Saga para + 18

Iris púrpura es el cuarto libro de la saga Los Craig. Para comprender la historia y conocer los personajes es necesario partir de la lectura de Los ojos de Douglas Craig.

La saga es de género romántico paranormal. El blog contiene escenas de sexo y lenguaje adulto.

Si deseas comunicarte conmigo por dudas o pedido de archivos escribe a mi mail. Lou.


sábado, 20 de agosto de 2016

¡Holaaa! Aquí entrego capi 5. Unas escenas cotidianas y un secreto que nos llena de intriga. Muchas gracias por estar aquí. Besotes.



Capítulo 5.
Lo inesperado.

Sebastien.


Cuando entre en la habitación en penumbras, Bianca dormía. Estaba de espaldas a la puerta y de frente a la ventana. Posiblemente si hubiera sido humana no hubiera despertado con mi sutil presencia, pero era una vampiresa, una bella vampiresa, y el menor ruido la ponía en estado de alerta.
Mucho más si los sonidos venían de mi ropa al caer en el suelo.

Rodee la cama y me quedé inmóvil junto a las cortinas corridas.

Abrazada a la almohada abrió los ojos y sonrió. La penumbra no permitía que contemplara perfectamente sus gestos como si fuera de día pero al menos su sonrisa y su iris rojizo destelló con la luz de los faroles que iluminaban el parque.

Sonreí.

-Hola amor, ¿me has extrañado? –murmuré.
-Sí…
-¿Cuánto? –pregunté en tono seductor.

Ella deslizó una de sus manos hasta apartar completamente la sábana.

-Lo suficiente para esperarte desnuda.

Mi lengua mojó los labios hambrientos de besos. Mis ojos se dilataron al poder contemplarla en tonos claros y oscuros una vez más en nuestra cama. Mi corazón cambió el ritmo lento y pausado de los vampiros y aceleró el pulso. Mi piel comenzó a arder de imaginar el contacto. Los músculos se pusieron rígidos, todos.

No había célula de mi organismo que no estuviera preparándose para ese febril encuentro. Todo de mí ansiaba poseerla y que me poseyera, en alma y cuerpo como siempre.

-Te extrañé –balbucee por el deseo que se apoderaba de mí a pasos agigantados.

Como buena fémina volvió a sonreír. No tiernamente, sino con la seguridad que tienen las hembras de tener a su macho a los pies.

-¿Sabes? –me dijo al acercarme-. Soñaba contigo.

Respiró profundo absorbiendo el aroma a jabón y al perfume que a ella le gustaba.

Me había bañado antes de viajar a Kirkenes porque no deseaba hacer ruido en la habitación y sorprenderla dormida.

-¿Sí? ¿Y qué soñabas? -susurré gateando sobre la cama hasta ella.

Apoyado en mis rodillas mis piernas quedaron a cada lado de su cuerpo.

Sus ojos se encontraron con los míos.

-Soñaba… -susurró mientras las yemas de los dedos dibujaban círculos en la piel de mis caderas-. Soñaba que estábamos desnudos, en la cama, como ahora…
-¿Y qué más? –mi respiración provocó que mi pecho se expandiera buscando más aire.
-Yo… te recorría con mi boca cada centímetro de tu cuerpo mientras tú gemías. Así…

Se inclinó hasta que sus labios helados se apoderaron del pequeño pezón.

Dejé escapar el aire disfrutando la electricidad al sentir la lengua lamer y jugar con la protuberancia. Las manos recorrieron mi espalda y se detuvieron en mis glúteos. Hincó cada uno de sus dedos como si yo fuera a escapar, como si yo quisiera escapar.

Su boca abandonó el juego por segundos. Sólo para adueñarse del otro pezón y hacerme retorcer de ansiedad.

Tenía una boca sabia en la cama y no ignoraba que se sentía orgullosa de ello. Tenía motivos para ser vanidosa. Era experta en el arte del sexo oral, cuestión que yo agradecía.

¿Qué macho no se volvía loco por ver la boca amada saborear con gusto hasta los rincones más recónditos de tu ser? Ella me hacía sentir poderoso porque ella lo disfrutaba. Era mi cuerpo el que ella deseaba morder y degustar. Era mi sexo el que ansiaba tragar entero y chupar hasta volverme loco.

Se detuvo para mirarme. Mis ojos entre abiertos la contemplaron expectantes.

¿Qué seguía?

-¿Disfrutas haciéndome esperar? –sonreí.

Sonrió y una de sus manos acarició la parte interna de mis muslos pero volvió a detenerse. Los ojos brillaron al ver mi falo duro y se relamió.

-El postre es lo último, querido mío, siempre es lo mejor.
-Cógelo, cógelo fuerte y fricciona. Ardo por sentir tu puño cerrado en mi sexo.

Una sonrisa ladeada me demostró que no era yo quien ponía condiciones, no en la cama.

-Tú eres el líder de los vampiros –susurró alejando su mano de mi entrepierna ardiente-. Tú mandas y ordenas nuestra raza… -acarició mis pantorrillas y muslos con desesperante lentitud-. Pero… Tú sabes… En la cama… En la cama soy yo la dueña de cada minuto. Desde que comienzas a derretirte en mis brazos… hasta que te dejas llevar por el profundo placer de cada orgasmo.

Jadee…

Mirándome a los ojos como si quisiera absorber ese placer que estallaba en mis pupilas continuó susurrando en una voz que acariciaba.

-¿Lo sabes verdad? Conoces de memoria que soy dueña de tus gemidos, tanto, que puedo dirigir como quiero esa perfecta sinfonía de tus quejidos –acercó la boca peligrosamente a la cabeza de mi sexo.

Mi cuerpo tembló de anticipación.

-Sólo una lamida, por favor. Mójalo –supliqué.

Eternos esos segundos esperando su respuesta. Sin embargo parecía no haberme quedado claro. Lo haría cuando lo creería conveniente y no iba a ceder ante mi pedido desesperado.

-Eres una perversa –me atreví a acusar.

Sonrió.

-Me conoces tan bien…

Sus manos a cada lado de mis caderas hicieron el pequeño esfuerzo de elevarme un poco. Lo suficiente para dejarla escurrirse por debajo de la entrepierna.

-Me gusta empezar por aquí…

No tuve tiempo de protestar. Una seguidilla de besos húmedos recorrió la piel sensible de mis testículos llenos.

Me arquee tirando la cabeza hacia atrás. Sintiendo el desgarro de mis encías y el roce de cada punta de mis colmillos filosos en mi labio inferior.

Gruñí percibiendo con delicia como se apoderaba y lamía la piel tersa y tirante.

Mis caderas se moviendo en un suave vaivén y llevé la mano a mi miembro.

Friccioné para darme alivio aunque no lo conseguí del todo. Para eso ella debía hundir su boca en cada centímetro de mi virilidad.

La respiración cada vez más entrecortada y constante acompañó la expansión de mis pectorales que crecían en volumen y dureza.

Chupó delicadamente cada testículo mientras los dedos expertos rasgaban superficialmente mi pecho agitado.

El vaivén de mis caderas cambió el ritmo. Noté la humedad escurrirse por la cabeza del falo y apreté mi puño.

Jadee y emití un gemido peligroso que la puso alerta.

Se deslizó cambiando de posición hasta tener mi miembro muy cerca de su boca. Sí… Conocía hasta el menor sonido de mis gemidos y sus significados. En un acto inteligente propio de ella, decidió no hacerme esperar más.

Una de mis manos se apoyó en la cabecera de la cama al tiempo que su lengua recogía las gotas de pre semen.

-Por favor –rogué.

Al sentir sus labios cerrarse en la cabeza hinchada y palpitante dejé escapar un quejido lastimero, pero placentero a la vez. Lamió repetidas veces hasta que en un glorioso momento su boca me tragó por completo.

-¡Mi amor! –grité inmóvil.

La sensación de tenerme a su merced me gustaba, lo disfrutaba. Ella lo sabía perfectamente.

Comenzó a chupar a un ritmo desesperante. Hundía su boca hasta la base para después dejar deslizar y salir mi sexo lentamente.

Los dedos de mi mano libre se enredaron en su cabello largo y negro y tiré con la desesperación de hallar el alivio final. Supe que sonreía.

Lamió a lo largo de la gruesa vena para retomar el placentero trabajo de hacerme llegar al éxtasis. Ese instante que no sabes cómo te llamas ni quién eres. Sólo puedes afirmar que eres de ella, que le perteneces por completo. Que podría quitar tu vida si lo quisiera. Porque quedas sin defensas, despojado de todo.

Entonces… su boca y mis caderas congeniaron los movimientos, uno tras otro. Acelerando el ritmo, en comunión. Yo… buscando estallar de placer y amor en su boca. Ella… que me derramara en una locura de entrega total.

No podía dar más de mí de lo que ya le había dado cada día desde que la había conocido. Sin embargo, cuando el orgasmo se adueñó de mi cuerpo abandonando el raciocinio y la cordura, supe que mi cuerpo podía morir y revivir entre sus brazos haciéndome suyo como si fuera la primera vez. Como si algo nuevo y más fuerte surgiera al hacernos el amor.

El temblor que se adueñó de mi cuerpo fue acompañado por esas descargas de goce discontinuo. Es como si en esos segundos te separas del suelo y flotaras. Creería que es un instante en que el alma abandona el cuerpo sin llegar a morir.

Si tuviera que detallar cada momento del después no sabría. La cordura tarda en llegar si aún estás en los brazos amados. Sólo sé que me encontré sentado con ella a horcajadas en el centro de la cama.

Nos miramos a los ojos. Su borgoña lucía el brillo del deseo aún no satisfecho. Mi plata aunque saciado esperaba por más. Siempre por más…

Descendió lentamente hasta meterme dentro de ella. Dejó escapar el aire y aproveché ese mal momento llamado debilidad para tomar el control. Cogí sus caderas y comencé ese vaivén exquisito… Despacio pero firme y continuo.

Nuestras bocas se encontraron en un beso apasionado, devorador. Sólo en tres oportunidades separé mis labios hinchados para apoderarme de sus pechos. Acariciar su espalda desnuda hasta su perfecto trasero, sentirla gemir, escuchar sus “te amo” entrecortados era un inminente pasaje al delirio y goce final.

Verla abandonarse entre mis brazos, contemplar cuanto me deseaba, significaba no poder pedir nada más a la vida. Mi padre decía siempre, “Sebastien, hacer el amor con la hembra que amas es una suerte que a no todos nos llega, vívelo como si fuera el último minuto de tu vida”.

Y eso hacía cada vez que Bianca y yo nos uníamos en uno solo. Desde aquella primera vez en mi habitación lo había intuido.

Podría gritar al mundo que era totalmente dichoso y no deseaba nada más. Sin embargo, no sólo el ser humano es codicioso. Los vampiros también lo somos…

Al cabo de una hora, ya en reposo, aún con Bianca entre mis brazos giré mi cabeza para notar el blíster de pastillas anticonceptivas sobre la mesa de luz. Bianca siempre se había cuidado de no quedar embarazada desde que tuvimos nuestro primer encuentro íntimo. Era muy responsable y agradecía ese detalle. Los machos siempre teníamos la maldita costumbre de delegar. Creería que no por darles el trabajo y la carga a las hembras, sino porque nadie mejor que ellas para conocer el momento oportuno de engendrar una vida. Sin embargo, hacía meses que venía con  una idea rondando en mi cabeza…

¿No era tiempo de que tuviéramos un hijo? ¿Qué pensaría ella de ser madre? Dudaba que sintiera necesidad. Conociendo a Bianca como la conocía ninguno de los deseos que fuera ansiar con su corazón lo tendría guardado en secreto sin exteriorizarlo de una forma u otra.

Miré hacia el techo y Bianca se escurrió entre mis brazos acomodándose mejor. Su bello perfil estaba apoyado en mi pecho y una de sus manos descansaba descuidada a la altura del ombligo.

-Te amo –murmuró.

Sonreí.

-Yo también.

¿Era el momento de preguntarle algo tan importante como tener o no un bebé?

Yo era muy valiente. Lo había demostrado infinidad de veces incluso enfrentando a Agravar. Pero aunque sonara ridículo, el hecho de enfrentarme a Bianca con tan importante pregunta me inquietaba.
¿Ella me conocía? Sí, mucho. Por eso cuando mi corazón cambió levemente el latido ella levantó el rostro y apoyó la barbilla mirándome a los ojos.

-¿Por qué estás nervioso?

Titubee.

-No… No estoy nervioso. ¿Por qué debería estarlo?
-No sé… -frunció el ceño.

Nos miramos fijo.

-¿Me has sido infiel?
-¿Qué? No me ofendas, Bianca. ¿Tú crees que yo hubiera podido estar en la cama y en tus brazos no sintiéndome culpable?
-Okay, perdón. Sin embargo sé que algo quieres decirme y no te animas. ¿Si no es otra hembra entonces que es?
-Un bebé.
-¿Qué?

Lo había largado sin anestesia. Mejor, nunca hubiera podido decírselo si medía palabras e instantes apropiados.

-Lo que has escuchado. Un bebé. Un hijo. Quiero preguntarte si quieres quedar embarazada. Eso…

Abrió la boca y se sentó en la cama de frente a mí.

-¡Ay caray! ¿Desde cuándo tienes deseos de tener un bebé?
-No sé –dudé-. Pero no creo que sea lo importante de nuestro diálogo. Que lo haya pensado hoy o hace un mes es indiferente a tu respuesta, supongo.
-Sí… Sólo que me llama la atención. No he notado nada que me hubiera señalado tus deseos de paternidad. Sobre todo teniendo dos hijos adultos.

Pasé la lengua por los labios resecos por los nervios.

-Lo sé, Bianca. Ya sé que tengo dos hijos adultos. Uno adoptado como si fuera mío y otro con una hembra que no eres tú. ¿Se entiende a dónde quiero llegar?
-No te enojes.
-No me enojo. Me desencanto.
-¿Por qué? No te he dicho que no quiero un hijo tuyo.

Rodee los ojos.

-Bianca, no necesitas decirme que no lo deseas. Soy inteligente. Tu reacción no ha sido de una hembra que quiere ser madre. Pero no te preocupes. No juzgo tu decisión, sólo me he desencantado.
-Quiero tener un hijo tuyo… No ahora.
-¿Cuándo?
-Ay Sebastien, no sé. Más adelante.

Me senté en la cama y di un salto avanzando hacia el baño.

Adiviné que me quedaría mirando así que cerré la puerta y abrí la ducha.

Ahora vendría tras de mí con la excusa que nunca había rechazado la idea etc, etc.

Me metí en la ducha y cerré la mampara.

Me sentía enojado. Es cierto, no lo había dicho pero no esperaba ese gesto de sorpresa como diciendo, “¿nosotros un hijo? ¿Estás loco?”

-Sebastien.

La voz llegó tras la mampara. Bianca había entrado al baño para darme explicaciones sobre su reacción. Uf…

-Bianca te pido por favor no agregues más nada a nuestra conversación. Ya he entendido. No quieres un hijo, punto.
-¡No puedes ser tan terco e intransigente! No he dicho que no quiero, sólo me sorprendí de que lo quisieras ahora.

Hice a un lado la mampara y la miré. Lucía una cara de pena y arrepentimiento.

-No te preocupes no es nada malo que no quieras un hijo mío. Debes tener muchos miedos te entiendo. Sólo me desilusioné.
-No es miedo, Sebastien. Bueno, sí, un poco lo es. Pero no tiene que ver que sea o no tu hijo. El hecho de ser madre…
-Calla Bianca, te pido por lo que más quieras. No deseo que vivas los nueve meses pensando que podrías llegar a parir un monstruo.

Esta vez ella cerró la mampara y tan fuerte que casi me aprisiona los dedos.

-¡Mierda Bianca!
-Vete a la mierda, Sebastien!
……………………………………………………………………………………………….................

Bajé las escaleras como si el diablo me llevara. Charles ayudaba a Margaret a sacudir los almohadones del sofá. Levantó la vista y me miró.

-No quiero que se te ocurra la brillante idea de preguntar como estoy, menos hacer comentarios chistosos.

Avancé hasta el despacho y lo escuché.

-Jamás se me hubiera ocurrido. No soy tonto.

Entré al despacho y me dejé caer en el sillón del escritorio. Abrí el cajón y saqué la carpeta azul que tenía el balance de las ganancias sobre el hotel.

Me detuve en el último mes comparando los números del mes anterior. Número, cifras, datos… Sinceramente en este momento me importaba un rábano.

Cerré la carpeta…

¿Cómo podía ser que Bianca no quisiera un hijo mío? Nunca había esperado esa respuesta.

Abrí la notebook que estaba sobre el escritorio y tipie la contraseña… La pantalla me señaló, “CONTRASEÑA ERRÓNEA”.

La puta madre…

Respiré profundo…

Volví a intentarlo.

“CONTRASEÑA ERRÓNEA”.

Charles entró al despacho. Levanté la vista lo miré.

-Quería contarte que ha llamado Khatry Sherpa al teléfono local. ¿No tiene tu número de móvil?
-Parece que no. Y yo no tengo mi contraseña. No la recuerdo… No sé… ¿Nunca te la dije?

Se acercó rodeándome hasta quedar detrás de mí.

-No, nunca me la has dicho y yo jamás te la hubiera preguntado. Pero… Prueba desbloquear la mayúscula. Quizás sea eso.

Observé la luz verde en el teclado que señalaba el bloqueo.

-Sí, es eso…

No lo había notado por apresurado.

Finalmente abrí el Windows mientras Charles tomaba asiento frente a mí.

-¿Qué ocurre con Khatry?
-El mismo problema que terminó con la vida de Agni. La hambruna.
-¿Y qué quiere que haga?

Ante mi contestación Charles arqueó la ceja.

-Lo que sea, lo que creas conveniente. Eres el líder, es tu responsabilidad.
-¡Odio esta responsabilidad!

Bajó la vista y se mantuvo pensativo.

-Sebastien, no puedes perder el control por una discusión con Bianca. Porque es evidente que eso ocurrió.
-No quiere tener un hijo mío.
-¿No quiere tener un hijo tuyo o no quiere tener hijos por ahora?

Sonreí irónico.

-Siempre la defenderás como si fuera tu hija. ¿Sabes qué? No es tu hija.

De inmediato vi el rostro de Charles ponerse serio como pocas veces lo había visto.

-Perdón… Tienes razón… Estoy fuera de control.
-No te preocupes, como te quiero como un hijo haré de cuenta que no me has herido.
-Charles, lo siento de verdad… es que… Me ha caído fatal el rechazo de un bebé.
-Tranquilo… Estoy seguro que no rechaza la idea de tenerlo. Quizás para ella no es el momento. 

Piensa que no tienen por qué apresurarse.

-No es eso… Fue su reacción. Lo vi en sus ojos.
-A veces nuestra ansiedad por la respuesta que queremos nos hace desilusionarnos y ver fantasmas. 

Piénsalo bien. Ella te ama y de eso no puede haber duda.

-Lo sé… Pero tiene miedo de tener un monstruo.
-¡Buenos días!

Mi hermano entró sonriente en el despacho.

-Buenos días –contesté al igual que Charles.
-Voy al hotel. Dejé a Liz desayunando en la cocina. Esperaba por Bianca aunque no sé si resistirá no morder el pastel de fresa de Margaret. La he dejado hambrienta –guiñó un ojo.
-¿Y Bianca? –pregunté-. ¿No bajó?
-Fue a cazar. Después desayunaban juntas.
-Vale. Yo iré al hotel.
-¿Y yo?
-Necesito que viajes a Siberia. Khatry Sherpa sigue teniendo problemas para conseguir comida sin ser descubierto. Él y sus hermanas.
-¿Cuántas son?
-Dos. Thashi y Miyo.
-¿Y qué has resuelto hacer? ¿Qué les digo?
-Tendremos que traerlos a Kirkenes.
-¿Querrán?
-No estoy preguntándoles. No podrán subsistir mucho tiempo. El invierno se acerca y no resistirán uno más.
-Perfecto. Se los diré.
-Te daré las coordenadas.
-No las necesito. Sé dónde se ubican.
-¿Te conocen?
-Ellos no. Yo sí. Recuerda que seguí de cerca tu vida mucho tiempo.
-Cierto… Bueno, trata de traerlos contigo.
-No podré materializarme con los tres.
-Ellos saben hacerlo. Y por la visión de la mansión no te preocupes. Los tres han estado aquí varias veces.
-Pero fue hace mucho tiempo –alegó Charles preocupado-. Con la muerte de Adrien.
-¿Tienes otra idea?
-¿Y si Lenya viaja con alguna de las dos?
-¿Y si Liz me corta las pelotas?

Charles rio e incluso hizo que yo sonriera.

-Déjenme decirles que las hembras gobernarán el mundo en poco tiempo –dijo Charles divertido.
-Oyeee, que yo no dije que me manda o dirige mi vida –protestó mi hermano.
-Nooo, eso jamás lo reconocerás –rio.
-Comprendan los dos. ¿Qué le diré? “Oye mi amor, viajaré con las bellas y virtuosas hembras Sherpa a solas, por horas. Primero con una y después con la otra”.
-Bueno… -acotó Charles-. Yo evitaría contarle que son bellas, virtuosas, y lo más importante, salvajes. No tienen reglas para el sexo. Si tienen ganas lo hacen.
-¡Gracias Charles! –protestó mi hermano.
-Yo hablaré con Liz si es preciso –contesté-. Debe entender que no vas en un viaje de placer. Es una tarea asignada. Liz es inteligente.
-Ay querido –sonrió Charles-. ¡Qué poco saben de las hembras! No dudo de la inteligencia de Liz pero si hay algo que anula el razonamiento en una hembra, son los celos. En fin. No hay otra salida. Prepárate para la tormenta. Seguramente Bianca la hará entrar en razón.

Arquee la ceja y mi hermano me miró.

-Busca a otra aliada en este momento, no creo que ayude demasiado.
-¡Maldición Sebastien! Justo se te ocurre pelearte ahora.
-¿Tú crees que elijo el momento, idiota!
-Cálmense los dos –protestó Charles-. Margaret servirá para calmar los ánimos. No se preocupen.


Liz.


Cuando salí de la cocina después de sucumbir a dos trozos de tarta de fresas y un café aromático y delicioso, ya que Bianca no había asomado la nariz, me dispuse a buscar el periódico para conseguir empleo.

Recordaba haber dialogado con Lenya sobre el asunto y… Miento, corrijo. Recordaba habérselo dejado en claro que no iba a mantenerme sin yo colaborar así que no hubo discusión alguna. Él sabía que me hacía feliz no sentirme una inútil, no porque siendo ama de casa lo sería, sino porque en mi caso llegar a poder limpiar o cocinar algo era un milagro ya que había demasiadas manos colaboradoras. No quería fundirme en un sillón mientras esperaba la llegada de mi amado.

Lenya había entrado a la cocina antes de prepararse para ir a Siberia. Me explicó lo de los Sherpa y la hambruna. Aunque me tragué los celos al saber que viajaría con dos bellas vampiresas le rogué que no tardara. Lo extrañaba tanto cada vez que se alejaba y no lo veía por días. Me tomó entre sus brazos y me besó como sólo sabía hacerlo él.

Me preguntó si deseaba trabajar en el hotel y ayudarlo y le respondí un rotundo “no”. El hecho de vernos a cada momento y en cada minuto no lo veía alentador. Reconocía que ambos nos amábamos, nos deseábamos, sin embargo teníamos caracteres parecidos. Cualquier chispa desataría la guerra naval. Mejor no…

El pos del periódico entré a la sala para sentarme frente a la chimenea a leer. Pero con gran sorpresa descubrí que el preciado objeto estaba en otras manos.

A quien vi muy cómoda sentada en uno de los sillones de la sala fue a mi querida y archi rival Natasha Gólubev, leyendo.

Caminé por la sala hasta quedar frente a ella y con un sutil, “buenas tardes querida, ¿qué haces aquí?” Le di la bienvenida.

Ella levantó la vista e hizo el periódico a un lado y sonrió.

-Bueno, varias cosas.
-¿Cómo cuáles, tesoro?

Sonrió otra vez.

-Acompañé a mi hermano Dimitri. Él está en el despacho con Bianca en una sesión.
-Oh… Pobre Dimitri, ¿no sabía cómo llegar?

Rio.

-Tienes razón, el motivo principal es otro. De paso acompañé a Dimitri.
-Entonces el motivo principal es…
-Se puso de pie y sacó un papel doblado en cuatro del bolsillo de sus jeans.
-Verás, tu madre ha tocado mi puerta queriendo saber noticias de ti.
-¿Qué dices? ¿Estás loca?
-No. Lee, aquí tienes. Debe ser de puño y letra. Imagínate, soy respetuosa, no la leí.
-No entiendo que haces tú hablando sobre mi madre.
-Lenya se la ha encontrado en la ciudad de Kaliningrado. Parece que le dio la tarjeta con mi dirección por si querías tener contacto con ella.

Lenya bajaba la escalera escuchando parte de la conversación aunque adivinó el resto por el gesto enfurecido de mi cara.

Natasha caminó hacia él dejando el papel en mi mano temblorosa.

-¿Cómo? –sonrió fingiendo asombro-. ¿No se lo has dicho?

Lenya frunció el entrecejo.

Ella giró y me miró con un dejo divertido.

-Bueno, parece que no tienen mucha comunicación.
-¡Cállate Natasha! –exclamó Lenya y bajó la escalera avanzando hacia mí.

Yo retrocedí.

-¿Por qué no me lo dijiste?
-Juro que lo iba a hacer.  No encontré el momento apropiado. Lo de Agravar, lo de Drank, tu regreso.
-Son excusas. ¡Todo eso pasó hace más de un mes! ¿Por qué Lenya?
-Escucha, piensa. Sé que es difícil razonar cuando estás alterada.
-¿Te ha dicho loca? –acotó Natasha divertida.
-¡Quieres callarte, desgraciada! –gritó Lenya-. Vete a la mierda.
-No me iré ni a la mierda ni a otro lugar. Necesito hablar con el líder de los vampiros, es decir, tu hermano.
-Estás ácida, ¿te ha venido la regla, querida? –se quejó Lenya.
-Idiota.
-Basta los dos. Lenya Craig aunque tengas que irte a Siberia juro que no saldrás de aquí hasta decirme que rayos hacía mi madre intercambiando palabras contigo.
-Debo irme. Lo sabes. Prometo contarte todo cuando regrese. Por favor…
-Espero sea una explicación clara y sin mentiras.
-Juré jamás mentirte y no lo haré. Te amo.

Bajé la vista mientras Natasha dejaba escapar un tarareo muy similar al de los violines.
Lenya la miró enfurecido.

-Aguarda. Pido disculpas. De verdad que es divertido verlos pelear, para que mentir. Sin embargo no sabía que no habías hablado con ella. Si fue tu error no me culpes. Nada de esto habría pasado si Liz se hubiera enterado por tu boca. ¡Okay!

Lenya me miró a los ojos.

-Liz, créeme. No era fácil sacar el tema y muchas veces lo olvidé por completo. No fue mi intención ocultarte nada.

Asentí a duras penas. Creo que por no dar satisfacción a la diosa de Moscú.

-Okay… Pero en cuanto pises Kirkenes quiero una charla entre tú y yo. En cuánto esta carta –la miré en mi mano-, no tengo intención de leerla. No me interesa.
-Amor… Tu hermana… Ella puede pensar diferente a ti. Por favor razona.
-Uf… Primero loca y ahora irascible –sonrió Natasha.

Después se puso seria.

-Saldré al parque mientras Sebastien no baja.
-Sí ve. Ten cuidado no te congeles –acotó Lenya.
-Adoro ese interés extremo por mi salud –bromeó ella y desapareció en el aire.


Bianca.

Era la tercera vez que me movía inquieta sobre el sillón frente a Dimitri. La pregunta que me había hecho resultaba más difícil de lo que sonaba.

-¿Y Bianca? ¿No sabes que responder?
-Es que… No sé… El encuentro con mi padre lo imaginé mil veces y era estupendo, maravilloso.

Arqueó una ceja.

-Sí, lo que imaginamos suele ser lo ideal. ¿Y si no fuera así? ¿Qué piensas que podría ocurrir como contratiempo? Es saludable pensar esa opción.
-Bueno… Él perdió la cordura según Charles y… supongo que quizás, podría ser que… no me reconociera.
-¿Qué harías tú?
-No sé, Dimitri. Me asustaría saber el hecho que nunca volviera a recordarme.
-Ajá…

Se recostó en el respaldo y con la pluma cerca de su boca me miró aguardando que ingeniara una respuesta. Que por supuesto brillaba por su ausencia.

De pronto recordé la discusión con Sebastien.

-¿Podríamos hablar sobre otro tema más actual que me preocupa?
-Por supuesto, eres la paciente.
-Quizás tenga que ver.

Sonrió.

-Eso lo diré yo.

Reí.

-Verás… Sebastien quiere un hijo. Y yo… No es que no quiera ser madre.
-¿Y si no quisieras qué? Te pregunto porque lo dices como excusándote.
-No, es que es natural que…
-¿Es natural? ¿O es una consigna impuesta por la sociedad machista?
-Bueno… Yo no es que no desee serlo… Ahora es el problema. No quiero tener bebés ahora.
-Entiendo. Eres una muy buena profesional, eres independiente, disfrutas la soledad con tu marido, etc.
-Sí, eso…

De pronto unos golpes en la puerta del despacho nos interrumpieron.

-¿Sí? Adelante –pronuncié.

Anouk entreabrió la puerta lentamente y asomó la cabeza.

-Disculpen. Es que he llegado de Moscú y aunque he cruzado en casa a Dimitri se me ha olvidado contarle algo.

Sonreí.

-Pasa. No hay problema. ¿Quieres hablar a solas?
-No, no. No es íntimo.
-Y bien Anouk, dime qué quieres decirme que se te ha olvidado.
-Permiso, gracias.

La menor de los Gólubev pasó con cierta timidez y cerró la puerta.

-Es sobre una chica, Dimitri. Una humana que ha preguntado por ti.
-¿Por mí? ¿Una humana? ¿Dónde la has visto?
-En la puerta de casa al llegar de compras con mamá. Ella llegó en nombre del orfanato de San Basilio. Justo llegó a nuestra puerta y vio el nombre de nuestra ilustre familia.

Dimitri rodó los ojos y yo sonreí divertida.

-Ahórrate el ilustre, Anouk. Dime, me traes curiosidad ya que ha nadie informo de mis datos, ni siquiera a pacientes.
-Ella te conoce, no dijo de dónde.
-¿Y cómo se llama?
-Eso lo recuerdo bien porque se parece a mi nombre. Dijo llamarse Anoushka.

Dimitri se puso de pie.

-No puede ser.
-¡Te digo que sí!
-Yo te digo que no puede ser.
-Ay Dimitri me tratas de mentirosa. ¿Por qué habría de inventar una estupidez así? Además sólo vine a eso. Iré con Sebastien al hotel después que termine de hablar con Natasha. ¿Ya has visto que responsable soy? No arruinaría mis nuevas actitudes virtuosas con una simple mentira. ¿Para qué? Así que cree si quieres. Adiós.

Dicho esto se despidió con una sonrisa de mí y cerró la puerta.

Dimitri quedó petrificado observando el picaporte inmóvil.

-Dimitri… ¿Está todo bien?
-No…
-¿Quieres contarme que te ocurre?

Me miró con los ojos brillosos.


-No puedo. Es un secreto. Lo siento. Mil disculpas.

Nota: Por Dios Dimitri, ¿qué esconderá?

10 comentarios:

  1. Genial capitulo ojala Sebastien y Bianca dialoguen sobre sus miedos . Adoro a Lenya. Buen fin de semana

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    1. ¡Hola Ju! Muchas gracias por pasarte y me alegro te haya gustado. Sebastien y Bianca seguirán en pie de guerra por ahora. Besotes miles.

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  2. Ok me dejo con la gran intriga sobre cuál será el gran secreto de Dimitri, y me parece que Sebastien no dejo explicarse bien a Bianca, uuff Lenya porque no le dijiste a Liz sobre las noticias de la madre, ahora ella esta enojada, despistado este hombre jeje...Lou gracias por el capitulo!

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    1. ¡Gracias a ti Lau! A Liz se le pasará seguramente. Lenya la ama y no lo ha hecho por maldad. Ella lo sabe. En cuanto a Dimitri... Y... Será duro para los Gólubev.
      Un besazo enorme y gracias por comentar.

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  3. Bueno...sabes que esto si o si va a terminar en una charla via mail entre nosotras en breve no?? Secretos secretos...jaja
    Me encanto el capi, nada mejor que arrancar un martes a las 7 leyendo una escena de sexo me viene barbaro para quitarme el frio! Jajajaja
    Por que será que esa idea de que mujer es sinonimo de instinto maternal esta tan bien depositada? Me saca un poco, en la vida real y en la literatura. Como siempre mi amiga, un placer leerte...quiero mas!
    Besotes y falta menos ❤

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    1. ¡Hola Alee! Eso trato de tocar temas de la vida real. La escena hot me alegro que te haya gustado jajajaja. Gracias por comentar sé lo ocupada que estás. Nos vemos pronto, no es cierto?

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    2. No queda nada ya! En breve estoy ahi enterandome de los Craig de primera mano!!

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  4. Bueno...sabes que esto si o si va a terminar en una charla via mail entre nosotras en breve no?? Secretos secretos...jaja
    Me encanto el capi, nada mejor que arrancar un martes a las 7 leyendo una escena de sexo me viene barbaro para quitarme el frio! Jajajaja
    Por que será que esa idea de que mujer es sinonimo de instinto maternal esta tan bien depositada? Me saca un poco, en la vida real y en la literatura. Como siempre mi amiga, un placer leerte...quiero mas!
    Besotes y falta menos ❤

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  5. saludos, querida amiga LOU,,,sigo tus interesantes pasos,,,

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  6. Hola, Lou... Sebastien y Bianca se aman y podrán solucionar este pequeño desencuentro
    Sebastien quiere tener un hijo... Bianca no le ha dicho que no... solo le parece un poco pronto
    Sebastien estaba tan nervioso que ni se daba cuenta de que tenía activada la tecla de mayúsculas... ahí ha estado el encantador Charles
    A Liz no le ha gustado que Lenya no le dijera nada sobre su madre... no ha habido mala intención, ella lo va a entender
    Yo creo que Liz no va a tener celos de las hembras Sherpa... bueno, a lo mejor, un poquito
    Dimitri ya se ha enterado de que Anoushka le buscaba... sigo intrigada con este tema
    Muy buen capítulo, esta cuarta novela está cumpliendo su promesa
    Besos

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