Saga para + 18

Iris púrpura es el cuarto libro de la saga Los Craig. Para comprender la historia y conocer los personajes es necesario partir de la lectura de Los ojos de Douglas Craig.

La saga es de género romántico paranormal. El blog contiene escenas de sexo y lenguaje adulto.

Si deseas comunicarte conmigo por dudas o pedido de archivos escribe a mi mail. Lou.


lunes, 17 de abril de 2017

¡Hola mis soles! En este capi supongo será divertido en parte y los pondrá ansiosos por otro. Novedades, algunas. Ustedes dirán que tal. Besotes miles y gracias totales.

Capítulo 24.
Un nuevo año.

Sebastien.

Entré a la mansión junto a Charles con el plano bajo el brazo. Seguí hasta el despacho un poco preocupado por la demora en la construcción, y me dejé caer en la silla esperando que acotara algo. Charles cerró la puerta y se sentó frente a mí.

-No te ofrezco coñac porque creo que has bebido como cuatro.
-Cinco, me serví uno mientras despedías a los obreros.
-Ah…
-A este paso no llegaremos más a ampliar la casa.
-Tranquilo Sebastien, no has elegido buena época. La noche cubre Kirkenes las veinticuatro horas. Los humanos no ven demasiado para trabajar, aún con los reflectores. Y además ha nevado sin cesar estos últimos cinco días.
-Lo sé. De todas formas había que hacer muchas terminaciones en el interior y tampoco han avanzado.
-Ron ha dicho que los ha vigilado y no parecen holgazanes.
-No sé… No me sirven.
-Por supuesto son humanos. ¿Servirán para alimento?

Sonreí.

-Tú y tus bromas.
-¿Por qué no les propones a los vampiros errantes de Rusia? ¿No era tu idea que se civilizaran?

Lo miré y arquee la ceja.

-Los vampiros errantes que dices ya no son tan errantes, ni salvajes.
-¿Ah no? ¡Qué buena noticia!
-Bueno… No sé si es el momento para que sea una buena noticia.
-¿Qué dices?
-Olga se comunicó conmigo al móvil. Se lo ha dado Iván en uno de sus encuentros con su hermana Ekaterina. Me ha dicho que quiere verme.
-Ahora entiendo y me cierra todo.

Me miró sonriente recostándose al respaldo de la silla.

-No, no comiences con tus pensamientos rebuscados. Lo de Olga se terminó cuando Bianca y yo nos conocimos.
-¿Y ella? ¿Opina lo mismo? No cualquier hembra deja escapar un pretendiente como el hijo de Adrien Craig.
-Te equivocas. Olga es inteligente. Siempre fui claro con ella desde que visitaba las cumbres. Quizás quiera salir de Rusia por nuevos horizontes. No te olvides que si conviven con humanos tarde o temprano tendrían que mudarse.
-Los Gólubev lo ha sabido manejar muy bien.
-Pero Mijaíl ya pensó mudarse en un par de años a la Isla del Oso. Es señal que siente que no podrá mantenerse con su familia en el mismo sitio.
-Por suerte Svetlana vive en París.
-Sí, tienes razón.
-Y Anouk…
-Anouk es casi nuestra –reí-. ¿Has notado lo bien que se ha establecido en Kirkenes?
-Lo he notado, sí. En Kirkenes y en la reserva. Por sí no te has dado cuenta.

Abrí la notebook y la encendí.

-Larga lo que tienes para contarme.
-No… Nada en especial. Sólo que acompaña a Scarlet cada vez que va a visitar a Yako.
-¿Y eso es extraño?
-Bueno… Si no conocería a la menor de los Gólubev diría, ¡qué bien, ama la interacción de razas! Sin embargo –se puso de pie y acomodó su chaqueta negra-, viniendo de ella…
-Todos cambiamos, Charles. Los lobos son agradables y amistosos.
-Y bellos y musculosos.

Reí.

-No me vengas a tu edad con que te gustan los lobos. Siempre has corrido tras las hembras.
-Ssssh… ¡Quieres que duerma en el sofá como tú o tu hermano! Además eso era antes de conocer a mi querida Margaret.
-Eso sí. Igual yo que ella no te perdería pisada. El zorro pierde pelo pero no las mañas.
-¡Qué desagradable te pones! Escribe un libro con tus refranes.

Volví a reír. Él se acercó a la puerta pero lo detuve.

-No te vayas. Quiero contarte algo sobre Bianca.

Se sentó apresurado.

-¿Qué? ¿Se siente mal?
-Nooo, es algo bueno.
-¡Cuenta!

Bajé la voz.

-Bianca ha dejado de tomar las pastillas anticonceptivas.
-¿En serio?
-Sí, estoy feliz y muy entusiasmado.
-Ahora que me has contado yo también.
-¿Tú crees que tardaremos mucho en ser padres?
-No lo sé. Te aconsejo que calmes la ansiedad.
-Sí, sólo te lo he contado a ti.
-Gracias por el honor.

Scarlet entró al despacho sin golpear.

-Perdón, creí que estabas solo. Puedo regresar en otro momento.

Charles se puso de pie.

-De ninguna forma, querida princesa. Yo ya me retiraba. Margaret debe cazar y yo seré el caballero que la acompañe.

Sonreímos.

Al cerrar la puerta Scarlet se sentó.

-¿Qué ocurre cariño?
-Es Grigorii.

Mi rostro se desencajó.

-¿Supo lo qué somos?
-No. Se trata de la búsqueda del apartamento para él y Anne. Se ha retrasado y seguramente Anne permanecerá un mes más aquí. ¿Te molesta?
-En absoluto. Incluso pensé que su hermano vendría más a menudo a la mansión a verla y tendríamos que ser cuidadosos.
-Él no quiere importunar. Una vez a la semana dice que es suficiente viéndola tan feliz y con tantas comodidades. Él nunca podrá darle lo que le brindamos nosotros. Aún así… Creo que un mes más… Todo se torna más peligroso. Ya ha transcurrido más de un mes desde que vino por primera vez para Navidad.

Tipee la dirección de mail y la miré fijo.

-¿Por qué lo dices?
-Grigorii me ha hecho preguntas sobre el león de los Craig.
-¿Qué clase de preguntas?
-Sobre su origen, si nuestro padre lo inventó o lo copió de alguna imagen ya diseñada, si los ojos rubí significan algo… No sé… Cosas así.
-No creo que llegue a saber de nuestra naturaleza por la cabeza de león…

Me mantuve pensativo… Envié el mail a András mientras hacía memoria de algún hecho que llamara la atención…

Quité del cajón el contrato y la copia para la nueva empresa de tour.
¿Cómo podría llegar Petrov a la respuesta si no sabía nada sobre el león de los Craig?

-¿Qué piensas?
-Si algún hecho conduce… -de pronto recordé-. ¡El tatuaje!
-¿De qué hablas?
-El tatuaje de Susan, la amante de Olaf Arve. La enfermera tatuó los cadáveres para simular los orificios de los colmillos. Tú no vivías con nosotros… Yo buscaba córneas de humano para Douglas y… Todo simuló una secta aunque a Bianca y a Bernardo no logré engañar.
-Mi cuñada es muy lista.
-Sí… Susan… Sabía todo, era nuestra cómplice. Ella murió con la ola de frío… Susan es la hermana de un amigo de Petrov. Un tal…
-¡Vikingo!
-Sí, Vikingo. Scarlet, ¿tú crees que él llegaría a unir los hechos?
-Grigorii es muy inteligente y tenaz. Sólo nos salvaría que él no estuviera queriendo investigar.
-Fue hace tiempo. Las muertes fueron caratuladas como suicidios en cadena. Me lo dijo Bianca.
-Además las heladas arruinaron parte de los expedientes y la construcción de la comisaría. No creo que por ese lado habría tanta mala suerte.
-Para nosotros, porque para ellos, los muertos y sus familias, sería buena suerte.

Mi hermana quedó pensativa…

-Una vez… Una vez cuando patrullábamos, Grigorii habló de Bianca. Dijo que no entendía como siendo tan buena forense había dictado una autopsia errónea con Samanta Vasiliev.
-Mierda… Scarlet, creo que es mejor que busquemos un apartamento para Petrov y su hermana. Hay que sacarla de aquí. ¿Entiendes cariño?
-Sí, estoy de acuerdo. Sin embargo no aceptará que le paguemos un alquiler y hasta que se compongan sus cosas no podrá rentar este mes.
-No le diremos que lo pagamos. Inventaremos algo. Podría ser que tuviéramos un inmueble sin usar y necesitáramos que lo habiten para que no se deteriore, no sé… Algo así.
-Podría, ¿en dónde? ¿En Siberia?
-¿Siberia?
-Querido hermano, para apartar a Grigorii si es que se le ha puesto una intriga en la cabeza, Kirkenes no será suficiente para detenerlo.


Drank.


Parpadee entre las cobijas tibias de mi cama. Había despertado de un sueño profundo gracias a unos dedos traviesos y astutos que recorrían mi bajo vientre.

Sonreí y giré la cabeza para contemplarla. Era tan bella, aun con su cabello largo alborotado sobre la almohada.

-Buen día, hermoso.

Su voz tenía un timbre melodioso y subyugante.

-Buen día, Bua.

Apoyó el codo en el colchón y sus ojos caramelo se fijaron en mi cintura. Poco a poco fue retirando el edredón mientras su iris brillaba de deseo.

-Ninfómana –susurré sonriendo.

Arqueó una ceja y me miró.

-¿Y si lo fuera? ¿Te molestaría?

Negué con la cabeza. Una de mis manos se hundió en la cabellera y me aferré a su nuca. La atraje hasta mi boca y la besé.

Su lengua no tardó en responderme con un beso feroz y apasionado. Un quejido brotó de mi garganta mientras ella hurgaba con delicadeza la entrepierna.

Yo también no tardé en responder. La loba era puro fuego. Conocía dónde y cómo acariciar para encender cada centímetro de mi piel. Y aunque jamás sentiría con ella esas sensaciones de cuando uno hace el amor, no podía negar que se asemejaba bastante en la cama. Quizás me sentía deseado, y hasta querido, quizás…

Al montarse en mis caderas tiró la cabeza hacia atrás y sus pechos voluminosos y turgentes se balancearon al compás lento de su cintura. Mis manos fueron atraídas como un imán y masajee jugado con sus pezones oscuros.

Cuando sus ojos se posaron en mi rostro, una sonrisa de satisfacción dibujó su boca pulposa. Era perfecta, preciosa. Sabía cómo hacerme sentir bien y mi ego llegaba a un límite que nunca hubiera sospechado. Se acomodó sin abandonar los movimientos sensuales y sentí entrar en ella, completo, entero, hasta la base de mi miembro.

-Mmm… Bonito… Me gusta tenerte tan profundo. Que me dilates así… ¿Sientes cómo te apretó?

Creo que balbucee un sí.

-¡Qué grande eres, cariño! Me llenas toda…

Más para mi ego…

-Hermosa –susurré-, muévete, dame ese gusto de verte cabalgar sobre mí.

Sonrió con malicia.

-¿Quieres que me mueva?
-Sí –jadee-, por favor.
-¿Cuánto lo deseas?
-Mucho…

Las yemas de sus dedos se deslizaron por mis labios entreabiertos. Introdujo el índice y succioné. Ella se inclinó hasta rozar mis pezones y jugó con los dientes tironeando suave y lamiendo una y otra vez. Me arquee ofreciéndome como si fuera su manjar. El calor recorría mi cuerpo, mi corazón bombeaba rápido, el sudor comenzaba a bañar mi piel. Por instinto buscando mayor placer mis caderas envistieron lento y profundo. Nos comimos a besos mientras la encerraba entre mis brazos y empujábamos nuestros sexos palpitantes y húmedos. Era una diosa de las sábanas. Una verdadera profesional dando placer. ¿Por qué no abandonarme a sus artilugios y experiencia? ¿Qué tenía para perder? Nada…

Nadie reclamaría ni hoy ni mañana con celos de hembra engañada porque mi corazón no le pertenecía a ninguna. Yo que había sido tan fiel, ahora era libre para gozar sin culpa. ¿Pero por qué sentía que no disfrutaba del todo esa libertad? ¿Acaso era masoquista?
Sus quejidos se tornaron prolongados a medida que aceleramos el ritmo. Jadee buscando aire para mis pulmones y me aferré a su culo perfecto. Envestí con fuerza, no sé si porque necesitaba que llegara y yo terminar con esta escena de placer y a la vez dolor. Un dolor que siempre se repetía a pesar de disfrutar el sexo. Era como saber de antemano que por más que mi cuerpo estallara de pasión y lujuria, siempre quedaba el vacío del después. Vestirnos, un intercambio de palabras, y su partida. Aunque su “nos vemos” no me dolía por ser ella que abandonaba mi cama, siempre me recordaría ese “adiós” de Liz. Nuevamente solo conmigo mismo. Nuevamente ese silencio aterrador que me angustiaba y me desarmaba en pedacitos. Otra vez quedarme junto a la ventana contemplando el paisaje con la esperanza de que fuera todo un sueño, y ella… la única dueña de mi corazón corriera a mi encuentro para refugiarse en mis brazos y murmurar un “te amo”.

Al llegar al orgasmo temblé bajo los efectos del goce. Mi boca dejó escapar un quejido de satisfacción, para después contemplar el rostro de la loba en un gesto memorable. Sin embargo antes de que su éxtasis terminara, la luz de la luna me mostró las puntas de sus colmillos filosos.

Quedé estático, el temor invadió mis sentidos y me paralicé.
Ella lo notó. Respirando entrecortado se recostó en mi pecho.
No hablamos por algunos minutos. Finalmente rompió el silencio con una pregunta cuya respuesta sabía de antemano.

-¿Te asusté?

No respondí por miedo a ofenderla.

Levantó su cabeza y me miró.

-Sí, te asusté. Creíste que te mordería.

Sonreí con pena.

-Lo siento, Bua.
-No te preocupes, debe ser normal siendo humano. Pero no debes temerme. Jamás podría morderte sin importarme las consecuencias.

Me incorporé para acomodarme en la almohada con ella entre mis brazos.

-¿Qué consecuencias tendrías?

Es una prohibición absoluta para nuestra raza. Si rompería esa regla fundamental tendría que irme de la reserva. Sería repudiada por todos los míos. Incluso mi familia. Y aunque eres un hombre bello, no estaría dispuesta a perder todo por ti.

-Entiendo. Sin embargo a Bernardo… Lo mordió un lobo.
-Sí, Christopher. Ese ser nunca mereció ser lobo. Yo no me parezco a él.
-Por lo que me contaron no digo que tú seas como él. Pero un error…
-Convertir a un humano no es un error, Drank. Es cambiarle la vida y quebrar su destino.
-Bueno, quizás el destino de Bernardo era ser uno de ustedes, guiar la reserva, ser guardián de Gloria.

Se mantuvo callada. Insistí.

-¿Qué tienes para decirme?

Sus ojos ahora de un tono más claro se hundieron en los míos.

-Mejor dime tú. ¿Serías feliz si alguien con una mordida cambiara tus planes?
-Yo… Hace mucho no tengo planes en mi vida.
-Sí los tienes. Por algo sentiste miedo cuando te viste amenazado.

Encogí los hombros.

-Sí, puede que tengas razón.
-¿Qué tal un café con bollitos de miel?
-Me encantaría –sonreí.

Nos besamos con un beso lento y suave.

Se separó y me miró divertida.

-¿El café en la cama o en la cocina?

Reí.

-En la cama sabes que no beberemos jamás ese café.

Rio y saltó de la cama. La observé mientras se ponía mi camisa leñadora y salía de la habitación.

Giré y me abracé a la almohada.

No había empezado mal el día, a pesar que de día no tenía nada. Fin de enero y el cielo de Kirkenes estaba sumergido en la extraña oscuridad. El azul del infinito se volvía tornasol por unas tres o cuatros horas. Quizás preparándose poco a poco para la próxima estación. Debía ser maravilloso contemplar la pradera reverdecer paso a paso, la nieve ir desapareciendo, y el aire menos frío traer el aroma de los brotes y a la resina del bosque.

El bosque… Varias veces me escapé al cementerio Sami, y de allí caminé hacia el norte para encontrarme con el huraño. La primera visita no había sido muy fructífera. Recuerdo que no le gustó verme allí nuevamente. Sin embargo, cuando creyó que jamás diría a nadie donde se encontraba y que me aseguraba que nadie me seguía, fue distendiéndose con mi presencia. Creo que hablé yo solo. Él parecía no escucharme desinteresado en mis anécdotas, incluso de Drobak. Pero yo era muy observador y no se me escapaba cuando él levantaba la vista de su tarea o arqueaba la ceja con una media sonrisa.

Su tarea era preparar unos líquidos a base de hierbas y separarlas en frasquitos. Una vez terminado lo dejaba enfriar y guardaba en los estantes de un viejo armario. ¿Vendería medicina alternativa en la ciudad? De algo debía vivir además de lo que le brindaba la naturaleza.

La segunda visita fue un poco mejor. Pienso que vocalizó un no y tres sí en todas las horas que estuvimos reunidos. Algo es algo. Debía tener paciencia si en años no había tenido contacto como decían en la reserva. Nunca le pregunté si su nombre era Rob, estaba convencido que para tener una amistad el nombre de una persona es lo que menos importaría.

Esa última vez que lo había visitado me llevé una sorpresa al entrar a la cabaña apenas me hizo pasar. Otro tronco… Otro tronco había del otro lado de la mesa. Ahora había dos asientos improvisados.

Sonreí.

Supe que él nunca me diría “estaba esperándote” pero el hecho del tronco nuevo era una clara evidencia que se sentía bien con mis visitas. Ese día me convidó con un cigarro de tabaco armado, un poco fuerte para mi gusto aunque no estaba en mí rechazarlo. Tampoco habló mucho sin embargo me miraba a los ojos cuando le contaba sobre mi ciudad. Ya no esquivaba mi mirada y parecía complacido con mi presencia.

En un momento le dije, “¿quieres preguntarme algo para conocerme mejor?” Él negó con la cabeza, se puso de pie y salió de la cabaña. Lo seguí en silencio. Por supuesto que no preguntaría nada sobre mí, porque eso habilitaría tácitamente a que yo preguntara sobre él. Era muy inteligente.

Y una vez… Una vez lloré frente a él. Recuerdo que fue por Liz, por el pasado que jamás volvería. Por el futuro sin ella. Esa tarde me sentía angustiado y no pude contenerme. Me desahogué. Él me escuchó llorar, y me dejó hacerlo sin interrumpir. Aunque pasando los minutos se puso de pie y lo vi buscar en los frascos de su medicina. Lo vi de pie frente al armario sin saber qué hacer. Lo sentí impotente ante mi dolor como lo hace un verdadero amigo. Finalmente negó con la cabeza y volvió a sentarse.

-No –murmuré-. No encontrarás nada allí para curar mi corazón.

Sin embargo me equivoqué. Si bien no había llenado el espacio con palabras alicientes y consoladoras, su sólo acto de preocupación y su vano intento por curarme alivió mi alma y juro que me sentí mejor.

Desde ese día, por más que no supiera su nombre y quizás no lo supiera nunca, yo le había puesto el mejor nombre que un ser podría tener… “amigo”.

El aroma del café desde la cocina despertó mi apetito. Volví al presente y me vestí con los jeans de prisa. Descalzo y sin camiseta llegué hasta el living y encendí la leña. Bua me alcanzó un jarro de café y un bollito de miel que hizo que mordiera de su mano. Una piña verde explotó entre los leños apenas el fuego cobró fuerza.

Ella rio. Me gustaba verla reír.

-¿Te asustaste? –pregunté bebiendo el café.
-No más que tú con mis colmillos.

Caminó lento rodeándome hasta quedar a mi espalda. Su mano acarició la columna y se coló por debajo de los jeans hasta apretar uno de mis glúteos.

-Joder… -murmuré divertido.

Sus labios besaron mi nuca.

-Mmm… Y pensar que serias un hermoso lobo –mordisqueó el cuello-. ¡Qué tentación convertirte en uno de los míos!
-Traviesa, me pones nervioso.
-Me encanta –susurro en mi oído.

La cogí del brazo con mi mano libre y la posicioné frente a mí. La aferré por la cintura y la apreté contra el pecho. Incliné el rostro y la besé con pasión. Otra vez nuestras lenguas se enredaron buscando la hegemonía. Besaba muy bien, porque negarlo.

Al cabo de unos segundos se separó jadeante.

-Me quedaría todo el día contigo… pero tú tienes que trabajar… y yo prometí a Mike que me anotaría en la Universidad.

La solté despacio y bebí un trago de café.

-¿Mike?
-Sí.

Se alejó hacia la habitación para vestirse y la seguí.

-¿Eres amiga de Mike?

Me miró divertida viendo mi gesto de preocupación.

-No, es mi hermano.

Escupí el café.

-¿Cómo qué…? ¡Cómo qué es tu hermano! Mike… ¡Mike me matará si sabe que me acuesto con su hermana! ¿Por qué no me lo dijiste?
-Tranquilo –contestó poniéndose las botas, sentada en mi cama-. El no se mete en mis relaciones.
-No mientas, Bua. Todos los hermanos se meten en las relaciones de sus hermanas. Es una regla de la naturaleza.
-Pues él no. Ya sabe como soy. Y tengo veintiocho, soy mayor que él.
-Pero, pero…
-Pero nada -besó mis labios y entró al baño.

Desde la puerta cerrada continué.

-Bua, tendrías que habérmelo dicho. Tengo códigos. No me hubiera acostado con la hermana de un amigo. ¿Estás escuchándome?
-Siiii, Drank. Te escuché.
-¿Ý ahora que le digo? “Mira Mike te respeto como amigo pero me follé a tu hermana que lo hace como los dioses”.

Abrió la puerta acomodándose el cabello y arqueó una ceja.

-Omitiría lo último. No quedaría ético –guiñó el ojo.
-¡Bua! –cogió la cazadora de piel y me tiró un beso desde la puerta.

Joder…

En menos de media hora ya me había duchado, vestido, e iba camino a la nueva construcción de la escuela. Por lo bajo repetía una y otra vez frases practicando las decenas de formas bonitas de decirle a Mike que me había follado a su hermana otra vez. “Oye Mike, lamento no sabía que era tu hermana”, o “amigo, no lo vas a creer pero Bua es tu hermana y no lo sabía”, o también “¡qué destino de mierda Bua y yo follamos y me enteré de casualidad que era tu hermana”.

Me quedé tieso a mitad de camino al escuchar la voz de Mike llamarme.

La puta madre…

-¡Ey, Drank! Aguarda hermano, ¿vas para la construcción?

Perfecto, ahora no solo me consideraba su amigo sino como un hermano. En cuanto supiera iba a dejarme la cara hecha puré.
Me mantuve quieto sin mirarlo. Subí el cuello de la cazadora y bajé mi gorro de lana hasta tapar las orejas. Es que quería hundirme en la nieve, que el suelo me tragara, aunque ocultarme bajo la ropa gruesa no evitaría que me deshiciera la cara a golpes.

¡Mierda!

-Oye… -dijo avanzando por el camino dejándome atrás-. ¿Vienes?
-Sí… Ehm…Antes quiero decirte algo…
-Claro amigo, dime.
-Escucha atentamente –balbucee.
-¡Claro! Soy todo oído.

Qué pena… hubiera quedado sordo de por vida y eso me facilitaría las cosas –pensé-. Vamos Drank tu eres valiente… Sin embargo una cosa era enfrentar la muerte y otra muy distinta a un hermano celoso.

-Bueno –me acerqué a él midiendo la distancia de su brazo y puño-. Verás, en la vida a veces el destino te juega sucio, muy sucio… Ehm… ¿Cómo explicarte? Bien… Lo que ocurre a veces entre una mujer bella y un hombre que se siente solo… muy solo y…

Arqueó la ceja.

-Drank, ¿te sientes bien?
-Por ahora sí… Quiero decir…  -cubrí mi cara con las dos manos y caí de rodillas a sus pies-. ¡Perdóon! ¡Por favooor no lo sabía! ¡Te pido mil disculpas sé que no vas a perdonarme pero soy sincero!
-¿De qué mierda estás hablando, Drank?

Descubrí mi rostro y lo miré desde mi posición.

-Bua y yo… Dormimos juntos –murmuré bajito.

Mejor si no escuchaba bien.

Poco a poco su cara cambió el gesto de confundido a uno sonriente hasta que estalló en carcajadas.

-¡Eres un idiota! Ponte de pie.

Hice lo que decía sacudiendo mi ropa.

-¿No estás enfadado conmigo?

Rio y palmeó mi hombro.

-Drank, si tengo que enfadarme con los amantes de mi hermana no me hablaría con media reserva.
-Pero…
-Es la verdad. No digo que me alegra que no encuentre su media naranja y siente cabeza. Ella es así libre y la acepto tal cual es. No soy machista. Si fuera un macho lo aplaudiría, ¿verdad? ¿Qué diferencia hay porque es hembra? Es lo mismo. No se enamoró y a este paso dudo que alguna vez lo haga.
-Yo… pensé que te molestaría.
-Sí te daré un consejo. No quiero perderte como amigo. Trata de no enamorarte de ella y no andes llorando después por los rincones.
-Ah… No… No ehm… Nosotros lo tenemos claro… Sí… Ehm…

Rio con ganas.

-Mira que arrodillarte a pedirme perdón.
-Okay, no te burles de mí.
-Vamos, llegaremos tarde –sonrió.

Comenzamos a caminar por el sendero hasta ver los grandes reflectores. ¿Hasta cuando los lobos, esa raza que parecía tan salvaje, continuarían dándome lecciones de vida?


Ron.


Sentado en el sofá, con la vista clavada en el pasillo superior, trataba de hallar una forma de acercarme a Anne mientras Charle había salido a cazar y escuchaba a las chicas conversar en la cocina. Imposible… Primero porque Scarlet me lo tenía prohibido, y segundo porque si ella no estaba en la mansión sus instrucciones se cumplían a rajatablas Ni Rose, ni Sara, ni Margaret, me perdían pisada cada vez que me dirigía a mi habitación.

Aunque hacía quince días, una noche, una bendita noche, ellas parecían estar reunidas con Marin en la sala conversando sobre el compromiso. Liz y Lenya habían salido a cazar, Charles y Sebastien habían viajado a la Isla del Oso para ver a Douglas y Numa. Era mi oportunidad de poder aunque sea saludarla tras la puerta. Decirle que mi nombre era Ron, el mismo que aquella vez la había defendido en el restaurante del hotel Thon.

Esa vez me acerqué sigiloso y me apoyé con cuidado en la puerta que me separaba de ese ángel.

Carraspee…

Con la voz baja, y muy temeroso que pidiera auxilio, le hablé.

-Buenas tardes, Anne… Mi nombre es Ron… No te asustes, no voy a entrar.

Silencio…

-Sólo quería saber si necesitabas algo… Las chicas están en la sala y pensé quizás quieras un vaso de agua o algo para comer.

Más silencio…

-Escucha, sé que no hablas… Podrías golpear la puerta una vez si es “no” y si es “si” golpear dos veces. ¿Te parece?

Silencio… ¿Estaría dormida?

Respiré profundo. Noté mis manos transpirar. ¿Estaba tan nervioso en esa oportunidad por estar tan cerca de ella? Cielos… Nunca me había sentido así por una hembra. No, no, ella no era una hembra, no… Ella era un ángel que caminaba entre humanos. Bueno, ahora entre vampiros. Recuerdo que le dije.

-Okay, Anne. No quiero molestarte. Yo… Yo me iré a mi habitación y ya no te hablaré… ¿Está bien?

Dos golpes sonaron en la puerta. Era un “si”. Le parecía bien que me fuera… Okay Ron… Al menos lo había intentado y ella había respondido aunque deseaba que me fuera.

Mi mano resbaló por la madera lustrada sintiendo una gran decepción. ¿Y qué esperaba? ¿Qué me dijera no te vayas? No deseaba que estuviera tras la puerta y mucho menos que le contara sobre mí.

Al instante sentí unos pasos en la escalera. Alguien habría escuchado los golpes de Anne en la puerta. Me escurrí por el pasillo hasta encerrarme en la habitación con el corazón galopando salvaje.

Ahora, sentado en la sala, pensaba como comunicarme con ella sin que escucharan los golpes de la puerta desde la cocina.
¿Escribirle? Sí, era una opción muy buena. Sobre todo si ella no hablaba.

Me puse de pie y en ese instante Rose y Anouk entraron a la sala riendo.

Volví a sentarme.

-Hola Ron, ¿en qué andas? –preguntó Rose.
-Ah, hola… Pues yo leía.

La sonriente pelirroja echó un vistazo alrededor.

-¿Y qué lees?

Anouk acomodó su bolso en el hombro.

-Hasta luego, Ron. Iré a trabajar.
-Hasta luego, Anouk. ¡Suerte!

La menor de los Gólubev se despidió de Rose mientras ella habría los comandos de los portones.

Subí la escalera apresurado. Había estado cerca de quedar como mentiroso. ¿Cómo iba a leer sin libro o sin periódico?

Caminé por el pasillo y me detuve en la puerta de Anne. Titubee… No, Rose podría subir. Mejor lo dejaría para otro momento.

Resignado me dejé caer en la cama y miré el techo sin saber qué hacer. Había algo más que me preocupaba. Iba contra reloj. Había escuchado a Sebastien hablar con Charles sobre la partida de Anne. Ella debía regresar con su hermano ahora que todo volvía a la normalidad. Cielos… ¿Qué podía hacer en tan poco tiempo si ni siquiera quería escucharme?

Me incorporé y abrí el cajón de la mesa de luz. Estiré la mano tanteando hasta chocar con el anotador y una lapicera. Me senté en la cama e hice un garabato en la primera hoja. Sí, tenía tinta. Hace tanto no escribía. Salté de la cama y abrí la puerta. Me asomé lentamente… No había nadie en el pasillo. Apenas escuchaba la voz de Rose hablando con Charles… Entonces Charles estaba en la mansión y había regresado.

Caray… ¿Y ahora si subía justo cuando estaba en la puerta de Anne? Engañar a nuestro querido mayordomo no era tan fácil. Pero tenía que intentarlo. Si Petrov se llevaba a Anne en estos días no la volvería a ver. No porque no supiera donde estaba sino porque no tendría excusa para ir hasta su casa.

Cerré despacio y avancé cauteloso hasta su puerta. Mis ojos clavados en el final de la escalera, al fondo del pasillo… Nadie por ahora…

Me senté en el zócalo junto a la puerta…

No se escuchaba ningún ruido, miento… el sonido de un programa en la tv. Estaría viendo televisión. Joder… No vería ningún papel por debajo de la puerta.

Aun así lo intenté.

Escribí en una hoja limpia.

“Hola Anne, soy Ron. Quería saber si necesitabas algo.”

Arranqué muy despacio la hoja para que el sonido no alertara a nadie de la sala. Ya no tenía las paredes aislantes de por medio. Lentamente lo pasé por debajo y aguardé.

Nada…

Bajé la cabeza y miré un punto fijo entre mis rodillas. Sentado en el suelo parecía un mendigo esperando la limosna. Cielos… ¡Qué difícil llegar a ella!

Recosté la cabeza en la pared y observé el techo iluminado por dicroicas…

Decidí escribir otro mensaje…

“Anne, no quiero hacerte daño. Soy Ron, el mismo que te cruzó en el restaurante. Sólo deseaba saber de ti”.

Lo pasé por debajo de la puerta y aguardé.

Nada… Sólo el sonido muy bajo del televisor.

¿Y ahora? Basta Ron, estás molestándola. Ella no quiere comunicarse contigo. Me dije a mí mismo.

¿Lo intentaría otra vez? ¿Y si Scarlet o alguien más veía los papeles bajo la puerta al venir por Anne? ¡Qué idiota! No lo había pensado.

Escuché pasos subiendo la escalera…

Era Charles. Sí, era él por la forma de pisar.

De un salto me incorporé y caminé hacia mi habitación pero la voz de Charles me detuvo.

-Ron, ¿vas a tu habitación?

Giré para verlo sonriente.

-Ah sí, justo iba a descansar un poco.
-¡Qué bien! –se acercó a mí con una sonrisa apacible y serena-. Veo extraño que no te vi pasar por la sala.
-Ah… No… Bueno… Salí de la habitación de Douglas.
-¿De Douglas? Si Douglas no está.
-No, es que… Me pidió si podía enviarle un par de cosas que se ha olvidado y como quizás yo viaje a la Isla de Oso la semana que viene –encogí los hombros.
-Oh… Curioso pedido. Sobre todo si Douglas llega mañana.
-Ah, ¿en serio?
-Sí, en serio. Tendrá que presentar la tesis en tres días y ya la tiene lista.
-¡Genial! Tendremos un contador público en la familia.
-¿Verdad que es maravilloso?
-Sí…

Un ruido casi imperceptible se escuchó. Mi vista se clavó en el suelo, entre Charles y yo estaba la puerta de Anne…

Tragué saliva.

Charles bajó la vista y arqueó la ceja al ver un papel deslizarse por la abertura.

Desesperado me abalancé para cogerlo y mi corazón se agitó.

Él me miró y yo pasé la lengua por mis labios resecos.

-Léelo Ron, puede ser importante –sonrió.

Titubee. Mis manos temblaron… Pero lo abrí lentamente y leí.

“Hola Ron, gracias por defenderme.”

Abrí la boca y la respiración se agitó.

Después de unos segundos reaccioné, doblé el papel y lo metí en el bolsillo. Charles me miraba sonriendo. Aunque no me hubiera preguntado supe que le debía una respuesta.

-Yo… pregunté si estaba bien. Yo… No haré nada que la incomode.
-Lo sé –aseguró con pena.

Bajé la vista y murmuré.

-Sé que le debes toda información a Scarlet pero…
-¿Información de qué? –preguntó-. Yo no he visto nada extraño, Ron.

Se hizo a un lado sin perder la sonrisa y caminó hacia su habitación.

Giré y lo llamé.

-¡Charles!
-¿Sí?
-Gracias.

NOTA: Espero que les haya gustado.


9 comentarios:

  1. Ahhhhhhh al fin al fun!!! Vos sabes que todos tus personajes me encantan, que todos los hilos de la historia los sigo con avidez,pero estos dos me pueden y lo tenes claro. Esa ingenuidad y esa ternura en un depredador natural me enloquece, tanto q no me acuerdo que mas te iba a comentar aparte de lo de Ron.... Gracias ami por tocar un poco de esta historia y satisfacer mi avidez de informacion sobre ellos....como siempre un capi mas que interesante. Quedo esperando mas!!!
    Besos muñeca, te adoro!!

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    1. ¡Holaaaasss! Al fin no? Aunque falta para que los veas juntos. Hay muchas dificultades. La mayor, un hermano que ignora quienes son los Craig. Y el hilo se va afinando...
      Gracias por tu comentario tan cariñosos, sabes que me hacen feliz.
      Ron es un dulce pero vamos a ver otra cara de él...muy pronto.
      Y quién no reaccionaría como salvaje si está frente a quien le hizo daño a quien amano? Y ahí te dejo...pensando...
      un besazo amiii

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  2. Uy genial he extrañado leerte. Me gusto mucho tu cabecera. Veamos que pasa con Grigori y Ron Te mando un beso y te me cuidas

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    1. Hola mi sol! Gracias yo también añoro tus capis y si tuviera más tiempo no me retrasaría eso seguro. Eres genial.
      Grigorii... veremos. Y Ron creo que va por buen camino. Un besote y te me cuidas mucho

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  3. Oh pobre Ron le ganan los nervios por estar con Anne las cosas de a poco con ellos se van a dar y ojala que sea así porque me gustaría que estén juntos, y Grigorii anda bien encaminado averiguando sobre el escudo de Los Craig, gracias por el capitulo Lou, saluditos!

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    1. ¡Hola Lau! Ojala se de, yo tengo ganas y eso es un porcentaje a favor, pero tu sabes los personajes me cobran vida de pronto y me dan sorpresas. Eso es lo bueno de escribir. Gracias a ti tesoro por comentar. Besazos!

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  4. Hola, Lou... Bueno, pues no sé que pasará con Olga... no sé si Bianca no tendrá algo de celos
    Tal vez Sebastien y Bianca sean padres en un futuro cercano
    Grigorii está haciendo muchas preguntas... entiendo que Sebastien quiera que Anne ya se marche de la mansión
    La escena en que Drank se arrodilla ante Mike ha estado muy divertida
    Ron me encanta, y Anne también... y Charles es adorable
    Ron ha tenido una gran idea al escribir notas y pasarlas por debajo de la puerta... además me parece de lo más romántico
    Un capítulo precioso que he disfrutado mucho... Muchas gracias
    Besos

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    1. ¡Hola querida amiga! Sobre Olga no puedo abrir la boca, pero te adelanto que la mansión Craig temblará otra vez. No por celos precisamente. Aquí me callo porque sé que deseas descubrirlo tú misma.
      Grigorii es una piedra en el zapato y en el próximo capítulo el círculo de coincidencias se cerrará más para él. Veremos que ocurre.
      Ron, que decirte de Ron, es un tierno y romántico vampiro, pero creo que tiene la fortaleza del más fuerte guerrero escondida en su corazón. Su padre fue guerrero de Adrien y eso a la larga surge en las venas.
      Me alegro que te haya gustado. Deseando leer tu maravillosa novela. Un beso grande y muchas gracias.

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    2. Tienes razón, Lou... Me encanta descubrir las cosas por mí misma
      Es que si te cuentan el final de una novela o de una película... el interés, la curiosidad, decaen por completo
      Un beso grande

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