Saga para + 18

Iris púrpura es el cuarto libro de la saga Los Craig. Para comprender la historia y conocer los personajes es necesario partir de la lectura de Los ojos de Douglas Craig.

La saga es de género romántico paranormal. El blog contiene escenas de sexo y lenguaje adulto.

Si deseas comunicarte conmigo por dudas o pedido de archivos escribe a mi mail. Lou.


domingo, 23 de julio de 2017

¡Hola! Aquí estoy.Gracias por su paciencia.Un beso grande, ¡y buena semana!

Capítulo 32.
Intriga.


Sebastien.

El fin de semana había comenzado muy tranquilo en nuestro hogar. Era viernes por la tarde y Charles había regresado de la joyería con el encargo que le había hecho. Dos anillos de los Craig para dos hembras más de nuestra familia. Liz y Marin. Mención aparte, Lenya ya tenía fecha de bodas en el Registro Civil, aunque Iván sería quién casaría a ambos como lo había hecho con Bianca y conmigo. Pero sencillamente, por más que la fiesta en casa fuera lo más atrayente y ansiado, se debía legalizar el matrimonio ante los humanos. Para mi hembra y para mí sólo fue un mero trámite para tener en nuestro poder el certificado de matrimonio. Bianca sólo le había importado ser mi hembra ante los Craig, a diferencia de Liz que por su embarazo anhelaba y creía necesario inscribir al futuro bebé en una libreta como lo hacían los de su raza de origen.

Me senté en el sofá mientras Charles me acercaba un coñac.

-¿No vas a acompañarme a beber?

Sonrió y se sentó frente a mí.

-Hoy no. Debo viajar con Margaret en una hora. Compraremos macetas en Bergen. Le han gustado algunas de una página de internet.
-¿Margaret navega por la web?

Negó con la cabeza sin dejar de sonreír.

-Scarlet se las mostró. En cuanto Margaret dijo que quería macetas bonitas para nuestra casa, le sugirió una tienda muy grande en esa ciudad. También venden semillas exóticas.
-Oh… Aunque piensa bien que semillas traerás, recuerda que no todas las especies se adaptan a lugares ajenos a su clima y tierra.
-Todas las especies se adaptan tarde o temprano, Sebastien –sonrió-. Algunas cuestan más, estoy de acuerdo. Sin embargo finalmente hacen lo que pueden y sobreviven.
-Tienes razón.
-Siempre la tengo.

Reímos.

-Dime, ¿ha llamado Douglas por lo del anillo?
-Unas cuatro veces –respondió.
-Pero le he dicho que llegabas esta mañana. ¡Qué desesperado!
-Las cuatro veces fueron esta mañana.
-Cielos –sonreí.
-Me gusta verlo tan enamorado y feliz.
-A mí también.
-¿Y Numa?
-Ha regresado a la Isla del Oso. Está entusiasmado con su tarea y… creo que el hecho que Douglas esté muy ocupado con Marin lo hace sentirse un poco perdido.
-Es natural. Pensé que Rose y él formaría una linda pareja.
-Creo que ninguno maduró para eso. Además Numa ha cumplido dieciocho, antes era menor de edad. Para Rose hubiera sido delito si intimaban.

Rio.

-¡Qué lindo eres cuando te plantas con las leyes humanas!
-Hay que hacer las cosas bien. Hablando de ello… Dijo Lenya cuando tenían fecha, creo que lo mencionó y se me ha olvidado. Si se entera dirá que no le importo. Tu sabes somos todos susceptibles en esta casa.
-Principio de abril. Exactamente el tres.
-Okay, nos queda poco tiempo. Hay que organizar para celebrarlo aquí. Como hicimos con Bianca.
-Las hembras dijeron que se encargarían de todo.
-¿Tú dices que me relaje y confíe?
-¿Por qué no?
-Okay, entonces entregaré el anillo de los Craig a Lenya y a Douglas para que se lo obsequien a sus chicas, como corresponde.

El sonido lejano de una moto se escuchó.

-Ese debe ser Douglas, ¿escuchas?
-Sí, querido. Cuando le dije que ya lo tenía en mí poder dijo que vendría –miró el reloj de pared-. ¡Qué puntual! Hasta en eso ha cambiado.

Arquee una ceja divertido.

-Y tú te pones lindo cuando eres iluso.

Rio.

………………………………………………………………………………………………


Charles y Margaret habían partido a Bergen por las macetas. Douglas se había disculpado por los destrozos antes de que ellos partieran, incluso insistió en darles dinero para subsanar lo hecho en su estadía con Marin. Charles no lo aceptó, sabía que mi hijo tenía sus ahorros de mi pago por efectuar los balances de cada mes del hotel, pero era la única ganancia que le entraba ya que hasta junio se dedicaría a preparar por fin su tesis.

Me alegraba que Douglas de a poco se encaminara y estuviera feliz conviviendo en pareja, aunque no particularmente esta tarde…

En cuanto los vi llegar noté cierta distancia entre él y Marin. Con años de experiencia en observar conductas humanas y no humanas, deduje que habrían tenido una pelea. Cuestión que no era extraño. Bianca y yo habríamos pasado por lo mismo en el primer periodo de adaptación. ¿Quién no?

Observé a los dos de reojo mientras Marin sentada en el sofá preguntaba por Liz.

Douglas de pie junto a la escalera la miraba con el entrecejo fruncido.

-Liz está en su habitación. Le diré a Rose que le avise que has llegado y de paso prepararé café para los dos.

Me puse de pie y me retiré a la cocina. Bien, o estando solos se reconciliaban o destrozaban la sala, una de dos. Marin no tenía el carácter de Liz pero sospechaba que no estaba lejos tampoco aunque lo disimulara. Bianca tenía otro tanto si de genio se trataba, así que debía ser de familia.

Al entrar al ambiente iluminado y con perfume a limón vi a Rose sentada en un taburete frente a la encimera. Parecía ensimismada. Y me preocupó.

-¡Ey! Rose… ¿Te ocurre algo?

Ella me miró sorprendida y saltó del taburete como resorte.

-Sebastien, ¿quieres café?
-No… Yo puedo prepararlo, no te preocupes. ¿Todo bien? –repetí.
-Sí.
-Me pareció verte triste. Sabes que puedes contar conmigo.
-Gracias. Es que… No nada…
-Dime, te escucho. ¿Extrañas a Numa? ¿Quieres viajar a la isla?

Negó con la cabeza. Después se mantuvo cabizbaja.

-Rose… Dime, por favor. No quiero ignorar lo que le ocurra a cada uno de esta casa, es mi responsabilidad. No sólo por vivir en ella sino por el cargo heredado de mi padre con respecto a nuestra raza.
-Lo sé. No es importante, tengo días así.
-Así, ¿cómo? –insistí.
-¡No he hecho nada malo!

La exclamación de Douglas desde la sala hizo que mis ojos se desviaran a la puerta. Volví a mirar a Rose mientras calentaba la cafetera.

-Yo puedo hacer el café –se acercó muy resuelta a ayudarme.
-Tranquila –la aparté delicadamente-. Yo también lo sé hacer. Siéntete y dime que ocurre contigo.

Dudó unos instantes y se sentó lentamente.

-Vamos, te escucho.

Me crucé de brazos y aguardé.

-Es que es una tontería.

Arquee la ceja.

-Okay… Sólo que mi vida cambió un poco últimamente. Es decir, Marin y Anouk son mis amigas y ahora no están a menudo por aquí. Anouk trabaja con los planos de la casa y va y viene al hotel también… Y ahora que tiene la práctica docente estudia mucho. Y Marin… Ya sabemos, pues…está con Douglas cuando no trabaja.
-¿Te sientes sola? ¿Y Sara? ¿O Scarlet? Incluso Anne, ¿no te agradan?
-Sí me caen bien, todas. Pero Scarlet está más que ocupada, ya no me invita al centro comercial. Con Anne… Bueno Anne no habla, me aburre un poco estar con ella. Y Sara… Con Sara tenemos otra relación. Es como si fuera mi hermana mayor o mi madre, pero extraño tener amigas.
-Supongo que Bianca tampoco ocupa el lugar que deseas.
-Bianca es muy buena, pero ella es la señora de la casa, cumple un rol diferente. Igual que Liz.
-Entiendo.
-¡No soy celosa!

La voz de Marin provocó que ambos miráramos la puerta al mismo tiempo.

Sonrió.

-Quizás si voy a saludarla dejen de pelear.
-Es una buena idea –sonreí-. Y avísale a Liz, por favor.
-Primero cortaré pastel para llevarles. Margaret dejó uno de frambuesas en la heladera. Yo no sé cocinar muy bien.
-¿Y qué te gustaría saber hacer?

Encogió los hombros.

-No lo sé.
-Okay, ¿qué tal si piensas en retomar esa idea que tenías de estudiar?
-No tengo mucha memoria. No sirvo.
-¡No digas eso, Rose! Evidentemente es un día pesimista para ti. Trata de pensar en todo lo bueno que tienes y que podrías mejorar.
-Lo haré.
-Mira que te preguntaré la semana entrante.

Sonrió.

-Lo prometo.


Rose.

Antes de que Sebastien entrara a la cocina me sequé las lágrimas y guardé mi móvil en el bolsillo del delantal. Había llamado a Anouk pero estaría en el aula y saltó la voz del contestador. Yo había limpiado la planta alta junto con Sara aunque no le permití que hiciera esfuerzo. Rodion había salido a cazar así que habíamos podido hablar un buen rato y contarnos cosas. En realidad, ella me contó y yo la escuché. Entusiasmada como siempre por su futuro bebé, no reparó en mí demasiado. Sólo necesitaba que la escucharan. Y la entendía perfectamente. Todos necesitamos alguien que nos escuche. También yo.

El motor de una moto se oyó en la lejanía y supuse que Douglas y Marin llegarían en pocos minutos a la mansión. Para el caso era lo mismo ya que no podría estar a solas con mi amiga y conversar. Era triste saber que tus amigos estaban ocupados y que no tenían tiempo para ti. No a propósito, no por desinterés en la amistad. Simplemente la vida te llevaba a tener que ocuparte de proyectos y amores. Debía pensar que hacer con mi vida, ¿pero qué haría?

Cuando varios de los nuestros ocupaban las cumbres, no hace mucho tiempo, yo solía escaparme y divertirme con ellos. Cazábamos con algunas hembras, tenía sexo con algún macho apuesto, etc… Pero después de la ola mortal de frío, nada quedó en pie. Ni siquiera ellos sobrevivieron.

No tenía padres. Mi madre había muerto por los lobos una noche en el bosque. Era tan pequeña… Mi padre nunca tuvo nombre, fue desconocido porque mi madre no sabía quién la había preñado. En las cumbres no se usaba formalidad alguna, así éramos, salvajes. Por más que Adrien indagó ninguno quiso hacerse cargo. No tenía hermanos, aunque Sara fue como si lo fuera. Ella me lleva quince años y es muy responsable y ordenada. Yo diría que mi antítesis. A ambas nos crio una vampiresa llamada Ely. Pero no nos educó para el mundo humano. Esa misión la tuvo Sebastien y fue una suerte que me eligiera seguirlo cuando nació Douglas. Era bonito cuidar de él, un bebé cariñoso y vivaracho. Pobrecito… Era ciego. Sin embargo con Sara nos arreglamos muy bien para jugar con él y darle de comer. Ahora ese bebé cándido estaba peleando con su novia con un carácter de los demonios. Y sí… Uno crece y va cambiando. Pero creo que yo no cambié demasiado. A veces pienso que sigo siendo la niña pelirroja que corría por la campiña de pastores escondiéndose por alguna travesura. Sigo siendo la misma inquieta y divertida, y también la misma solitaria. Sin pertenecer a nadie en especial. Una familia prestada que me quería, pero en definitiva, prestada.

Una joven sin un amor sincero. Sabía que era mi culpa en parte. Porque huía, porque escapaba de la responsabilidad de amar con el corazón, de entregarse sin límite. El amor me asustaba la mayoría de las veces. Aunque había instantes en que me imaginaba con Numa. ¿Cómo sería ser de él para siempre? ¿Y él de mí? Lo veía tan lejano. La idea de tener un bebé me daba pánico. ¿Y si me ocurría algo malo? ¿Y si mi hijo tendría que sufrir como yo, tanta soledad?


Miré mi anillo regalo de Sebastien. Yo pertenecía a ellos, sí… Lo había asegurado el líder de los vampiros. El mismo que se preocupó apenas entró a la cocina y me vio triste. Fue enternecedor que alguien como él prestara atención aunque Sebastien decía que era su labor estar atento a cada integrante. Sin embargo yo sabía que algo faltaba en mi vida, un incentivo. Y no era la llegada del amor, no. Deseaba realizarme como ser vivo, un sentido a la vida que me demostrara que valía y servía para algo muy importante.

Corté varias porciones de pastel y las coloqué cuidadosamente en una bandeja de porcelana blanca. Cogí servilletas y me dispuse salir del la cocina con una sonrisa. Por lo menos vería a Marin y quizás tenía tiempo de conversar un poco.

Cuando entré en la sala el cuadro que vi no fue exactamente de armonía.

Sebastien estaba con los brazos en jarro entre Marin y Douglas. Los tres de pie junto a la escalera. Marin lagrimeaba y Douglas protestaba. Deposité la bandeja y servilletas en la mesa de living junto a los pocillos de café que había preparado Sebastien.

Me mantuve en silencio mientras los tres dirimían la disputa.

-¡Papá, juro que no miré embobado a ninguna chica!
-¡Sí, lo hiciste! No soy tonta.
-¡Me cago en la gran puta! –exclamó Douglas furioso parteando el piso.
-¡Douglas, modera el vocabulario! –ordenó Sebastien.
-¡Pero me saca de las casillas! Solo miré una vidriera mientras subíamos a la moto.
-¡No era la vidriera lo que mirabas!
-Iré a llamar a Liz –susurré y subí la escalera.

En el camino aún seguía escuchando la pelea.

-¡Yo te vi! No puedes negar que la has mirado embelesado.
-¿Embelesado yo? ¡Tú estás loca, Marin!
-¡Pueden hablar más tranquilos, así no llegarán a nada ustedes dos!
-¡Pero papá! ¡Está acusándome injustamente! Si sigue así me quedaré a dormir aquí, que regrese sola al hotel. No pienso pasar la noche discutiendo.
-¡Tú regresas con ella al hotel y arreglan las cosas hablando civilizadamente! ¡De lo contrario no habrá anillo!
-¿Qué anillo? –preguntó Marin.

De pronto no escuché más voces, hubo silencio por varios segundos… Después la exclamación de Sebastien justo cuando tocaba a la puerta de Liz y Lenya.

-¡Natasha! ¿Qué haces aquí?

Oh oh… Lotería…

Natasha.

Cuando surgí en el medio de la sala vestida en bata de baño supuse que causaría conmoción. Sin embargo no quedaba otra si deseaba hablar con Sebastien y contarle lo ocurrido y el avance de los hallazgos. Me sentía realmente perseguida por el Ejército y sus secretos hasta en mi propia casa. Siempre corroboraba y era cuidadosa cuando se acercaba alguien de la Fuerza por si en un descuido colocaban algún micrófono en un bolsillo o adherido a alguna prenda. Por eso cuando terminé de ducharme, me envolví en la bata y me materialicé sin ni siquiera dar aviso a mis padres.

Sebastien escuchó atento cada palabra y agradeció el gesto de tenerlo al tanto de todo. Fue por un café caliente a la cocina el cual acepté de buen grado. Douglas al parecer hablaba en un tono bajo con la hermana de la dichosa “reina del mar”. Por suerte no la había cruzado hace tiempo pero la felicidad no dura para siempre, y al cabo de unos minutos la vi bajar como estrella de Hollywood por la escalera. ¡Qué tortura!

Primero no reparó demasiado en lo que traía puesto pero a mitad de los peldaños se detuvo y sus ojos se abrieron como platos.

-¿Qué haces aquí vestida en bata de baño? ¡Puedes explicarlo!

Me crucé de brazos y sonreí.

-Claro que puedo explicarlo. El caso es si tengo ganas de hacerlo.

Sus ojos me apuntaron como laser. Sin embargo era astuta por más que sus celos eran prioridad. De inmediato comprendió que no estaba en buscar de su amado Lenya, pero aún le intrigaba mi visita sorpresiva. Se sentó en el sofá frente a mí, cruzó las piernas, balanceando una de ellas, contemplándome con curiosidad. Fue divertido saber que estaría rebanándose los sesos buscando la razón de mi presencia inesperada.

-¿Quieres que te preste algo de ropa? ¿Te han robado por el camino?

Sonreí.

-Sebastien te explicará. En cuanto a prestarme algo tuyo… -la observé de arriba abajo-. No creo que me quede bien, estás más gorda.
-¿Por qué no te mueres?
-Porque no te daría el gusto –guiñé el ojo.

Sebastien entraba a la sala nuevamente con un café, justo cuando el bello de Lenya Craig bajaba las escaleras.

Liz disparó la mirada hacia su rostro confundido. Sí… Fue muuuy divertido.

-Aquí tienes el café Natasha.
-Natasha… ¿Qué haces aquí, vestida…así?
Sebastien no dejó que hablara. Invitándolo a sentarse, cogió asiento también y relató en breve lo ocurrido en la Central de investigación genética. Lenya conocía el primer hallazgo y había puesto al tanto a Sebastien y al parecer a su hembra. Ya que ninguno se asombró de lo contado. Pero cuando llegó a detallar sobre el segundo hallazgo, todos se miraron con temor. Los humanos parecían estar más cerca de descubrirnos de lo que habíamos imaginado siempre.

La conversación fue alejándose de celos y rabias entre hembras y dio paso a la seriedad que merecía. Sin embargo, algo noté en la mirada de Lenya hacia Liz. No significaba aquella que brindas a tu hembra para que quede tranquila y segura de su amor, no… Fue una mirada de pedido, casi de súplica hacia ella. Como si quisiera que ella abriera la boca y aportara algo. Liz no movió los labios, le devolvió una mirada… Yo diría que de advertencia. Como al tener un secreto compartido que no quieres divulgar. Sí, esa sensación me dieron los dos.

Sebastien echó un vistazo a la sala.

-¿Douglas y Marin?
-Los vi entrar al despacho –contesté-. Y volví a observar a Lenya.

Tenía la mirada hacia la alfombra y parecía pensativo. Liz clavó los ojos en las cortinas como si pudiera verse el parque a través de las ventanas. ¿Qué ocurría con los dos? ¿Qué sabían ambos que ignoraba?

Al fin lo largué. Después de todo debíamos conocer cuánto fuera posible sobre el tema de genética. ¿Aunque qué podría saber una ex humana de nuestra raza?

-¿No tienes nada para aportar? –pregunté mirándola a los ojos.

Lenya levantó la vista y torció el rostro para observarla.

Ella negó con la cabeza sin clavarme los ojos. Por supuesto ambos conocían mi don.

-No, nada importante para agregar.

Entendí que sea lo que fuera los dos no estaban dispuestos a decírmelo, y menos a abrir sus mente a mi preciado don de leer sus pensamientos. Por eso evitaban mirarme…

No me fui convencida de esa sala. Algo había que ellos conocía y yo no. ¿Pero qué sería? Juré a mí misma que lo averiguaría.

Llegué a mi casa de Moscú en un abrir y cerrar de ojos. Con gusto a café en la boca y la sensación de haber hecho lo correcto con Sebastien. Claro que no medí las consecuencias de surgir en el baño después de tanto tiempo ya que este estaba ocupado tras la mampara por mi hermano Ivan, tomando una ducha.

Al escuchar ruido hizo a un lado la puerta de acrílico unos centímetros y exclamó asomando su cabeza.

-¡Te has vuelto loca! ¡Qué haces aquí así vestida!
-Ya van dos veces que me lo dicen, y tengo explicación para ello.
-Me alegro porque comienzo a pensar que no tienes “los patitos en fila”.

Sonreí aunque lo dejé con la palabra en la boca.

-Iré a mi habitación, nos vemos en la sala en breve. Sé puntual.

Aguardé a mi hermano sentada en un sofá. La casa permanecía en silencio. Salvo por las voces de mi madre y el abuelo de Anoushka que conversaban en la cocina. Creo que hablaban del clima en Moscú y de la carestía de la vida. De qué otra cosa podrían hablar los dos. Evidentemente debían evitar hablar de política y de guerras pasadas. Mi madre tenía mucho tema de que hablar, era inteligente y leía mucho. De hecho sonreí cuando escuché que intercambiaban comentarios sobre autores.

Iván pisó la sala pero no avanzó inmediatamente hacia mí. De pie en la arcada que dividía el pasillo me observó mientras ajustaba su chaqueta burdeos.

Lo miré y di vueltas entre mis manos un papel doblado en cuatro.

Se acercó si dejar de observarme. Yo sabía que pensaba, leía claramente la gran intriga que incomodaba su mente sobre mi extraño pedido de hablar con él.

Se sentó y sus ojos fueron al papel. Me miró nuevamente y murmuró.

-¿Y bien? ¿Cuál es la urgencia?

Sonreí tratando de parecer natural al hablar. Simulado la ansiedad por conocer sus conocimientos y respuestas.

-Sucede –comencé-, que mi amiga perdió a su madre en un accidente. Quedó muy sola…
-Oh… Pobre…
-Bueno, yo… no la veo hace mucho tiempo aunque somos muy amigas –clavé los ojos en el papel que había escrito sólo hace instantes-. Pensé en escribirle una carta con mis condolencias…
-¡Qué atenta! –se burló. Adivinaba que no vendría por ese lado el tema-. Dime que rol ocupo yo.
-Tú eres el más instruido, Ivan… Me dirías si la carta está bien hecha. No deseo quedar fuera de lugar.

Me observó detenidamente y extendió su mano.

Entregué la carta, la falsa carta. Pero era la única forma que discretamente pudiera estar al tanto de los acontecimientos y poder saciar mis dudas.
Él desdobló el papel con la elegancia que lo caracterizaba y lo alisó sobre la rodilla. Y leyó…

En el papel explicaba claramente los hallazgos pero sobre todo la visita a la mansión y la extraña actitud de Liz y Lenya. Varias veces arqueó la ceja sorprendido, pero nada más. Era tan medido al actuar.

La carta terminaba en una pregunta…

“¿Tienes idea que pueden estar escondiendo?”

Noté que leí y negaba con la cabeza.

-¿Crees que debo corregir la carta? –Simulé.
-No tengo idea –murmuró.

Recostó la espalda y se mantuvo pensativo.

Estaba ansiosa por escucharlo, o mejor dicho que agregara con tinta alguna idea para así yo leerla. Pero nada ocurrió. Los minutos pasaron y cambié de posición varias veces.

Finalmente quitó una lapicera de su bolsillo interno y escribió…

-Creo que deberías corregir lo último, no me parece adecuado.

Cogí la carta mientras sus ojos púrpura cubiertos por lentecillas azules estaban pendientes de mi expresión.

Leí…

“No creo que ellos dos sepan mucho más que nosotros. Pero estudiaré más a fondo sobre los hallazgos. Si hay algún punto de conexión, te lo haré saber”.

Lo miré…

-Gracias.


Liz.

No desee contarle a Natasha lo de las sirenas. No por egoísmo, yo también me sentía una Craig con todas las letras como Bianca. La ignorancia sobre el origen de los vampiros, hoy, mi raza, era un tema de suma importancia. Pero sentí que sin tener el debido permiso hubiera sido traicionarlas. Él… él tampoco quiso traicionarlas, ni a ellas ni a mí. Por eso ni una sílaba escapó de sus labios.

Buscó mis ojos varias veces, yo me hundí en ellos. En ese iris gris plata que amaba tanto. En un silencio pactado, en un secreto implícito, compartido, continuamos la conversación hasta que decidí a abandonar la sala. Debía escapar, Natasha Gólubev tenía el don de leer los pensamientos al mirarte a los ojos.

Ya en la alcoba, me paré frente al espejo del ropero y mi mirada descansó en la redondez de mi vientre. Mi mano se posó suavemente, como si mi bebé al estar dormido el leve contacto lo despertara. Era pequeño aún. En este mes, marzo, entraría en el tercer mes de gestación. ¿Miedos? Muchos. ¿Preguntas? Miles. Pero estaba segura que no transitaría sola el dulce proceso, la agotadora espera por verlo entre mis brazos. ¿Sería niña? ¿Se parecería a mí? ¿O todo lo contrario? Tendría los rasgos bellos de su padre.

Aquel susto había pasado. Ya no debía hacer reposo y las condiciones de un embarazo normal fueron ganando terreno. No tenía pérdidas, y el malestar había desaparecido por completo. Sólo debía tener paciencia, que no era poca cosa.

Un movimiento suave casi imperceptible, dentro de mi vientre, me dibujó una sonrisa. Se movía. ¿Podía ser posible? Quizás era su forma de protestar. Por ahora no tenía voz. Llegaría el momento que escucharía su llanto, o sus sonidos guturales.

Cuando Marin nació, yo era muy pequeña. No recordaba demasiado de aquel tiempo. Mucho menos de Signy. Al representarse la imagen de mi hermana una congoja inmensa me aprisionó el corazón. ¿Cómo hubiera sido como tía? Le gustaban los bebés. Siempre decía que iba a casarse y tener muchos niños. A decir verdad, yo era la única que no deseaba una vida organizada y familiar. No… Yo soñaba con personajes idílicos, héroes o villanos, daba igual. Pero que amaran hasta dar la vida por sus hembras. Protagonistas de novelas ficticias, que me convertían en una soñadora sin remedio.
Antes de que Lenya llegara a mi vida, lo más cerca de tener un caballero a mi lado, fue cuando estuve con Drank. Aunque sin armadura ni caballo, él era lo más similar a un héroe. Hubiera sido capaz de enfrentar por mí, al más temible dragón si hubiera existido. Sin embargo cuando al cabo de dos años la pasión se extinguió por completo, supe que tampoco sería mi felicidad. Entonces, comencé a pensar si me quedaría sola esperando por alguien que nunca llegaría. Mis amigas, Loly y Rita, las recuerdo… Ellas repetían, “tú estás loca, Liz. ¿Dónde encontrarás un chico mejor que Drank?”

La puerta de la habitación de abrió lentamente y Lenya se asomó.

-Hola… ¿Están bien?

Sonreí. Él siempre hablaba en plural desde que había sabido del embarazo.

-Sí, sólo me miraba en el espejo. Aún no se nota mucho, ¿verdad? –acaricié mi vientre.

Él cerró la puerta y se acercó, con su iris grisáceo fijo en mi abdomen apenas prominente.

Se posicionó detrás de mí, y me rodeó con sus brazos. Sus manos se entrelazaron a la altura del ombligo y acercó sus labios depositando un beso en la coronilla.

-No, aún no –susurró-. Pero ya crecerá, tú me lo dijiste.

Eché la cabeza hacia atrás y recosté la cabeza en su pecho. Nuestros ojos se encontraron en el espejo.

-Quisiera que naciera ya mismo.
-Yo también –contestó-. No sé qué haré para matar la ansiedad hasta septiembre.
-Tampoco yo.
-Será otoño.
-Lo sé. ¿No te agrada?

Sonrió. Sus comisuras fueron arqueándose en una dulce sonrisa.

-¿Tú crees que me importa el mes o la estación del año?

Sonreí.

-Milenka es muy sana. ¿Nuestro bebé será igual?
-Por supuesto.
-A veces tengo miedo –susurré.

Sus manos acariciaron el vientre.

-No lo tengas. Saldrá todo bien… No hemos pensado en los nombres.
-Yo sí. Tengo el de niña.

Inclinó el rostro para mirarme y me hundí en su mirada.

-¿Qué nombre has pensado?
-Halldora.

Sentí el latido de su corazón cambiar el ritmo. Su iris se humedeció.

-¿Te gusta?

Asintió emocionado.

-Bueno, elige tú el nombre de niño.

Me observó en el espejo y cerró los ojos. A los segundos volvió a abrirlos con chispas de alegría.

-Si no te opones podríamos llamarlo como mi padre.
-¿Adrien? Me gusta.
-No, como su nombre verdadero. Thor.
-Me encanta. Entonces será Thor… El Dios del trueno.

Iván.

Natasha había revelado con detalles parte de su trabajo en el Edificio de Investigación Genética del Ejército. Me sorprendieron los hallazgos pero a la vez presentía que los vampiros no habíamos surgido de repollos. Lo admirable es que se habían tardado tantos años en encontrar fósiles que demostraran razas nuevas a las conocidas hoy por hoy. ¿Cuántas razas habría anteriores al hombre? ¿Serían muy anteriores al hombre?

Pensé ir a la biblioteca, mi lugar preferido en el mundo, pero para el caso nada serviría. Cada libro de antropología e historia de la raza humana lo conocía de memoria. Por lo tanto no me darían respuestas nuevas. Necesitaba razonar que podían saber Liz y Lenya que tuvieran que mantener en secreto.

Quizás a mi hermana le había parecido…

Recostado en la cama observé el inmaculado techo de mi habitación… El blanco había sido sugerencia de mi madre ante tantos colores oscuros de mi decoración. Recuerdo que me dijo uno de los tantos días que teníamos largas charlas.

“Querido, ¿no es un poco deprimente tu habitación?”

Yo le contesté.

“Es de estilo gótico, mamá. Y no tiene que ver con lo deprimente.”

En cambio a Anouk no le molestaba. Ella y mi madre eran las únicas que entraban y podían manipular mis cosas. Aunque mi madre no acostumbraba a tocar nada sin pedir permiso. Anouk, mi hermanita preferida fue bastante revoltosa e inquieta desde pequeña. Y digo “fue” porque este último tiempo la notaba diferente. Por otra parte, no significaba que no adorara al resto de mis hermanos, pero siempre fui un tanto especial. Sumergido en libros y programas de TV sobre historia humana, me había ganado la fama de aburrido y solitario. Sé que no reprochaban mi tendencia a la cultura y la sofisticación, pero sí, en el fondo, todos ellos deseaban que el amor me llegara y comenzara a comportarme como un vampiro normal.

Anouk, no. Anouk entendía mi admiración hacia la belleza estética y la inteligencia. De ninguna forma hubiera aceptado la discriminación, ni de humanos ni de vampiros, sólo que… ¿Cómo explicarlo? No me veía compartiendo mi vida con alguien que viviera de la naturaleza con rasgos salvajes.

En cuanto a enamorarme de humanas, sí… Me había ocurrido alguna que otra vez. La primera, una profesora licenciada en antropología. En secreto soñaba con poder convertirla y sumarla a los Gólubev, sin embargo mi enamoramiento duró unos meses, después se esfumó. Tuvimos sexo repetidas veces, siempre en la oscuridad de una habitación. ¿Qué me decepcionó, quizás? El hecho que siendo tan sabionda y entendida en la materia, no había podido darse cuenta que él que la llevaba a los más intensos orgasmos no era humano.
¿Pero acaso no era mejor que no me descubriera? ¡Claro qué sí! Sin embargo en el fondo de mi corazón quería que rompiera estructuras absorbidas en tantos libros, que fuera abierta de mente lo suficiente para hallar una verdad que los humanos catedráticos se rehusaban a creer. Muchas ideas avanzadas, muchas hipótesis para enseñar a los alumnos, pero finalmente la raza humana siempre creía ser la única existente y poderosa de la tierra.

Con quien tuve un romance efímero hace más de veinte años, fue con la hija del aquelarre Huilliche, Vilu. Pero después de compartir el sexo por un tiempo con esa fatídica vampiresa, vanidosa y torpe, abandoné la idea de tener algo serio. No deseaba que mi compañera de vida fuera tan petulante e ignorante. Yo no admiraba la belleza por sí sola si ésta no venía acompañada por cultura y educación.

Mis ojos recorrieron la habitación. El color de mis paredes, verde bosque, había sido escogido entre los tonos de lo gótico. Ocres, azules, morados, y hasta podrían haber sido grises. Colores recargados que le daban el toque misterioso. Unos cuadros valiosos adornaban, entre ellos un mapamundi y un par de paisajes misteriosos. Pero la decisión por el verde oscuro había sido por casualidad. Recuerdo que puse papelitos doblados en un frasco y le dije a Anouk que cogiera uno. Y así fue. Ella tenía apenas cinco años y yo ya era un joven de veinticinco.

En cuanto al resto de la decoración, no tuve que pensar mucho si debía seguir el estilo. Cortinas en ocre a juego con el piso de madera. Mi lámpara central construida de ornamentos. Lo gótico se había originado en el siglo XII, y tanto como los ornamentos como las terminaciones en arcos y puntas eran su característica.

Me puse de pie y cogí un libro de la biblioteca personal. Cada estante estaba ocupado por aquellos libros de autores que más admiraba o fueron regalos especiales de los integrantes de mi familia. ¿Amigos? No, amigos propiamente dicho, no tenía. Sólo podía mencionar a ese humano convertido por Sebastien, el cual vivió con nosotros algún tiempo. Sí, con él me sentía muy cómodo. Era inteligente aunque le fascinaba la ciencia como a mi hermana Natasha, y no tanto la historia y filosofía. Pero con Brander podía hablar sin aburrirme, era abierto de mente y se notaba que su padre a quién él no veía hace muchos años, era un profesional de la medicina muy bien calificado. Resultó ser Olaf Arve, el discreto y fiel director del hospital de Kirkenes.

Con Brander no nos vimos por algunos años. Él se unió a un grupo de errantes y formó pareja con un tal Boris. Suponía que los celos de su pareja le impedían salir como antes lo hacíamos. Sin embargo hace poco tiempo nos encontramos en Moscú. Me puso al tanto de los acontecimientos. Dijo que me lo debía por la amistad que teníamos. Los errantes habían decidido formar un aquelarre, aunque pequeño, y mezclarse entre los humanos. Aparentemente según lo que había contado, les había ido muy bien.

El móvil vibró sobre la mesa de luz… Era Anouk… Infaltable sus llamadas contándome sobre los adelantos en la carrera. Docencia… Cielos, mi hermana tan revoltosa e inestable por fin se había decidido por su vocación. No era que me alegrara por la carrera elegida, creo que Anouk daba otro perfil. Pero antes de que continuara abandonando universidades, prefería verla dedicada a ser la mejor en alguna especialidad. Siempre la aconsejaba… “Anouk, es maravilloso que conozcas tantos temas de cultura general, sin embargo debes ser muy buena en lo que te dediques. No está bien visto que sepas la mitad de las cosas, porque al final, en definitiva, no sabrás nada.”

Después de hablar con mi hermana y escuchar sobre la práctica docente que había comenzado, le conté sobre el ambiente en casa, alegre y distendido. Anoushka y su abuelo habían comenzado a vivir con nosotros y Dimitri se lo veía feliz. A mamá también. Ella y mi padre pensaban viajar a la Isla del Oso ahora que la casa estaba organizada y así tener juntos otra luna de miel improvisada. Así eran mis padres, enamorados uno del otro por años con la misma intensidad.

Me di una ducha rápida y me vestí con jeans, camiseta y zapatillas. Saldría a caminar por el atardecer de marzo y me distraería un poco recorriendo la orilla del río apacible y serena. Mientras cogía el ascensor volví a recordar la carta de Natasha…

Pensé en Lenya… Hijo de Adrien y una vampiresa hechicera. Según el mismo había contado, su madre tenía premoniciones. ¿Podría ser que la vampiresa antes de morir hubiera dado datos de fósiles en Rusia? Ella había vivido en estas tierras… No… No era razonable por tres motivos. Lenya hubiera contado sobre los fósiles a los Craig y Sebastien nos hubiera puesto al tanto, sobre todo a mi padre. Por otra parte, la carta de Natasha decía que Lenya sabía del primer hallazgo gracias a que ella misma se lo mostró, y que demostró verdadero asombro. Por último, no veía la razón para que Lenya conociendo el trabajo de Natasha le ocultara saber algo más… Porque de algo estaba seguro, si existía algo que ocultar a su familia, evidentemente sólo él lo sabía. Bueno, él y su hembra.

¿Y su hembra? No… ¿Qué podía saber sobre nuestros orígenes, una humana convertida hace poco tiempo. Según Anouk, no tenía dones destacables por ahora. Sólo era una neófita que surgió a la vida nueva bajo Neptuno.

Salí a la calle. El aire fresco golpeó mi rostro. Sobre mí, la noche estrellada parecía un paño bordado en azul profundo… Me detuve en la esquina esperando que cambiara la luz del semáforo. Me sabía todas las constelaciones de memoria. Y también sus leyendas mitológicas.

Neptuno… Neptuno en la mitología romana, Dios que dominaba los mares… Como seguramente algún día podría aprender hacerlo Liz… Los mares… ¿Qué relación podría tener con los hallazgos? Uno de ellos era una sirena…

De pronto, surgió una idea…

Cogí el móvil de mi bolsillo y envié un mensaje de texto.

“Hola Nat. No es él. A Liz la rige Neptuno. Busca por allí.”












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7 comentarios:

  1. Muy bueno el capitulo y tuvimos de todo un poco hasta pleitos jejeje...la historia se va poniendo cada vez más buena y hay cosillas por resolver, Lou bella gracias por el capitulo!

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  2. ¡Hola Lau! La verdad que te agradezco que comentes. Me hace feliz que te haya gustado. Un beso grande nena.

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  3. no, no, no, no, por que me dejas asi eres cruel

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    1. ¡Hola Claudia! Gracias por comentar. Paciencia todo llega. Esperemos que no sea tan fácil para los humanos. Un beso grande y buena semana!

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  4. LOU, amiga, te ensañas con tus lectores yo entre ellos,. nos dejas en suspenso la mayoría de las veces, pero bueno así conservas el interés general,,,abrazos fuertes amiga,,,,

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  5. ¡Hola amigo mío! Gracias por pasarte y comentar. Veremos que ocurre con los hallazgos y si Liz cuenta lo que sabe a Natasha. ¡Un abrazo grande!

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  6. Uy extrañe lerte ya me puse al día entre pleitos y mucho suspenso. Te mando un beso

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