Saga para + 18

Iris púrpura es el cuarto libro de la saga Los Craig. Para comprender la historia y conocer los personajes es necesario partir de la lectura de Los ojos de Douglas Craig.

La saga es de género romántico paranormal. El blog contiene escenas de sexo y lenguaje adulto.

Si deseas comunicarte conmigo por dudas o pedido de archivos escribe a mi mail. Lou.


sábado, 8 de julio de 2017

¡Holaaa! Capi 31 para ustedes. No hay mucho que anunciar... Todo está frente a sus ojos, o no... Depende de la imaginación.
Espero que lo disfruten y se coman las uñas jajaja. Un besote y gracias por comentar.



Capi 31.
Historia oculta.


Natasha.


Caminaba por la calle Vozdvizhenka, café en mano, a minutos de entrar al Edificio de Defensa. Había estado ausente de Kaliningrado por todo el mes de febrero y parte de marzo. No habían sido simples vacaciones, por el contrario debí tomar exámenes a alumnos de la Universidad de Moscú. Fui presidente de mesa respaldando a dos profesores con menos experiencia y estatus, evaluando jóvenes que ansiaban poder recibirse y dedicarse a lo que más amarían. La ciencia genética.

A decir verdad, me gustaba dar clase pero más disfrutaba investigando la materia. Sobre el fósil encontrado en octubre, muy poco se sabía. Encerrado en uno de los subsuelos del edificio y como quien diría bajo siete llaves, esperaba que alguien dedujera su historia secreta.

Bueno, yo podía adivinar cierta corriente de procedencia. Aunque no tenía explicación para esa mutación y su extinción. Los vampiros habíamos podido sobrevivir, un número reducido si se lo comparaba al humano. Lo mismo ocurría con los licántropos… ¿Pero esta especie de membranas y colmillos?

Subí las escaleras y al aproximarme a la amplia entrada, las puertas de cristal se abrieron. Luka, encargado de recepción me miró y sonrió. Tenía un cachorro pitbull entre sus brazos. Avancé hacia el escritorio y devolví la sonrisa.

-Buen día, Luka. ¿Y ese cachorro?
-Buenos días, doctora. Los perros de ataque tuvieron cría, el General Losovich me lo regaló. Cuestan mucho dinero. Fue muy gentil.
-¡Qué bien! Felicidades. ¿Y cómo lo llamarás?
-Es hembra, la llamaré Niurka, significa piel de visón. ¿Ha visto, doctora? Tiene un pelaje maravilloso. Parece tranquila.

La observé y sonreí.

-Será una buena compañía.
-Claro que sí.
-¡Doctora Gólubev, bienvenida!

El General Losovich caminó hacia mí después de abandonar uno de los ascensores. Su gesto no lo hubiera juzgado antipático ni enfadado, diría que parecía preocupado.

-General, buenos días.

Tomó un respiro antes de saludarme formalmente y extender la mano. Él nunca me llamaba por mi nombre de pila salvo sin testigos. Aunque jamás se había animado a decirme que le gustaba y su rectitud era irreprochable.

Apenas una sonrisa se dibujó en su cara al contemplar a Luka hablándole a la cachorra. Evidentemente algo lo tenía inquieto.

-¿Me acompaña? –Señaló las puertas de acero a varios metros de los ascensores.
-Por supuesto.

Ambos nos acercamos a la barrera infranqueable y apoyamos el pulgar en la plaqueta de metal de la derecha.

La puerta se abrió y el pasillo agosto, alfombrado en un tono azul marino, se mostró silencioso y poco iluminado. Conocía de memoria donde me llevaría el final de ese pasillo. Varias puertas cerradas a lo largo del recorrido, pero lo interesante estaba en la última. La puerta de un ascensor que nos llevaría al subsuelo.

Cuando pulsó el botón correspondiente, el ascensor comenzó a bajar lentamente. Mi vista se clavó en el piso y percibí su mirada en mí. Levanté la vista y lo enfrenté.

-¿Qué te preocupa, Igor?

Negó con la cabeza y guardó silencio.

Lucía un traje gris oscuro y camisa blanca almidonada. No vestía el uniforme del ejército. A decir verdad pocas veces lo había visto uniformado. Tampoco lo creía necesario mientras no ejerciera ciertas actividades afines. De cualquier forma, su prestancia erguida firme al mantenerse en pie, su cabello cuidado y corto, su cuerpo atlético a pesar de la edad, daban indicios que no se dedicaba a la jardinería. Era de esa clase de personas que apenas conoces puedes vislumbrar a qué se dedica. Ser parte del ejército podría ser uno de los títulos que cualquiera adivinaría. Sin embargo no siempre sucedía así con los colegas.

-Me tienes en ascuas.

Sus ojos se tornaron gentiles.

-No es por hacerte penar. Sólo quiero que veas algo. No podría explicar con palabras el hallazgo.
-¿Otro hallazgo?

El ascensor de detuvo y mis latidos cambiaron el ritmo…

-Ven, tienes que ver esto.

Nos dirigimos hacia una puerta de doble hoja de grueso acero. Nuevamente apoyamos el pulgar y al reconocimiento de las huellas digitales, la puerta se deslizó.

Un laboratorio de grandes dimensiones que conocía muy bien era la antesala de otro ambiente menos amplio, la sala de cómputos. Allí los estudios de genética se encontraban muy bien resguardados con claves y acertijos para que nadie ajeno al entorno, y sin autorización, pudiera tener alcance de los descubrimientos. A los largo de los diez últimos años, el sector de inteligencia del ejército ruso había logrado desentrañar muchos secretos de diferentes fósiles. Sin embargo el hallazgo en octubre, de la extraña especie de mar, aún era un dolor de cabeza.

¿Y ahora qué?

Seguí los pasos de Igor hasta los primeros ordenadores. En el primero, Efrain, un griego paleontólogo de sesenta años, tipiaba el teclado a velocidad digna de admirar. Al escuchar el saludo del General, se puso de pie y sonrió.

-General, buenos días.
-Efrain, la doctora Gólubev –me señaló mientras me aproximaba-. La recuerda, ¿verdad?
-¡Claro qué sí! Trabajó desde octubre hasta enero junto a nosotros. Se ha sentido su ausencia doctora.
-Gracias. Créame que tomar exámenes en la Universidad de Moscú ha sido aburrido. Necesitaba acción -sonreí.

Eché un vistazo a la pantalla… Una mancha abarcaba la pantalla con distintas capas de color.

-¿Otro mapa geológico?

Efrain se mantuvo en silencio. Sólo ante un leve asentimiento de cabeza del General, comentó.

-Es el mismo lugar donde encontramos el primer fósil. Exactamente a cuarenta centímetros.

Miré a Igor.

-¿Primer fósil? Entonces… ¿Hay más? –pregunté.
-Sí, y es tal como ha dicho usted. Es roca sedimentaria, no volcánica, perteneciente a la era Cenozoica.
-¿Otro ejemplar igual?
-No… Por favor, acompáñeme al laboratorio. Sigue trabajando Efrain, gracias.
-Un placer.

Los pasos de Igor eran apresurados. Como si quisiera compartir el hallazgo de una vez por todas con alguien como yo, a quien confiaba a ciegas la discreción y el buen criterio.

Al llegar al laboratorio vi dos cajas transparentes de polietileno, sobre tarimas, una paralela a la otra. Era como se acostumbraba a guardar los fósiles de gran tamaño para su conservación. Los hallazgos de esa naturaleza eran cuidadosamente separados del lugar donde se habían encontrado por miles de años, usando herramientas como espátulas, navajas pequeñas, y cepillos de cerda gruesa. Después se los lavaba con vinagre para hacer desaparecer las partículas impuras y poder conservarlos.

La primera caja contenía el hallazgo del mes de octubre, donde el mismo Lenya Craig había observado la extraña sirena petrificada. En la otra caja… otra especie diferente, pero a la que reconocí a grandes rasgos por ser similar a mi especie.

Me acerqué en silencio mientras Igor permitía mi observación sin interrumpir.

Tenía rasgos humanoides en su rostro, aunque de sus fauces sobresalían dos colmillos. Su caja torácica era ancha y de huesos gruesos. Sus extremidades largas y culminaban en garras curvas.

-¡Qué extraño! –Exclamé simulando estar sorprendida-. Diría que no pertenece a nuestro planeta.
-Yo diría que es una especie de vampiro -murmuró él-. ¿No estás de acuerdo?

No lo miré a los ojos. No podía, sinceramente negar mi especie, mi historia, frente a él, con absoluta naturalidad. Era imposible.

Él continuó sin notar mi estremecimiento, mi temor. Quizás habría pensado que el hallazgo me había sorprendido por presentarse tan perfectamente conservado.

Di varios pasos hasta poder ver con claridad la primera especie.

-Natasha, ambos fueron encontrados muy cerca, la misma Era, la misma capa. Es decir, convivieron ambas al mismo tiempo.
-Sí, pero no a gusto, ni pacíficamente.
-¿Por qué?

Señalé las dos hendiduras del esternón de la posible sirena prehistórica.

-Él o ella la mató. Son huellas de sus garras.

Igor se acercó y estudió la zona, después el tamaño de las garras.

-Sí, puede que tengas razón. Pero… ¿Y él de qué murió?
-Seguramente ahogado. Quizás en la lucha la segunda especie no pudo escapar a la superficie del mar. Ya sabes… Las aguas inundaban la zona. La primera especie se encontraba en su hábitat, no así el…
-El vampiro –interrumpió.
-Pongámosle que sí.
-Acompáñame, por favor. Quisiera que vieras los estudios hechos en el lugar que se han encontrado los fósiles.
-Me apena no haber colaborado todo este tiempo.
-No te preocupes, entiendo que eres responsable y debías cumplir compromisos pactados anteriormente.
-Gracias.

Otra vez en la sala de cómputos nos acercamos a un ordenador en el cual trabajaba Yerika, una mujer joven de apenas treinta años con el cerebro de Einstein. A su lado, a la izquierda, en otro ordenador, Serguey. Introvertido y brillante. A la derecha de Yerika, Irina. Ella era la segunda mujer en la sala de cómputos que estaba al tanto de los hallazgos. El resto de las Fuerzas ignoraba hasta que punto conocían los adelantos.

Si echaba un vistazo rápido y tuviera que dar una idea del porqué cada uno estaba allí, podría asegurar dos cosas. La primera que la inteligencia era su virtud sobresaliente. La segunda, la discreción como baluarte ante cualquier imprevisto o intromisión extraña. No dudaba que cualquiera de ellos prefería morir antes que abrir la boca, y su sentido de patriotismo brotaba por los poros. Por supuesto no sólo era su incentivo. La suculenta suma que pagaba el Ejército a cada uno de ellos los convertía en fieles hasta la muerte.
Seguramente antes de ser contratados habrían sido estudiados minuciosamente. Sus estudios y becas. Su carácter y sus vidas. Por un instante pensé que tanto sabía Losovich de mi existencia. Era lamentable no leer la mente humana, yo sólo conocía los pensamientos de mi especie.

Losovich se acercó a Yerika, posó la mano derecha en su hombro y la científica levantó la vista para verlo.

Se puso de pie de un salto.

-Lo siento, General. No me percaté que había entrado a la sala.

Igor sonrió.

-Me he dado cuenta de ello. La noté concentrada. Mil disculpas.
Se hizo a un lado y me señaló.

-La doctora Gólubev ha regresado. Podría ponerla al tanto de los descubrimientos.

Sonreí y me devolvió la sonrisa.

-Por supuesto. Acercaré una silla así podrá ver la pantalla con comodidad.
-Gracias.

El General se despidió aunque me pidió que antes de abandonar el edificio pasara por su oficina. Necesitaba saber mis conclusiones. La frase no pasó desapercibida por varios que levantaron la vista fugazmente en actitud casi burlona. Me incomodó realmente. No ignoraba que Igor en su oficina se limitaría a hablar de los hallazgos, pero no parecía ser creíble para el resto de los contratados que notaban su mirada de admiración y embeleso hacia mí.

Una vez que Igor se hubo marchado, Yerika acercó una silla y me senté junto a ella. Tipió rápidamente hasta llegar a una pantalla oscura que fue tornándose más clara y nítida. Antes de contemplar lo que iría a mostrarme giré mi cuerpo hacia los rostros ahora sumergidos en sus ordenadores.

-¡Escuchen bien!  -todos me miraron sorprendidos. Yerika dejó de tipiar-. No he venido a buscar noviecitos ni problemas. Soy científica con un alto coeficiente, no una puta que desea escalar. Si alguien duda de mi integridad profesional que me lo diga en la cara y si no se animan a ello no quiero ver ni por casualidad sus gestos estúpidos. De lo contrario, les aseguro, será el último día que trabajen aquí. ¿Quieren apostar que cumpliré mi amenaza?

Nadie contestó, se limitaron a seguir su trabajo en completo silencio.

Ya aliviada de la rabia que me habían producido esos humanos de vidas mediocres, giré y mis ojos se fijaron en la pantalla.

-¿Qué es eso? –Exclamé-. ¡Es Lucy!



-Exacto. Como ya sabemos el esqueleto de Lucy y su familia, fueron encontrados en el noreste de África, son fósiles anteriores al género “homo”.
-¿Qué hay de nuevo entonces? ¿Algún punto de conexión?
-Todo lo contrario. Esa es la intriga. Se supone que hubo una evolución paulatina a partir de tres millones de años atrás de esta Era. Sin embargo, desde Lucy hasta hoy, la conformación del cerebro tiene una secuencia. Lucy tenía el cerebro más pequeño que el humano, por más que se ha descubierto que caminaba en dos pies. Pero…
-¿Pero?

Me miró y bajó la voz casi apenas audible.

-Los hallazgos son anteriores al período de Lucy y tienen la cavidad craneana mucho más grande. Es decir…
-Son especies distintas –murmuré-. No se han cruzado en la cadena evolutiva.
-No. Abel y Zara nunca pertenecieron o fueron parte de una evolución.

Arquee la ceja.

-¿Abel y Zara?

Sonrió.

-Bautizamos a los dos hallazgos.
-Oh… Okay. Por lo menos no recurrieron a Adam y Eva –sonreí.

Negó con la cabeza divertida.

-No doctora, eso sería una burla.

Continuamos tratando de entender el vacío que reinaba en la prehistoria. Quizás yo podía hilvanar alguna que otra teoría en base a mi raza. Lo cierto que tampoco hallaba respuesta al surgimiento de los vampiros y esa especie de sirena. A esta altura me negaba a tener fe que sabríamos como fue que pisamos este mundo por primera vez.

Recorrí el camino inverso hasta llegar a la oficina de Igor. Golpee la puerta y me autorizó a pasar recibiéndome con una sonrisa amable.

-Siéntate Natasha. Cuéntame qué piensas de todo lo que has podido ver.

Me senté frente a él junto al escritorio.

-Bueno… Mentiría si dijera que estoy ubicada en tiempo y espacio de los hallazgos. No sé como surgieron, aunque sí porque se extinguieron. Tú sabes, los mares crecieron. Y ahora que sabemos que había depredadores como… como el segundo hallazgo, es probable que hayan ganado las luchas y exterminado a esas especies marinas. No sé…

Respiró profundo…

-No sé Natasha…Yo creo que si no han sido parte de la evolución pudo ser que no desaparecieran con ella. ¿Me explico?
-Por supuesto, entiendo. ¿Crees qué…?
-Creo que no necesariamente se hayan extinguido.

Sonreí.

-Sí, de cualquier forma es poco probable que existan hoy por hoy con todos los adelantos, hubieran sido vistos en alguna parte del planeta.
-Eso coincido. No son dignos de pasar desapercibidos. Salvo… Que ellos también hayan por su parte evolucionado. ¿Quieres un café?
-Sí… Gracias.

No podía confesarle a Igor que estaba en el camino correcto. Eran suposiciones de él, pero que sin saberlo estaba en lo cierto. Y no sólo eso. Que frente a él, tenía un claro ejemplo que el llamado “Abel” había evolucionado.



Brander.


Al día siguiente que partiera Charles, Boris y yo bebíamos café en la cocina. Ninguno de los dos se atrevía a hablar sobre el futuro de Nicolay. Dentro de nosotros seguramente estaba la duda instalada, ¿qué diría Sebastien Craig sobre el niño vampiro? A esta altura Charles le habría comunicado la novedad. Temía su enojo por ocultar algo tan importante relacionado a nuestra raza. No teníamos experiencia en infantes como para saber a qué edad Nicolay comenzaría la primera transformación. Por eso, a pesar de la resistencia de mi pareja de viajar a Kirkenes e instalarnos definitivamente, no habría otra salida de estar más protegidos si no era cerca de los Craig.

Cuando Ivan y Dimitri se habían cruzado en varias oportunidades con nosotros, ellos hablaban de una bebé llamada Milenka. Hija de su hermana Svetlana. Según ambos, la niña era un ser normal que no daba signos extraños que llamaran la atención. Pero ya Nicolay tenía seis años. De todas formas, Boris afirmaba que en su larga vida nunca había visto una transformación antes de la adolescencia. Por lo tanto aún teníamos tiempo.

-¿Quieres más café? –pregunté poniéndome de pie.

Negó con la cabeza y de un trago terminó lo que quedaba de su taza.

Puse a calentar la cafetera y silbé una canción de Evanescence.

-Me voy –murmuró, poniéndose de pie.

Quitó la chaqueta negra del traje del respaldo de la silla.

-Pero hoy es tu franco.
-Iré al Registro Civil por la adopción de Nicolay.
-¿Hoy? Los documentos no están listos. Ekaterina dijo que lo haríamos esta noche, con calma para no equivocarnos. Además falta la almohadilla de tinta. No tenemos.
-Sólo quiero averiguar todo lo que se necesita. No quiero ir ese día contigo y Nicolay para que después nos hagan volver por faltarnos alguna estupidez.
-Okay… Boris…

Antes de llegar a la puerta de la cocina se detuvo y me miró.

-¿Qué?
-No tengas miedo. Nadie nos quitará a Nicolay.

Hizo una mueca de escepticismo.

-Me alegro que estés tan seguro. Porque yo no. Que tengas un buen día.
-También tú.

Una vez que escuché la puerta de calle cerrarse, me serví el café y volví a sentarme. ¿Confiaba que nadie nos quitaría a Nicolay? No… No podría afirmarlo porque no dependía de mí, ni de Boris, ni de Ekaterina, sólo hubiera dependido de Olga, su mamá. Pero ella estaba muerta.

El deseo de Olga era que Nicolay tuviera un padre como cualquiera de nosotros, aunque el gusto sexual no fuera el impuesto tácito por la sociedad. Desde que nació el niño y ella se vio tan sola y desprotegida siempre repetía. “Nicolay sería muy feliz si cualquiera de ustedes hubiera sido su padre”. Sin embargo era un deseo bello pero difícil de cumplir. Salvo con la mágica solución que nos daba la ley al poder aceptar la adopción por parejas gay.

¿Es que quién podría querer más a Nicolay que nosotros? Imposible. Lo vimos nacer, dar sus primeros pasos, y sus primeras palabras. Le enseñamos ruso, y noruego, el idioma de origen de ambos. Era inteligente y muy astuto. Estábamos orgullosos de él al igual que su tía Ekaterina. Aunque a decir verdad el orden y aprender a hacer obediente fue de la mano de ella. Sí… Nosotros éramos más condescendientes.

Escuché el sonido de una puerta abrir y cerrarse. A los segundos escuché a Nicolay correr por el comedor y empujar la puerta de la cocina.

-¡Hola Brander!
-¡Hola cariño! ¿Dónde estabas?
-Salí a pasear con la tía.




Me incliné para que estampara un beso en mi mejilla.

Se colgó de mi cuello y rio.

-Ey, despacio me harás caer de la silla –reí.

Ekaterina entró a la cocina.

-Nicolay… Pórtate bien.
-Brander miente –dijo sacudiendo su cabello rubio como lluvia dorada y trepando a otra silla-. Siempre dice que lo tumbaré al suelo y es muy fuerte.
-Bueno, pero no debes ser tan efusivo, no queda bien.
-¿Por qué no, tía?
-¡Eso! ¿Por qué no? –fruncí el ceño.

Ekaterina me miró apoyando las bolsas de compras sobre la encimera.

-Porque debe ser un niño educado. Donde vaya debe hacernos quedar bien. Somos los responsables de su educación. ¿Qué dirán los Craig si el niño se comporta como salvaje?
-¡Ay Ekaterina, exageras! Nadie podría decir que un niño es mal educado porque sea efusivo y bullicioso. Es un crío.

Ella arqueó la ceja.

-No sabemos si los Craig les gustan los niños. Si no fuera así, Nicolay debe tratar de no dar problemas en lo posible.
-¿Yo podría no gustarle a los Craig, tía Ekaterina?

Alcé las cejas en tono de reproche.

-¿Ves lo que haces? Lo asustas.

Miré a Nicolay que me observaba tras el cabello que caía en su frente.

-Los Craig son una familia de… tú ya sabes de qué.
-Ajá…
-Son poderosos porque son muy antiguos, y tienen mucho dinero. Sin embargo no significa que sean antipáticos ni aburridos, ¿okay? Además yo te he contado hace unos meses que Sebastien salvó mi vida y yo sólo era un humano. No es un ser malo. Y él es el líder de todos nosotros.
-Brander, Sebastien salvó tu vida porque vio una buena oportunidad con tu padre. Podría tener un aliado.
-Ekaterina…
-Sabes que es así.
-No, no lo sé. Puede que tengas razón, pero también es cierto que tenía otra solución con respeto a mi padre, sabes a lo que me refiero. Dejemos ese tema por Nicolay.

Me puse de pie y abandoné la cocina cogiendo de la mano al niño.

-Jugaremos a un nuevo videojuego en su habitación mientras no está su comida.
-Okay.




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Spiderman cayó en la calle de un golpe certero. La pantalla mostró el clásico “Game Over” y Nicolay me miró enfadado.

-¿Has matado a Spiderman?
-Lo siento, te gané –sonreí.
-Pero no puedes.
-¿Por qué no?
-Porque el Hombre araña es un héroe.
-Pero el villano lo mató. ¿Ves? La pantalla dice “Game over”.
-Entonces no era tan villano, los villanos nunca ganan, dijo Boris.
-Nicolay, yo estoy seguro que “the Chamaleon” es villano. Además lo dice el juego, ¿ves?

Cambié la pantalla con el joystick.

Nicolay sentado en su cama con las piernas cruzadas observó la pantalla y me miró.

-¿Es porque se viste así? Porque hay otros personajes en el juego y no son villanos.
-Por eso te repito, si no lo conoces porque no es famoso, el videojuego te indica que será villano.
-Ah…
-En resumen, te gané. Maté al Hombre araña. ¿Quieres que juguemos otra vez?
-No.
-¿No te gusta perder? –reí.

Me miró enojado.

-¿A ti si?
-Pues… No… Tampoco me gustaría perder. Y menos frente a ese tipo de villanos. Tan malos. ¿Jugamos a uno de carreras?
-Vale…

Su carita redonda y hermosa adoptó gesto preocupado.

-¿Qué piensas? –pregunté mientras buscaba DVDs en la caja.
-En la vida real, ¿quién te indica que es un villano el que tienes en frente? En el videojuego me dijiste que te señala quien –me miró fijo, expectante, ansioso por la respuesta-. ¿Quién te avisa, Brander?

Lo miré.

-Nadie, cariño. Tú debes darte cuenta solo.
-¿Sabré darme cuenta?

Abandoné la caja de videos y me senté a su lado.

-¡Ey! ¿Por qué crees que te cruzarías con villanos?

Me miró…

-Porque soy especial.
-Bueno… No por eso te perseguirán villanos.
-Sí, siempre es así.
-¿Quién te dijo eso?
-Yo lo digo.
-¿Y en qué te basas?
-Porque si soy especial, sobresalgo. Y si sobresalgo llamo la atención. Y si llamo la atención puede haber personas buenas o malas que me observan.
-Yo diría que deberías jugar menos videojuegos. Eso diría. Tu tía dice que tienes demasiada imaginación.
-¿Por qué hablo solo?
-Algo me dijo Ekaterina.
-No hablo solo, Brander. Hablo con mi amigo, aunque no lo veas él existe. Viene a hablar conmigo por las noches y me cuenta cosas bonitas.

Arquee las cejas.

-¿De qué hablan con tu amigo?
-No te diré porque no me crees.
-No es que no te crea… En serio… Anda cuéntame, ¿cómo se llama? ¿Cómo es? ¿Dónde vive?
-No sé su nombre, no me dijo. Es mayor, muy mayor. De cabello largo y blanco. Vivía, porque ya no vive.

Tragué saliva…

-¿Dónde vivía?
-Dijo que en Kirkenes. En las cumbres.
-¿En Kirkenes?
-Sí, él está contento, Branden. Porque yo viviré cerca de allí. Ese es mi lugar. Donde siempre debí vivir.



Grigorii.


Estaba en la sala de la mansión de los Craig esperando a Anne. Necesitaba verla y convencerme por mí mismo que mi hermana se sentía tan feliz y cómoda que deseaba quedarse un tiempo más viviendo con Scarlet. Daba un poco de vergüenza e incomodidad que hubieran hecho salir a todos los integrantes del género masculino para que ella bajara y se sentara junto a mí. Pero Scarlet me había informado antes de ir por ella que Sebastien y Lenya no se encontraban en la casa. Que Ron y Charles estaban durmiendo la siesta, y que el resto no le interesaba bajar a la sala dadas diferentes ocupaciones. De todas formas no era habitual que provocara tanto movimiento y molestias por su problema psicológico. En Navidad ya habíamos pasado por una experiencia de estar reunidos y ella no había dado muestras de terror. Todo lo contrario, si no fuera por la falta de diálogo y su incomprensible mutismo, hubiera pasado desapercibida como una más de la familia.

Y aseguraba incomprensible porque quería pensar que Anne no tenía un problema grave que nunca se solucionaría. Dudaba si en el fondo, ella con fuerza de voluntad, lograría salir de su encierro interno. Quizás yo debía haber insistido con las terapias, o quizás obligarla en base a promesas o alguna amenaza de que la única salida era que comenzara a hablar, por lo menos conmigo. Nada había logrado, ignoraba si estaba haciendo las cosas correctas, ¿pero quién era yo? Un pobre investigador venido a menos, convertido en un oficial de la Fuerza en Kirkenes. Mi hermana era todo para mí, mi mundo y la razón de mi lucha por superarme. Sin embargo si a mí me ocurriera algo… Sí… Era buena idea que Anne se relacionara de a poco y al menos confiara en otras personas, llevara el tiempo que llevara.

Scarlet bajó de la escalera con Anne. Me puse de pie y sin querer, por inercia, mis ojos fueron al escudo de león colgado de una de las paredes. El mismo que le habían regalado a Scarlet sus hermanos, pero un poco más grande. Recuerdo en la escuela secundaria haber estudiado símbolos de tribus antiguas de Europa, pero el león de los Craig no estaba entre ellas. Pensándolo bien, debía ser mucho más común de lo que imaginaba. Los cadáveres de aquellos que se suicidaron entre el 2014 y el 2015, tenían tatuado la cabeza del mismo león.

Mentiría si dijera que no se me había cruzado que Sebastien fuera el líder de una congregación satánica y hubiera provocado esos suicidios. ¿Por qué no? Había casos en la historia de la humanidad que gente fuera de sus cabales provocaba ese tipo de cosas aberrantes. Aunque el final no coincidía ya que los líderes se suicidaban también. No era el supuesto del millonario hermano de Scarlet. Él vivía una vida plenamente feliz y no daba importancia al resto de la humanidad. Así que descarté mi idea errónea y disparatada.

Sin embargo, había algo inexplicable que aprisionaba mi corazón cada vez que entraba en esa mansión. Quizás la escalera… Sí, la escalera. Mis sueños repetitivos sobre mi hermana vestida de novia bajando cada peldaño me estremecía. ¿Por qué la soñaba de novia? ¿Y por qué aquí?

También había soñado a Lenya Craig en peligro, hace varios meses creo que había sido por marzo o abril del año pasado…Pero Lenya estaba vivo y coleando así que mis sueños premonitorios parecían estar perdiendo efecto. Soñar a mi hermana en esas condiciones sólo sería producto de una mala jugada de mi psiquis.

-Hola Anne –sonreí.



Scarlet bajó antes que ella y me dio un beso en los labios. La deseaba tanto… Rápidamente se excusó y dijo que estaría en la cocina por si necesitaba algo.

Le di las gracias y Anne me abrazó.

Correspondí al abrazo como si no hubiera transcurrido una semana de no verla.

-¿Todo bien, cariño?

Asintió con la cabeza y al separarse me miró a los ojos sonriendo.

Nos sentamos cerca del hogar, que hoy lucía apagado sin las llamas que entibiaban el ambiente durante los meses de frío.

Sabiendo que Anne no iba a emitir palabra comencé a contarle las buenas nuevas, el departamento alquilado en Kirkenes, el balcón corrido e iluminado, su habitación recién pintada y amplia esperando por ella, y también no obvié la compra de una mascota que le gustara. Anne me miraba sonriente y parecía entusiasmada, pero al mencionar el hecho de que debería abandonar la mansión de los Craig, su sonrisa se disipó como soplido.

-Anne, eres mi hermana. Aunque te traten con cariño no es tu familia. Bueno, al menos no por ahora –sonreí-. Si Scarlet y yo fuéramos pareja quizás encontraría un punto en común pero por ahora ellos siguen siendo extraños. Mira… Necesito que me transmitas la verdad. Quiero partir tranquilo de aquí. ¿Qué te hace no desear apartarte de ellos?

Ella buscó alrededor algo…

-¿Quieres una hoja para escribir?

Asintió apenada.

Introduje mi mano en el bolsillo de mi chaqueta de cuero y entregué un papel doblado apenas escrito con la lista de compras. Después busqué la lapicera en el otro bolsillo.

-Ten…

Ella escribió y yo aguardé con suma curiosidad lo que querría decirme. Necesitaba saber el porqué no quería abandonar la mansión.

Anne me entregó el papel y leí…

“Porque estoy más segura”.

La miré.

-Pero siempre te he protegido, Anne. No dudes que tendrían que matarme para llegar a ti y hacerte daño. Sería muy difícil.

Ella volvió a pedirme el papel y escribió.

“Pero con ellos sería imposible”.

Arquee la ceja al leer.

-Bueno, sí… Son muchos, de cualquier forma algún día tienes que regresar a tu propia casa. ¿Entiendes?

Asintió levemente.

-No te pongas triste. Sé que te diviertes con las chicas. Y agradezco lo que hacen por ti… Ehm… Bueno… Hablaremos en otro momento, ¿vale?

Asintió sonriendo.

-Entonces, ¿estás bien? ¿Necesitas algo? Scarlet no quiso aceptarme dinero por tus gastos, se enfadó conmigo –sonreí-. Te compraré ropa que te guste, así puedes variar si sales por el parque. ¿Estás de acuerdo?

Asintió y volvió abrazarme.

-Te extraño, hermana.

Me dio un beso sonoro en la mejilla y tuve que regresar a mi nuevo apartamento resignado. No la forzaría pero Anne debía entender tarde o temprano que los Craig no eran de su sangre, y que yo la seguiría protegiendo como hasta ahora lo había hecho.




Ron.


Salí de mi habitación con el anotador rumbo a la puerta que compartían Scarlet y Anne. ¿Estaría sola? Debía asegurarme para que nadie supiera cómo nos comunicábamos hace meses. No eran extensos diálogos los que intercambiábamos pero me sentía feliz porque de a poco iban agregándose más frases que notaban que Anne confiaba en mí y le caía bien.

Al llegar a la mitad del pasillo escuché la voz de Scarlet y Petrov en la sala. Me detuve… Parecían despedirse… Petrov mencionó a Anne… Scarlet caminó junto a él al parecer hacia la puerta de entrada y a la vez unos pasos se escucharon subiendo la escalera.
Estuve a punto de girar y volver a mi habitación, pero quedé inmóvil. No supe el porqué. Quizás un poco de locura arriesgada, quizás el deseo desbordado por contemplarla una vez más, aunque fuera de lejos.

Apenas Anne pisó el pasillo rumbo a su alcoba, me vio. Se detuvo en seco y me miró con los ojos grandes y redondos como platos. Con una expresión más de sorpresa que de pánico.

Yo alcancé a levantar mis manos en señal de rendición y balbucee.
-Lo siento, no te apenes…Ya… Ya regreso a mi habitación. Yo… Yo volveré cuando tú cierres la puerta.

Ella me miró pero no atinó a avanzar. Sólo permaneció contemplándome, aguardando que cumpliera mi palabra. Ni siquiera un solo paso hacia mí, inmóvil…

Giré y apresurado regresé como había prometido. Me quedé tras mi puerta escuchando el sonido de sus pasos apresurados y el de su puerta al cerrarse. Entonces salí…

Me acerqué atento a los ruidos de planta baja. Al parecer Scarlet estaría con Petrov en el parque. Me senté en el suelo y cogí el anotador y la lapicera.

“Hola Anne, ¿cómo estás?”.

Arranqué la hoja y la deslicé como tantas veces por debajo de la puerta.

Escuché apenas movimiento del otro lado y a los pocos minutos la hoja volvió a deslizarse a mi costado.

“Bien, ¿y tú?”

Sonreí.

“Bien, ¿has hablado con tu hermano? ¿Todo bien?” Escribí y deslicé la hoja.

Ella escribió…

“Sí, lo extraño. Es muy bueno. Él también me extraña. Pero yo no quiero irme de aquí”.

Leí los trazos temblorosos…

“¿Estás más protegida con nosotros?” Escribí.

“Sí. Él jamás podría contra ustedes”.

Leer la última frase me llenó de coraje. Él… Él maldito que le había tocado por padre. Él borracho hijo de puta. Y pensar que seguía su vida en esa ciudad como si nada, según me había dicho Petrov. Ella tenía que vivir atemorizada por su culpa, por su inmunda existencia.

Volví a leer la frase…

Garabatee con la lapicera buscando como escribir lo que tenía guardado en el corazón, la rabia y la injusticia creciendo en mis entrañas. Finalmente casi sin pensarlo dos veces, escribí…

“¿Quieres que desaparezca para siempre?”

Deslicé la hoja sintiendo los latidos de mi corazón. No sé que estaba ofreciéndole. Quizás pedía permiso para hacer algo que ansiaba con el alma.

Ella no respondió de inmediato. Para mí fue una tortura. ¿Y si pensaba de mí lo peor? ¿Qué tal vez era una bestia asesina sin escrúpulos?

Al fin la hoja de papel volvió a deslizarse. Esta vez lento, como si estuviera a punto de cogerla de nuevo y borrar lo escrito. Pero no… No se arrepintió. Leí…

“Sí”.

Y con ese “sí”, acabó de firmar una sentencia de muerte. La cual yo y sólo yo, sería el encargado de ejecutarla.





2 comentarios:

  1. Ron va para una misión y no va a descansar hasta que ese tipejo pague y creo que es justo por todo lo que le hizo a Anne y me gustó todo lo que están descubriendo esos científicos muy entretenido todo y bien explicado. Lou gracias por el capitulo!

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    1. ¡Hola Lau! Yo también lo creo de Ron, veremos como se las ingenia, aunque Grigorii ha dado muchos datos sin saberlo.Me alegro que te haya gustado los descubrimientos, queda mucho por resolver, seguiremos con ellos a ver que pasa. Un beso grande y gracias por molestarte a comentar, corazón.

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