Saga para + 18

Iris púrpura es el cuarto libro de la saga Los Craig. Para comprender la historia y conocer los personajes es necesario partir de la lectura de Los ojos de Douglas Craig.

La saga es de género romántico paranormal. El blog contiene escenas de sexo y lenguaje adulto.

Si deseas comunicarte conmigo por dudas o pedido de archivos escribe a mi mail. Lou.


sábado, 16 de julio de 2016

¡Holaaa! ¡Bienvenidos!
Aquí el primer capi. Comencemos a hacer volar la imaginación.
Un beso grande.  Gracias por estar aquí y espero comentarios.

Capítulo 1
Scarlet.

Grigorii.

Terminando mi ronda me dirigí a mi casa apresurado por llegar a ver a Anne. Desde que Scarlet frecuentaba, mi hermana tenía deseos de hacer cosas nuevas por ella misma. No era que fuera tonta, pero no estaba acostumbrada a desempeñarse a mi modo de ver, era conveniente supervisarla para no correr riesgos. Ella encendía la cocina, calentaba la leche y preparaba refrigerios. También me esperaba con un termo de café caliente cuando llegaba muy tarde a la noche. Mi miedo era que su mente de niña se distrajera como suelen hacer las personas de corta edad y eso provocara una tragedia. Por otro lado debía dejarla avanzar dentro de su afección psicológica. Ese planteo difícil me lo hacía día a día.

Apenas subí la estrecha escalera del humilde apartamento una corriente de aire frío me congeló. El invierno se acercaba y debía pensar en comprar una pequeña estufa para caldear la casa o mudarme a un hogar más confortable. Quizás en dos meses podría darme el gusto y llevar a Anne a un barrio mejor donde tuviera una habitación muy bonita y no la de tres metros por tres que actualmente usaba.

Por lo menos Anne tenía una pequeña ventana que daba al pulmón del edificio de tres plantas. La mía no corría esa suerte. Creo que anterior a haber alquilado usarían ese ambiente para guardar trastos viejos. Era notablemente más amplio pero había más humedad que el resto de la casa. No podía permitir que Anne durmiera entre ese ligero olor a hongos.

Abrí la puerta con la llave y eché un vistazo al living. La tv encendida con Disney Chanel… Sin embargo Anne no se hallaba sentada en el sofá.

Siempre el mismo miedo, siempre la misma sensación cuando no la veía al entrar al apartamento. Creo que mi voz reflejaba la ansiedad cuando la llamaba deseando que respondiera rápidamente.

—Anne, ¿estás en la cocina?

No respondió.

Cerré la puerta. Tragué saliva y el miedo se convirtió en el dueño de mi cuerpo, como tantas veces.

—¡Anne!

Al avanzar bajé el volumen de la tv. Aliviado pude escuchar el sonido de la ducha.

Respiré profundo… Estaba bañándose.

Me acerqué a la puerta del baño.

—¡Anne, llegué!

No iría a responderme pero supe que me había escuchado porque a los segundos dio tres golpecitos en la puerta.

Quité mi chaqueta y la colgué de una silla. Como Anne ocupaba el baño lavé mis manos con el detergente de platos y me sequé con un paño de cocina. Abrí la heladera y saqué un recipiente con trozos de pollo frito y una planta de lechuga. Los apoyé en la encimera mientras miraba la hora en mi reloj pulsera… Las diez de la noche.

Hoy no había llegado tan tarde como otros días de la semana. Igualmente tenía un hambre voraz.

Después de calentar el pollo en una sartén y cortar la lechuga, cogí un plato y un par de cubiertos y me serví.

Anne apareció con su pijama celeste y el cabello húmedo y recogido.

—Mmm… y ese aroma rosas. No recuerdo haber comprado un jabón tan exquisito.

Me miró y sonrió.

—¿Scarlet te lo regaló?

Asintió con la cabeza sin dejar de sonreír.

—Ya veo que te mima. ¿Has comido? –pregunté extendiendo el plato.

Volvió a asentir. Caminó hacia la heladera y trajo el jugo de naranja, un vaso, y servilletas de papel.

—Gracias cariño.

Se sentó frente a mí en la mesa después de volver con el anotador y un lápiz.

No podía decir que me cansaba que Anne no rompiera ese silencio. Uno de los últimos especialistas que la había analizado aseguraba que ella no deseaba hablar y que no había impedimento físico que lo impidiera. Conocía que era su modo de protección ante la maldad de los adultos, ¿pero ya no había transcurrido tiempo suficiente para que rompiera el silencio aunque sea con breves palabras? Sobre todo después de conocer a personas como Scarlet, dar vueltas a la manzana con ella, y haber aceptado ir a cenar conmigo.

Me serví jugo de la jarra y cogí los cubiertos al costado del plato.

—¿No quieres hablarme aunque sea con un “sí” o un “no”?

Negó con la cabeza.

Insistí…

—Sabes que puedes hacerlo si lo deseas. ¿Por qué no me das ese regalo?

Volvió a negar.

Respiré hondo y comí el primer bocado…

Me limpié la boca con la servilleta y bebí del jugo.

—¿Por qué no haces un esfuerzo? Hablaremos entre tú y yo y será nuestro secreto.

Negó otra vez.

—Okay… Aunque no entiendo, Anne. Estamos solos. Si me hablas nada cambiará. Al contrario podríamos conversar de muchas cosas. Porque la verdad… La verdad es que no es gracioso contarte mi rutina y no saber qué piensas.

Anne deslizó el block de hojas y me miró.

—No, Anne no es lo mismo que me escribas. Dime, ¿por qué no quieres hablar tan sólo un poco?

Anne escribió con gesto molesto.

Leí…

“Porque tengo miedo”.

La miré.

—¿Miedo? Estás conmigo. Nada te pasará. ¿Miedo de qué?

Ella me miró fijo con una gran tristeza. Lentamente cogió el lápiz nuevamente y escribió…

“De que buelba”.

—¿Vuelva? –comprendí que se trataba de nuestro padre—. Preferí cortar la conversación aunque me hubiera gustado saber porque no confiaba que yo no permitiría que él le hiciera daño—. Vuelva va con V chica o corta, Anne. Eso te pasa por ver tv todo el tiempo. Ponte a leer.

Me miró enojada, y sí la verdad que me podía. Es que estaba todo el día fuera de casa salvo por los francos y dedicar ese tiempo para pelear no era grato ni productivo.

—Perdón.

Le di un beso y sonreí.

—No insistiré más. Habla cuando creas que estás fuerte para eso… En cuanto a leer más, estoy en lo correcto. Así que será muy bueno para ti. Te compraré un libro bonito que te cuente sobre historias fantásticas. ¿Quieres de hadas o princesas? ¿Tal vez para más jovencitas?

Ella sonrió y escribió sobre el papel.

“De vampiros”.

Reí.

—Anne, los vampiros te darán miedo, no quiero que después tengas que dormir con las luces del apartamento encendidas, con lo que cuesta la tarifa de luz, Anne –volví a reír.
Ella escribió.

“Quiero un libro sobre vampiros”.

—Okay, yo… no tengo idea si en la librería habrá alguno de esos libros de terror y personajes satánicos.

Ella volvió a escribir con cierto gesto de enfado.

“Los vampiros no son satánicos”.

Arquee la ceja.

—Bueno, no sé qué pasa por tu imaginación pero trataré de conseguirte un libro de vampiros.

Ella se puso de pie y desapareció hacia el living. Pensé que sería algún programa de tv que le gustaría pero regresó con una carpeta en la mano que no tardé en reconocer.

—¡No Anne! Eso no puedo darte a leer. No es mío. Mira, es documentación de la Jefatura y me olvidé de dárselo a Vikingo para guardar. ¿Dónde estaba?

Ella señaló desde la puerta en sentido hacia la tv.

—¿Bajo la tv?

Asintió.

—Vikingo va a matarme. Es que está enfermo y no lo he visto hace dos semanas. Sé que pude devolvérselo antes…Creo que hace más un mes lo tengo.

Ella atinó a regresar al living pero la detuve.

—Aguarda. Dame la carpeta. Por una cosa u otra ni la miré y la traje con esa intención. Me tomaré un café y mientras fumo la revisaré.

Anne me la dio y después hizo señas de irse a dormir.

—Ve cariño. Te quiero.

Me tiró un beso desde la puerta y sonrió.

Me recosté en la silla después que me hice un café cargado y dulce. Con la carpeta abierta de par en par hojee para saber de qué había tratado esas muertes misteriosas cuyas fechas parecían ser de enero 2015.

En la última hoja estaba la firma y sellos de la doctora McCarthy y un doctor… No, sería el director. Un tal Olaf Arve… Era el mismo que me había firmado unas cuantas actas de defunciones donde la policía había tenido que intervenir.

Vaya suerte que había tenido, evidentemente había sobrevivido a las heladas mortales. Según me habían contado, la antigua jefatura de policía había quedado desbastada inclusive su comisario había perecido. Sin embargo, Bianca también había sobrevivido… Bueno en realidad todos los Craig, aunque no sabía si alguien había fallecido de la familia. No conocía demasiado sobre ellos.

Bueno… Bianca había sobrevivido a la inundación… Yo mismo había encontrado la limousine de los Craig chocada y casi sumergida por completo. Ella había desaparecido por un tiempo… Vaya mujer con suerte.

Quizás todos teníamos un día para morir.

Observé una de las hojas que tenía unas tachaduras y la consiguiente salvedad al final de la hoja. Fijé la vista… imposible sin luz… Me puse de pie después de beber otro trago de café y apagar el cigarrillo. Intenté desprender la hoja para que fuera fácil ponerla a trasluz pero imposible, los expedientes venían cocidos para no alterar el orden y evitar la pérdida o robo de folios. Okay… no me iba a ganar… Doblé la carpeta y con la hoja que me interesaba separada del resto la elevé a una altura que me fuera posible mirar la escritura a trasluz.

Uhmm… La tinta estaba muy afirmada en varias partes… Las palabras entrecortadas…

Ca— e – a de león –auada…….. erf—raciones en los –os……..de media –agada.
Cambié de posición y acerqué más la hoja ala lamparilla.

Ca—e—a de león… Cabeza de león seguramente… ¿Auada? ¿Qué sería auada? ¿Labrada? ¿Fraguada? No… ¿Tatuada? Podría ser. Cabeza de león tatuada. Sí…
Que más…

¿Erf—raciones? Laceraciones… no. Imperfecciones… Tampoco… La palabra llevaba “F”…

Acerqué más la hoja e incliné la cabeza buscando un ángulo mejor…

Perf—raciones… ¡Perforaciones! Sí eso era. Por eso la frase terminaba en “en los –os” Perforaciones en los ojos.

Qué más…

Perforaciones en los ojos de media… ¿de media –agada?

Una medida… Agada debía ser una medida…

Sonreí.

Pulgada.

Entonces, Cabeza de león tatuada. Perforaciones en los ojos de media pulgada.

¿Por qué lo habría tachado? Perforaciones de media pulgada. No eran las agujas usadas para tatuar.

Si eran en los ojos serían dos. O quizás más…

¡Qué extraño! Una secta donde los integrantes se tatuaban antes de morir como símbolo de algo en común entre ellos no era ilógico…. Lo extraño era que había perforaciones diferentes… En los ojos… ¿Con qué lo habrían hecho? Media pulgada era de considerar.

Regresé a la mesa y me senté. El café ya estaba frío.

Pasé las hojas hasta encontrar las fotos… No notaba nada raro. Los ojos estaban pintados de rojo… Arquee la ceja.

¿Quién me mandaba a curiosear algo que ya no tenía sentido? La forense ya había dictado suicidios en cadena. ¿Por qué pensar otra cosa?

Me recosté en la silla y encendí otro cigarro…

¿Por qué? Porque la misma forense había hecho un dictamen erróneo con el caso de Samanta Vasiliev.

Mierda… Friccioné las manos contra la frente. Estaba cansado. Mejor iría a dormir. Mañana sería un gran día para mí. Scarlet sería mi compañera en la ronda y lo que es mejor, conduciría el patrullero.

Sonreí.

Sólo un par de veces había visto conducir a Scarlet su Civic blanco. La verdad que siempre iba apresurada.

Escuché ruidos y levanté la cabeza.

La puerta del baño se abrió y se cerró. Anne habría ido al baño. ¿Se sentiría mal?

Me puse de pie y fui hasta la puerta.

—¡Anne! ¿Estás bien?

Anne golpeó una sola vez.

—Okay cariño, voy a dormir. Hasta mañana. Que descanses.

……………………………………………………………………………….................

Era un día muy frío y común esa mañana la cual fui a trabajar como tantos días. Sin embargo, toda la semana anterior había sido especial a pesar que el sol de noviembre nos iluminaba pocas horas. Scarlet y yo salíamos de ronda unas ocho horas y podría asegurar que nos ayudó a conocernos un poco más.

Scarlet era fresca y divertida, gozaba de buen humor siempre, y actuaba rápido y eficiente en cada ocasión que ameritaba. A decir verdad no habíamos tenido demasiados delitos a no ser por algunas riñas de calle producto del alcohol entre grupos de jóvenes, y algún que otro detenido por robo a mano armada.

Aun así, las horas compartidas se hacían intensas. Ella era intensa. Daba que pensar que Scarlet vivía para disfrutar cada minuto de su vida. Y no hubiera sido extraño si la forma de ser hubiera venido de una persona mayor, ya que a una edad los seres humanos comenzamos a valorar que la vida es un regalo miraras por donde miraras, con sus penas y conflictos, pero Scarlet tenía apenas veintitrés y era digno de admirar que se diera cuenta la importancia de estar vivo.

Ese día, el sexto día que patrullaba con ella, nos habíamos detenido para comer algo en un puesto ambulante frente al edificio de Gobierno. En realidad, yo regresé al coche con un suculento sándwich para mí y un café negro para mi joven compañera.

Recuerdo que le llamé la atención porque debía alimentarse y no vivir a café en horas de trabajo. Me respondió con una sonrisa esas que desarman y me aseguró que comía muy bien al llegar a su casa. No le gustaba alimentarse con productos de dudosa procedencia.

Sonreí.

Era normal que una chica millonaria fuera meticulosa con los alimentos. Quizás su familia la había criado sabiendo que no tendría necesidad de recurrir jamás a comida vulgar y barata. Llevaba un ritmo de vida costoso y era sabido que trabajaba sólo por dignidad ya que era factible que siendo una Craig no lo hubiera necesitado.

Eso amaba de ella. La simpleza y sencillez, aunque vistiera con ropa de marca y tuviera ciertos gustos exquisitos. Habría sido difícil tener esa personalidad que se alejaba de toda discriminación social. Sobre todo pensando en sus hermanos. Ellos sí parecían distantes a otro estrato social que no fuera el de ellos.

A mí en cierta forma no me importaba. No tenía el dinero de ellos pero por suerte había logrado obtener un cargo mejor en el tiempo que trabajaba con Hansen. Pronto me mudaría a un apartamento decente junto a mi hermana y podría darle más gustos de los que me esforzaba por darle. Quizás unos meses más y hasta podría cambiar la moto por un coche aunque fuera usado. De esa forma Anne podría pasear por Kirkenes y hasta conocer ciudades aledañas.

Entregué el café a mi bella compañera y ella sonrió murmurando un “gracias”.

“No sonrías así, Scarlet, porque encoges mi corazón”. Eso le hubiera dicho. Pero no era un hombre persistente con las mujeres a tal punto de resultar pesado. Sería que no tenía costumbre de andar tras el género femenino, porque aunque resultara un tanto engreído, no había tenido necesidad de suplicar compañía. Podría decirse que modestia aparte era un hombre atractivo. Sin embargo enamorarme nunca me había ocurrido a mis treinta años. Era la primera vez que una mujer se metía hasta en mis sueños apenas conocerla. Miento… Scarlet se había metido en mis sueños mucho antes de conocerla. Eran los misterios que implicaba tener premoniciones, aunque no me ocurría a menudo.

Desenvolví mi sándwich mientras ella bebía de su café. El coche estaba estacionado junto a la acera de una de las calles laterales de la plaza bajo un frondoso ciprés al que sus ramas se alzaban al cielo oscuro y profundo.

Un sueño repetitivo se cruzó en mi mente. Un sueño que hacía tres meses o más había vivido como si fuera real.

Mi hermana vestida con un bello y costoso vestido blanco bajaba una escalera… La escalera de la mansión Craig.

¿Por qué la soñaba allí? Ella jamás pisaría el hogar de esos ricos. A no ser… A no ser que Anne saliera del trauma y Scarlet la invitara a su casa… Pero, ¿por qué vestida así? Parecía una novia a punto de casarse…

Envolví mi sándwich y miré a Scarlet. Se me había borrado el apetito en segundos.
Ella me miró sin perder la sonrisa.

—¿Qué ocurre? ¿No comerás?

Negué con la cabeza.

—Antes, necesito decirte algo.

Ella se fundió en mi mirada y un gesto de preocupación cruzó su iris violeta. Sí, tenía unos bellos ojos como Liz Taylor.

—Dime…

Cogí el vaso de café de su mano y ella siguió la trayectoria hasta que lo deposité sobre el panel delantero. Hice lo mismo con mi sándwich y la miré.

—Quiero confesarte lo que siento por ti. Sé que entre los dos sabemos que nos gustamos, eso lo puedo notar tan bien como lo notarás tú. También sé que hubo un par de besos, quizás unos siete u ocho. Pocos para mi gusto. Sin embargo no hemos pasado de eso y…

Ella interrumpió.

—Grigorii, no te apenes. No es porque has dejado de gustarme o no quiera tener nada contigo pero…
—¿Soy pobre?

Ella me miró exaltada.

—¡No! No tiene nada que ver.
—¿Entonces? Explícame porque noto que no quieres ir más allá en la relación.

Scarlet miró hacia adelante. Una pareja cruzaba la calle tomados de la mano.

—¿Piensas que tus hermanos me matarán sin tengo intimidad contigo?

Ella no me miró y continuó hablando.

—Mis hermanos no. Yo podría matarte.
—¿Qué dices?

Su perfil perfecto salió de mi enfoque para dar lugar al bello rostro frente a frente de labios sensuales y nariz perfecta.

—Digo que… Yo podría matarte. Si tenemos sexo… No te dejaría salir de esa cama hasta que me hayas entregado la última gota que emane de ti. Te dejaría desfallecido y sin fuerzas.

Reí. Vaya forma de decirme que me deseaba.

Negué con la cabeza mientras sonreía.

—Yo quiero morir de esa forma, Scarlet. Entre tus brazos. Desmayarme de placer y créeme que pienso hacer lo mismo contigo.

Ella me miró fijo. Sin embargo no devolvió esa mirada apasionada que debía reflejarse en mí. Por el contrario, parecía que su iris se había oscurecido hasta parecer el púrpura, y me estremeció la frialdad con la que me observó.

Mi sonrisa fue desapareciendo de a poco mientras ella no apartaba la vista de mí.

Fue un impulso al que cualquiera no se le hubiera ocurrido en esa situación… Lo común hubiera sido que preguntara, “¿por qué me miras así?” Pero me acerqué inclinando el rostro y la besé.

La besé como nunca lo había hecho. Con el deseo de poseerla y que fuera sólo mía para siempre.

Scarlet salió al encuentro de mi lengua y me tomó de la nuca acercando mi cuerpo al de ella. Fue un beso apasionado y lleno de deseo acumulado. Uno de mis brazos la atrajo de la cintura y mi pecho sintió el contacto de sus pechos turgentes y llenos pero que cedieron a la presión de nuestros cuerpos.

Quería desnudarla y desnudarme… Quería que mis manos la recorrieran y sentirla gemir gracias a mí.

Jadee separando mi boca.

—Nena, quiero hacerte el amor.

Ella me apartó con delicadeza y me miró a los ojos.

—Démonos tiempo, Grigorii.
—¿Tiempo? Yo no lo necesito.
—Sí, lo necesitas. No quiero que al conocer mis defectos o partes de mi vida que no te gusten corras abandonándome, porque voy a sufrir. Prefiero aceptar una relación cuando esté segura que no me dejarás por nada del mundo.

Me senté erguido y la miré confundido.

—Sé que estoy enamorado de ti desde que te conocí. ¿Qué terrible defecto o parte de tu vida me haría dejarte de querer?

La radio emitió un ruido y la voz de la oficial se escuchó con interrupciones.

Pulsé varias veces la tecla de sintonía en el panel hasta que se escuchó nítida.

“Aquí Central. A todas las unidades, repito. A todas las unidades. Naranja en zona plaza. Se pide refuerzos.”

—Mierda, código naranja, una toma de rehén –dijo Scarlet.
—Así es.

Cogí la radio y hablé.

—Central, aquí móvil cuatro, pide coordenadas. Repito, móvil cuatro, pide coordenadas.

“Móvil cuatro, código naranja en Road Place al cuatrocientos”.

—Central, estamos en zona. Vamos para allá.

Scarlet arrancó el motor y aceleró por la avenida.

—¿Lo ubicas?
—Sí, hay un pub en la esquina. Con las chicas hemos ido a beber café.
—Bien. Acelera.

Encendí la sirena pocos segundos antes que Scarlet volara a través de las calles.

…………………………………………………………………………………............

Cuando llegamos pude ver dos patrulleros estacionados en forma de “L” atravesando una de las calles. Había mucha gente curiosa y varios compañeros ubicados en lugares que parecían estratégicos.

—¿Ves algo? –preguntó Scarlet.
—Aún no. Vamos por la izquierda.

Noté que había un espacio por el lado señalado. Cerca pude ver al comisario con un par de compañeros de turno, Willian y Rudolf. Ambos apuntaban un objetivo.

Scarlet que me seguía murmuró.

—Está allí, frente al edificio. Es un hombre con un niño.
—¡Mierda!

Al llegar hasta el comisario saludé y pregunté la situación.

Hansen negó con la cabeza tristemente.

—Estamos complicados, Pretov.
—¿Qué quiere para soltar al niño? ¿Dinero?
—Ojalá. Es el marido de la madre del niño. Se enteró que no es el padre.
—¡Loco de mierda! –protestó Willian sin dejar de apuntar.

Scarlet me miró angustiada.

Creo que intuyó que nada saldría bien hoy.

—Tranquila –sonreí apenas.

Un colega hablaba con él por un megáfono tratando de persuadirlo pero él insistía que su vida había acabo y se llevaría al niño con él.

El secuestrador comenzó a vociferar insultos y mantenía el arma en alto, amenazante. Con un brazo apretaba contra sus caderas al pequeño que no cesaba de llorar. El hombre había sido advertido con la voz en alto que cualquier movimiento sospechoso la policía dispararía contra él pero la sensación era que nada le importaba. Lo peor, que nadie gozaba de una puntería tan perfecta para dar con él sin evitar poder dañar al niño.
Avisé al comisario que buscaría con Scarlet otro punto estratégico. Quizás por la calle de la izquierda. El hecho que debíamos llegar por la manzana de atrás hasta sorprenderlo en la esquina.

Me apoyé en un árbol sobre el costado de la corteza y desenfundé el arma. Scarlet me imitó detrás de un árbol a mi derecha.

—Scarlet, la policía ya dio la advertencia. Si ves un movimiento del arma hacia el niño podrías disparar al hijo de puta, pero no te lo aconsejo si no quieres llevar a tu espalda la muerte del chico. No estamos muy cerca.
—No te preocupes. Tengo buena puntería.
—Eso lo sé pero esto es diferente tiene un rehén sujeto.

Ella se posicionó y sus ojos bellos me miraron por segundos para fijarse en el objetivo.
Así transcurrieron un poco menos de una hora. Todos parecíamos muy cansados de llegar a este punto y no tener solución. Generalmente los secuestradores no tardaban demasiado. Solicitaban lo que deseaban y punto. Sin embargo el hombre quería martirizarnos y demostrar a su mujer el poder. Ella seguro se encontraría protegida por la policía, escuchando cada amenaza.

De pronto se escucharon gritos de parte de él. Se notó el nerviosismo de mis colegas. Me tensé y mi dedo se apoyó en el gatillo. El niño se revolvía tratando de zafar. Él hombre lo insultó y lo apretó contra el cuerpo. Mis ojos clavados en el arma que tenía sujeta en su mano con el brazo levantado.

—Scarlet, vamos por la derecha quizás… ¿Scarlet?

¿Dónde estaba Scarlet?

Miré hacia los costados y hacia atrás. Había desaparecido.

Volví al objetivo y me posicioné con el arma. No quería pensar que ese niño moriría en manos de ese loco desquiciado y ansiaba hallar la forma de salvarlo, pero lo cierto que teníamos un muy bajo porcentaje de disuadirlo y cero oportunidad de derribarlo sin dañar al rehén.

De pronto se escuchó un chirrido de un coche a toda velocidad. Abrí mis ojos y tragué saliva.

El secuestrador bajó el arma a la cabeza del niño en el momento justo que Scarlet doblaba la esquina conduciendo la patrulla a toda velocidad. Subió la acera y vi su brazo extendido a través de la ventanilla… Con el arma apuntando…

Fueron segundos… Segundos los cuales se escuchó el impacto y una mancha oscura se dibujó en la frente del hijo de puta, e instantes después el hombre caía en la acera, muerto.

Hubo alboroto y corridas.

Vi al niño sano y salvo ser rodeado por la policía. Scarlet salió del coche dando un portazo metiendo el arma en la cintura. Yo… Yo me quedé quieto, inmóvil. Las piernas me temblaron. No porque había salido mal, sino por haber habido posibilidad de haber echado todo a perder. Sin embargo vi al comisario correr hacia Scarlet y abrazarla.

Permanecí unos minutos en el lugar sin atinar a moverme y reunirme con mis compañeros hasta que la respiración volvió a la normalidad.

Caminé apresurado hacia el tumulto pidiendo permiso entre los curiosos hasta llegar al lugar del hecho.

William y Rudolf festejaban. Scarlet estaba rodeada entre felicitaciones y algarabía de algunos oficiales y de Hansen. Observé el cuerpo del hombre antes que un oficial lo cubriera.

El agujero perfecto en el medio de la frente habría atravesado su cerebelo dejándolo fuera de combate en segundos.

Una puntería digna de admirar, de no creer. Sobre todo si pensaba que quien había disparado a la vez conducía la patrulla y había tenido poco tiempo para fijar la mira. Y la mira perfecta… Porque si hubiera sido centímetros más o menos, quizás el secuestrador tenía tiempo de haber disparado en la cabeza al pequeño.

Hansen me sacó del ensimismamiento.

—¡Pretov! ¡Qué compañera te has echado!

Lo miré como si bajara de un ovni.

—¡Pretov! ¿No digas que no lo has visto? ¿Dónde estabas?
—Con ella –murmuré.
—Bueno con ella no. En la patrulla estaba ella sola.

Giré a mi espalda para ver la distancia de los árboles. Aquellos en los que Scarlet y yo habíamos usado para ocultarnos.

—No, estuvimos tras los árboles… y ella… no sé en qué momento se alejó. Yo…

Los gritos emocionados de la madre que avanzaba hacia Scarlet me interrumpieron.

Hansen rio.

—¡Vamos Pretov! Festejemos mientras llega el sector de la Científica. No hay nada mejor que disfrutar la felicidad de esa madre.

El comisario se alejó después de palmear mi hombro. Y yo… Yo me quedé de pie, inmóvil. Todo había sido tan rápido. De pensar que podíamos haber estado enterrando al niño la piel se me erizó por completo.

Escuché a Hansen decir palabras de entusiasmo y a la madre del niño llorar de alegría. Se inclinó para decirle algo al niño y mirar a Scarlet que de pie frente a ellos sonreía.

Una persona vestida con bata se acercó y saludó a la madre y habló algo con ella. Seguramente era una doctora o psicóloga para ofrecerse a asistir al pequeño.

Hansen giró y me miró.

No sé qué notó en mi cara, quizás desconcierto, pero insistió.

—¡Pretov!

Lo miré.

—Ven, ¿no quieres felicitar a tu compañera?
—¡Claro! –respondí adelantándome hacia el grupo.

Scarlet dio un beso al niño y la madre la abrazó otra vez con lágrimas en los ojos. Ella sonrió.

—Te felicito –murmuré a su lado.
—Gracias Grigorii –respondió sin mirarme.

Cuando regresamos a la patrulla Rudolf me esperaba fumando un cigarrillo recostado al coche.

Scarlet subió y él se hizo a un lado para que yo pasara.

—Oye Grigorii, muy buena tu hembra, ¡eh! –rio.
—Cállate Rudolf, no te refieras así a Scarlet o te partiré la boca.
—Uuuuh –bromeó—, ¡qué carácter!

…………………………………………………………………………………............

En la patrulla me mantuve en silencio hasta que recorrimos tres manzanas. Entonces ella rompió el silencio.

—¿No pareces contento, Grigorii?

La miré mientras giraba la esquina para tomar la calle de la comisaría.

—Sí lo estoy. Sólo que todavía estoy en shock.

Silencio…

—Scarlet, ¿sabes que pudiste haber fallado y hubiera sido una catástrofe?
—Lo sé. Pero no fue así.
—Sí…

Silencio.

—¿Estás orgulloso de mí?
—Por supuesto.
—Pues no parece.
—Sí Scarlet, estoy orgulloso y te admiro. Aunque trato de entender esa valentía un tanto irresponsable que…
—¿Irresponsable? ¿Crees que no sabía lo que hacía?
—No es eso… es que es normal. A esa distancia y como venías había un alto porcentaje de fallar.
—El instructor de tiro me dijo que era asombrosa. Ya lo ves.
—Sí… Asombrosa, increíble.
—Imagino que habrás visto policías con gran puntería en tu larga carrera.
—Sí, he visto. Sin embargo como tú, nunca. Lo juro.
—Llegamos –dijo algo molesta al ver la fachada de la Jefatura—, el comisario dijo que beberíamos un café en su oficina. Habló algo de una condecoración a fin de mes.
—Claro, te debe una. Te felicito.
—Gracias.

Después de estacionar apagó el coche e hizo ademán de bajarse pero la detuve del brazo.

—¿Qué?
—Si la excelente puntería es una de las cosas que debo saber para amarte ten la seguridad que me tienes a tus pies. ¿Es lo único que debería saber?

Me miró fijo.

—Por ahora sí.


Drank.

Mientras terminaba de ducharme en el pequeño baño de terapia intensiva, Nina me esperaba con un desayuno suculento, de pie, inmóvil, tras la puerta.

Digo tras la puerta porque estaba seguro que no habría podido comportarse naturalmente después que me había visto levantarme y acorralarla en el baño para tener sexo con ella.

Apenas lo hicimos, se vistió sin mirarme a la cara y salió a buscar el desayuno. Podía adivinar lo que pasaba por su cabeza. Creyente como lo era seguramente habría pensado que había sido una de las pocas afortunadas en contemplar un milagro tan cerca.

Pero no había milagro, no… Al menos esta vez no.

Sólo la determinación de un ser que no pertenecía a mi raza humana. La decisión de salvarme la vida vaya a saber porqué. ¿Por Liz? Probablemente.

Nunca tuve problema en decir “gracias” a las personas que me ayudaban en algo o hacían favores. Sin embargo ahora me sentía impotente para agradecer. Es que la extensión del agradecimiento para quien te salva la vida no tenía límite. Aunque pensándolo bien… Él… sólo esperaba algo de mí… Renunciar al amor de mi vida.

Y lo haría, claro que lo haría. Por más que significara guardar mi amor bajo siete llaves en mi corazón.

Amor de mi vida… La imagen de mi padre se cruzó en mi cabeza.

¿Había sido mi madre el gran amor de su vida? ¿O sólo optó por lo correcto?

Sentía que no podía perdonar a mi padre. No por haberse enamorado de otra mujer, porque lo vi en su mirada. Ella no fue una aventura. Mi rabia hacia él partía de no haber podido ser valiente y enfrentar lo que sentía. Aún cuando tu mundo se derrumba y debes comenzar de nuevo. A veces hacer lo correcto está disfrazado de cobardía.

Mi padre sí había tenido opción para luchar por el amor verdadero que le llegó un día. En mi caso… En mi caso no.

Terminé de secarme y me vestí con el pijama. Pediría a mi padre que trajera alguna muda para poder salir del hospital.

Salir del hospital… Tantas veces pensaba que era una utopía.

Ahora vería el parque de Drobak, con su otoño abandonándonos lentamente y las primeras nevadas. Ahora podría caminar bajo los fresnos y los nogales silbando una canción como lo hacía. Ahora podría ir a pescar cuantas veces se me cantara. Podría tirarme en el césped boca arriba sintiendo la calidez del sol del mediodía. Ahora podría correr sin el temor a quebrarme. Ahora… estrujaría entre mis manos cada minuto de este milagro llamado vida.

Al salir del baño Nina me miró con la bandeja en sus manos.

—Lo siento, demoré en secarme. El café estará frio pero lo beberé igual.

Pasé a su lado y me senté en la cama. La miré…

Ella continuaba espaldas a mí con la vista en la puerta del baño.

—Nina, ¿estás bien?

Giró lentamente y me clavó sus ojos claros.

—¿Preguntas si yo estoy bien?
—Sí. Te veo estática con la bandeja en las manos sin saber qué hacer. Ven –palmee la cama—. ¿Me acompañas a desayunar?

Parpadeó y abrió la boca pero no dijo palabra.

Bajé la vista.

¿Cómo explicaría lo ocurrido a todo aquel que había estado cerca de mí durante meses? Todo aquel que me vio agonizar y extinguirme día a día no comprendería mi estado actual.

—Nina, ven. De verdad que tengo hambre y esas tostadas se ven deliciosas aunque… Aunque hubiera preferido un suculento sándwich, créeme.

Se acercó y depositó la bandeja en la cama. Asalté las tostadas que crujieron en mi boca mientras miraba el día tras la ventana.

—Di aviso al doctor Rudi –murmuró.

La miré de reojo y continué comiendo.

—Él dijo que estaría aquí en breve.
—¡Qué bien! Quisiera despedirme de él y agradecerle.

Ella me tomó de la barbilla y me obligó a mirarla.

—¿Qué ocurrió ayer, Drank?

Arquee la ceja.

—Uhm… Pues no recuerdo mucho. Lo último que sé es que estaba entubado con el maldito suero y sentí muchos dolores en todo el cuerpo. Después, me desperté sintiéndome mejor. Ya ves, tengo hambre y ganas de irme de aquí.

Nina calló y sus ojos se fijaron en el edredón azul regalo de Liz.

—Ella… Ella me dijo que te cuidara mientras no estaba en Drobak.

Sonreí.

—Ya ves, no le has fallado. Me has cuidado muy bien.

Se puso de pie de un salto.

—¿A qué juegas, Drank?
—¿Yo? A nada. ¿No te alegra verme mejor?
—¿Mejor dices?
—Sí, mejor.
—Tú no has tenido una mejoría dentro de tu agonía. Tú te ves como si nunca hubieras tenido nada malo. ¡Y lo tenías Drank! ¡Yo misma leí miles de veces los resultados que te hacían cada semana! ¡Ibas a morir Drank! No había solución ninguna en el campo de la medicina.

Pasé una servilleta de papel por mis labios y bebí un trago del café tibio.

—¡Qué pena! ¿Entonces mentías cuando me decías que había esperanza?
—No te burles de mí. No me lo merezco.

Callé la boca y bajé la cabeza.

—¿Qué ocurrió Drank? ¿Dime a qué Santo le has rezado que te ha escuchado y te ha devuelto la salud?
—Bueno –carraspee—, a Santos he rezado a varios. Quizás alguno escuchó.
—Buenos días.

La voz del doctor Rudi nos interrumpió. Tras él, mi padre se acercaba con ojos asombrados.

—Buenos días, doctor. Hola papá.

Mi padre no contestó. Lentamente se sentó en la silla sin apartar la vista de mí.

—Me ha dicho Nina que deseas irte del hospital. Me temo que no puedo darte el alta sin estar seguro de que estás bien y mi experiencia indicaría que…
—¿No existen los milagros? –interrumpí.
—No, no es eso.
—¿Qué es entonces?
—Sucede que dentro de la enfermedad puede haber una mejoría llamativa y notable pero…

Volví a interrumpir.

—Le doy la razón. Mi mejoría es llamativa y notable. Como ve, no tengo dolores y puedo mantenerme en pie respirando normalmente.
—Drank…
—Doctor… Yo le agradezco de verdad todo lo que ha hecho por mí. Sin embargo sabe de memoria que si no quiero permanecer aquí no habrá ley que me lo impida. Ni siquiera mi padre –lo miré—. Soy mayor de edad.
—No puedo firmar el alta
—Me iré de cualquier modo.

Rudi miró a mi padre que parpadeó sin creer lo que contemplaban sus ojos.

—Por favor George, déjanos a solas. Tú también Nina.
—Papá, consígueme ropa, por favor.

Él asintió.

Ambos se retiraron en silencio.

El doctor se mantuvo con la vista clavada en las baldosas y ya comenzaba a impacientarme. Hasta que me miró fijo.

—Quisiera creer en los milagros Drank, pero tú sabes, soy médico y práctico. Me baso en lo empírico.
—Pienso que tendrá que cambiar de pensamiento, ¿no cree?

Se acercó y se sentó en la cama junto a mí.

Observé rápidamente si en alguna parte de mi cuerpo habría alguna señal de Adrien. Algo que delatara lo ocurrido anoche. Pero no…

Rudi suspiró.

—Los médicos estamos acostumbrados a escuchar que si un paciente no se salva es por culpa nuestra, si lo logra, es gracias a Dios. Pero nunca he vivido una situación como esta. Estabas agonizando Drank. Yo mismo te drogué para que los dolores te dejaran descansar.

Encogí de hombros.

—Pues… No sé qué decirle. Me desperté sintiéndome bien. Confieso que un poco débil y mareado pero sin los dolores en los huesos y ese malestar constante en el estómago. De todas formas se alegra de verme bien, ¿verdad?

Asintió levemente mientras me miraba fijo.

—Es que… Hasta tu rostro demacrado ha cambiado de color. Te ves… Te ves sano.
—Lo estaré. Con más razón no quiero perder tiempo. Me iré de aquí con o sin su alta firmada.

Bajó la cabeza para después mirarme.

—Drank… Sólo quédate un par de horas. Te sacaré sangre, prometo no será nada invasivo salvo la extracción. Necesito comprobar por la ciencia que ya no corres peligro de muerte. Por favor…
—Sólo un par de horas, doctor. Después que compruebe lo que ya es evidente, me marcharé.

Se puso de pie, sin embargo a los pocos segundos volvió a sentarse.

—¿Se siente bien?

Me miró enfadado.

—Tu pregunta suena a burla.

Sonreí.

—Sí… Puede ser. No por maldad… Yo… También estoy sorprendido.

Echó un vistazo al pequeño espacio que nos rodeaba.

—Si busca magos no los hay.

Se acaba de ir anoche. Pensé.

—No busco magos –protestó—. Sólo quiero saber que ocurrió. Quizás sirva para que otros enfermos hallen la cura.
—Lo lamento. No puedo ayudarlo.
—¿Por qué? –preguntó con un hilo de voz.
—Simplemente porque no sé qué explicación darle. Me siento bien como si nunca hubiera estado enfermo.
—Te sacaré una muestra de sangre.
—Haga lo que quiera. Le doy dos horas, después me iré de aquí.

Mi padre se asomó por las cortinas del box.

—¿Has ido por mi ropa?

Negó con la cabeza.

—¿Qué esperas?
—Drank, te noto agresivo y eso no es natural en ti. Estás extraño.
—Usted lo estaría también.
—Sí… Posiblemente. Si quieres echarme la culpa porque yo no he sido tu salvador lo admito. Ahora… Tu padre no tiene que ver en esto.
—Con papá nos debemos una charla. Hasta que aclaremos cuestiones nuestras no seré el de antes. Si me perdona omitiré el conflicto, es un tema personal.
—George es un viejo amigo. Algo me ha dicho. Es un tema personal y lo respeto. Pero ve con cuidado hay mucha gente que hace daño gratuitamente.
—Lo sé, sin embargo no es el caso.
—¿Estás seguro?
—Doctor, le pediría que no se metiera en asuntos míos. Gracias.

Rudi se puso de pie y palmeó el hombro de mi padre. Después en silencio se retiró dejándonos solos.

Miré hacia la ventana. Es que no podía contemplarlo a los ojos. Escuché que caminaba y arrastraba la silla. Se desplomó en ella cerca de mí.

—Antes de entrar en crisis ayer… o antes de ayer… ya ni sé en qué día estoy –murmuró—, me gritaste que tenía una hija.

Callé.

—Mencionaste una calle y número…

Lo miré.

—Calle que hizo que te movilizaras hasta la última célula, ¿no es así?

Nos miramos.

Tenía la vista cansada y el rostro demacrado. También había adelgazado por estar a mi lado esos meses de tortura.

—Jacqueline.

Mis ojos se desviaron a la ventana al escucharlo nombrarla.

—Así que se llama Jacqueline.
—Sí.
—¿Fue una aventura?
—No.

Al sentir ese “no” tan rotundo y seguro el corazón se me estrujó.

—Yo jamás hubiera engañado a tu madre por una aventura.

Me puse de pie de un salto enfurecido.

—¿Tienes el desparpajo de decirme que amaste a otra mujer?
—Creí entender que necesitabas saber la verdad. Estoy contándotela. Si te crees tan justo y valiente para enfrentar un pasado, debes serlo para escuchar hasta lo que no te guste.
—¿Sabes qué? No quiero escucharla. Eres un mentiroso. Mentiste años a los dos. A mi madre y a mí.
—No es así, Drank.
—¿Ah no? ¿Y cómo es la historia? ¿Eres tan buen hombre que renunciaste al amor por no abandonar a un niño y a su mujer? –me burlé.
—No sé si soy buen hombre. Sólo sé que creí hacer lo correcto.
—¡Tengo una hermana, joder!

Un enfermero se acercó al box.

—¡Por favor! Esto es terapia intensiva. Tengan respeto.
—Lo siento –me disculpé.

Cuando nos quedamos solos hablé en voz baja.

—Tengo una hermana. Una chica que me ha buscado con el afán de no perder mi vínculo. Una joven que no pudo elegir, como yo. Si tan sólo tú y tu amante nos hubieran enfrentado y dicho la verdad. Quizás ella tendría otro apellido, el que le pertenece por derecho, y yo no hubiera sido un desgraciado hijo único por tanto tiempo. Tú cambiaste mi destino y el de ella. No tenías derecho.
—Yo… Nunca supe que tenía una hija. ¿Cómo crees que la hubiera abandonado?
—Ya no sé quién eres papá.
—No digas eso. Soy el mismo que te llevaba a pescar, el que estaba orgulloso de tus calificaciones. El que te arropaba en la cama en invierno cada noche. El que creyó morir –sollozó— cuando los médicos me dijeron que no tenías ninguna posibilidad de salvarte. Soy el mismo, Drank. El que soñaba con salir de este hospital contigo caminando.

Bajé la cabeza. No podía escucharlo llorar. Pero era tanta la decepción…

—No puedo perdonarte. Ayer, me dejaron sin Dios. Hoy me dejas si un ídolo. Porque eso era mi concepto hacia ti, papá.
—¿Te dejaron sin Dios? ¿A qué te refieres?
—Nada, cosas mías. No cambies la conversación.

Se puso de pie con la intención de acercarse. Retrocedí.

—No me toques.
—Drank… ¿Qué quieres que haga?
—Primero no repitas más que amaste a otra mujer. Porque eso no es verdad. No puede amarse tantas veces como si cambiaras tu ropa. En tal caso nunca quisiste a mamá.
—¡Sí, la quise! En la vida puede volverse uno a enamorar. Tú no entiendes, quizás un día cuando te enamores de otra mujer que no sea Liz puedas llegar a entenderme. Puede ocurrirte, y no puedes impedirlo.
—No amaré a otra mujer que no sea Liz, grábatelo en la cabeza. Aunque sea de otro y yo mienta relación tras relación. El corazón se entrega una sola vez.

Suspiró…

—Ojalá que no pienses así por el resto de tu vida, querido hijo. Porque de esa forma no vas a poder ser feliz negándote a un nuevo amor.

Lo miré enojado, con rabia.

—¿Tú crees que un ser amado se intercambia por otro sin ningún trámite y con facilidad.
—No, yo no dije que fuera un mero trámite ni que fuera fácil. A veces te ocurre y no puedes frenar lo que sientes. Mucho tiempo estuve con culpa por haberme enamorado de otra mujer siendo casado, pero con los años comprendí que nada hubiera podido hacer frente a ese sentimiento que crece y crece dentro de ti sin medir consecuencias.
—Pues la consecuencia se llama Roxane, por si no sabes es el nombre de tu hija.
—Quiero conocerla.
—Haz lo que te plazca. Necesito mi ropa y saldré de aquí a la casa de algún amigo. Sé que no tenemos casa, no tienes que decirlo, es mi culpa.
—Jamás te echaría en cara lo que hice por tu enfermedad. Y aunque… Y aunque ahora me odies y no quieras verme, estaré dichoso de saber que estás bien. Eso… Eso si el análisis da correcto.
—Dará bien. No tengas dudas.

…………………………………………………………………………………............

Después del mediodía recorrí el pasillo de planta baja rumbo a la puerta de salida. Muchas veces pensaba que no volvería a verlo y menos caminando sintiendo que podía comerme el mundo.

Antes de atravesar las puertas escuché a Nina llamarme.

—¡Drank!

Giré a mi espalda y la vi apresurada por llegar hasta mí.

Sonrió apenas estuvimos frente a frente.

—No puedo creerlo aún… ¿Ibas a abandonar el hospital sin despedirte?

¿Despedirme? Pensé… Mis pensamientos cruzaron la mente y me mantuvieron aislado de lo que ella parecía estar diciéndome.

Despedirme era lo que había aprendido hacer hace meses con cada ser querido que veía en esa cama. Ahora no… No quería despedirme de nada ni de nadie, aunque el trato con las personas fuera de aquí en más distinto.

—No te preocupes –sonreí—. No voy a despedirme de ti. Si desaparezco es por un tiempo.
—¿Dónde vivirás? ¿En la pensión con tu padre?
—No, llamé a Mike, un amigo. Dijo que podía quedarme en su casa hasta encontrar trabajo. Es posible que su padre me consiga empleo en el carguero. La familia de Mike me conoce desde pequeño.
—¿En el barco carguero? Entonces viajarás mucho, estarás poco en Drobak… Ya no te veré a menudo. Será como una despedida.

Sonreí.

—No tomo un viaje o una mudanza como una despedida, Nina. Para mí la palabra despedirse después de lo que pasé sólo tiene verdadero significado cuando es definitiva.

Ella arqueó la ceja y su rostro reflejo la decepción.

Acaricié su mejilla y le di un beso en los labios.

—Nos veremos pronto.

Ella extendió una prenda.

-Toma, es una cazadora de piel. Quizás te quede un poco grande. Le pedí a  mi hermano que la trajera para ti. A él nunca le gustó.
-Muchas gracias, cariño.

Me abrazó y correspondí. Al apartarme miré a mí alrededor…

—¿Has visto a mi padre? Dijo que deseaba salir conmigo de este hospital.

Ella sonrió con picardía.

—Creí que estabas enojado con él.

Negué con la cabeza lentamente.

—Eso pensé –rio—. Te conozco tanto.
—¿Dónde está? –repetí.
—En la acera. Del otro lado de la puerta de salida. Dijo que al menos quería verte salir caminando como lo soñó.

La abracé nuevamente y le di un beso en la mejilla. Sé que la decepcioné con el saludo pero era lo mejor que podía darle. Una verdad. No amaría a Nina jamás. No porque fuera una chica fea o tonta. Simplemente porque mi corazón aunque fuera en silencio, tenía dueña.

Apenas salí vi a mi padre recostado en la pared izquierda. De pie, antes de bajar el primer escalón que separaba la escalinata de la acera silbé para llamar la atención. Él levantó la vista y me miró.

Sonrió mientras se acercaba.

—Si continuabas con la vista hacia el piso hubiera sido probable que no me hubieras visto salir.

Asintió.

Mi cabeza tiene mucho que pensar –murmuró.
—Lo sé… Pero ahora debes cumplir ese sueño.

Me abrazó fuerte. Yo me dejé abrazar y poco a poco lo aferré a mí…

Cuando lo miré a la cara y sentí su mano grande y callosa sobre mi mejilla supe que nos llevaría un tiempo volver a ser los de antes. Sin embargo lo amaba y me amaba y eso sería lo esencial para salir de toda crisis.

—Vamos, ¿caminamos por el borde del río? –pregunté con lágrimas en los ojos.
—Por supuesto hijo, caminemos.

NOTA: Espero haya gustado. Un besazo.















15 comentarios:

  1. Muy buenas noches. Mil gracias Lou es realmente maravilloso, primer capi fantástico, Drank un pelin nervioso y de muy mal humor pero perfectamente entendible. Gregori apunto de desentrañar la trama vampirica jejejeje. Eres realmente genial mi querida Lourdes. Deseando continuar leyendo y seguir disfrutando de los maravillosos Craig.

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    1. ¡Hola Anabel! Las gracias a ti por leerme y comentar en el blog. Sé que te es más fácil por whatsapp. Muchas gracias.
      Sí, Drank ha pasado por un hecho digno de estremecer a cualquiera. Se ha salvado de la muerte y no sólo eso, ha estado frente al gran Adrien Craig. ¡Quién pudiera!
      Grigorii ronda cerca y es un peligro. Que continúe avanzando depende de Scarlet. Veremos que hace ella en lo sucesivo.
      Un besazo y gracias como siempre.

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    1. ¡Hola Vivi! Muchas gracias por pasarte por el blog. Espero llenar tus expectativas y de paso desearte mucha suerte en tu proyecto. Un beso grande y muchas gracias.

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  3. Uy genial capítulo me gusto que Scarlet salvara al niño aunque casi la descubre Grigori y tambien e gusto saber más de drank

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    1. ¡Hola Citu! Fue muy bueno que Scarlet salvara el chico pero su puntería querida amiga dará que hablar. Es cierto no tenía otra opción. Veremos que opina Sebastien de lo ocurrido.
      Un beso grande tesoro y gracias por comentar.

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  4. Ah que super capítulo!!!!
    Grigorii esta apunto de descubrir la verdad sobre Scarlet esta a un paso de eso...y Drank ese anda todavia como en shock por todo lo que le ha pasado yo creo que cualquiera estaría así...me encanta seguir leyendo sobre todos vamos con este libro número 4...saludos Lou!!!!!

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    1. ¡Hola Lau! Grigorii pobrecito ni se espera el secreto de Scarlet y créeme que no sé como lo tomará. La princesa de los Craig ya no es la misma después de lo ocurrido con Agravar y posiblemente sepa que corre peligro la raza si actúa sin pensar y se lo dice. Veremos que pasa. Y Drank... ¡Ay! Cuántas cosas pasarán alrededor de nuestro querido leñador. Sólo cabe esperar cariño.
      Muchas gracias por comentar. Un besote.

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  5. Que buen comienzo!!! Me encanta la historia de Scarlet y Grigorii...quiero mas sobre Anne, que mejore pronto por favor!
    Supongo que tendrá un amor de esos increibles, como corresponde! Falta mucho para que el secreto de Scarlet salga a la luz? Lo se, soy muy ansiosa... jaja
    Me encantó el capi amiga! Te quiero

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    1. ¡Hola Ale! Gracias por pasarte!! Sé que no es fácil pasarte por el blog. Sí, yo espero que Anne tenga un amor increíble. Se lo merece. Scarlet ha sido una chica impetuosa siempre pero hay algo que mantiene claro desde las cumbres, el secreto de ser vampiro es la primera regla. Esta regla se rompe si hay seguridad que no corren peligro. Creo que las circunstancias indicarían que Grigorii es peligroso. Veremos que pasa. Un besazo y te quierooo gracias por pasarte.

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  6. siempre es grato empezar de nuevo a tu lado,,,un placer leer el primero de muchos capítulos,,,abrazos amiga LOU

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    1. ¡Muchas gracias! Un placer que me leas. Un abrazo grande.

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  7. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  8. Hola, Lou... Grigorii quiere mucho a su hermana, y seguro que se lleva una gran alegría si Anne se anima a Hablar
    Me ha encantado que Grigorii piense que Scarlet se metió en sus sueños antes de conocerla
    Yo creo que Scarlet tenía que salvar al niño... pero es cierto que ha demostrado tener demasiada buena puntería
    Y Scarlet tiene un problema, ¿cómo decirle la verdad a Grigorii?
    Entiendo que Drank esté enfadado con su padre... pero George es muy buen padre... y no es culpable de encontrar al amor de su vida cuando ya estaba casado
    Me ha encantado ese abrazo entre padre e hijo
    También me ha encantado el capítulo... muy buen comienzo
    Mi enhorabuena
    Besos

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    1. ¡Mi querida Mela! Una alegría tenerte por aquí. Sí, Scarlet tiene un grave problema sobre todo porque Grigorii ha estudiado y ejercitado para hacer justicia y esta es relativa depende con el cristal con que se mire. Drank tendrá que acostumbrarse a muchas cosas, amiga. Veremos como le va. Y pienso como tú, George no es mal padre.
      Un beso enorme cielo. Gracias por estar aquí.

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