.

-¡Qué bien!
-Okay… entonces te libero. Debo ir con ellos.
-¡Claro! Nos veremos otro día.
-Adiós.
-Adiós… leñador.


Rose.

Avancé a pasos agigantados por la acera bordeando la plaza. Echaba chispas. Me sentía muy enfadada con Anouk. Sentía que solo intentaba ayudarla y ella así me pagaba, son esa frase tan desafortunada. No ignoraba que la menor de los Gólubev era boca suelta y quizás no había pensado lo dicho. De cualquier forma me sentí ofendida. Finalmente solo deseaba que su sueño con Drank pudiera hacerse realidad.

Caminé dos manzanas ya que no había circulación de vehículos por la carrera. Varias calles habían sido cortadas y ya no venía la multitud de personas esquivándose unas con otras. Al llegar a la esquina divisé el Falcon de Charles. Él y Margaret decidieron acompañarnos aunque prefirieron quedarse en el coche esperando por nosotras. Hubiéramos venido con Scarlet pero ella tuvo que cumplir servicio. Y Anne impensable que se nos uniera.

Fijé mis ojos en la luz verde que me daba paso y crucé la calle. De pronto, una frenada de coche hizo que saltara asustada. Me quedé quieta contemplando con terror la parte delantera de un Dodge negro a tan solo un metro de mí.

La puerta del coche se abrió y salió un hombre de mediana edad con la cara colorada. Cerró la puerta y avanzó con gesto furioso. Un silbato agudo se escuchó y algunas personas que rondaban por la acera se acercaron.

-¿Qué no ves por donde cruzas, infeliz?

El humano llegó hasta mí y pude apreciar el aliento a alcohol. No respondí como era mi costumbre. En otro momento hubiera dicho miles de improperios pero el hecho de ser casi atropellada me congeló. Por suerte un oficial muy joven se acercó rápidamente mientras algunos humanos me preguntaban si me encontraba bien.

Asentí con la cabeza y alcancé a balbucear, “la luz estaba verde”.

El hombre insultó otra vez y la gente se enfadó con él. Yo no sabía qué hacer. No podía echar a correr porque el hecho ya era demasiado público e intentarían seguirme. Un patrullero se acercó lentamente y frenó a pocos metros de nosotros a la vez que el oficial tomaba nota de la matrícula.

-¡Oficial! La chica no tuvo la culpa, este borracho cruzó con luz roja –aseguró una señora al ver bajar de la patrulla al otro oficial.

Poco a poco volví a la realidad. Estaba inmóvil como idiota, rodeada de humanos curiosos, escuchando como el infractor se resistía a dar sus datos.

El oficial que bajó de la patrulla se detuvo para escuchar la discusión entre su colega y el borracho. Se veía cabizbajo, con el rostro levemente inclinado y atento a las estupideces del conductor. Sus manos descansaban en las caderas en una posición relajada y paciente. Al fin levantó la vista y lo miró con los ojos achinados.

No supe que le dijo pero por sus rasgos rígidos no era un piropo. Se apartó de ambos y avanzó hacia mí no sin antes dar la orden. “Mételo en la patrulla y llama la grúa por su coche”.

Lo vi acercarse con un andar varonil y seguro. Parecía tener más de cuarenta años, aunque lo que sobresalía de su gorra no eran demasiadas canas sino un cabello entre rubio y dorado. Debía ser de origen nórdico.

Me miró antes de llegar al Dodge, y sonrió.

-¿Se encuentra bien?
-Sí… Gracias.

El tráfico se notaba irregular, ya que el coche del idiota estaba impidiendo la libre circulación de la calle.

-¿Qué tal si sube la acera, señorita? –volvió a sonreír.

Al tenerlo a poca distancia comprobé que tenía ojos azules.

-0ficial, pobrecita, se llevó buen susto –dijo un señor vestido de traje.
-¡Eso es culpa de ustedes! ¿Por qué no controlan la alcoholemia en los conductores? –protestó un anciano levantando su bastón.

El oficial lo miró detenidamente pero con paciencia y tranquilidad admirable contestó…

-No tenemos tanto personal, hacemos lo posible –echó un vistazo alrededor a la multitud-. Ustedes circulen, por favor. ¡Vamos! Cada uno a su casa.

Me cogió suavemente del brazo ya que mis pies parecían haberse clavado en el asfalto, y me guío hasta la acera.

-¿Se siente bien? –repitió.

Asentí levemente.

De inmediato buscó algo con la mirada hacia la esquina.

-¡Peter, trae un café con mucha azúcar!

Seguí la dirección de su mirada y descubrí un vendedor ambulante que arrastraba un carrito.

-No es necesario, estoy bien.
-Está temblando, señorita.
-Estoy bien, de verdad.

Tenía mucha dulzura en su iris azulino. Algunas pocas arrugas que se hacían más profundas al sonreír. Nunca había conocido a un humano que sonriera con los ojos. Era gentil en el tono de voz. Sin embargo según decía Scarlet, los oficiales eran fríos y de carácter áspero debido a la costumbre de tratar con gente de cualquier calaña. Pero él había sabido distinguir. Había sabido diferenciar que yo no era parte de su mundo. Hasta me había dicho, “señorita”.

Tuve que coger el vaso de café de su propia mano mientras el vendedor saludaba animadamente.

-¿Qué tal Vikingo? ¿Mucho trabajo?

Movió la cabeza en actitud de duda.

-Algo. Por la carrera. Tú sabes.
-Pero salimos segundos, ¿lo has visto? Fue un sami de la reserva.
-No, Peter. No he podido ver la llegada.

-Bebí un sorbo y lo miré.

-Gracias, oficial. Debo irme.
-Aguarde –quitó una libreta pequeña del bolsillo de su camisa y una lapicera-. Necesito sus datos. Es probable que la llamemos en estos días.
-Mi nombre es Rose –murmuré.
-Un momento –apoyó la punta de la lapicera y escribió algo que no supe.
-Ahora sí. ¿Su nombre es Rose con una “e”?
-Sí. Rose Craig.

El oficial levantó la vista por unos segundos para mirarme. Después continuó escribiendo.

-¿También vive en la mansión rumbo al Mar de Barents?

Esta vez lo miré yo a los ojos.

-Sí, vivo allí.
-¿Edad?

Mierda… ¿Qué fecha de nacimiento había puesto Sebastien en el pasaporte?

Como tardé en responder apartó la vista de la libreta y me observó.

-Tengo veinticinco –solté sin pensarlo más.
-Okay. Seguramente la llamaremos.
-Sí… Debo irme.
-Los buses no funcionan en horario regular hoy. Al menos hasta que el festival termine. ¿Irá caminando tan lejos?
-Ehm… No, me esperan en la otra manzana.
-Muy bien. La acompaño.
-No no, no hace falta. Debo apresurarme. Se ha hecho muy tarde.
-¿Muy tarde? Si corre tenga cuidado de no perder su zapato como Cenicienta -sonrió.

¿Cenicienta?

-Gracias por todo, me llevo el café.

Antes de esperar la luz que me habilitaba a cruzar giré para darle nuevamente las gracias.

-Fue muy amable, oficial…
-Hakon –contestó. E inclinó la cabeza gentil.

Caminé apresurada por la acera. El coche de Charles estaba estacionado en la esquina y Margaret había salido a curiosear.

-¡Ya la veo, Charles! –exclamó alegre.

Sonreí.

Apenas llegué Charles salió del coche.

-¿Dónde está Anouk?
-Habrá que esperarla –contesté.
-¡Allí viene!

Efectivamente Anouk taconeaba sus zapatos por la acera hacia nosotros. A juzgar por su cara no le habían ido bien las cosas.

Tantee la puerta para entrar al coche pero me detuvo.

-Rose, lo siento.

Giré para enfrentarla y me crucé de brazos.

-Perdóname, no quise decir lo que dije. Estaba nerviosa por Drank. ¿Me perdonas?

Rodee los ojos.

-¿Drank? –Preguntó Charles-. ¿De cuánto no estoy enterado chiquillas del demonio?

Ambas nos miramos.

-Nada importante, Charles. Sólo coqueteábamos –respondí.

Subí al coche y Anouk me siguió muy callada.

Durante el viaje Margaret fue la más animada. Preguntó sobre el ganador y comentamos que Kirkenes se había llevado el segundo puesto. Charles comenzó a contar sobre la gran cantidad de carreras de bicicleta que habían visto sus ojos y varias anécdotas cuando Adrien y él cazaban juntos.

-Insistió para beber cerveza -Anouk habló muy bajo.

Giré mi cabeza para mirarla y una sonrisa de oreja a oreja se dibujó en las dos. De pronto, dejé de sonreír.

-¿Y qué haces aquí?
-Era más importante no estar enojada contigo.

Sonreí.

-Gracias… No te preocupes, habrá otra oportunidad.
-Lo sé.

Prácticamente antes de recorrer el último kilómetro hasta la mansión, me llené de curiosidad.

-Anouk, ¿quién es Cenicienta?
-¿Cenicienta? Ah pues… Es un cuento infantil.
-Cuéntame de que trata.
-¿A ti te gustan los niños como a mí?
-En realidad… necesito saber quién es.

Anouk contó muy emocionada de que trataba el cuento de “La Cenicienta”. La escuché con atención tratando de adivinar el porqué el oficial la había nombrado. La historia era muy bonita, pero sobre todo me encantó la parte en la que la princesa deja el zapato en la escalera del palacio. Es así como la encuentra el príncipe.

-¿Me dirás por qué te ha interesado tanto Cenicienta?

La miré y sonreí.

-¡Claro! Pero esa historia merece un coñac de por medio.
-Acepto –sonrió.

......................................................................................................

Charles detuvo el coche frente a los portones de la mansión. Margaret abrió con el comando y mientras las pesadas hojas de hierro se abrieron Anouk y yo nos miramos. Ambas deseábamos contarnos lo ocurrido en la feria, así que sin esperar que el coche se dirigiera al garaje bajamos a toda prisa y avanzamos por el sendero.

-¿Mejor un café en la cocina? –sugirió Anouk.
-Como gustes.
-Es que si bebo coñac no estaré con todas las luces para estudiar.
-Tienes razón.

Sebastien salió al portal y bajó los tres escalones ajustando la chaqueta de su traje. Sonrió al vernos y saludamos con una sonrisa de oreja a oreja.

-¡Las noto dichosas y divertidas! ¿Les ha ido bien en la kermese?
-¡Sí! –Respondimos al unísono.

Evidentemente Sebastien que el título de líder no le quedaba para nada demás por astuto y perceptivo, arqueó una ceja.

-¿Se han portado bien?

Anouk rio.

-¡Claro, no somos niñas!
-Ajaa… Bueno, ¿algo divertido que compartir?

Ambas nos miramos.

-Mmm… Naah –respondí-. Humanos, colores, tiendas, lobos, policías.

Me miró fijo y sonrió.

-¿Hicieron amigos nuevos?
-No, ¿verdad Rose? Nada interesante.
-Sí, nada que distinguir.
-Okay… Adelante entonces, Bianca está bebiendo café en la cocina. Le encantará saber cómo les fue.
-Ah… ¿Bianca?
-Sí Anouk, Bianca. ¿Qué es lo extraño?
-No… Es que pensé que estaría en el hospital. Como no la vimos en la quermese.
-Ha llegado hace una hora. No se sentía bien para tanta multitud.
-¡Menos mal! Mira si se le da por cazar y ahí sí que nos meteríamos en un lío que ya te digo. Los humanos se enterarían, nos tendríamos que mudar, bueno ustedes los Craig, los Gólubev vivimos lejos y… -codee a Anouk cortando la verborragia.

Sebastien se cruzó de brazos.

-No creo que Bianca hubiera cometido tan terrible error.
-Nooo, ¡claro qué no! –exclamamos las dos.

Sebastien metió sus manos en los bolsillos del pantalón y miró fijo.

-¿Todo bien con los humanos?
-Sí, no nos comimos a ninguno –murmuró Anouk.
-No saben cuánto me alegra escucharlo.

El motor de una moto se escuchó en la lejanía. Giramos para ver los portones y vimos a Charles acercarse para ver la ruta. Miró a Sebastien y este se apresuró a llegar a la entrada.

-¿Quién será?
-No lo sé Anouk.
-¿Y si es el leñador que viene por mí?

Negué con la cabeza apenada.

-No lo creo. Veremos, quizás sea Douglas y Marin, o Ron en su moto.
-Ron no está hace dos días, Rose. Y Douglas debía estudiar.
-Tienes razón.

Sin embargo en menos de cinco minutos pudimos comprobar que estábamos equivocadas. Douglas y Marin llegaron y hablaron con Charles, Margaret, y Sebastien.

El líder de los vampiros caminó apresurado hasta el portal y entró a la mansión. Su rostro dibujaba preocupación. Anouk y yo entramos a la sala. Escuchamos el Falcon dirigirse al garaje. Poco después, Margaret y Charles se nos unían. Pero nadie dijo una palabra.



Drank.

La noche de la carrera transcurrió entre festejos y alcohol. Por supuesto bajo la atenta mirada de Bernardo que decidió quedarse con nosotros, no sin antes procurar que Sabina y los niños llegaran a la reserva en coche de alquiler. Estuve de charla animada con Bernardo, Tim, Bua, y Vinter. Carl no fue un participante activo de la reunión en el pub pero al menos se mantuvo junto a nosotros escuchando anécdotas y bromas. Louk y July decidieron abandonar la kermesse con la excusa que Mamina había quedado sola, razón que nadie creyó. Mike y su chico campeón también desaparecieron con disimulo. Imaginaba que deseaban festejar a su manera.

Había muchos humanos en el pub. Los lobos de la reserva no tenían problema en relacionarse, incluso un par se apartaron para beber unos tragos con unas bellas señoritas oriundas de Bergen.

En un momento Vinter se levantó para fumar un cigarro fuera del pub y lo seguí. Ambos nos quedamos en la puerta apoyados en una vidriera lindera al pub, bajo un cielo encapotado, pero que según aseguraban los lobos, no iría a llover hasta la mañana.

Vinter aspiró el humo y preguntó.

-Dime, ¿para cuándo quieres ese sidecar?

Había dejado en su taller un vehículo que había encontrado en un contenedor de la reserva.

-Ah… Bueno… Cuando tú puedas arreglarlo, no hay problema.
-¿Es para ti? ¿Tienes que devolver la moto a los Craig?
-No. No me la han pedido… No es para mí.

Arqueó la ceja esperando una respuesta más completa.

Me quedé callado. No sabía qué decir.

-¿Es un secreto?

Sonreí.

-No es que sea un secreto… Bueno sí, en parte lo es. Preferiría no decir el destinatario.
-Okay.

Continuó fumando.

-No creas que me meteré en líos. Es que…
-¿No puedes decir para quien es porque él no quiere?
-Él no sabe que se la obsequiaré… De cualquier forma te pagaré el trabajo y los repuestos.
-No es por eso, Drank. Tú sabrás el porqué de tanto misterio.

Di una calada al cigarro.

-Prometí no hablar de él. Eso es todo.

Me miró fijo como queriendo entrar en mi mente. Después volvió a fumar en silencio.

La verdad que no podía decir a quién se la regalaría porque el sami vivía oculto y si dependía de mí guardaría el secreto.

-Es un regalo –es lo único que puedo decir.
-Muy bien, humano. Estará listo en dos semanas.
-Gracias Vinter.


Marin.

El hotel “La manada” no quedaba lejos del centro, casi dos manzanas. Así que caminamos de la mano hasta llegar a destino. Douglas cargó el oso como buen caballero durante todo el trayecto. Aunque a lo largo de dos manzanas se detuvo para darnos esos besos que tanto me gustaban.

Me sentía feliz. Mi estado no era el de una señora con su perfecto hogar constituido. Ni había casa propia con niños y mascota de raza. No… Sin embargo era inmensamente feliz. Con él… Aunque no tuviéramos nuestro hogar y ocupáramos una habitación de un hotel. Aunque conformáramos una nueva familia de dos, sin niños. Aunque no había mascota y posiblemente no la habría. Lo amaba, lo amaba con mi alma y con mi cuerpo. Y ese sentimiento que me llenaba y me hacía conocer la plenitud, era la única base para conocer la felicidad.

Es cierto que discutíamos. ¿Pero quién no? No era fácil adaptarse a nuestras mañas y costumbres. Al humor de algunas mañanas o a entender que el otro no siempre pensará igual que tú.

Mis ojos se posaron en las manos unidas balanceándose al ritmo del andar. Su mano ancha y fuerte de dedos largos entrelazados con los míos… El anillo de los Craig destelló en mi dedo. Recordé a la bruja de la tienda… Nada de lo dicho me había sorprendido y aún no podía creer que hubiera personas con tamaño don. Pero lo cierto es que en el presente y futuro yo pertenecería a Douglas y él a mí. Eso solo era motivo para sentirme dichosa.

Al cruzar la calle hacia la puerta del hotel, Douglas me alertó.

-Oye, mi madre está en la acera. ¿La ves?

Poniendo atención descubrí a Sabina cruzada de brazos, con la vista hacia nosotros. Parecía estar esperándonos. Yako ni Gloria estaban con ella. Quizás los habría dejado con Mamina en la reserva. Pero, ¿por qué estaba en el hotel?

Douglas agilizó el paso. Él también lo encontró extraño pero no emitió palabra. Hubiera sido en vano ya que había aprendido a notar sus estados de ánimo y no necesitaba que aclarara que estaba preocupado.

-¿Mamá? –Dijo al tenerla frente a frente-. ¿Qué ocurre?

Sabina habló sin rodeos.

-Te he llamado a tu móvil, Douglas. Lo tienes apagado para variar.
-Me he quedado sin batería, lo siento.
-Marin, tu madre está en el hospital. Ella está bien, no te preocupes.
-¿Por qué en el hospital? –pregunté angustiada.
-Tu tío… Tu tío ha caído de la escalera y ha quedado inconsciente. No estaba aquí cuando ocurrió, me lo ha dicho Luna por móvil y he venido. La policía se ha ido recién, ustedes entienden, podía no haber sido un accidente.
-¡Douglas, quiero ir ya!
-Tranquila… Escucha… Tu madre está bien… Si deseas ir ya mismo lo entiendo pero… Debo ir primero a la mansión.
-¿A la mansión?
-Bianca. Es su padre.
-¡Tienes razón, qué estúpida soy!
-¿Vienes conmigo? De lo contrario tendrás que irte sola al hospital.
-No, quiero contigo.
-Muy bien. Iré por mi moto. Ten el oso mamá.
-Okay… ¡Qué oso tan grande! –sonrió-. ¡Ah, hijo! Dile a Bianca que si necesita algo no dude en llamarme.
-Lo haré.