Saga para + 18

Iris púrpura es el cuarto libro de la saga Los Craig. Para comprender la historia y conocer los personajes es necesario partir de la lectura de Los ojos de Douglas Craig.

La saga es de género romántico paranormal. El blog contiene escenas de sexo y lenguaje adulto.

Si deseas comunicarte conmigo por dudas o pedido de archivos escribe a mi mail. Lou.


sábado, 26 de mayo de 2018

¡Hola chicos! En este capi iremos recorriendo el camino de Bianca hacia su bienestar. Sus conflictos uno a uno irán desapareciendo. Paso a paso. Aunque falta por recorrer. Siempre necesitamos una ayuda y por suerte la dama de los Craig la ha encontrado. En cuanto a Sebastien... Considero que si ellos no están bien sería inútil intentar una reconciliación. Paciencia.
Los dejo con una frase. "No esperemos que los psicólogos nos digan aquello que queremos escuchar."
El capi 51, es todo de ustedes. ¡Gracias por seguir acompañándome!


Capítulo 51.
Avanzando.

Bianca.

Al bajar la escalera me dirigí a la sala principal. Eché un vistazo alrededor mientras avanzaba hacia la mesa de recepción. Muchas personas caminaban llevando maletas en sus manos. También algunas estaban sentadas en los grandes sofás, conversando y riendo. A nadie conocía. ¿Quién habría preguntado por mí? El conserje había dicho una señora…

—Disculpe –hablé al empleado que registraba los huéspedes—. Me han dicho que me buscaban. Mi nombre es Bianca MacCarthy y…
—¿Bianca?

Una voz femenina se escuchó a mi espalda.

Me giré para verla y me encontré con una mujer que aparentaba unos sesenta años. Vestía elegante con un abrigo de paño con ribetes en piel sintética. Botas de cuero con tacones bajos. Su cabello negro, teñido, recogido, resaltaba sus aretes pequeños de oro y una piedra engarzada.

Sonrió con gentileza y sus ojos azules brillaron.

—Disculpe, ¿la conozco?
—Sí, aunque eras pequeña y es posible que no me recuerdes.

Arquee la ceja confundida.

—Soy tu tía Jackie. Hermana de Laurent y Eridan, tu padre –sonrió otra vez—. Dime que eres Bianca, y no me he equivocado.
—Sí –murmuré—. Soy yo.

Dio dos o tres pasos y me abrazó.

—Querida, ¡qué gusto verte!

Permanecí con los brazos laxos a cada lado de mi cuerpo. Sintiendo como una perfecta extraña me abrazaba y decía ser mi tía. Nada menos que la hermana de mi padre.

Me separé lentamente y la miré a los ojos. Ojos azules como mi padre, ojos azules como los míos… Bueno, antes de ser borgoña.

—Disculpe, aún no puedo creer que sea usted…
—Lo imagino. Me atreví a venir porque Elizabeth, es una de nuestras empleadas de limpieza en casa. Ella trabaja por hora en este hotel y escuchó que una persona llamada Bianca McCarthy, había preguntado al joven de recepción por los McCarthy. Tuve mis dudas si éramos la familia que buscaban. Pero Bianca era la hija de mi hermano Eridan, así que debía ser mucha casualidad.
—Sí, yo… Quería verlos. Necesitaba hablar con ustedes.
—Bien –sonrió—. Aquí estoy, representándolos. Laurent, hermano mayor de tu padre te envía muchos cariños. Tienes muchos primos por conocer. ¿Te quedarás en Banff?  Me place verte después de tanto tiempo. La última vez debías tener dos años.
—¿Y esa última vez…? Perdón, deberíamos sentarnos.
—Oh, sí –se acercó a uno de los botones del hotel—. ¿Crees que podrían servirnos algo de beber en los sillones de la sala? Daré buena propina.
—Sí, señora. Dígame.

Se giró para verme.

—Querida, ¿bebes café?
—Sí, gracias.
—Dos cafés, entonces.


Charles.

Llegamos a la mansión con el sabor del triunfo en nuestras manos. Aunque para ser sincero, una batalla ganada tan importante como lo era la tenencia de un hijo, no se vivía con la alegría desbordante de lo común. Creo que no era por culpa de alguien en especial, sino que todos teníamos un no sé qué en el pecho que impedía la total felicidad.

Comenzando por Sebastien, que a pesar de pasar por una gran juguetería y comprar costosos juguetes, su rostro reflejaba la falta de su Bianca. Y me atrevería a acotar algo más… El hecho de ver a Nicolay despedirse de los errantes no lo llenó de dicha, todo lo contrario. Entendía que tener a su hijo bajo tutela absoluta menoscabando la sonrisa de Nicolay no era algo que festejaría.

De hecho, apenas llegó se dejó caer en el sofá sin apartar la mirada del niño, mientras la algarabía de Rose, Sara, Rodion, y Ron, le pasaba por al lado. Anouk, se sentó en la alfombra junto a Nicolay y le enseñaba sobre el control remoto de un coche. Margaret preguntó quién deseaba beber café, lo cual pedí algo fuerte.

Lenya y Liz habían ido a caminar por la playa. Era una visita que había prometido su galán y no dejaría pasar un día más sin cumplirla. Douglas y Marin, llegaron después. Douglas abrazó al niño, a su padre, y se sentó junto a él. Podía escucharse en la reunión frases felices y buen ánimo, pero cada uno sabía que la dicha hubiera sido completa si la dama de los Craig hubiera estado presente.

Comprendía a mi querida hija y su necesidad de resolver sus conflictos pero no dejaba de dolerme. También la deseaba aquí, con esa sonrisa genuina y, ¿porque no? ese carácter tan frontal y aguerrido. Lo loco de pensar es que Bianca estaría lejos, pero sentía que quien estaba más distanciado de esta sala era Sebastien. Me preocupaba su mutismo. ¿Qué diablos estaría pasando por su cabeza?

Ekaterina había partido apenas pisamos la casa. Era seguro que desearía contener a sus entrañables amigos después de nuestro triunfo. ¿Era lo de ellos una derrota? Creería que no. Porque un juez podía determinar una sentencia, pero nada podría hacer contra el amor de Nicolay para con los errantes. Al fin y al cabo, ¿qué buscábamos nosotros? ¿Un papel? Solo en parte.

Numa llamó a su padre rozando el mediodía. Al parecer trasladó su alegría  y le comunicó como marchaban las cosas en la Isla. Después habló con Douglas y con Rose.

La sorpresa llegó con la llegada de Bernardo y Drank. El fiel amigo de Bianca deseaba saber sobre ella. Evidentemente Bianca se había aislado del mundo, incluso de aquellos a los que más confiaba.

Cuando Bernardo supo por boca de Sebastien que el único dato era un país, Canadá, su amigo no lo pensó mucho tiempo. Dijo que posiblemente habría ido en busca de sus raíces. Bianca no había nacido en Noruega, eso lo sabíamos. Sin embargo a nadie de nosotros se le ocurrió que la relación distante con su padre habría podido ser parte de sus conflictos. Aún no podía hilvanar el ovillo ni siquiera desenredar algún nudo de su mente. Por un lado sentí culpa de no haberme dado cuenta que desde hace un tiempo algo no andaba bien en ella. Comprendí a Sebastien y su impotencia. Sentí que debía compartir ese cargo de conciencia de no haber estado alerta. O quizás, ella necesitaba resolverlo sola, e inconscientemente fue aislándose sin retorno.

La cuestión es que aquí estábamos todos sus seres queridos pensando en ella. Rogando que apareciera por la puerta con esos ojos llenos de amor para Sebastien como siempre lo habíamos contemplado.

Scarlet llegó cuando la reunión se había disgregado. Había tenido que cumplir con su trabajo aunque se mantuvo bien informada por el móvil gracias a Margaret. Felicitó a su hermano y lo abrazó conmovida. Nos contó sobre Anne y como era la nueva casa. Dijo que enviaba cariños a todos y esperaba algún día poder visitarnos junto a su hermano.

Sebastien se recluyó en su despacho. Estuve a punto de seguirlo pero me arrepentí. A veces uno desea estar completamente solo para pensar mejor. Me dediqué al arreglo del jardín. El verano nos sorprendería el mes entrante y las especies debían ser renovadas para que las coloridas flores regalaran una alegre vista al portal de la mansión… ¿A quién engañaba? Ni las plantas más exóticas cambiarían la imagen de este hogar ahora convertido en una construcción silenciosa y lúgubre. Ni las visitas de Douglas y Marin, ni el llanto del bebé de Sara y Rodion, ni la ilusión de Liz y Lenya por su futuro hijo, nada… Porque Scarlet permanecía muchas horas trabajando. Rose, estudiando. Ron, melancólico pensando en Anne. Y todos, desde el primero al último de los Craig, extrañando a su dama de ojos borgoña.

Al transcurrir una hora, acompañé a los obreros hasta el portón. El proyecto de una mansión con más habitaciones ya era prácticamente un hecho. Margaret me trajo un jugo de limón, no me gustaba mucho el citrus pero como decirle a alguien que no, cuando te lo trae con la mejor de las sonrisas.

Caminé por el sendero empedrado de su mano, hacia el portal, silbando bajito. A unos cuantos metros ella se detuvo. Sus ojos se veían húmedos por las lágrimas.

—Charles… ¿Si ella nunca regresa?

Acaricie su mejilla y sonreí.

—Regresará querida, regresará.

En ese instante los portones volvieron a abrirse, giramos la cabeza para ver quién era. Liz y Lenya avanzaban sonrientes.

—¿Cómo lucía la playa? –pregunté.
—Hermosa, Charles –contestó Liz.
—Sí, el mar parecía tranquilo. Nos sentamos en las rocas para ver el atardecer pero ya le dije a Liz que cerca de junio la noche tarda en caer. No es como en Drobak.
—Algún día pueden ir los dos a Drobak –sonreí.
—No quiero regresar a Drobak –contestó—. No hay más que malos recuerdos allí.

Lenya se acercó y la enlazó por la cintura.

—Bueno, en Drobak nos reconciliamos. ¿Recuerdas?
—Nunca lo olvidaré –lo besó en los labios—. Cuando te hiciste pasar por un desconocido.
—¿Se hizo pasar por un desconocido?

Lenya rio.

—En realidad nos encontramos y jugamos a que no nos conocíamos. Y la señora que ves aquí, me invitó a dormir a su habitación en la primera noche.
—¡Calla! –rio.

Sebastien salió de la mansión. Se acercó con un andar cansino como si le costara llevar los doscientos y pico de años encima.

—Buenas tardes, chicos.
—Hola –respondimos al unísono.
—¿Te vas? –pregunté.
—Sí, a las cumbres.
—¿Deseas que te acompañe?
—No, gracias. Quiero estar solo.
—Como gustes, querido.

Lenya lo acompañó a los portones después de echarme una mirada de preocupación.

—Vamos chicas. Apuesto que tienen ganas de un buen café.
—Yo beberé un jugo de fruta –Liz me cogió el brazo.
—¡Hecho! ¿Y tú mi amor? –pregunté a Margaret.
—Subiré a nuestra habitación. Tengo ropa que ordenar –dijo con tristeza.
—Bueno, cariño. En un rato te haré compañía.

Margaret se adelantó y continuamos con Liz caminando lentamente hacia el portal.

—Oye, será grande tu bebé. ¡Mira como ha crecido!
—Charles, no me pongas nerviosa –rio acariciando el vientre.
—No temas. Todas las hembras salen victoriosas del parto.
—Algunas no.
—No nos pondremos a pensar en los casos excepcionales. ¡Ánimo! Ya veremos a tu niño correr por el parque.

Su sonrisa iluminó alrededor.

—¿Cómo se llamará?
—¿No te lo dije?
—No.
—Halldora si es niña y Adrien si es niño.
—¡Qué gesto hermoso para con Lenya!
—Se lo merece. Además son bellos nombres.
—Prefiero Charles pero me conformaré con Adrien.

Rio.

Lenya nos alcanzó antes de abrir la puerta.

—¿Qué te dijo?
—Nada, quiere estar solo. No sé cómo ayudarlo. Juro que iría al fin del mundo a traer a Bianca.
—No es la idea, no te acongojes. Debe regresar por su voluntad. De lo contrario no serviría de nada.
—Estoy segura que sigue amando a Sebastien –afirmó Liz.
—Cierto, pero también es verdad que las cosas entre ellos no iban bien. Es mejor que tomen distancia, que se extrañen –contesté.
—¿Lo extrañará como él a ella? –preguntó Lenya apenado.
—Claro qué sí. Ven, vamos a beber en la sala.

Ya en el interior de la mansión me sorprendió una llamada por el teléfono de línea. Descolgué el auricular y atendí de inmediato.

—Hola, ¿familia Craig?
—¿Sasha?
—Oh, Charles, ¡Por fin! No puedo comunicarme con ningún móvil desde esta mañana. En Moscú hay una tormenta de primavera que parece invernal. ¿Me escuchas bien?
—Sí, querida. Tu voz suena lejana pero escucho. Dime, ¿quieres hablar con Anouk?
—No deseo molestarte, solo dime si está bien. ¿Ha comenzado la práctica docente? Últimamente está poco comunicativa.
—No te preocupes, no es molestia. Tengo entendido que aún no. Pero está feliz y sana –sonreí.
—Gracias… ¿Sebastien? ¿Cómo resultó el juicio?
—Muy bien, gracias. Nicolay está con nosotros.
—Me alegro mucho. Dile a Anouk que la queremos y envíale muchos besos de todos nosotros. Que pasen un hermoso día. Aquí está fatal.
—Sasha…
—¿Sí?
—¿Cómo está Bianca?

Un silencio prolongado interceptó la conversación.

—Sasha, sé que debes saber de ella.
—¿Cómo lo sabes? –respondió con temor.
—Es fácil. Has preguntado por tu hija, por el juicio, y por Sebastien. ¿No es extraño que no preguntes por Bianca? Salvo que sepas de ella.

Más silencio…

—Charles… Solo diré que está bien.
—Okay… Te suplico que… si algo notas mal…
—No te preocupes. No permitiría que nada fuera a mayores.
—Muy bien, confío en ti. Tanto como confió ella.

Sebastien.

Trepé por las rocas de aristas afiladas después de correr a gran velocidad por esos montes de coníferas y pinos reverdecidos. El sol lentamente iba poniéndose en un horizonte de color naranja pálido. Tenía una idea fija a pesar de mi desolación. Poder estar más cerca de aquellos que una vez se fueron y nos dejaron. De aquellos que necesitaba una palabra, un consejo, un perdón aunque no me respondieran.

Sabía que no iba a hallar respuesta. A veces nos empecinamos en hablar con quien ya no puede escucharnos. Aún así, se siente bien. Quizás es la conciencia que asimila los errores y convierte la carga más liviana. No lo supe. No supe porque me encontré en el pico más alto de Kirkenes sintiéndome más pequeño ante la inmensidad. Solo quise abrir mi corazón.

Al llegar a las puertas de las entrañables cavernas, me detuve. Observé alrededor… Nieve y silencio. Las últimas nevadas habrían sido hace un mes, pero el clima de los vientos helados la hacía perenne por un tiempo más. Antes de la llegada del verano.

Continué varios metros hacia arriba, por el costado izquierdo, hasta llegar a una gran explanada. Allí, según Charles mi padre pasaba horas mirando hacia la frontera rusa. Cuando en el pasado, muy lejos, en Mursmark, se encontraban su hijo y su amada. Un pedazo de su corazón.

Me detuve y mis ojos se fijaron en centenares de luces pequeñas que señalaban la ciudad fronteriza...

—¿Cómo hiciste papá? ¿Cómo lograste apartar tu egoísmo y pensar en lo mejor para ellos? Tu entereza y bondad permitió soltar lo que más amabas… No sabremos si fue lo mejor. Pero lo hiciste con la convicción de no dañar, sacrificándote.
Con seguridad no podrás escucharme pero… ¿Sabes? Nicolay quiere a Boris y a Brander. Los ama, y los extraña. No quiero verlo sufrir.

Mis ojos se llenaron de lágrimas.

—Papá… Siento un desgarro en el corazón. Y hoy, de pie aquí, no sabes cuánto te entiendo. Soltar lo que amamos no es fácil. Sin embargo aprendí de ti un valor incalculable que no todos lo poseen. La justicia.
Es justo que Nicolay sea un Craig. ¿Y sabes? Ya lo es. Hoy un juez determinó su realidad biológica. Pero Nicolay no es mío. No es mi objeto que pondré orgulloso de adorno en la sala. Es mi hijo. Y los padres solo buscamos para ellos la felicidad. ¡No sabes lo que te entiendo!

Observé de reojo unos metros más abajo…

—En ese lugar me despedí una noche de ti. Quería vivir entre humanos, deseaba progresar y salir a la civilización. Hoy puedo sentir tu tristeza. Esa que ocultaste muy bien para no menoscabar mi futuro.

Soltar, siempre soltar por la dicha de los que amamos.

Bajé la vista y borré mis lágrimas con las manos.

Miré al cielo profundo, ya teñido de un añil intenso.

—Olga… Si en algún lugar me escuchas, te pido perdón por no haber estado cuando me necesitaste. Juro que nunca pensé que lo que sentías era amor verdadero por mí. Lo siento… Jamás te hubiera abandonado. No te hubiera metido. Mi padre me enseño a no dar falsas esperanzas a las hembras. Sin embargo no te hubiera dejado sola. Hubiera acompañado tu embarazo. Nicolay hubiera sentido mi calor desde ese día que vio la luz por primera vez. Jamás les hubiera faltado nada. Pero mentirte no. No podría demostrar un amor tan grande como el que sentí al conocer a Bianca. Perdóname. Ahora… Nuestro hijo está conmigo pero tú y yo sabemos que no lo hace feliz. Olga… La dicha de Nicolay estará siempre primero que la mía. Una vez me equivoqué con Douglas y no lo volveré a repetir. Aunque quédate tranquila, descansa en paz. Porque nuestro hijo siempre me tendrá cuando él lo desee.

No hubo ninguna brisa o viento que me demostrara que alguien del más allá pudiera escucharme. Ni Olga, ni mi padre. Sin embargo, partí de allí hacia mi hogar, con la sensación de no haber estado solo.


Bianca.

Era el tercer café que bebía mientras escuchaba a mi tía hablar sobre mi padre. Su infancia en la campiña, su adolescencia en Banff, sus viajes a Rusia, Noruega, y Finlandia. A él le gustaba conocer diferentes lugares en el mundo. Era aún muy joven cuando conoció a mi madre y su familia. Los McCarthy no vieron con buenos ojos que comenzara a quedarse por tiempo cada vez más prolongado en Oslo. Intuyeron que algo le atraía de esa ciudad de Laponia y no era precisamente el paisaje.

La escuché sin interrumpirla. Aunque deseaba llegar al punto de mi interés.

Ella habló sobre los planes de su hermano. Él deseaba ser un brillante biólogo pero al parecer el destino y su capricho le jugaron una mala pasada.

Entonces la miré con curiosidad y me animé a preguntar.

—¿Ustedes estuvieron en contra de la relación con mi madre porque papá abandonaría el estudio?
—No fue solo esa causa. Tu padre nunca amó a tu madre.

La frase aunque ya la tenía asumida, me dolió.

—¿Se los dijo? –balbucee.
—No era necesario. Ella lo buscaba todo el tiempo. Le lloraba, lo perseguía por teléfono. Hasta viajó a conocernos.
—Y ustedes nunca la aceptaron.

Bajó la vista.

—Nunca. Pero por un lapso de tiempo creímos convencerlo. Eridan parecía estar enamorado de otra joven. No supimos quien. Sabíamos que tampoco era de aquí.
—¿Entonces?
—Entonces… Sucedió…
—¿Qué sucedió?
—Tu madre quedó embarazada y él se hizo cargo. Como buen hombre y caballero que correspondía.
—¿Después?
—Bueno… Él la trajo a vivir a Canadá. Y…
—¿Y?
—No sonará bien lo que tengo que decirte pero has venido hasta aquí por la verdad y te irás con ella.
—¿Qué ocurrió?
—Nosotros nos contactamos con una partera que hacía trabajos… Tú sabes.
—No, no sé –contesté dolida.
—Practicaba abortos. Le sugerimos que se lo pagaríamos. Sin embargo él se enojó mucho. Dijo que un hijo era algo valioso. Que jamás le quitaría la vida. Nos burlamos de él. Apostábamos que serías su ruina.
—¿Y lo fui?

Negó con la cabeza.

—Apenas naciste te convertiste en su sueño. Su esperanza. En ti se vio renacer. Aunque ya no sería un biólogo brillante. Cada vez que lo veíamos contigo la sonrisa se iluminaba. Te amó. Por supuesto, en la familia seguíamos empecinados en todo lo que no había podido ser por tu madre y por ti. Lo siento… Creo que nuestros padres le hicieron la vida imposible. Así que al cumplir tú los dos años, partió con ustedes de Banff para nunca volver.

Me puse de pie con lágrimas en los ojos.

Ella me imitó reiterando sus disculpas. Disculpas que ya no servían. Ni para mí, ni para mi madre, ni para él. Pero sí había un perdón que aún era útil y necesario. El mío hacia mi padre.

—No puedo decir que ha sido un gusto –murmuré antes de despedirla—. Aunque esta conversación no tiene idea lo que me ha ayudado. Así que gracias por buscarme.
—De nada… Yo… Cuando lo veas, dile que lo seguiremos esperando.
—Se lo diré. Buenas noches.
—Entonces, ¿no querrás visitarnos? No estamos lejos. Laurent vive apenas tres manzanas de aquí. Y yo a diez minutos de bus.
—Le agradezco. Debo regresar con los míos. Que precisamente no son ustedes. Disculpe, es lo que siento. En cuanto a Laurent, devuelva los cariños de mi parte, como él me envió. Buenas noches –repetí, y me alejé.

No giré una sola vez para contemplarla. Subí la escalera decidida a armar mi escaso equipaje y regresar a Kirkenes. Pero una voz masculina me llamó por el nombre.

—¡Bianca!

Sorprendida de verlo bajé sin perder tiempo.

—¡Dimitri! ¿Qué haces aquí?

Con esa sonrisa encantadora y su cabello rubio ensortijado avanzó feliz por la sala.

—¡Hola Bianca! –me abrazó—. Mamá, dijo que me necesitabas. Me dio el dato donde encontrarte.
—¡Cielos! Gracias. Tu madre es una excelente hembra.
—Lo sé. ¿Y bien? Creo que tú y yo nos debemos una charla.

Sonreí. A pesar que aún las duras palabras de mi tía habían calado mi corazón.

—Me parece que sí. Creo que deberíamos buscar una cafetería. Siento que debo salir de aquí cuanto antes.
—Vamos, tú eres la que guía. No conozco Canadá.
—Es muy lindo pero… no he venido como turista.
—Lo imagino, algo me adelantó mi madre. Y dijo que quiere que sepas que a nadie ha dicho dónde estás. Lo mío fue una excepción.
—Lo sé. Confió en ella. Dime –sonreí—, ¿cómo se las arregló para ocultárselo a tu padre?
—Bueno… simplemente le dijo que no insistiera. Que ella respeta su amistad con Sebastien así que esperaba lo mismo de su parte.
—Demonios… No quiero saber que ocasioné una pelea.
—En absoluto. Mi padre sabe cuándo debe insistir y cuando callar la boca. En realidad todos los machos de la casa.

Reí.

—Gracias… Gracias por venir.

……………………………………………………………………………………………

La noche era típica de la estación primaveral. El aire fresco traía aroma a flores de perfume intenso. Aunque no supe determinar la especie. Si hubiera estado en Kirkenes hubiera adivinado. Magnolias, jazmines, glicinas. Canadá era bellísimo, sin embargo no sentía que me pertenecía. Eran muchos años de vivir en Noruega y había adoptado cada costumbre, cada lugar, mimetizándome con la gente de esa tierra que amaba.

Nos sentamos en la terraza de una bella cafetería. Café mediante, mi peculiar psicólogo no sacó su cuaderno de anotaciones, sí una cajilla de cigarrillos y un encendedor de plata. Era evidente que esta charla no era convencional entre profesional y paciente. Mejor, esta noche necesitaba además de un erudito en el tema, un confidente.

—Cuéntame por dónde quieres comenzar.

Lo miré llena de dudas.

—No lo sé. No entiendo como terminé aquí buscando respuestas. Es decir, las necesitaba. Pero el hecho de viajar de pronto como si fuera vida o muerte…
—Tal vez escapaste. ¿Crees que has escapado, Bianca?
—Yo… No me sentía cómoda últimamente. Es largo de explicar… Entre algunos hechos, veo… me comunico con un mensajero de la muerte.
—¿Cómo es eso?

Expliqué a Dimitri la existencia de Hela a partir de mi conversión. Escuchó en silencio aunque en varias oportunidades arqueó la ceja, sorprendido.

—No estoy alucinando ni es mi imaginación –aseguré.
—No he dicho que descrea. El más allá es un misterio y tú eres la única que ha estado muy cerca.
—Sí… Es por eso que él quiere su don.
—Y dime, ¿aquí no te molesta? ¿En Banff no puede aparecerte?
—No lo sé.
—Entonces no viajaste huyendo de él. ¿Por qué huiste, Bianca? Mejor dicho, ¿de quién?

Suspiré.

—De mí, quizás…

Me miró por unos segundos y extendió la caja de cigarrillo.

—¿Fumas?
—Ahora no, gracias.

Encendió uno con total parsimonia. Como si pensara cada palabra que iría a decir.

—Dime Bianca. ¿Por qué no está aquí, Sebastien? Pregunto porque algo tan importante como es la búsqueda de tu pasado, me parecería razonable que lo hicieras en su compañía.
—Él estaba ocupado. Era urgente. La tenencia de Nicolay. De hecho me llamó para contarme que la había obtenido.
—¡Qué bien! ¿Y tú sentiste qué no podías esperar para viajar con él cuando todo terminara?
—Yo… Pensé que era lo mejor viajar sola. Además, partí de la mansión sin saber que terminaría aquí.
—Ajá… ¿Y cuándo lo supiste?
—En el mismo aeropuerto. Cuando buscaba un destino cualquiera.
—Pero no lo llamaste.
—No. ¡Sebastien estaba sumergido en tener la guarda de su hijo y no lo reprocho en absoluto! Él ni siquiera tenía tiempo para comentarme sus próximos pasos. El trabajo, los Sherpa, su hijo, los errantes. Muchas cosas que debía solucionar.
—Me pregunto –hizo una pausa prolongada—, me pregunto si lo tuyo no fue en parte una venganza.
—¿Yo? ¿Vengarme? ¿Por qué lo haría?
—Bueno, él no te hizo partícipe, aunque no fuera a propósito. Viajar, resolver tus asuntos, y apartarlo de todo, ¿no es un poco ponerlo en tu lugar de desplazada?
—Eres muy rebuscado –reí.

Sonrió.

—Solo intento desentrañar tu mente y buscar la causa. Puedo equivocarme. Por eso te pregunto. ¿Te hizo sentir mejor el hecho que él no supiera nada de ti?
—Uuf… No lo pensé. Si lo hice… No fue planeándolo.
—Te sorprendería saber cuántas cosas la mente planea sin avisarnos.
—Yo… Sí me sentí apartada de él… ¿Sabes que no podré tener hijos? Al menos será muy difícil lograrlo.

Arqueó una ceja mientras aspiraba el cigarro.

—De cualquier forma no es algo te preocupaba, ¿o sí? Tengo entendido por todas las veces que hablamos que no era tu fin tener un bebé.
—Cierto, sin embargo Sebastien lo quería.
—¿Sentiste que no podías darle lo que deseaba? ¿En algún momento lo reprochó?
—¡No! Sebastien no haría eso. Lo deseaba sí, aunque no era determinante para ser feliz junto a mí.
—Entonces… ¿Qué ocurrió con la llegada de Nicolay? ¿Te molestó?
—Jamás me molestaría ese niño, es encantador.
—Sí, casi todos los niños lo son. Con la salvedad que él es hijo de Olga. Hembra que se acostó con Sebastien.
—A veces dices las cosas de una forma tan dura, Dimitri, que…
—¿Qué? ¿No es verdad?
—Sí… Pero Sebastien no me conocía. Nicolay no es producto de una infidelidad. No tengo porque tenerle rechazo.
—Insisto, a veces la mente nos juega sucio.
—Lo que ocurre con Nicolay es que… No lo siento mío. Es hijo del macho que amo, pero todo se dio para que no nos acercáramos. El niño tiene una tía, Ekaterina. Me odia y no perdió oportunidad de restregarme que no era nada de su sobrino.
—¿Y tú lo permitiste? Creo conocerte algo. Lo suficiente para preguntarme porque no la pusiste en su lugar.
—Lo hice una vez –sonreí—. Casi la ahorco. Sebastien se metió y evitó que fuera a mayores.
—Otra vez sentiste que Sebastien te apartó. Incluso de ese enfrentamiento… Como psicólogo no podría decirte lo que tendrías que haber hecho pero sí como un amigo. Así que debiste ponerla en su lugar. Ella es su tía, tú la hembra de Sebastien. Quien ocupará el lugar de madre del niño. A no ser que te asuste la idea. Después de todo pensándolo bien, no deseabas esa responsabilidad por el momento. Creo que sentiste que en cierta parte Sebastien te la imponía. Y no de la mejor forma… ¿Cómo hubieras querido que fuera, Bianca?

Callé… Un nudo apretó mi garganta y no tardé en llorar en silencio.

—Siempre haces que llore, cabrón –susurré.

Sonrió.

—No eres el único paciente que se queja de lo mismo. Al menos dime que sientes algo de liberación.

Asentí.

—No es fácil sentirme un monstruo y seguir la charla como si nada.
—No eres un monstruo. Solo eres un ser que se sintió fuera de lugar y no supo gritar al otro lo que quería. Para querer algo y luchar por ello hay que sentirlo de uno, ante todo. Tú no sentiste a Nicolay parte de tu vida. Si el medio no ayudó se convirtió en una tarea imposible. A eso le sumamos el conflicto con tu padre. ¿Recuerdas? Fue uno de nuestros primeros temas de conversación.
—Sí –sonreí entre lágrimas—. El complejo de Electra.
—Buena alumna, aprendes rápido.
—¿Y qué debo hacer? Aún estoy convencida que no soy la madre que necesita Nicolay.
—Tranquila, todo lleva tiempo. Al menos has comenzado por resolver la angustia de no sentirte querida por tu padre. Esa idea arraigada que habías arruinado su vida.
—Él en verdad fue feliz porque nací. Es que nunca hablamos de lo que siente. Quizás tampoco le hubiera creído si me lo confesaba. Fue una suerte que otro me lo dijera. Mi tía.
—Me alegro, Bianca.
—Lamento no recuperar el tiempo perdido. Ese alejamiento que mantuve por años. Eres muy inteligente —bromee—. ¿No conoces el secreto de cómo regresar el pasado?

Rio.

—Soy psicólogo, no mago.

Reí.

—Debes asumir que lo hecho, hecho está. Solo podrás mejorar presente y futuro. Aférrate a eso y no mires atrás.
—Lo sé… ¿Sabes qué?
—Dime.
—Creo que Sebastien actuó como mi padre. Salvando diferencias de la situación, él también eligió a su hijo. Siento que estoy orgullosa en ese sentido. Al igual que hoy con mi padre. Pero duele recordar que mi marido no me hizo partícipe. Sé que no ayudé. Él tampoco. Tengo miedo… Miedo que algo se haya roto entre los dos.
—Ah… En eso no podré ayudarte. Te enterarás cuando lo tengas frente a frente.
—Muero por verlo. Lo necesito. Quizás fue en parte venganza y quise que se sintiera desplazado. Que fuera mi problema, mi conflicto. Solo mío. Como él acaparó a Nicolay. Sé que lo hizo sin querer dañarme, pero lo hizo. Y duele.
—Entonces ve y dile lo que piensas. Nicolay es su hijo pero ahora será parte de los dos.
—Dimitri… Hay algo más… Siento dentro de mí que Olga estará sufriendo. Siento la culpa, ¡cielos! Son tantas cosas en mi cabeza.
—Calma, tú lo has dicho. No te interpusiste en nada. Lo de Olga ya no existía.
—Lo de Olga y Sebastien ya no existía. Pero Nicolay no lo verá así. Sé que su tía lo piensa. No soy nadie para él.
—Lo que piense Ekaterina no debe importarte. ¡Mándala al cuerno! Es Nicolay quien tiene la respuesta.
—Tienes razón –sonreí—. Gracias, de verdad me has ayudado mucho a desahogarme. Me sentiré mejor cuando siga tu consejo.
—Un placer. Ahora si me permites, regresaré a Moscú. Hace dos días no veo a Anouska y la extraño.
—¿Has estado dos días buscándome por Banff?
—No, mi madre supo orientarme muy bien según lo que habías contado. Pero no vengo de Moscú. Acompañé a Iván a la tumba de Olga. Él tenía una amistad con los errantes y le pareció ético llevarle flores.
—¿La tumba de Olga?
—Sí. En el Paso Dyatlov, Siberia.

Se puso de pie y apagó el cigarro en el cenicero.

—Dimitri… Se me ocurre… ¿Sería mucho pedirte si me dices dónde están sus restos?
—¿Quieres saber dónde están sus cenizas?
—Por favor.
—Por supuesto, te lo diré. ¿Puedo preguntar por qué quieres saberlo?
—Es que… iré a su tumba.

Me observó fijo. Estudiando si mi pedido era una frase arrebatada. Al fin asintió.

—Si crees que te hará sentir mejor no me parece mala idea.
—Gracias. Necesito hacerlo. Por mí y por Nicolay.

Anouk.

El día del juicio había pasado. La breve noche surgió con un rotundo triunfo para Sebastien Craig y su hijo. Nicolay merecía usar su verdadero apellido y ocupar el lugar que por derecho tenía. Quizás el niño no asimilaba lo importante de ser nieto del líder de los vampiros. Estaba convencida que eso llegaría con el tiempo, pero hoy por hoy él solo necesitaba a sus tres padres juntos. Lo noté en su rostro, en cada gesto, en sus escasas frases. A pesar de tener al alcance los juguetes que cualquier chico hubiera deseado, la melancolía ganaba su corazón y era difícil disimular.

Creo que a Sebastien también lo preocupaba. Sentado en el sofá no perdió de vista a Nicolay ni aun cuando el amigo de Bianca llegó con Drank para saber sobre ella. ¿Qué ocurría con la dama de los Craig? ¿Tanto le había molestado la existencia de un hijo extramatrimonial? Bianca no parecía un ser frío y superficial. Según Rose las cosas no venían bien desde hace meses.

Sentada en la cama de la habitación de mi amiga hojeaba el itinerario que tendría por la mañana en un Jardín de Infantes, en el centro de Kirkenes. Mi tarea sería acompañar a la maestra titular y aprender de ella. Seis meses convertida en practicante cuando moría por tener a cargo mi propia aula. La paciencia no era mi virtud, sin embargo no tenía otra salida que esperar. ¿Cómo sería mi grupo de alumnos? ¿Me querrían? ¿Regresaría a la mansión con un ataque de nervios por tanto grito, llanto, y travesuras? ¿Tendría razón mi padre y sus dudas sobre mi intolerancia a los berrinches infantiles? Creería que no. Consolar a los niños lo sentía como algo sublime. Porque cualquiera consuela a un adulto. Frases como, “ya verás que todo se soluciona” o “no es tan grave el problema”, suele decirse para levantar el ánimo de quien te escucha. Pero a veces no es la realidad. Las cosas no se solucionan siempre de la noche a la mañana aunque no es lo que dices. Sobre todo si es un amigo el que sufre deseas que esté mejor y recurres a esas mal llamadas “mentiras blancas”. Pero con los niños es diferente. Más allá del vocabulario limitado que debes usar, no puedes mentirles. El valor de la verdad para ellos es lo primordial, por el simple hecho que si te descubren, no volverán a confiar en ti. Ellos no entienden de la diplomacia necesaria y la elegante ubicación. Los niños quieren la verdad.

Así fue con Nicolay esta tarde. Supe que valoró mi abrazo silencioso antes que rompiera a llorar. Y lloré con él. ¿Qué podría haberle dicho para borrar sus lágrimas? “Tranquilo, pronto vivirás con Boris, Brander, y Sebastien. Ellos se llevarán muy bien.” Eso hubiera sido una burla a su intelecto. Más si se trataba de Nicolay. Parecía muy inteligente para sus pocos años.

Rose entró a la habitación con un libro bajo el brazo y el ceño fruncido.

—Joder con la aritmética, gracias a la memoria que tengo una cosa es saber historia, geografía, y lenguaje. ¿Pero polinomios? ¿Quién los inventó? –lanzó el libro sobre la cama.

Sonreí y cogí el libro.

—Hay varias versiones, querida Rose. Dicen que hasta en papiros egipcios se han encontrado ecuaciones de ese tipo. Ahora si van a datos concretos, Diofanto de Alejandría en el siglo III escribió una obra llamada Aritmética, donde creaba signos y abreviaturas que sería la simiente o la semilla de la asignatura que debes rendir. No te preocupes. Mis tres años en arquitectura me dieron un amplio conocimiento en cálculos y mediciones. Te ayudaré.
—Gracias Anouk. Mientras me explicas ordenaré el ropero. No te imaginas que desastre tengo con mi ropa.
—No, Rose. Debes sentarte a mi lado. No entenderás nada.
—Está bien. Solo deja que busque que ponerme mañana entre tantas prendas revueltas.

Me descalcé y me senté como Buda con el libro sobre las piernas.

Al tiempo que mi amiga lanzaba diversas prendas fuera del ropero en su búsqueda afanosa, me dediqué a leer las primeras hojas de ese libro que para cualquier no entendido sería chino básico.

—Y digo yo, ¿dónde irás mañana que estás taaan interesada en lucir bien?
—Rindo historia. Fue fácil estudiar y memorizar. Creo que me irá genial.
—Por supuesto. Insisto, ¿quieres conquistar al profesor con tu atuendo provocativo?
—No, Anouk.
—Es que te noto muy interesada en la ropa.

Mis ojos se desviaron a una prenda particular que había caído sobre el edredón. La cogí con una mano y sonreí mientras se balanceaba en el aire.

—¿Esto es una bufanda o una falda?

Giró la cabeza y rodó los ojos.

—Siempre tan graciosa. Es una minifalda y me queda muy bien. Pero no es lo que busco. Quiero algo que impresione.
—Ah pues, ahora no me dirás que solo irás a rendir examen. Dime la verdad, ¿dónde piensas ir? ¿Conquistarás a un humano para llevártelo y almorzarlo?
—No. Bueno, ver a un humano en particular… Sí es parte de mi plan.

Lancé el libro a un costado y crucé los brazos sumamente interesada.

—¡Cuenta quién es!

Se alejó del ropero y se sentó en la cama con cara de derrota.

—No te rías de mí. Es que… pienso pasar por la comisaría y ver a ese policía que me gusta tanto.
—¡Pero Rose! Él quizás no te recuerde. Lo has visto una sola vez. Ese día después de la quermese.
—Lo sé. Es que si no provoco que me vea otra vez se olvidará de mí.
—¿De verdad te gusta tanto?

Encogió los hombros.

—Al menos ningún macho ha ocupado mis sueños como él. ¿Sabes? Lo imagino desnudo teniendo sexo conmigo.
—¡Ay no quiero escuchar detalles! –me tapé las orejas.

Rio.

—Ni yo te los contaría. Aunque no parezca tengo recato. De todas formas no te asombraría. No dirás que nunca te has imaginado con Drank en una cama.
—¡Ay Rose!
—¿Qué? –Rio otra vez—. Todos lo hacemos. Es normal. Lo único malo es que después se cumpla tu sueño y no sea tan bueno como lo imaginaste.
—¿Qué podría pasar que no fuera igual a mi sueño?

Su carcajada cristalina reverberó en la habitación.

—¿Lo ves? Sí te lo has imaginado.
—Calla.
—Oye… ¿Has visto cómo te miró?
—¿Cuándo?
—Cuando tú estabas con Nicolay, abrazándolo.
—No, sinceramente mi mente estaba fija en consolar a ese niño.
—Sí, te miró de una forma diferente a otras veces. Y en cuanto a Nicolay, no entiendo porque no está feliz. ¡Ser hijo de Sebastien! Debe ser grandioso tener un padre tan importante.
—Es que a su edad eso a él no le importa. Quizás cuando crezca.
—Daría todo porque alguien tan célebre me reconociera. Debe ser la gran ausencia de padres en mi vida. Mi madre murió y quien me engendró nunca se supo su nombre.
—Rose, me da mucha pena que no sepas tu origen paterno. No sé cómo ayudarte.
—Tú me escuchas y me das consejos. Créeme que lo valoro… ¿Sabes? Cuando era muy jovencita y vivía en las cumbres, Adrien se reunía con sus guerreros. Esos vampiros poderosos y valientes. A veces alguno de ellos se apartaba para hablar a solas con él. Yo los observaba y por dentro ansiaba que alguna vez uno de ellos confesara ser mi padre. Le diría, “Adrien he descubierto que mi hija es Rose”. Y mi vida cambiaría… Pero eso no ocurrió. No soy hija de ningún guerrero. Quien sabe con quién se habría acostado mi madre cuando me concibió.

Negué con la cabeza, entristecida por su historia.

—Es una pena. Ahora debes pensar en tu futuro. En ser importante por ti misma. Eso Tiene el doble de valor, ¿entiendes? Puedo ser una Gólubev, sin embargo si continuaba caminando por el mundo solo portando mí apellido, sería como cualquier ente al que le ponen nombre. En cambio así, con mis propios valores y conquistas estaré orgullosa de lo que soy.
—¡Cómo has cambiado Anouk! Pensar que eras una niñata insoportable.

Reí.

De pronto, recordé.

—Rose, cuenta. Hablando de los guerreros, ¿es cierto que Bianca está con uno de ellos?
—Eso escuché. Scarlet la visualizó. Está en Canadá. Parece que se trata de Odin. Me puso feliz saber que sobrevivió a la helada mortal. Aunque no sé cómo llegó hasta allí y quienes están con él.
—El que no debe estar feliz es Sebastien.
—Al principio contó Sara que le dio un ataque de celos –rio—. Es que no imaginas a Odin. Es muy fuerte y musculoso. Sin embargo jamás le haría una traición a los Craig. Tampoco lo pienso de Bianca.
—Ahora tus sueños dejarán al policía y correrán en brazos de Odin.
—¡No! Nunca vi a Odin con esos ojos. El era… ¿Cómo decirte? Conmigo siempre fue muy atento y caballero. Me quería mucho y decenas de veces me protegía como un tesoro. Es que yo daba pena por ahí tan pequeña y sola.
—¡Basta de tristezas! Es hora de ponernos con la aritmética. ¿Cuándo rindes este examen?
—Dentro de tres semanas.
—Bien, tendremos tiempo para desentrañar los misterios de las ecuaciones.

Drank.

Bernardo condujo hacia el centro de Kirkenes después de partir de la mansión Craig. Debíamos llevar leña para abastecer cuatro hornos en panaderías. En su rostro se notaba la preocupación por Bianca y la famosa huída. Según él, ambos se amaban y solo estaban pasando una crisis de pareja, pero el hecho que poco y nada se supiera de su amiga, lo inquietaba.

El más importante guardián de Gloria y por ahora alfa de la manada, se mantuvo callado los primeros quince minutos de viaje. Era extraño en él verlo callado y meditabundo. Bernardo era muy sociable y alegre. Sin embargo lo entendía perfectamente. Si a Liz pasara por algo similar, también me preocuparía.

La escena de la sala vino a mi mente. Anouk se veía triste junto al niño. Me ocasionó ternura ver como lo consolaba. Ahora Nicolay debía adaptarse a su nueva vida. No sería fácil…

Al llegar al primer negocio descargamos la leña y mantuvimos un diálogo cordial con nuestro cliente. Uno de los panaderos más importantes de Kirkenes. Era una suerte que necesitaran de nosotros para alimentar los hornos, aún en época de primavera. Ya que los hogares de familia no permanecían encendidos por el agradable clima. La venta de leña era una de nuestras fuentes de ingresos. Quizás la más importante, junto con el producto de algunos cultivos como hortalizas, y los bellos tejidos en manos de hembras creativas y laboriosas. La madre de July, novia de Louk, era una de ellas. Desde tapices sami, alfombras, y vestimenta típica diversa.

Muchas de las hembras de la manada, sobre todo las jóvenes, se dedicaban a estudiar carreras que les permitieran insertarse en el mundo común de los humanos. Lejos habían quedado esos lobos apartados, en una reserva que aún guardaba secretos. Pensaba que cuánto más los humanos tendrían contacto cotidiano más debían cuidar su raza legendaria. Según se dice, todo lo que el humano toca lo destruye. Esperaba que no fuera así para mis queridos licántropos.

Cuando habíamos terminado el recorrido y en viaje de regreso, Bernardo preguntó por mi padre. Le conté que había llamado antes de ayer y que por el mail de Roxane había visto fotos de su nueva casa. Me alegraba por mi padre. La vida le había dado oportunidad de reencontrarse con un gran amor y nada menos que con su hija. Yo era un adulto hace tiempo para andar con celos ridículos y reclamando amor paterno. Mi infancia y juventud no tenía nada que envidiar en ese aspecto. Me tocaba seguir mi camino aunque él estuviera lejos, forjar mi futuro, y quizás algún día tener mi propia familia.

Debo decir que me sorprendía pensar en ello. Hasta hace meses, no imaginaba poder enamorarme otra vez y desear vivir en pareja. Sin embargo el tiempo cura, el tiempo ayuda a desear volver a empezar. Y aunque no tenía mi corazón puesto en alguna chica, algo me decía que la vida me daría otra oportunidad.

—¿Qué tal la llevas?

La pregunta de Bernardo hizo que dejara de ver el paisaje atardeciendo tras la ventanilla y mirar al conductor.

—Bien, ¿te refieres a la convivencia en la reserva?
—A tu vida, en general.
—Ah… Pues,  bien. Tengo amigos y trabajo en lo que me gusta. Amo el bosque y la naturaleza. La primavera en la reserva es maravillosa.
—Lo es. Yo también pisé estas tierras en invierno y se me hizo difícil al principio. Era un chico de ciudad. Después todo fue más ameno. Amigos, trabajo, familia.
—Sí, me han ayudado mucho y ya no soy el mismo de antes.
—Lo recuerdo. Te veías triste y apartado, a pesar de que siempre se ha notado que eres un hombre sociable. Es una suerte para nosotros que estés aquí.
—Gracias, pero no creo haber aportado demasiado. Más recibí de ustedes.
—No te creas. Muchos de los jóvenes que ahora son tus amigos no tenían en claro el valor de la amistad. Don que has rebelado en poco tiempo.
—Gracias. La reserva me brindó mi lugar en el mundo. Drobak es maravilloso pero Kirkenes también lo es.
—Y dime –carraspeó—, ¿qué tal tu corazón? Te veo más animado a pesar de…
—¿De Liz? –lo interrumpí.
—Sí... Es que la he visto a menudo por la reserva. No es que me moleste. Liz es una querida amiga y excelente chica, pero…
—Estoy bien, no te preocupes.
—¿Ya no la amas?

Dudé.

—No podría decir que ha salido de mi corazón. Liz siempre será especial para mí. Lo que ocurre es que… No sé… La veo feliz con su embarazo y ya no puedo imaginármela de otra forma.  Siendo la madre orgullosa de su futuro hijo ya no la sueño entre mis brazos. Es como si mi amor hacia ella tuviera otro matiz.

Sonrió.

—Creo que ya no piensas en ella como tu único amor, y eso está perfecto. Renunciar y soltar es también un don de aquellos que actúan con dignidad en la vida. Te lo mereces. Ya verás que en alguna parte del mundo alguien te amará con la misma intensidad que tú. Nunca hubiera creído que Sabina se fijaría en mí y ya ves. Un hogar, dos hijos, y la felicidad cada día que vivo. Claro que no debes pensar que es todo lecho de rosas, ¡eh!

Reí.

—Lo imagino.
—No señor, las hembras a veces son jodidas. También nosotros, ¿por qué no? La convivencia no es fácil. Día a día aprendes cosas nuevas, por ejemplo, a no fumar en una habitación cerrada, no dejar tus calcetines por doquier, y cerrar bien la heladera si fuiste por algo. ¡Ay de mí cuando se enfadan!

Reí otra vez.

—Pero cada noche, esos detalles se olvidan. Porque en los brazos de quien amas todo es mejor. Tus enojos y sus enojos se disipan. Al final solo quieres volver a ella y ella a ti. No puedes concebir un mundo sin que sus ojos te miren con ese amor genuino. Por eso me preocupa Bianca… No debe estar pasándola bien.
—Quizás regrese en estos días.
—Quizás… ¿Qué tal Nicolay? Me ha parecido un chico estupendo, aunque lo vi triste. Debe ser por lo que tuvo que pasar en el juicio. No es agradable para ningún niño. Pero es un Craig. Debe llevar el apellido.
—Sí, me pareció un niño muy dulce. Anouk lo consolaba.
—¿Anouk?
—La vampiresa de ojos púrpura. Es una Gólubev. Tengo entendido que es un aquelarre ruso.
—Ah sí… No reparé en ella. Estoy preocupado por Sebastien, no lo vi bien.
—Es normal si tu amiga se fue.

Mis ojos se fijaron en unos renos que comían gramilla a la vera del camino. De pronto la imagen de hace unas horas en la sala volvió a mí.

Anouk estaba arrodillada en la alfombra y abrazaba al niño. Sus ojos púrpura se notaban llorosos. Lucía apenada por la situación. Por un instante le habló al niño mirándolo a los ojos. No supe que estarían hablando pero la ternura con que se dirigía a Nicolay me enterneció por entero. De punta a punta. Me hizo sentir extraño. No sabría cómo explicarlo. Tuve ganas de quitarle esa tristeza, de abrazarla y consolarla. Por un instante morí porque esos ojos me miraran y poder decirle, “aquí estoy si me necesitas”. Solo me quedó claro que hasta hoy, ninguna hembra había entrado en mi corazón de esa forma tan extraña, como lo hizo Anouk esta tarde.




























11 comentarios:

  1. Hola, Lou... Bueno, pues después de lo que le ha dicho la tía Jackie a Bianca pensé que Bianca regresaría a Kirkenes,,, pero no, parece que Bianca piensa ir a Siberia para ver la tumba de Olga
    Bianca puede sentirse bien... su padre la quería, y mucho... quien no la quería era la familia paterna
    No sé si Adrien y Olga habrán podido escuchar a Sebastien... pero ha sido muy emotivo
    No podía ser de otra forma... Sebastien quiere ver a Nicolay feliz... y hará todo lo que esté en sus manos por conseguirlo
    Creo que Drank ya se está fijando en Anouk ;-)
    Me ha encantado, Lou... Solo puedo felicitarte por otro estupendo capítulo
    Besos

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    1. ¡Hola Mela! Yo también lo pensé por un momento pero creo que regresaría sin resolver otras cuestiones que ya te enterarás. A veces elegimos nuestro futuro, dejamos algún proyecto nuestro pero el resultado es más valioso. Creo que así ocurrió con Eridan.
      Adrien y Olga me temo no han escuchado. Al menos Sebastien pudo hablar con el corazón y en soledad.
      Sí, quiere ver a Nicolay feliz, veremos que hará.
      Drank va por buen amino al tratar de no pensar en un amor imposible. Si Anouk será quien lo ayude... tendremos que esperar.
      Muchas gracias por acompañarme en cada capi. Un beso enorme y buen fin de semana.

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  2. Holaaaaaaa, la tía de Bianca ha sido muy sincera. No entiendo por qué Bianca quiere ver la tumba de Olga. Me da que Sebastien se va a desesperar y está hecho toooodoooo un padrazo!!!
    El capi es preciosooooooooo!!!!

    Besotes!!!!!

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    1. ¡Holaa Merk! La tía Jackie ha dicho la verdad, y fue lo mejor para Bianca.
      El lugar donde se encuentran los restos de Olga quizás ayude a Bianca a abrir su corazón. Aunque ese lugar sea simbólico y ella no escuche.
      Sebastien tienes razón, pienso que perderá la paciencia, a lo mejor es divertido.
      Es un buen padre, debe pensar primero en Nicolay. Así parece, veremos.
      Muchas gracias por comentar, me alegras con tus comentarios. Un besazo enorme y buen fin de semana.

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  3. La familia del padre de Bianca enredo porque sabian que el padre estaba enamorado de otra pero el padre a la hija la quiso pero seguia enamorado de la otra.Bianca hace mal de no volver donde esta Sebastien.Me gusta mucho esta historia.Besos.

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    1. ¡Hola Ramón! La reunión de Bianca con su tía ha sido un tanto improvisada pero creo que al menos se ha ido con una idea del pasado.
      Bianca debería regresar a Kirkenes, pero la autora tiene otros planes. Esperemos que Sebastien comprenda.
      ¡Muchas gracias Ramón! Un abrazo grande.

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  4. Hummm...Bianca a Siberia y Sebastien pensando en soltar a Nicolay. Ambos se equivocan y los errores pasan factura. A veces muy caras.
    Bso

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    1. ¡Hola Ignacio! Creo que Sebastien piensa que es lo mejor para Nicolay. Bianca espero que encuentre un aliciente a su angustia. Ojalá todo sirva para bien.
      ¡Muchas gracias Ignacio por comentar! Un gran abrazo.

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  5. Buen capítulo esperó que Bianca y Sebastien algún día hablen veamos que pasa con Drank y Anouk, Te mando un beso

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  6. A Bianca le hizo bueno hablar con Dmitri, ojalá que ella regrese con Sebastien y que hablen de como se siente ella, se pueden arreglar las cosas entre ellos pero hay que dar ese paso primero, muchas gracias por el capítulo Lou!!!

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  7. Muy buen capitulo preciosa!!!,, tienes una mente maravillosa,, espero seguir leyendote más,, millones de besos preciosa. :* <3

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