Saga para + 18

Iris púrpura es el cuarto libro de la saga Los Craig. Para comprender la historia y conocer los personajes es necesario partir de la lectura de Los ojos de Douglas Craig.

La saga es de género romántico paranormal. El blog contiene escenas de sexo y lenguaje adulto.

Si deseas comunicarte conmigo por dudas o pedido de archivos escribe a mi mail. Lou.


sábado, 3 de febrero de 2018

¡Hola seguidores! El capi que leerán lo tenía escrito pero no hacía tiempo a revisarlo. Espero no se haya escapado nada. Quiero contarles que el próximo capítulo lo tendrán en breve. Creo que los Craig no están pasando un buen momento y dejar transcurrir una semana para el lector es contraproducente, porque perderán la tensión. Lo ideal sería tener la obra completa pero de verdad, me es imposible.

Tendrán una perspectiva de Anouk, para no olvidarnos de ella y su amor imposible. También a Douglas, imagino que lo estaban esperando. Sé que ni Sebastien ni Bianca se comportarán como ustedes desean, lo sé. Sin embargo sin conflicto no hay novela. Cuando uno discute no siempre lo hace con argumentos brillantes.

Quiero agradecer a todos los que se molestan en dejar comentario. Muchas gracias.
Disfrútenlo, y no se enojen mucho, jajaja. 
Ahora sí, todo de ustedes...



Capítulo 43.
Muy tarde.

Marin.

Mientras tendía la cama observé a Douglas de reojo. Hacía más de quince minutos que no decidía que ponerse. Lo vi caminar de un lado a otro de la habitación a medida que lanzaba diferentes camisas y camisetas sobre la silla. Lo conocía lo suficiente para saber que nunca había tenido problemas de decisión por las prendas a usar. Era una excusa para no partir a la mansión y enfrentar la situación. Sebastien había hablado con él por el móvil, y desde esa llamada contándole la noticia, mi amado reflejó en su rostro el asombro y la preocupación.

Palmee la almohada para darle forma y suspiré.

-¿Te parece la camisa a cuadros?

Lo miré.

-Sí, te queda bonito el azul.
-Lo pensé, pero está caluroso. Mejor la camiseta blanca.
-Douglas… Debemos ir.
-¡Ya lo sé, Marin! Solo quiero vestirme adecuado.
-Pero no es una fiesta. Es una tarde cualquiera.

Me miró con los brazos en jarro.

-No, no es una fiesta. Eso también lo sé. Tampoco es una tarde cualquiera.

Caminó lentamente y se dejó caer sentándose en el borde de la cama. Me acerqué y me senté junto a él. Le cogí la mano y la acaricié.

-Vamos cielo, no puedes evitar conocerlo.

Asintió levemente.

-Sí… Pero no sé qué decirle. Marin… Es mi hermano. Ese niño de los errantes es mi hermano.
-Eso no es tan malo, al contrario. Es bueno tener un hermano. Aunque tú ya tienes a Numa.
-Marin… Siento mucha vergüenza.
-¿Eso por qué?
-Sé que no debería sentirla. Sin embargo… Enfrentarme a ese niño en la posición de privilegio. ¿Entiendes? He tenido a mi padre todos los años de mi vida. Y él…
-No es tu culpa.
-Lo sé. Tampoco de mi padre. Pero vivió sin él. Casi no lo conoce, a mí tampoco.
-Pues a partir de hoy puedes formar un vínculo.
-Será difícil. Verás, en mí verá un hermano que lo tuvo todo.
-No pienses eso.
-No me querrá. Ya lo imagino… Me mirará con odio.
-Douglas, por favor. No te adelantes.
-¡Marin! ¿Podría llevarle un juguete? Quizás le caiga mejor.

Sonreí.

-Ya se lo he comprado. Es un juego de ludo.
-¿Cuándo se lo has comprado?
-Hace un par de horas cuando bajé a comprar galletas dulces al centro.
-Eres un sol.
-Soy mujer, estoy en los pequeños detalles.

Sonrió.

-¿Tú crees que me aceptará? ¿Le gustaré? Le llevo muchos años. ¿Cuántos dijo mi padre que tenía?
-Tú dijiste seis.
-Ah, cierto. Seis… ¿Sabes? Su madre falleció. Debe ser un niño muy triste. No sabré qué decirle.
-Dile, “hola, soy Douglas, tu hermano”.
-¡Demonios! Tengo otro hermano, Marin. ¡No puedo creerlo!
-La única pena que no fuera de parte de Bianca, pero es un hermano al fin.
-Bianca… Mi padre no la nombró. No le he preguntado. Me ha tomado por sorpresa.
-Bueno, la verás al llegar. Vamos, no des más vueltas.
-Sí… Supongo que no servirá de nada imaginarme situaciones de encuentro.
-¡Claro qué no!

                                                    ……………………….

Al subir a la moto detrás de él, comenté.

-Hablé con Liz cuando salí de la juguetería. La noté triste.
-¿Mi tío regresó?
-Sí. Dijo que le preocupaba la situación en la mansión.
-¿Dijo algo más?
-No.

Dio arranque a la moto y acomodé mi casco. Liz había dicho algo más, pero preferí omitirlo. Mi hermana se notaba angustiada porque Sebastien y Bianca no estaban en buenos términos. La casa respiraba conflicto y un ambiente enrarecido flotaba en cada rincón.

Cuando cogimos la ruta pensé que la vida podría cambiar tus planes de un día al otro. Solo esperaba que en mi caso nunca tuviera que alejarme de Douglas. Que ambos pudiéramos salir juntos de los problemas que se nos presentaran. ¿Acaso no era suficiente el amor? Creía que sí… Sin embargo… ¿Qué estaba ocurriendo con la dama de los Craig y el líder de los vampiros?

Douglas.

Cogí la ruta con ansiedad y a la vez con el temor de no saber que iría a encontrar en la mansión. La moto podía ir a más velocidad, pero dentro de mí no deseaba llegar nunca. No por cobarde, sino porque el tiempo ayudara a encontrar las palabras cuando tuviera frente a mí a ese niño desconocido que llevaba mi sangre. ¿Y si no me saludaba? ¿Y si daba vuelta la cara al conocerme? ¿Qué podía hacer si él me rechazaba?

Aún no podía creer que mi padre tenía un hijo de seis años. ¿Cómo podían haberlo mantenido oculto? Eran errantes, sí… ¿Pero el interés del niño dónde había quedado?

Cuando llegamos a los altos portones el aroma a glicinas del parque llenó mis pulmones. La estación primaveral reflejaba vida por todos lados. Las flores silvestres al costado de la ruta, el verde de los pastos, la breve noche estrellada y límpida. Aún el sol moría lentamente en el horizonte, así que el pálido tornasol reflejó en las aristas de los muros de piedra.

Los portones se abrieron lentamente. Alguien habría escuchado el rugir de mi moto. Mis manos transpiraron por el momento cercano a vivir. Conocer un familiar tan allegado como era un hermano mantenía mis nervios hechos trizas. Sin embargo ya había pasado por una experiencia similar. Conocí a mi madre a los diecisiete años. Aunque era ciego. Recuerdo la emoción que me embargaba al sentir sus brazos cobijarme por primera vez. Su voz tan dulce llena de emoción y alegría. Su perfume a rosas de alguna marca costosa. Pero ahora gozaba de la vista. Ahora no solo podía sentir, escuchar, y respirar el aroma de la piel, también mis ojos contemplarían por primera vez un trozo de mí, una parte importante de mi genética. A mi pequeño hermano.

Una pelota cruzó sobre el muro y cayó a unos metros. Rebotó una y otra vez en el asfalto hasta detenerse inmóvil bajo un pino. Ron salió del parque corriendo agitado hasta que me vio y se detuvo.

-¡Douglas! ¡Marin! ¿Qué tal? Bienvenidos.

Avanzó apresurado hasta el balón y lo cogió sonriente.

-¿Jugabas a la pelota? –pregunté.

Marin y yo bajamos de la moto.

-Oh, sí. Desde hace más de media hora y créeme, estoy fuera de entrenamiento.
-Lo imagino. ¿Cuánto hace qué no juegas?

Se detuvo con la pelota bajo el brazo.

-Desde que jugaba contigo. ¿Recuerdas?
-Lo recuerdo.

Sonreí.

-A Nicolay le gusta el fútbol como a ti.

Al escuchar su nombre la piel se erizó. Nicolay… El niño estaba en el parque.

Marin me dio un beso en la mejilla y su delicada mano se apoyó en mi espalda como dándome coraje. La miré y sonrió.

Decidido crucé los portones y avancé a través del parque con el corazón en un puño.

Busqué con los ojos cerca de los canteros y flores coloridas. En el portal de la mansión, en las escaleras, en el sendero que llevaba al garaje del fondo de la casa. Hasta que por fin lo vi.

Un niño rubio de escasa altura, delgado, inmóvil junto al primer ciprés. Bajé la vista mientras caminaba hacia él. Quizás saldría corriendo asustado, o no deseaba conocerme.

Pero Nicolay no corrió a esconderse. Cuando mis ojos, desde la distancia que se acortaba, se encontraron con los míos, se mantuvo quieto observándome. Como si estudiara mi fisionomía, mi andar, mi rostro.

Cuando apenas faltaban unos metros me detuve.

No supe como las primeras palabras salieron de mi boca. Era tanta la emoción.

-Hola, ¿eres Nicolay?

Él llevó el dedo a la boca y asintió tímidamente.

-Yo soy… Soy… -un nudo apretó mi garganta y degusté el sabor salado. La mirada se hizo borrosa poco a poco. Antes que desapareciera de mi visión por culpa de las lágrimas atiné a seguir.

-Soy… Douglas. Tu hermano.

Sequé las lágrimas e hice fuerza para no correr a abrazarlo. Podría asustarlo y no era la idea.

-Hola, Douglas –murmuró.
-Hola –susurré emocionado.

Sonreí y sonrió.

-Me da gusto conocerte, Nicolay.
-A mí también.

Su voz sonó a melodía dulce. Sin embargo a nuestra presentación parecía faltarle algo más.

-¿Jugabas futbol con Ron?
-Sí… ¿Tú juegas al fútbol?
-Hace mucho no juego pero me gusta.
-¿Quieres jugar con Ron y conmigo?
-¡Claro!

Marin lanzó su mochila al césped y rio.

-Hola Nicolay, soy Marin. La chica de Douglas. Y sé jugar muy bien al fútbol.
-Entonces haremos equipo –dijo Ron.

Media hora transcurrió entre pelotazos, risas, y festejos de Marin y Ron. Nos iban ganando.

Marin hizo seña a Ron para que nos dejara ganar. ¡Qué vergüenza! Reí.

En la primera oportunidad que tuve hice un pase a Nicolay que corrió con todas sus fuerzas al arco improvisado. El gol que gritamos hizo eco en cada rincón del parque. Mi voz y la de él se unieron en ese festejo y por inercia, por reflejo, o por que los dos quisimos, él corrió alegre hacia mí y yo hacia él…

No fue un abrazo común. Quizás al principio… Sin embargo, segundos después, al sentirlo pegado a mi pecho y sostenido por mis brazos, supe que ese contacto lo habíamos deseado desde el primer instante que nos vimos. Fui encerrándolo, cobijándolo con mi cuerpo. Nicolay me rodeó aferrándose a mi espalda.

-Un gusto conocerte –susurré en su oído.
-A mi también, Douglas.

Cuando nos separamos lentamente, di un beso en la mejilla y lo miré.

-Estoy feliz de que estés aquí.
-Veo que ya se conocieron.

Mi padre avanzó hacia nosotros.

-Hola papá. Sí, ya hemos hecho buenas migas.
-Y le ganamos a Ron y a… -dijo Nicolay.
-A Marin –respondí.
-¡Qué bien! Me alegro mucho. Ahora… Mientras Douglas come algo en la cocina, necesito hablar contigo, cariño.
-¿Te vas? –Nicolay me miró con un dejo de preocupación.
-No, te esperaré en la cocina, ¿quieres?
-¡Sí!

Los tres marchamos a la casa, ya que Ron y Marin ignoraba en qué momento nos habían dejado solos.

Cuando mi pequeño hermano se adelantó, antes de entrar a la sala, mi padre murmuró por lo bajo.

-Douglas, ¿podrías hablar con Bianca, por favor?
-¿Está enojada?
-No quiere verme últimamente. Duerme en la habitación de huéspedes.
-¿Por qué no intentaste acercarte?
-No quiero forzarla. Me temo que no está cómoda con Nicolay.
-No te preocupes, hablaré con ella.
-Gracias.

Anouk.

A través de la ventana del décimo tercer piso, mi mirada se perdió una vez más en la noche de Moscú. La ancha avenida a esta hora tan poco transitada, moría en la plaza iluminada y solitaria. La oscuridad no duraría demasiado como en época invernal, aunque no veríamos el sol permanentemente como en Kirkenes. Debería sentirme más cómoda siendo una vampiresa, sin embargo en mi propio hogar y en mi ciudad natal, me hacían falta muchas cosas para ser feliz. Era extraño viniendo de mí. Siempre había admirado el gusto de mamá por sus muebles elegantes y cortinados suntuosos. La variedad de bebidas costosas del bar de papá cuyas botellas etiquetadas con marcas prestigiosas le daban el toque distinguido a la sala. Este era mi mundo donde nací y crecí. Sin carencias y con la mayoría de caprichos consentidos. Siendo la menor de los Gólubev no solo no se me privó de nada, sino que los defectos y berrinches no se vivían como algo fatal. Error de mis padres y de mis hermanos mayores. Aunque no los culpaba. Nadie que te ama desea tu mal. Sin quererlo, habían formado una burbuja a mi alrededor donde la realidad fuera de este edificio, y en cada universidad privada que asistí, no se mostraba tal cual. En las calles y en miles de hogares de Rusia la pobreza hacía estragos y mucha gente sobre todo en la campiña, luchaba día a día por el plato de comida de cada día.

Cuando fui creciendo hasta convertirme en adulto, yo tenía el poder, mejor dicho el deber, de darme cuenta que era una privilegiada. Sin embargo me fue muy cómodo cerrar los ojos y seguir mi vida de niña rica.

Pronto, en unos meses más, terminaría la práctica de maestra. Había rendido bien el último examen teórico y faltaba menos para cumplir mi sueño de ser docente. Amaba enseñar a los niños porque ellos te devolvían la genuina alegría en cada logro. Y aunque sabía que trabajar en escuelas públicas no me haría millonaria, el cariño de esos pequeños humanos no tenía precio. Hay cosas que jamás podrás comprar con el dinero… El amor, por ejemplo…

Quizás el impacto más grande en mí, lo viví en un recorrido que hicimos los alumnos guiados por un profesor. Nos tocó conocer cómo funcionaba una escuela comedor y el rol de los docentes en Kirkenes. Esa fue la primera vez que conocí a niños sami. Sus ojos curiosos, sus rostros inocentes asombrados ante lo nuevo. Un mundo se abría para aquellos niños que hasta hacía poco había vivido entre su gente y sus costumbres. A la vez, pude observar que llevaban su atuendo de origen. Como reafirmando que el hecho de aprender a desenvolverse en el mundo no significaba olvidar su cultura.

Volví al presente. Mis ojos se desviaron a las delicadas falanges de mi mano apoyada en la ventana. El águila bicéfala de mi anillo reflejaba su brillo en los cristales portando algo más que lo valioso. Mi apellido, mi familia, mi pasado, y el de mis ascendientes. Entendí que no necesitaba ocultarlo para convertirme en un ser útil al resto. Debía ayudar y brindar mis conocimientos en mejorar condiciones de otros sin negar ni huir de mi estirpe.

Mi familia había vivido así. Sin avergonzarse de lo obtenido pero sin creerse superior. ¿Por qué me había costado tanto entenderlo? ¿Y si era tarde? ¿Qué haría yo apartada de la realidad de otros?

La voz de mi madre desvió mis pensamientos. Entraba en la sala móvil en mano con rostro preocupado. ¿Hablaría con Bianca? La dama de los Craig parecía estar pasando su peor crisis con Sebastien, y ella intentaría por todos los medios ayudarla.

Cuando cortó la comunicación, me miró.

-Anouk, te he dejado el café en la cocina y no lo has bebido. Se te ha enfriado.
-Lo siento, me distraje pensando.

Se acercó sonriente y me abrazó.

-¿Y qué estabas pensando que te has abstraído tanto de tu café?
-Pensaba en mi vida, y en la de otros.
-Oh… ¿Has sacado conclusiones?
-Sí, algunas no me agradan.

Mi madre me miró con tristeza.

-Anouk, si hay algo que no estás conforme de tu vida tienes tiempo de cambiarlo. Te apoyaré en lo que sea, pero no quiero que te alejes de nosotros, tu familia.
-No es la idea, mamá. Aunque no hablo de apartarme físicamente. Tú sabes, mis proyectos están en Kirkenes.
-Tampoco hablaba en ese sentido, hija. Me refiero que tu corazón es parte de nosotros. Siempre fuimos unidos. Cada uno con su futuro en mente sin olvidar quienes somos.

Sonreí.

-Te recuerdo que siendo vampiresa será difícil olvidarme quien soy.
-Lo sé, cariño. Sin embargo, tus hermanos lo han logrado. Conviven prácticamente todos los días con otra raza. Salvo Svetlana que se ha enamorado de Anthony, mira Dimitri, perdido de amor por una humana. ¿Es eso lo que te preocupa? ¿El humano que te gusta? ¿Drank, verdad?
-Algo de eso hay, sí. Aunque no pienso solo en el amor. Me gustaría poder vivir entre humanos y ayudar en lo que pueda.
-Me gusta escucharte hablar así, cielo. Ayudar reconforta. Ya lo estás haciendo desde el instante que decidiste enseñar a los niños. Son tan adorables.
-Sí… ¿Sabes? Conocí a los niños sami.
-¡Qué maravilloso, Anouk! ¿Hablan noruego?
-Muy poco. Son pequeños. Me agradaría poder entender su idioma.
-¿No es un dialecto?

Dudé.

-Bueno, creo que la diferencia es subjetiva. Para los humanos el dialecto es una variación de la lengua principal. Para ellos la lengua tiene más prestigio cuestión que no estoy de acuerdo.
-La diferencia tiene más sentido histórico que lingüístico –acotó Ivan sonriente.

Atravesó la sala y llegó hasta mí depositando un beso en la mejilla.

-¿Cómo está mi hermanita preferida?

Sonreí.

-Bien, lista para hacerme un nuevo café. ¿Me acompañas?
-Será un placer. ¿Lo prepararás tú?
-Por supuesto.
-Me parece bien porque yo iré a asear la habitación de Dimitri –contestó mi madre sonriente-. Dijo Anoushka que llegarían de Siberia a la madrugada.

El café compartido con mi hermano fue reconfortante, no así la charla. No porque me resultara desagradable los temas a conversar. Sino porque muchas novedades en mi vida tuve que mantener en secreto. Iván se hubiera alegrado de mis logros y calificaciones excelentes pero no creía que le caería muy bien el hecho de proyectar una vida lejos de Moscú y en Kirkenes. Mucho menos si el dueño de mi corazón residía en la reserva de lobos.

A decir verdad, tampoco hubiera podido asegurarle mi futuro, nadie puede lograrlo. Sin embargo en mi caso era más difícil de imaginar. Ante todo porque Drank no se fijaba en mí y su mundo no tenía nada que ver con el mío. ¿Podría el amor en tal caso de lograrlo y obviar las diferencias tajantes que nos separaban? ¿Sería capaz de abandonarlo todo, hasta la reserva, por mí? Era una utopía… No había seguido a su padre a Drobak cuando había tenido la oportunidad de mejorar su vida y estudiar lo que ansiaba. Drank sabía lo que quería. Y lo más triste era no estar en sus planes.

Pensé en ese día que rendí examen. Buscaba el aula que me correspondería por la letra inicial de mi apellido, fue cuando lo vi… Creí que era un sueño, que aún estaba en mi cama y que ni siquiera habría salido hacia la Universidad. Pero era demasiado vívida la escena para dudar. También creí que estaba loca y lo veía en todas partes. Porque, ¿qué hacía Drank en ese edificio? Pues… Comprendí al ver salir a Bua de un aula. Me detuve en el pasillo observándolos. Como si estuviera hecha de piezas de hielo. Él se puso de pie al verla salir y sonrió.

-¿Te ha ido bien? –escuché con mi fino oído.

Ella fingió estar triste, pero al cabo de unos segundos dio un salto de alegría y gritó, “¡Sí!”

Drank la abrazó mientras mi corazón languidecía. Bajé la vista. Si lo que seguía era un beso no deseaba contemplarlo.

-¡Anouk! –exclamó Drank.

Me sobresalté. Mis libros y anotaciones cayeron al suelo.

Me incliné y de forma atolondrada junté hojas, apuntes, y pedazos de mi corazón.

Él llegó hasta mí y como buen caballero ayudó en la tarea vergonzosa. Noté su rostro preocupado, con el ceño fruncido como si estuviera enfadado. Lo estaba, pero no conmigo.

-Lo siento –murmuró-. Te asusté. Mira lo que te he hecho hacer. Ahora tus apuntes están desordenados.
-Fui yo –lo excusé-. Estaba distraída.

Los repiques de unos tacones altos se acercaron. Creí que serían mis latidos pero eran los zapatos stiletto de la loba. Escuché un, “hola”. Y no tuve más remedio que levantar la vista con una sonrisa fingida.

-Hola…
-¿Eres una Gólubev?

Me puse de pie cogiendo los últimos papeles de la mano de Drank.

-Sí. Anouk.
-¿La conoces? –preguntó él.
-Es que no hay vampiros en Kirkenes que no sean los Craig, supongo. Así que deduje que debía ser del aquelarre ruso. Los visitan a menudo. ¿Me equivoco?
-No te equivocas. Estás muy bien informada.

Sonrió divertida.

-Es la crítica que me hacen mis hermanos. Dicen que meto las narices en todo.
-Las chicas somos así –bromee.
-¿Has rendido examen?
-No. Buscaba el aula –miré alrededor para dar un respiro a mis nervios-. Creo que me perdí.
-Hay un cartel a la entrada. Si regresas por ese pasillo verás que te informará apellido y aula.
-¡Qué bien! ¿Cómo no se me ocurrió? ¡Qué tonta!
-No eres tonta –dijo Drank-. Eres muy inteligente. Los nervios producen estas cosas.
-¡Oye! Yo he rendido bien química –sonrió.

Juro que de verdad la hubiera odiado, sin embargo no podía. La loba era realmente amistosa y amable. Bueno… y bella.

-Lamento no esperar para saber cómo te irá –Drank me miró a los ojos-. ¿Prometes contarme en estos días?
-¡Por supuesto! Aunque… Pienso viajar a Moscú. No me quedaré en la mansión por ahora.
-¿Has tenido problemas con los Craig? –preguntó Bua. De inmediato se disculpó-. Perdón, eso no me incumbe.
-No te preocupes. No, no he tenido problema. Solo que regresaré con mi familia un tiempo.
-¿Te irás?

La pregunta de Drank me tomó por sorpresa. No esperaba el mínimo interés en él.

-Un tiempo, sí.
-¿Regresarás?
-Supongo.
-¿Y qué examen rendirás? –preguntó ella.
-La última asignatura de carrera docente. Me falta la práctica.
-¡Genial! Ojalá tengas suerte.
-Gracias.
-Entonces, regresarás para la práctica –insistió él.
-Quizás. En Moscú hay escuelas públicas y puedes tramitar la equivalencia.
-Espero que no.

Me miró y lo miré.

Fueron segundos… Segundos que me hundí en su mirada azul…

-Estamos retrasándote. Te deseo suerte –dijo Bua.
-Gracias, sí. Es mejor que me apresure. Y… Bueno… te felicito…  Adiós.
-Adiós Anouk –contestó ella.

No escuché el “adiós” de Drank apenas giré y retomé el pasillo. Con el amor tan grande que sentía por él, podía imaginarme que no deseaba el adiós, y por eso no lo había dicho. Quizás… Total, soñar no costaba nada.

Volví al presente para ver el iris púrpura de mi hermano fijo en mi rostro.

-Anouk, ¿has escuchado? ¿O no estabas aquí?
-¿No ves que estoy aquí?

Pensativo, negó con la cabeza.

-¿Estás segura qué estás bien? Te noto extraña.
-En absoluto, Ivan. Solo que pensaba en los Craig, y en el niño Nicolay.
-Es muy triste lo que ocurre. Pobre niño. ¿Y Bianca? Dijo mamá que no lo había tomado bien.
-Bianca se ha aislado. No será bueno para ella ni para nadie de la mansión. Ella es el alma del hogar.
-Esperemos que todo se arregle. Papá partió a la Isla. Sebastien estará ocupado unos días.
-Lo sé. ¿Más café?
-Acepto.

Sebastien.

Buscando las palabras para que Nicolay supiera los próximos pasos y no huyera asustado, traté de prepararme imaginando un diálogo que finalmente en nada se pareció. Porque cuando uno tiene en mente respuestas confía que en el otro surjan preguntas normales. Pero mi hijo no era un niño normal. Era muy inteligente y astuto. Y juro que hizo que transpirara la mayoría del tiempo que estuvimos solos en el despacho.

Nos sentamos en el pequeño sofá, uno al lado del otro. El escritorio me parecía muy frío y distante para el tipo de relación que quería afianzar. Como adulto, comencé la conversación explicándole que debía participar en unos trámites pero que no cambiarían en absoluto el hecho de ser padre e hijo.

Recuerdo que todo el tiempo me miró a los ojos, escuchando atentamente. Su carácter aplomado y paciente era la antítesis de mi inseguridad frente a él. No porque dudara de amarlo con el alma, sino por no recurrir a verdades dolorosas para su corta edad. Después de todo no dejaba de ser un niño de seis años que había perdido su madre.

-Mañana iremos al hospital y nos sacarán sangre. Ese análisis servirá para determinar que soy tu papá. Quiero que sepas que no dudo de serlo.
-Entonces, ¿por qué quieres demostrarlo? –preguntó.
-Bueno… Es que… Hay un señor que es el juez, que necesita saber la verdad. Y mi palabra no es suficiente.
-¿Es importante lo que diga el juez?
-Sí, y no.

Inclinó el rostro en actitud curiosa.

-Quiero decir, no lo es para mí. Pero para que pueda tener tu tenencia… La tenencia es el derecho de criarte a mi lado, de vivir conmigo. Y tu derecho de llevar el apellido Craig, para que me entiendas.
-Te entiendo. ¿Quiere decir que Brander y Boris ya no serán mis padres? Ellos me adoptaron. Cuando lo hicieron dijeron que era su hijo.
-Lo que ocurre es que… Brander y Boris no sabían que yo era tu papá.
-Sí, lo sabían. ¿Por qué ellos me adoptaron sabiendo que eras mi papá?
-Ehm… Bueno creo que pensaron que no te querría.
-Pero tú me quieres, ¿verdad?
-Con todo mi corazón.
-¿Y ahora qué haremos? ¿Puede el juez aceptar los tres papás?
-No, cariño. No puedes tener tres papás. Al menos para la ley.
-Yo quiero a Brander y a Boris, también. ¿Y si le pido al juez que me deje tenerlos a los tres?

Arquee la ceja.

-No creo que consienta. Él sabe que es lo mejor para ti.
-¿Un juez sabrá más que ustedes?

Dudé…

-Bueno… Para eso estudió. Para solucionar los conflictos. ¿Entiendes? Los problemas entre la gente.
-¿Qué problema hay si los tres se ponen de acuerdo?
-Nicolay, no creo que podamos llegar a un acuerdo. Porque Brander y Boris quieren vivir contigo. Igual que yo.
-¿Si vivimos todos en esta casa? Es muy grande.
-No creo que ellos quieran.
-¿Quieres que les pregunte? Así no tendríamos que preguntarle al juez. Porque el juez no me conoce. ¿Qué podría saber de mí?
-Cielos… Nicolay debemos ir a juicio. Te prometo que no será tan malo como lo imaginas. También estará allí una asistente social y un señor que es el Defensor de Menores. Y él cuidará de ti.
-¡Cuántos desconocidos!
-No, son solo tres. No te preocupes.

Bajó la vista y observó sus zapatillas azules. Movió los pies en actitud despreocupada aunque no me engañaba. Pasarían miles de cosas por su cabecita.

Me odié por ponerlo en ese brete, odié a Olga por no haberme dicho la verdad desde un principio, odié a los errantes por no tener conmiseración de mí. Sobre todo a Boris, que parecía no estar dispuesto a separarse de Nicolay.

                                                   …………………………

Al llegar la medianoche, Douglas y Marin habían regresado al hotel “La manada”. Charles y Margaret habían trabajado mucho en re decorar la mansión con cortinados nuevos, flores frescas, y un fresno nuevo que plantaron en el parque. Era evidente que querían aportar en transformar la mansión en un hogar renovado y alegre. Ambos se habían retirado a su alcoba después de compartir un coñac con Ekaterina en la cocina. Rose permanecía en su habitación estudiando para sus primeras asignaturas. Se la notaba triste por la ausencia de Anouk. Sara y Rodion escaparon para cazar juntos dejando a Dyre al cuidado de Scarlet. Anne dormiría, Nicolay también. Ron permanecía rondando el pasillo como buen centinela.

En la mansión el silencio reinaba. Douglas había hablado con Bianca y la había notado muy triste. No desconocía que mi tiempo y el de ella últimamente no coincidían, y cuando ambos nos encontrábamos en la casa, parecía que nos evitábamos. Hubiera deseado que se acercara pero evidentemente tendría que ser yo el que diera el primer paso. No era que no ansiara reconciliarnos y volver a ser los de antes, pero era estúpido pensar que todo lo ocurrido no iría a influenciar en la relación. ¿Por qué yo no había forzado el encuentro? Tenía miedo… Miedo de enterarme por su boca que no quería esta nueva vida. Conocía la nobleza de mi hembra y lo afectuosa que era. Por eso llamaba mi atención que no se hubiera acercado a mi hijo. Nunca los había visto juntos desde que Nicolay había llegado. Los hechos aunque no quería reconocerlos, me demostraban que no se hallaba cómoda con Nicolay. Eso dolía, mucho. Si hubiera sucedido al revés, jamás la hubiera puesto en la horrible posición de elegir. Porque no hay duda posible. Amaba a Bianca  pero mis hijos siempre estarían por encima de cualquier controversia.

Antes de golpear la puerta de huéspedes, Ekaterina salió de la habitación de Nicolay. Dijo un “buenas noches” a Ron e inclinó la cabeza hacia mí, en señal de saludo. Segundos después volvió sobre sus pasos y se acercó y habló en voz muy baja.

-Sebastien, llevaré a Nicolay con Brander y Boris, este viernes. Quieren llevarlo a pasear y compartir el fin de semana.
-Me parece bien. No tengo impedimento. Siempre y cuando Nicolay esté al final del domingo en casa.

Ella dudó.

-Ekaterina, Nicolay es mi hijo y vivirá conmigo.
-Ellos dicen que aún no está dicho con quién vivirá. Brander recibió la demanda. El juez determinará la tenencia.
-Ekaterina, tú sabes que soy su padre.
-Ellos también lo son.
-En base a una mentira.

Ella bajó la vista.

-Sebastien, quiero mucho a Boris y Brander, son seres muy buenos y darían la vida por Nicolay. Si estoy aquí y decidí quedarme en Kirkenes es por el deseo de mi hermana. Olga quería que el niño y usted tuvieran un vínculo. Que usted supiera que Nicolay es un Craig.
-Creo que se acordó bastante tarde.

Ella volvió a bajar la vista y sus ojos se llenaron de lágrimas.

-Olga se equivocó, lo sé. Quizás por eso cuando sintió que no podía más con la carga y la tristeza me trasmitió su deseo. Si cree que es tarde para remediarlo… Regresaremos por donde vinimos.
-Ustedes pueden hacer lo que se les plazca, pero Nicolay no se moverá de aquí. No menoscaben más su derecho. Ahora, si me disculpas, tengo que hablar con Bianca.
-Bianca… -murmuró.
-¿Qué ocurre?
-No… Nada… Solo que le pediría un favor encarecidamente.
-Dime.
-No trate de forzar una relación que no es recíproca.
-¿A qué te refieres? –me enfadé.
-La señora ha tenido oportunidad de acercarse a Nicolay, y no ha querido. Mi sobrino no merece mendigar cariño. Téngalo en cuenta cuando hable con ella. Buenas noches.

Un dolor atravesó mi pecho de lado a lado. ¿Qué diablos aseguraba Ekaterina sobre Bianca? Nunca sería capaz de rechazar a un hijo mío. No lo había hecho con Douglas ni con Numa… Claro que la situación era diferente… Aún así… No, no podía ser…

Cuando entré a la habitación Bianca miraba por la ventana. Cerré la puerta despacio y me acerqué. Ella no giró para verme. Estaba seguro que conocía de mí hasta mis pasos. La observé de espaldas con esa silueta que formaban sus curvas, esas que me enloquecían de pasión. Su cabello azabache lucía suelto y llegaba más allá de sus hombros.

Avancé lo suficiente que con solo estirar mi mano alcanzaría la estrecha cintura. Sin embargo me quedé inmóvil, escuchando como latía mi corazón por ella.

-Deseaba verte a solas –murmuré.
-Yo también.
-Debemos hablar.

Giró lentamente y sus ojos borgoña me miraron. Estaba triste, también yo.

Estudió mi rostro como si fuera la primera que me veía. Los dedos suaves y temblorosos alcanzaron la piel de mis mejillas cubierta de fina barba. Después acarició mis labios encendiendo cada célula de mi cuerpo. Pero su iris no lucía lujurioso como tantas veces, estaba apagado.

-Te necesito tanto –balbucee.
-Yo también.

El beso fue arrebatador, casi sin darle tiempo al otro al raciocinio. Porque si hubiéramos pensado todo lo que guardaba nuestro corazón para decirnos, uno de los dos no hubiera recurrido al instinto. Sin embargo el deseo nos llamaba, quemaba nuestra piel ansiando el tacto sublime de aquellos que se aman. El sexo en aquella pequeña cama nos devolvió la pasión que parecía dormida. Todo parecía bueno, todo parecía encajar. Su cuerpo y mi cuerpo como tantas veces. Los latidos al unísono, en un compás cada vez más agitado, nos llevaron al momento culmine del orgasmo, a liberarnos al mismo tiempo… Pero esa noche aprendí, que al mismo tiempo no quiere decir juntos. Ese adjetivo significa algo más profundo. Y aunque no dudaba que nos amábamos, algo se había roto. Lo peor de todo que no sabía qué exactamente. Y ella… tampoco.

Con la respiración aún agitada me deslicé por su cuerpo y recosté el perfil en la almohada. Bianca no giró su rostro para contemplarme. Se quedó con la vista en el techo pensando no sé qué cosa. No estaba aquí conmigo. No buscó mis brazos para dormirse.

Cuando tiene tantas interrogantes a veces te vuelves estúpido y el amor te convierte en torpe. Terminas sin dar a conocer ni siquiera la primera de las dudas. ¿Debíamos haber hablado antes de hacer el amor? Con toda seguridad. Pero los hechos se dieron así. Era tarde… Sentí que era tarde… Antes de cerrar los ojos, agradecí después de todo que ella no me mirara. No deseaba que Bianca me viera llorar…

El amanecer llegó demasiado pronto. La luz de un verano que se avecinaba a pasos agigantados cubrió de tornasoles los rincones de la habitación tras las rendijas. Las cortinas de tul inmóviles a falta de brisa. Bianca seguía en la misma posición pero sus pestañas tupidas y negras habían ocultado ese borgoña maravilloso. Las yemas de mis dedos en un impulso de locura y necesidad intentaron acariciar ese rostro de porcelana, pero se arrepintieron, como si tuvieran vida propia. Ella abrió los ojos al presentir el contacto frustrado. Giró la cabeza y me miró. 

-¿Qué pensabas? –susurré.
-En trozos de nuestro pasado. Esos instantes que creí que jamás iba a sentirme así.
-¿Así, cómo?
-Lejos… Muy lejos…
-¿De mí?
-De todo.
-¿Es mi culpa?
-Soy yo. No puedo dominar ciertas situaciones. No estoy pasando un buen momento.
-Charles me comentó lo de tu padre. No sé cómo pudo decirte que se casó sin amar a tu madre.
-Yo fui quién le exigió la verdad.
-A veces regresar al pasado no resuelve nada.
-Necesitaba escucharlo de su boca.
-Me enteré que el mensajero de la muerte quiere el don y está presionándote. Dime cómo puedo ayudarte.
-No te preocupes, puedo dominarlo por ahora… ¿También te lo ha dicho Charles?
-No, Douglas.

Sonrió con un dejo de tristeza.

-Es extraño que te hayas enterado por otros lo que está ocurriéndome, ¿verdad? Eres mi marido –me miró fijo con un dejo de acusación.

Sinceramente me molestó. No era el único de los dos que se había apartado del otro.

-Sabes que estoy muy ocupado. No significa que no te ame. Tengo que luchar por Nicolay.
-Eso lo sé y lo entiendo.
-Lo que no sabes es que debo viajar a la Isla y tampoco lo he hecho. Mijaíl y Numa están enfrentando un problema delicado. Un par de obreros han estado contrabandeando drogas y uno de ellos fue detenido.
-¿Te involucró?
-Por ahora no. Muchos testigos saben que no tengo que ver en ese sucio negocio. Me refiero que tengo varias cosas que solucionar. Dimitri me llamó desde Siberia. No hay rastro de los Sherpa. Temo que hayan muerto y que mi ayuda no haya llegado a tiempo. Es mi responsabilidad.
-Pienso que ambos nos alejamos por motivos diferentes. Te juro que no se qué hacer con ello. Lamento lo que te ocurre. Pero… para ayudarte… Necesito ayudarme a mí misma. No estoy nada bien… El hecho de no darte un hijo y la llegada de Nicolay me sensibilizó. No siento que nos una. No podré acercarme a él si ella está siempre en el medio.
-¿Ekaterina?
-Sí.
-Hablaré con ella. Dice que eres tú la que rechaza a Nicolay.

Se sentó en la cama con mirada fulmine.

-¿Y tú le creíste?
-No, Bianca.

Quedó observándome como si leyera mis pensamientos.


-Sí, le creíste.
-¡Noo!
-Si no hubieras tenido una pequeña duda ni siquiera lo hubieras mencionado.
-No creo que tú rechaces al niño. Sé que eres un ser bondadoso. Pero también es cierto que el niño cayó de sorpresa. Sé que deseabas quedar embarazada y…
-¡Tú deseabas que yo quedara embarazada! Un hijo no era mi prioridad hasta que insististe en ello.
-Eso explica que no tengas intensión de acercarte a Nicolay.
-¿Crees que no lo intenté?
-Bianca… No te he visto en ningún momento con Nicolay a solas. Puedo creer que ser hijo de Olga te moleste.
-Tampoco en ningún momento había visto vampiros, sin embargo creí en ti. A pesar que todas las evidencias me gritaban que eras un asesino –sus lágrimas comenzaron a resbalar por las mejillas-. Creí en ti. Creí en tu necesidad de matar sin poder encontrar otra salida. Y tú… Prefieres dudar.
-No es así… No llores, por favor.
-No me creíste cuando te advertí que Samanta Vasiliev era peligrosa. Aún así te reuniste con ella y ocurrió lo que los dos sabemos.
-¡Bianca, eso es pasado!
-Pero nunca me crees, nunca. Siento que soy un cero a la izquierda.
-¡No es así!
-¿Y cómo es? ¿Me hiciste partícipe de tus decisiones? No, ¿verdad? No me necesitas para ser un buen padre de Nicolay. Sin embargo debiste ser tú el que colaborara en el acercamiento. Pero no te importa. Estás ciego por conseguir la tenencia a como dé lugar.
-¡Estás mezclando las cosas! Mi lucha porque no me lo quiten es prioridad si querer hacerte a un lado.
-Pues lo estás haciendo muy mal.
-¿Ahora me dirás que no estás de acuerdo con el juicio?
-¿Qué juicio? No me lo habías dicho… Ah, cierto –dijo con voz burlona-. El juicio del que hablaban en la sala con Charles y Scarlet.
-¡Basta! No llegaremos a nada discutiendo.

Secó las lágrimas con rabia.

-En eso coincidimos. No llegaremos a nada… Creo que necesitamos distancia.
-¿De qué hablas? ¿Quieres dejarme?
-Te pido un tiempo… Necesito estar sola. Siento… Siento que ya nada de lo que hay aquí me pertenece.
-¿No importa si te equivocas?
-Tú también podrías equivocarte. Tampoco te importa.

Salí de la habitación con el corazón roto. ¿Por qué nuestro orgullo se hacía presente en este instante tan delicado? ¿Por qué no le pedía por favor que no me dejara? ¿Es que creía que podría con todo como imbécil omnipotente? ¿Ella creía que viviría feliz sin mí? Quise regresar… Lo juro. ¿Pero qué diría? ¡Quédate, aunque no podré prestarte la atención que mereces! ¡No puedes ni deberías dejarme solo, a pesar que yo lo estoy haciendo contigo!
Mi móvil vibró en el bolsillo…

Era Mijaíl… Habría otra inspección en la empresa y urgía que estuviera presente. Contesté que viajaría después de la visita al hospital con mi hijo. Por momentos casi me convenzo que la idea de vivir entre humanos y no ser líder desde las cumbres me hubiera ahorrado problemas. ¡Mierda! Todo era una complicación.

Boris.

El domingo a la noche, Brander, Nicolay, y yo, cenábamos en un local de comida rápida. Mientras el niño devoraba un paquete de doradas y crujientes patatas fritas, nosotros bebíamos un refresco. Hubo charlas triviales entre nosotros por el hecho que estando Nicolay presente no deseábamos ponerlo incómodo o preocuparlo. Apenas nos abandonó para ir al pelotero largué la pregunta que me tenía atragantada.

-¿Qué crees que ocurra en el juicio?
-No lo sé Boris, jamás he estado en uno.
-¿El juez será razonable?
-Depende que entiendas por razón. No olvides que Sebastien es el padre biológico.
-No sabe nada de él.

Brander bebió un sorbo y me miró.

-No te cierres, conoces que Sebastien no tenía contacto con el niño no por su elección.
-Es injusto.
-También para él.
-¡De qué lado estás!
-Sssh, cálmate. No estoy de su parte. Sin embargo negando los hechos no nos irá bien. Debemos tener la defensa adecuada con la realidad. A propósito… ¿Qué te pareció la abogada?
-Creo que sabe mucho de juicios y niños… No sé… Es del Estado. No podríamos pagar otro. Ya los sellados y trámites nos costaron dinero.
-Lo sé. ¿Cómo te fue con el empleo?
-Quedé preseleccionado en uno. Es una obra. Creo que van a remendar el puente.
-¿Remendar? –sonrió.
-Bueno, algo así. Sabes que no manejo un gran vocabulario.
-Debemos esforzarnos en estar a la altura de ser padres del niño.
-Sí, sí… ¿Cómo te fue en la Universidad?
-Me anoté para rendir el primer año de Técnico en biología y genética.
-¿Seguirás el camino de tu padre?
-Sí, me gusta.
-Serás brillante.

Sonrió y bebió más de su gaseosa en silencio.

-Estaba pensando –al fin murmuró-. Que todo sería más fácil si te hubieras enamorado de una chica. Creo que estoy complicando las cosas. Cuando me uní a los errantes no imaginé que podía con los años ser un obstáculo para tu felicidad.
-¿Qué dices, idiota? ¿El refresco te emborrachó?
-No, pero no sabemos cómo influenciará en la justicia.
-Si lo toma en cuenta para no darnos a Nicolay no será justicia. Y debes saber que mi felicidad no es solo Nicolay. Es a ti a quien amo y me importa un cuerno si lo ve mal.
-Nos importará, ya verás que sí.
-Necesito algo fuerte.
-No debemos frecuentar bares. Alguien de los Craig podría vernos y usarlo en nuestra contra.
-¡Qué tiene de malo, Brander!
-En este tiempo todo puede ser tomado a favor de Sebastien. Por suerte el martes podemos mudarnos a ese apartamento. No se vería bien vivir con el niño en un hotel.
-Sí, es bonito. Y tiene una habitación para él…

Quedé pensando mientras bebía el refresco… ¿Qué sería de esa habitación sin Nicolay si lograba quitárnoslo? Un espacio vacío e inútil… ¿Cómo enfrentaría esos días sin su risa y sus travesuras en el parque?

-Boris, si perdemos el juicio…

Levanté la vista y lo miré.

-¿Lo perderemos?
-Es una posibilidad, Boris. Hay que estar preparado.
-No me pidas que me prepare para alejarme de Nicolay como si fuera una maleta que dejas en el aeropuerto. ¡Seis años, Brander! Seis años y once meses estuvimos a su lado.
-Cierto… Ya cumplirá siete años.

Nicolay corrió hacia nosotros.

-¡Ey! ¿Qué ocurre, campeón? ¿Te aburriste de jugar?
-Un poco. Es que el reloj de allí marca las diez y comenzó mi programa favorito –dijo señalando un reloj redondo en la pared.
-¿Héroes en la ciudad? –dijo Brander.
-Sí. ¿Vamos a casa?
-Por ahora al hotel pero pasado tendremos un apartamento muy bonito.
-¿En serio? ¿Es grande como la mansión?
-No…No es tan grande…
-Bueno… No importa. ¿Vamos al hotel?
-Sí… Pero debemos apresurarnos. No olvides que Sebastien te espera.
-Está bien. Pero no le digas Sebastien, es mi papá también.
-Claro… Disculpa.

Sebastien.

El viaje a la Isla había resultado provechoso. La inspección no encontró nada que me involucrara y tampoco debería haber encontrado. Había muchos obreros trabajando en las minas, era imposible hacer un seguimiento de sus conductas cuando concluía su labor.

Por otra parte me había comunicado con Dimitri nuevamente, había regresado a Moscú sin buenas noticias. No solo no había hallado a los Sherpas en la caverna, sino que las joyas que guardaba Agni para ser utilizadas por sus hijas, tampoco estaban. Nada había. ¿Se habrían mudado? ¿Sin decir hacia dónde? Era difícil de creer. A mi padre no le hubiera ocurrido este descuido. Él siempre estaba atento y con tiempo para auxiliar a sus súbditos.

El viernes busqué entre las listas de colegios prestigiosos para anotar a Nicolay. El domingo a la tarde, Bianca dijo que me acompañaría en el recorrido apenas el lunes amaneciera. Sentí que era un intento por acercarse y me puse feliz. Lamentablemente su móvil sonó y tuvo que partir al hospital con rapidez. Un accidente en el puente de Kirkenes había dejado como saldo ocho muertos. Me dormí en la cama de huéspedes esperándola, y sólo recibí el mensaje de texto excusándose de no poder cumplir con lo prometido. Había mucho trabajo en la morgue.

Salí de la habitación en penumbras. La luz de la mañana entraba por una ventana entreabierta del pasillo. ¿Nicolay? ¿No debería haber regresado anoche? Eso habíamos quedado con los errantes… ¡Maldita sea!

Golpee la puerta de la habitación y la llamé a gritos.

-¡Ekaterina! ¡Abre la puerta!

Ella tardó diez segundos en hacerlo y me miró asustada.

-¿Dónde está Nicolay?
-Con Brander y Boris.
-Dijeron que vendrían con él a las diez de la noche y son las siete de la mañana. Íbamos a recorrer colegios.
-No te preocupes, quizás no quisieron salir muy tarde con el niño.
-¿No me digas? ¿Me tomas por estúpido?
-Los llamaré ya mismo.
-No te molestes. Dime la dirección de la casa.
-No… Ellos se hospedan en un pequeño hotel.
-¡Dime cuál! Voy para allí. Y te advierto… Que no sea una trampa y hayan aprovechado a escapar con mi hijo porque los buscaré hasta el último rincón de este planeta hasta encontrarlos.




































12 comentarios:

  1. Genial capítulo ojala la situación con Nicolay salga bien para todos. Te mando un beso

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  2. Conmigo Nicolay hubiera jugado al tenis, nada de fútbol:) La reacción de Douglas es muy generosa, enterarte a cierta edad de que tienes un hermano de seis años a mí me provoca un trauma:)
    Bianca y su Dios de Kirkenes están pasando un momento crítico a pesar de que se desean sin control y se aman, no me cabe duda.
    He terminado de leer Los ojos de Douglas Craig y entiendo que Douglas ha conseguido ver pero no sé cómo. Tu primera novela de esta saga es excelente, te agradecería que me mandaras Ojos de lobo.
    Beso.

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    1. ¡Hola Ignacio! Tienes razón el fútbol es un deporte más popular y los Craig no tendrían problema en practicar tenis. Supongo que viviendo con los errantes fue lo más accesible para Nicolay. Douglas es bastante particular con sus reacciones lo verás en el correr de la saga cuando la puedas leer. Desde ya muchas gracias por tu tiempo. Sebastien y Bianca tendrán que demostrar que el amor es más fuerte que las vicisitudes, en ello trabajaremos. Sí, Douglas puede ver y la respuesta está en el segundo libro que prometo enviarte a la brevedad. Gracias de verdad, por el halago a la obra, es el mejor precio para una autora novel. Un beso grande y buena semana.

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  3. Hola, Lou... Me gusta Sebastien, me gusta Bianca... pero considero que Sebastien está cometiendo un error detrás de otro
    Por ejemplo, pedirle a Douglas que hable con Bianca... No, debería ser él quien hubiera hablado... es como dejar para otro día lo que ayer se debió hacer
    Tienes razón cuando nos dices que sin conflictos no habría novela... o como dijo Nicolay... que sin villanos no habría héroes... Por otra parte y lamentablemente, en la vida real existen los conflictos
    No obstante, creo que Sebastien se está dedicando a perder a Bianca... es que yo lo veo el culpable de lo que está pasando
    Hay una muy buena pregunta en este capítulo... "¿Acaso no era suficiente el amor?"... Pienso que debería serlo... pero deber no es ser... lo que quiero decir es que si se hiere mucho al amor... pues el amor puede apartarse con el único objetivo de lamer tanta herida
    Me ha encantado que Douglas juegue al fútbol con Nicolay... y que Ron y Marin les hayan dejado ganar
    Creo que Nicolay es un niño muy despierto e inteligente... me encanta, y no sé si existirá juez que resuelva un contencioso mejor que él
    Anouk ha cambiado mucho... y me ha dado la sensación de que a Drank ya no le es tan indiferente
    Ekaterina miente cuando dice que Bianca no ha intentado acercarse al niño... supongo que no le gusta Bianca porque Sebastien la eligió como compañera... y no eligió a su hermana
    Boris también está muy alterado... y es normal dada la situación
    Y, al final del capítulo, Sebastien echa chispas... pero no creo que Branden y Boris hayan raptado al niño
    En fin, un capítulo sensacional y perfecto... Solo puedo felicitarte y, por supuesto, te felicito
    Besos

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    1. ¡Mi querida lectora! Un placer leer tu comentario como siempre. Yo coincido. Sebastien, no está haciendo las cosas bien. Creo que la obsesión por recuperar a Nicolay lo aleja del resto que también es esencial e importante.
      La discusión no ha llegado a nada. Fue inútil acercarse, al menos por ahora. Creo que los dos se deben una distancia a mi modo de ver. Tendrían que estar seguros si están necesitándose y queriéndose como antes. Veremos.
      Si hubiera sido Bianca hubiera contado a Sebastien el hecho con Ekaterina, todo palabra por palabra.
      En cuanto a Douglas, él recurre tengo entendido, porque Bianca no quiere verlo. Es después que se anima a verla igual y entrar en la habitación.
      Pienso que en parte ambos tienen su cuota de culpa mayor o menor. Porque yo que Bianca armo tal lío y me escucha aunque no quiera. Está dejando el terreno para que un enemigo se aproveche. Pero soy la autora, tu sabes. No actuaría igual que la protagonista.
      Nicolay es un sol y es muy inteligente. Me gusta leer sus conclusiones.
      Anouk... Drank... Ay... ¡Cuánto habrá de historia entre los dos! Estoy segura que lo que está gestándose terminará por gustarte mucho.
      Boris, no sabe dominar la situación, es salvaje pero tiene muy buen corazón. Es lo importante.
      Gracias, muchas gracias por ese compromiso que tienes de comentarme tus sensaciones. Me hace feliz saber que la historia es interesante. Un gran beso y buena semana reina.

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  4. Pues no se lo que ha podido pasar pero es raro que no hayan llevado al niño a la mansion.Algo ha tenido que pasar.Sebastien y Bianca se aman,todo se arreglara.Esta muy interesante,me gusta.

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    1. ¡Hola Ramón! Muchas gracias por leerme. Son contratiempos y un poco de querer ejercer el poder. Yo creo que tienes razón si se aman todo debería arreglarse. Un abrazo grande desde Buenos Aires y buena semana.

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  5. Que raro que no llevaron al niño de vuelta espero que no se den a la fuga aunque no creo porque ya ellos ven que Nicolay quiere estar con Sebastien y las cosas entre él y Bianca siguen mal y me parece que se va a poner peor, Lou bella gracias por el capítulo!

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    1. ¡Hola mi corazón! Que decirte... No sé... Son errantes y tienen otros códigos pero Nicolay es importante para ellos así que puede que haya ocurrido otra cosa.
      Sí, Sebastien y Bianca están en su peor momento,están haciéndome transpirar. Espero llegar a buen puerto con mi pluma. Un besazo y muchas gracias cielo por comentar. Que tengas una feliz semana.

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  6. Hola LOU. amiga de nuevo siguiendo tus interesantes capítulos,,éste estuvo muy bueno,,,abrazos

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    1. ¡Muchas gracias querido Lobo! Es un gusto que me leas y me alegro que lo encuentres interesante. Pasaré por tu blog esta semana ya que mi madre está un poco mejor y estoy teniendo un tiempo para mí. ¡Un abrazo!

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