Saga para + 18

Iris púrpura es el cuarto libro de la saga Los Craig. Para comprender la historia y conocer los personajes es necesario partir de la lectura de Los ojos de Douglas Craig.

La saga es de género romántico paranormal. El blog contiene escenas de sexo y lenguaje adulto.

Si deseas comunicarte conmigo por dudas o pedido de archivos escribe a mi mail. Lou.


sábado, 28 de octubre de 2017

¡Holaaa! Llegué con la primera parte de "venganza". A esta altura imaginarán los planes de Lenya Craig, quizás no. Para ello deberán leer y prepararse para el objetivo de este vampiro que nunca deja de sorprenderme.
He decidido dividirlo en dos partes porque es la forma que ustedes puedan asimilar tantos datos. Hay perspectivas de varios personajes, pero ocurren casi al mismo tiempo por lo tanto recuerden lo leído, servirá para nuestro próximo encuentro. Buen fin de semana. Besos miles.

Capítulo 39.
Venganza. (Primera parte.)


Brander.

Me puse de pie desde un banco de la plaza. No veía a Nicolay en el arenero, ni tampoco en las hamacas. Mi corazón saltó por el temor de haberlo perdido de vista en minutos.

-Tranquilo, está jugando con esos niños –dijo Boris acercándose.
-¿Dónde? No lo veo.
-Allí –señaló a la izquierda bajo unos árboles.

Ambos nos sentamos.

-No me gusta que juegue lejos de nosotros.
-No te preocupes. Si se aparta del grupo echaré a correr en un suspiro.
-¡Claro! A la vista de todos. Estaremos en problemas.
-Es curioso, siempre el menos dramático de los dos eres tú. ¿Qué te ocurre?
-Nada. Es una ciudad nueva, con todo lo que implica.
-¿Ahora eres sobre protector?

Sonreí.

-No, ese eres tú por lejos.
-¿Hablaste con Ekaterina?
-¿De qué?
-Ya sabes.
-No, solo estuve diez minutos con ella. En el parque. Mientras me entregaba a Nicolay.
-Entonces… ¿No hay novedades?
-Es muy pronto Boris. Hace bien en ser cautelosa y esperar.
-No cambiará nada. Al menos se terminará mi intriga y este nudo en el estómago que me acompaña desde aquella noche… Esa maldita noche que decidió cumplir el deseo de Olga.

Lo miré fijo. Bajó la mirada un tanto avergonzado.

-¿Crees que soy el egoísta más grande del mundo? ¿Qué no pienso en el niño sino en mí?
-No… No creo eso de ti. Sé que en el fondo quieres verlo feliz, aunque estés invadido por el miedo.

La brisa acariciaba mi rostro e impregnaba mis pulmones de un aroma a polen dulzón. El ruido de los coches transitando la avenida principal, enmudecía el trinar de los pájaros. No para mi fino oído que podía discriminar con facilidad los tonos agudos y graves.

De niño jugaba en esta plaza. Mamá me traía y solía comprarme algodones de azúcar. Papá vivía prácticamente en el hospital, para brindarnos confort y cubrir las necesidades. Éramos una familia de clase media, sin demasiados lujos. Aunque nos dábamos pequeños gustos.
Me gustaba jugar en la plaza. Siempre fui un niño muy obediente, pero aquí, al aire libre, podía sentirme libre sin reglas. Solo la supervisión de ella, a la distancia. Como ahora yo con Nicolay.

Cuando ella falleció, nunca más regresé a la plaza. Tenía diez años… Sin embargo, no porque mi padre no pudiera hacerse de tiempo y acompañarme. De hecho cambió su rutina para cumplir los dos roles. Pero no quería llegar a un lugar y no encontrarla. Demasiado que sufría su ausencia en cada rincón de la casa. La plaza fue el único sitio donde desee mantener intacta aquella imagen. Volver me significaba una traición a ella. Por eso entendí a Nicolay cuando no quiso viajar a Siberia. Para él quedarse en Moscú, después que falleció Olga, albergaba la duda si su madre esperaría en el lugar de siempre. Quizás habría sido un error, un mal sueño, y ella no había partido. Regresar a rincones compartidos no significaba otra cosa que darte cuenta de la realidad.

Percibí la mirada de Boris sobre mí. Su silencio… Ni una interrupción…

Eso era lo bueno de haber encontrado el amor verdadero. Una pareja con la que planeas tu vida no es solo un cuerpo bello esculpido, ni tus ideas compatibles con el otro. Es mucho más que eso… Es no tener que dar explicaciones del porqué necesitas estar callado y pensar. Es saber que está ahí, a tu lado, sin molestar. Pero que si necesitas fuerzas, su mano estará dispuesta a sacarte del pozo, y no descansará hasta lograrlo.

Observé a Nicolay… No estaba.

Me puse de pie y recorrí con los ojos parte de la plaza.

-¡No está!

Boris se puso de pie.

-Aguarda, conserva la calma. Él sabe que no puede apartarse demasiado.
-Pues ya lo ha hecho.
-¡Allí! Está con esa niña pelirroja.

Sin pensar demasiado avancé apresurado. Boris tras mis talones.

-No lo reprendas, solo está conversando.
-¿Cuándo le llamo la atención, Boris? Si Ekaterina me reprocha que lo consienta. ¿Pero ves? Tiene que avisarnos si se aleja demasiado.

De pronto, un aroma fuerte y penetrante entró por mi nariz. Boris se detuvo y me miró.

-¿Es lo que creo que es? –pregunté apurando el paso.
-Sí, lobos.

Nicolay se había sentado junto a la niña y ambos reparaban en un camino de hormigas que se perdía en el césped.

-¡Nicolay!

Él alzó la vista y se puso de pie, sobresaltado. La niña lo imitó, pero no mostró temor al verme llegar eufórico. Eché un vistazo alrededor pero no veía a ningún extraño.

-Estábamos viendo las hormigas, Brander.

Llegué agitado. Con las manos en las caderas resoplé.

-Lo siento, no quise asustarte. Solo quiero que me digas si vas a alejarte. Boris y yo no te vimos. No asustamos.
-Cariño, tienes que decirnos si cambias de lugar. La plaza es muy grande –acotó Boris sonriendo.
-Buenas tardes.

La voz llegó de mi espalda. Giré para ver un macho robusto, de rostro amable… Por el aroma, no era humano, tampoco vampiro. No quedaba mucha opción.

-Buenas tardes –contesté por los dos.

El lobo se dirigió a la niña.

-Gloria, vamos. Mamá nos espera.
-Nicolay –alcancé a ordenar y extendí la mano-.Ven aquí. Debemos irnos.
-¿Ustedes son los errantes? –preguntó al tiempo que la niña aferraba su mano.
-¿De dónde nos conoces? –preguntó Boris.
-Lo supuse. No hay vampiros en Kirkenes que no conozca. Y mi amiga, Bianca, me contó que llegarían en estos días.
-Sí, mi nombre es Brander Arve.
-Oh, ¿el hijo del director del hospital?
-¿Lo conoce?
-Desde que pisé Kirkenes por primera vez. Trabajamos en la morgue, junto a mi amiga.

Miró a Nicolay con afecto.

-Se han hecho amigos con Gloria –nos miró sonriente-. Es mi hija.

Permanecimos mudos. No porque fuéramos descorteses. La verdad que no acostumbrábamos a tener amistades con lobos. Es más, al menos yo no había tenido oportunidad de cruzarnos con seres de esa raza salvo lobos comunes y salvajes.

-Si me disculpas, debemos regresar.
-¡Claro! No faltará oportunidad de vernos. Sobre todo si los niños se llevan bien.
-No creo que Nicolay tenga temas comunes con su hija, señor…
-Bernardo. Mi nombre es Bernardo –interrumpió a Boris-.Y no coincido. Los niños siempre se entienden. Son los adultos los que somos selectivos.
-Ellos son mis padres -dijo Nicolay a la niña.

Ella nos miró. Primero a uno, después al otro.

-Bien, nos vamos –insistí.
-El es mi padre. Mi mamá se llama Sabina.
-Mi mamá murió.

La niña arqueó una ceja sorprendida.

-¿En serio? La mía también. Bernardo y Sabina son mis papás del corazón. Me adoptaron.
-A mí también. Pero yo tengo dos papás.
-Bueno, ehm… Nicolay. Vamos, se ha hecho tarde –ordené algo incómodo.

El lobo clavó su mirada en mi rostro.

-¡Qué suerte tienes, Nicolay! Tienes dos papás –dijo la niña.
-Sí, tengo suerte.

Al tiempo que la cogía de la mano, el lobo habló.

-Es evidente que tengo razón. Los niños no tienen problema para entenderse, ¿no es cierto? Ojalá Gloria y Nicolay puedan jugar en otro momento.

Asentí mientras me alejaba junto a Boris.

-Adiós Gloria.
-Adiós Nicolay. Nos veremos otro día.

Mientras Boris pedía la cena para Nicolay, yo trataba de convencerlo de salir de la bañera de burbujas.

-Un rato más Brander, nunca me bañé en una bañera así. ¡Mira qué cantidad de burbujas!
-Cariño, vas a enfriarte. Sé un niño bueno y hazme caso.
-Ufaa… Brander. ¿Cuándo tengamos una casa habrá una bañera con burbujas?

Sonreí.

-Te prometo que buscaremos una igual al hotel. Al menos que se le parezca.
-¿Tía Ekaterina vendrá con nosotros?
-Por supuesto. Apenas encontremos un bonito lugar. ¡Sal del agua Nicolay! Vamos, te enfermarás.
-Yo no me enfermo, Brander. Soy un vampiro.
-Ssssh. Sabes que no puedes hablar sobre ello.
-Pero estamos tú y yo.

Alcé a Nicolay en cuanto se puso de pie y lo envolví en la toalla. Lo llevé a la cama junto a su pijama de ositos.

-Dime, ¿qué hablaron con esa niña?
-¿Gloria?
-Sí, la niña de la plaza.
-Nada importante.
-¿En serio?
-Síii –se puso perfume de un frasco que había sobre la cama.
-Bueno, tú sabes somos nuevos en la ciudad. Antes no salías tan a menudo –ayudé a secarle el cabello.
-¿Te preocupa que haya contado lo de mi amigo imaginario?
-No… Okay, un poco.
-No se lo conté, Brander.
-Mejor.
-Ella ya lo sabía.


Bianca.

Llegué a la mansión muy cansada. El hospital era el medio donde me movía desde hacía añares, pero en distinta situación. Entré al despacho de Sebastien con el deseo de verlo y que me abrazara. Pero al abrir la puerta lo encontré vacío. Volví a la sala y subí la escalera. La voz de Margaret me detuvo antes de llegar a planta alta.

-Bianca, ¿qué haces aquí?

Arquee la ceja.

-¿Aún es mi casa?

Rio.

-¡Claro qué sí! Es que Sebastien fue a verte. No está.
-Demonios. Nos desencontramos…
-Ven, baja y bébete un café. Si quieres más tarde podríamos salir a cazar.
-Buena idea. Pero esperaré a mi marido. Acepto el café.

Juntas abandonamos la sala hasta la cocina.

Frente a un rico café caliente, ambas conversamos de decenas de cosas. El embarazo de Liz, el cambio de Anouk, los errantes, sobre Douglas y Marin, etc. También preguntó sobre mi padre aunque Charles la tenía al tanto de las novedades.

El móvil sonó y hurgué en mis bolsillos. Suspiré…

-Es Sebastien.

Margaret aprovechó para retirar los pocillos y enjuagarlos bajo el grifo.
-Mi amor… Nos desencontramos.
“Ya me di cuenta. No te preocupes, estaré en casa en unos minutos”.
-Okay, no te tardes. Te extraño.
“Yo también, cariño”.

Corté la comunicación y sonreí. Margaret me miró de reojo.

-Esa sonrisa que dibujas por él. Me encanta que sigan tan enamorados como el primer día.

Arquee la ceja risueña.

-¿Y cuál fue el primer día, según tú?

Se sentó en el taburete y cerró los ojos por instantes.

-Mmm…
-Ya sé. Cuando volví de la isla y Sebastien no quiso asesinarme.
-No, mucho antes.
-¿Antes?
-Sí… Definitivamente fue aquella noche que se vieron por primera vez.
-¿Tú dices que ya estaba loco por mí?
-¿Crees que hubiera permitido que continuaras la investigación en la morgue? Creo que no solo no lo impidió, sino que te guio hasta él.

Sonreí.

-Tienes razón. ¿Tuvieron miedo de que se equivocara?
-Nosotros sí. Charles, no. Tú sabes, es un visionario.

Reí.

-Cierto. Le caí bien desde el primer instante.
-Es indudable el gran cariño que te tiene. Cuando han discutido con Sebastien prefiere no tomar partido.
-Sí, pero recuerda que nunca ha tenido que elegir.
-¿Por qué debería hacerlo?

La puerta de la cocina se abrió y una mujer joven se presentó con cierta timidez.

-Lo siento.

Intentó retirarse pero lo evité.

-¡Aguarda! No te vayas –me puse de pie-. No nos presentaron aún.

Ella quedó tiesa sin sonreír.

-Soy Bianca. ¿Tú eres Olga?
-Ekaterina –murmuró-. Olga era mi hermana.
-Ah, perdón.

Avancé hasta ella ya que no se había movido un centímetro.

-Por favor, ¿quieres un café? Ven, sentémonos.
-No, muchas gracias. No creo que corresponda.
-¿Por qué no?
-Eres la señora de la casa. La dama de los Craig.
-No soy nada más que la esposa de Sebastien.
-Sebastien es el líder de los vampiros.
-Sí, bueno…
-Creo que deberías conocerla, Ekaterina -interrumpió Margaret, acercándose-. Por lo mismo que aseguras. Es la dueña de casa.
-Está bien, no hay problema. Entiendo… ¿El niño? No lo he visto en el parque.
-Boris y Brander lo llevaron a la plaza y después se quedaba con ellos en el hotel.
-Ah, es verdad. Sebastien me ha dicho que lo han adoptado. Me pareció muy bien.
-¿Qué más le ha contado de nosotros, Sebastien?

Su pregunta sonó algo extraña. No era un interrogante inocente. Llevaba otra carga.

-Mi marido me puso al tanto de su pasado. Si a eso te refieres. La confusión de nombre no ha sido a propósito. Te pido disculpas. Insisto, deberíamos hablar.
-No quiero sonar impertinente.
-Lo está siendo –dijo Margaret.
-Margaret… -ordené.
-Muy bien, no hay problema. Si deseabas café, estás en tu casa. Permiso, me retiro a la habitación.

Subí la escalera con una mezcla de rabia aunque la entendía. Era hermana de Olga. Olga, no debía olvidarme y confundir el nombre. No sería fácil estar frente a quien le había arrebatado la felicidad. No tenía la culpa, eso lo sabía perfectamente. El romance o lo que fuera por parte de Sebastien ya no existía cuando aparecí en su vida. De todas formas situarme en su mente no era igual. Ekaterina había perdido a su hermana por un virus extraño. Ella a cargo de un niño. Todo hubiera sido mucho más fácil si ese guerrero errante hubiera vivido para ayudarla en la crianza. Contaba con Brander y... ¿Boris? Según Sebastien eran como su familia, sin embargo no era lo ideal.

Reencontrarme con Sebastien después de tantos desencuentros, fue un oasis en mis días. Lo había extrañado a tal punto que al hacer el amor disfruté cada segundo de cada instante. Mis caricias lo recorrieron lento, sintiendo al tacto esa piel que habían necesitado mis manos. Su boca, hambrienta de mí, degustando cada beso como si fuera el último. Es que uno nunca sabrá si será el último. Por más que no fuéramos frágiles y mortales como la raza humana, miles de hechos pueden cambiar tu destino. ¿Podrías saber con seguridad si se repetirá ese momento? No, ¿verdad? Tampoco yo.

Sería medianoche cuando apoyada en su pecho noté que sus párpados se cerraban. No ignoraba que estaba agotado, aunque esta vez no era la única culpable. Sus compromisos, las novedades en la mansión, y el viaje a las cumbres donde cazamos.

Lo observé en silencio… Sin moverme un milímetro.

La respiración acompasada subía y bajaba mi cuerpo sobre él. Parecíamos uno solo. Y lo éramos. Podía decirse que después de casi tres años nos habíamos convertido en una pareja consolidada. Con riñas, reconciliaciones, sexo, ternura, necesidad el uno del otro.

Volví a pensar en nuestro hijo, ese que quizás nunca llegaría. ¿Acaso era imperativo para ser feliz? No… De todas formas algo me angustiaba. Sabía que era su ilusión… Conocía que importante era para Sebastien. Nunca me lo diría. Sin embargo lo veía en sus ojos, cada vez que Rodion acunaba a su bebé. Cada vez que Lenya acariciaba el abdomen de Liz y sonreía.

Con Douglas había disfrutado la experiencia de ser padre. Pero él soñaba otra situación. No debía sentir que le fallaba. Nada parecido. Aunque era difícil asimilar que lo que quieres con el corazón no depende solo de tu voluntad. Te sientes impotente. Te preguntas el por qué a mí. Hasta que razonas, piensas con criterio, y vuelves a preguntarte, ¿por qué a mí, no?

Quizás esa noche debí despertarlo. Contarle lo que sentía. Necesitaba saber cuán importante era no poder darle un hijo. Pero no lo hice. Ese sería mi primer error… De varios que comenzaría a cometer.


Lenya.

El avión aterrizó en Moscú a las cinco de la tarde. Natasha me esperaba sentada en la sala principal, y en cuanto me vio la sonrisa iluminó su cara.

No era justa acción recurrir a alguien que sabes que al verte rememorará un pasado que debe por su bien olvidar. No quedaba otra alternativa, porque si la hubiera habido, juro que jamás hubiera recurrido a ella.

Dio un beso en la mejilla y sonreí.

-Gracias por todo, Natasha.

Ella arqueó la ceja divertida.

-No sabes si conseguí lo que me pediste. ¿Tan eficiente me crees?

Caminamos uno al lado del otro a una distancia común. Como caminan dos amigos.
-Sí. Estoy seguro de quién eres. Si no lo hubieras logrado me hubieras evitado el viaje.

Asintió en silencio.

-¿Te fue difícil?
-En absoluto. Tengo acceso a datos por mi trabajo, así que no fue nada.
-¿Tuviste que dar explicaciones?
-No. Quédate tranquilo. Aunque… si lo preguntas por mi familia, bueno… Para qué mentirte.
-¿Y eso? –sonreí.

Suspiró y arqueó la ceja.

-Mamá. Tuve que decirle que me encontraría contigo. Hoy es mi día libre y había prometido que saldríamos de compras. El abuelo de Anoushka falleció. Habíamos convenido en salir y distraerla.
-¿Lo tomó a mal? Digo, el encuentro.
-Pues… -se detuvo ante las puertas corredizas-. Si sermonear durante dos horas repitiendo que eras un macho casado es no tomarlo bien, sí.

Reí.

La seguí hasta la parada de taxis.

-Debes saber que el General, mi jefe, supo de la investigación hacia ese sujeto. Le tuve que decir, pero despreocúpate, es un gran amigo.

Se sentó en un banco alejada de la fila de humanos que esperaban un coche de alquiler. Me senté junto a ella mientras buscaba algo en su carpeta. Extrajo un sobre y lo extendió.

-Aquí tienes. Todos los datos sobre él. Su familia, antecedentes, vicios, etc. No sé qué buscas, Lenya Craig. Pero si quieres hundirlo no te será difícil.
-Gracias. ¿Bebemos un café? –pregunté al ver la cafetería en la acera del frente.
-No. Me quedo aquí. Es mejor.
-¿No ardes de curiosidad por saber que busco con él?
-Un poco.
-Te contaré. Apuesto que te agradará mi plan.
-Entonces, acepto el café.

Nos pusimos de pie y cruzamos la calle. Bebimos el café como acordamos. Costó decirle a Natasha que iba necesitarla una vez más. Ella aceptó, sobre todo por el objetivo que yo perseguía, aunque siempre tuvo claro que había querido verla por motivos no sentimentales.

Bebí el último trago de café y la miré.

-Dudas si soy un egoísta al pedirte favores, ¿no es así?
Sonrió.

-No dudo Lenya Craig, estoy segura. Pero tú eres lo que eres. Y te he aceptado tal cual desde hace tiempo. Nadie me obligó a darte una mano. Estoy aquí porque quiero, sabiendo lo difícil que está costándome olvidarme de ti.

Arquee la ceja y deposité la taza en el platillo.

-Lo siento.
-No te apenes. Nada puedes hacer al respecto. Tu egoísmo es parte de tus encantos. Aunque… No siempre has sido egoísta… Ya lo sabemos, todos lo sabemos. Tu gran acto de renuncia al deseo de abrazar a tu padre te ha mostrado dadivoso. La pregunta es… ¿fue el gran amor a tu hembra lo que llevó a esa decisión de salvarlo? ¿O fue el hecho que era la única forma de tenerla por completo y a tus pies?
-¿Me lo preguntas? Pensé que leías la mente de los vampiros.
-Que lea mentes no significa que lea corazones.

Bajé la vista. Encogí los hombros murmuré.

-Solo sé que lo volvería a hacer.
-Bueno, al menos el chico parece merecer la oportunidad que le diste.

Levanté la vista.

-¿Sabes tanto de él?
-Sí, bastante.
-¿Eso por qué? No te imagino interesada en alguien como Drank.
-Cierto. Veo que también me conoces. Con el agregado que no lees pensamientos.
-Te repito la pregunta. ¿Por qué averiguaste sobre él?
-Mi hermana, Anouk. Parece interesarle. Yo diría que está perdidamente enamorada del leñador.

Fruncí el entrecejo y la incógnita del fondo de mi pecho salió en forma de voz.

-¿Y él? ¿Él está interesado en ella?
-No sé lo que piensa. Pero por los actos que me ha contado Anouk… Podría ser, tal vez…
-¡Mozo! –Llamé.
-¿Pedirás más café.
-No –sonreí-. Un champagne para brindar.

Rio a carcajadas.

Se puso de pie.

-Debo irme –cogió su chaqueta de la silla sin dejar de sonreír-. Te dejaré disfrutar del comienzo de tu triunfo. Avísame cuando deba ser parte del plan. Estaré en casa por tres días.
-Gracias. Sobre todo por no pedirme nada a cambio.

Dio unos pasos hacia la puerta y regresó.

-Te pediré algo.
-¿Qué?
-Dile a la reina del mar que sea buena y que cuente que esconde. Podría ser útil a la investigación genética. Nos vemos.
-Okay… Nos vemos.

                                 ……………………………

A la noche me hospedé en un hotel de la calle Tverskaya. Apenas me instalé, después de una ducha salí a caminar. No llegué muy lejos. Mi objetivo quedaba a tres manzanas. Crucé la calle y me detuve ante un puesto de flores. Le hubiera llevado a mi chica, pero no hubiera servido el acto de romanticismo. No quedaría nada de su lozanía durante el viaje. Encendí un cigarro y mis ojos se dirigieron al inmenso negocio de la esquina. El humo escapó de mis fosas nasales lento, y fue esfumándose en el aire fresco.

Aspiré una vez más… Mi iris tormentoso quedó fijo en aquellas vidrieras iluminadas que exponían objetos costosos de exquisito gusto… A esta hora permanecería cerrado, sin embargo por la mañana… Por la mañana podría entrar y hablar con su dueño. Entonces… comenzaría mi venganza.

                                  ………………………..

La mañana amaneció un tanto fresca pero soleada. Gruñí por lo bajo sintiendo el aroma del bloqueador solar. ¿Podía haber llovido? Por supuesto. Pero no todo sale perfecto cuando planeas algo. Podía decirse que era un pequeño detalle ante tantos pasos que debía dar. Lo importante no era el clima esa mañana, sino… hacer justicia.

El chofer de la limousine se detuvo con gesto extraño.

-Señor Antonov, ¿es aquí?

Había usado mi viejo pasaporte. Ante cualquier imprevisto era mejor desaparecer sin dejar huella.

-Sí chofer. Es aquí.

Sabía que el hecho de rentar una limousine por poca distancia era algo descabellado, sin embargo mi traje de Gucci y mis zapatos costosos, indicaban para todo aquel que me observara, el muy buen pasar.

-Le pido que aguarde. Conversaré con mi amigo y después daré unas vueltas por la ciudad.
-Muy bien, señor.

Salí del vehículo y avancé con el porte de quien se lleva el mundo por delante. Bueno, no me costó. Cierta altanería lo traía de la cuna, para que mentir. Empujé la puerta de cristal y un llamador se balanceó provocando un sonido tintineante hasta que se detuvo.

De inmediato un hombre de mediana edad salió a mi encuentro.

-Buenos días, caballero. ¿En qué puedo ayudarle?

Sus ojos me recorrieron impactados por el atuendo.

-Buen días –sonreí-. Busco unos muebles… Veo que… son de muy buena calidad.

Él tardó en responder, finalmente asintió y se acercó acomodando su chaqueta de pana. Noté que a través de la vidriera reparaba en la limousine estacionada en la puerta.

-Tenemos los mejores muebles, señor.  El negocio es uno de los más prestigiosos de varias zonas de Moscú.
-¿Dice usted que he acertado en venir aquí? –observé con detalle la mobiliaria que tenía alrededor.
-No tenga duda. Pero… adelante… Le mostraré lo que quiera. ¿Qué estaría buscando?
-Bien, verá… Estoy instalándome en Moscú y quisiera amueblar mi casa.
-¡Oh! Entonces necesita varios muebles.
-Casi todos diría yo. Me han recomendado la mueblería. Así que estoy dispuesto a ver que tiene para ofrecer.
-Disculpe que pregunte. No es personal, lo hacemos con todos los clientes para asegurarnos la forma de pago y… ¿Qué tarjeta de crédito usa?
-¿Tarjeta? No, no me gusta usar tarjeta. No he tenido buena experiencia con un par de bancos. Efectivo. ¿Le parece?

Sus ojos brillaron. Y hasta diría que su cuerpo tembló por la emoción.

-Está muy bien. Tiene razón, los bancos suelen quedarse con gran parte de nuestro dinero, entre intereses y… Pero pase por favor. ¿Por cuál sector de la casa quiere comenzar?
-Por la sala comedor.
-Muy bien, sígame.


Natasha.

Cuando llegué a casa mamá cocinaba un arroz con pollo para Anoushka. Se la veía feliz y entretenida en quehaceres no comunes, dado que para nosotros no era necesario el arte culinario. Me recosté en el marco de la puerta y la observé.

A pesar de estar de espalda supo que era yo. Siempre sabía quién de sus hijos se acercaba. No sé si era el sonido de los pasos al caminar, o el aroma de la piel que tendría cada uno. Lo cierto que no necesité hablar.

-¿Cómo te fue, Natasha?

No contesté de inmediato. Ese silencio también era una respuesta.

Caminé hasta llegar a ella y di un beso en la mejilla.

-Bien.

Abandonó el condimento que echaba con cuidado y me miró.

-Ya veo.
-No, no te preocupes –me apresuré a agregar-. Lo he manejado mejor de lo que pensaba.
-¿Para qué deseaba verte?
-Un plan que tiene entre manos. A decir verdad, estoy de acuerdo.
-¿Quieres contarme o no puedes?

Cogí una silla y me senté. En un resumen apropiado y conciso la puse al tanto. Ella no dejó de preparar la cena pero seguía atenta a cada palabra. Cuando finalmente terminé de explicar lo que haría Lenya Craig, sonrió.

-Me gusta. Suena justo.
-Sí, lo es.
-Lo que no es justo que te haya pedido a ti colaboración.
-¿Y a quién sino?

Sonrió y abandonó la tarea para sentarse frente a mí.

-Entiendo, sin embargo eres mi hija y es quien me importa que no sufra.
-No estoy sufriendo, mamá.
-Pensé que nunca nos mentiríamos. Debes saber que aunque no tengo tu don, soy tu madre. Jamás podrás engañarme.
-Lo sé. Me refiero a que… No he ido ilusionada que él diría, “¿sabes? Me di cuenta que estoy enamorado de ti.”
-Menos mal, porque sería una catástrofe, no solo que lo pienses sino que fuera así.
-No digo que fue fácil verlo. Nunca es fácil verlo… tan cerca… Y tan inalcanzable.

Mi padre entró a la cocina con gesto preocupado y el móvil en la mano.

-¿Qué ocurre, cariño?
-Era Sebastien, amor –al ver que estaba en la cocina sonrió-. Natasha, ¿cómo te fue en el Centro de Investigación?
-Hoy no fui papá. Por tres días hay visitas guiadas de Universitarios. El General prefirió que no hubiera movimiento demás.
-Entiendo.
-¿Que le ocurre a Sebastien? –preguntó mi madre.

Mi padre se sentó no sin antes encender la cafetera.
-Se trata de los Sherpa. No hay rastro de ellos.
-¿Aún? Es mucho tiempo.
-Lo sé, Sasha. Por eso Sebastien está preocupado. Además los Sherpa son muy respetuosos. Es extraño que si decidieron mudarse y comenzar una vida nueva, no sé… los Craig estarían al tanto.
-¿Y tú qué piensas?
-No sé, juro que no se me ocurre que les ha pasado.

Me puse de pie y abandoné la cocina.

-Natasha, ¿quieres café?
-No papá, gracias.

Mi madre me siguió hasta el pasillo. Giré y la tranquilicé.

-Todo bien, mamá. No te preocupes. Quiero hablar con Svetlana. No sé nada de mi sobrina desde hace una semana.
-Okay, si me necesitas…
-Lo sé, tranquila.

El cierre de la puerta de mi habitación fue el límite de todo esfuerzo por controlarme. Recosté la espalda a la puerta y mis ojos recorrieron cada objeto en la penumbra. El estómago se hizo un nudo que poco a poco fue deshaciéndose hasta aflojar cada músculo de mi cuerpo. Lo había visto otra vez… Una vez más probándome a mí misma que podía actuar naturalmente sin tambalearme frente a él.

Degusté el sabor a hiel en mi garganta…

Estaba guapo, como siempre, quizás más. La futura paternidad le sentaba de maravilla. Un título que no le daría yo, sino otra. Una hembra que él amaba con todo su corazón.

No era yo… Nunca sería yo…

Cerré los párpados, fuerte. Una lágrima se deslizó sin querer. Odiaba llorar. No debía llorar por alguien que no me correspondería. Sin embargo, una fuerza me llevaba a quitar ese dolor que desgarraba el pecho. No sé si la única forma de alivianar la angustia se encontraba en el llanto. Pero no podía controlarlo. Necesitaba desahogarme para poder resurgir como siempre. Era mi habitación y la soledad las que podrían escuchar sin juzgarme. Porque no estaba nada bien pensar en un vampiro comprometido, ¿verdad? No, no lo estaba y no era lo que hubiera deseado. ¡Qué mejor que pensar en otro que pudiera ser mío! Pero ignoraba cómo dominar mis sentimientos.

Las lágrimas corrieron en silencio por mis mejillas. A pesar que deseaba gritar…

Estaba tan hermoso… Esa boca carnosa que había llegado a besarme, a recorrerme toda… Esa voz… Esa voz pronunciando mi nombre… Sus ojos de un tormentoso gris… Todo él… Él, que jamás sería mío.
Suspiré. Encendí la luz y busqué mi móvil en el bolsillo de los jeans. Me senté en la cama y la llamé.

Atendió el llamado casi al instante. La pantalla de su teléfono seguramente le había indicado quien era. Y la urgencia… La urgencia no tardaría en adivinarla. Me conocía, no por ser mi hermana, sino también por ser mi amiga.

-Natasha, ¿cómo estás?
-Svetlana… Aquí estoy… No muy bien.
-Cuéntame, ¿qué pasó?
-Debí encontrarme con Lenya. Me pidió un favor. Es un Craig, no podía negarme. No tenía excusa.
-Sí, la tenías.
-No. No puedo decirle simplemente, “no nos veremos porque sigo enamorada de ti”.
-No hubiera estado mal.
-Para mí, sí… Yo… Necesito hablarlo, solo eso.

El llanto de Milenka llegó a mis oídos.

-Si estás ocupada puedo llamar luego.
-De ninguna manera –de inmediato escuché-. ¡Gisele! Por favor, llévate a Milenka a dar un paseo.

El llanto de mi sobrina se escuchó por segundos. Después todo silencio. Sin embargo sabía que Svetlana seguía allí, aguardando a la distancia.

-¿Anthony? –pregunté.
-Está en el taller. Le gusta ser mi manager, aunque pienso que extraña su antiguo trabajo. De todas formas no es lo importante ahora. Dime… ¿Hablaron algo alusivo a ustedes?

Negué con la cabeza mientras mis lágrimas volvían a aflorar.

-No, lo estricto de la reunión. Yo… No esperaba otra cosa pero…
-Sí esperabas. Uno siempre espera algo extraordinario. Darse por vencido no es parte del amor, aunque uno no haga nada incorrecto y solo se siente a esperar.
-Puede ser. No sabes lo que estoy sufriendo. Quiero que se me quite de una vez. Despertar un día y sentir que ya no me importa. Y ese día no llega…
-Llegará, tranquila.
-Si tú…
-¿Si yo? Si tuviera que aprender a vivir sin Anthony hoy por hoy te diría que es imposible. Pero la situación es diferente. Tú sabes… Su corazón era mío, aunque costó que lo reconociera. En este supuesto…
-Lo sé. La ama. Y ella a él. No tengo nada por hacer.
-¿Has salido con alguien más?
-Sí, sexo… Claro… eso siempre abunda con alguien como yo.
-Tienes que hacer el duelo, hermana. No podrás evitar los pasos. Juro que te entiendo. Debe ser muy difícil. Ahora… desahógate todo lo que quieras. Eso hace bien.
-No deseo llorar como una estúpida.

El silencio no ayudó a aplacar mi mentira. Sí deseaba hacerlo. Quería que esta vez mi llanto por fin lo arrancara de mí.

Lloré… Lloré mientras Svetlana solo acompañaba sin agregar palabra.

-Tengo grabado ese día que le dije que se fuera. Que lo empujé a los brazos de ella –sollocé-. ¿Y sabes qué es peor? Que no me arrepiento. Atarlo a mí hubiera sido un grave error. Entonces, ¿por qué me siento miserable? ¿Por qué olvidé decirle que al partir no se llevara parte de mí? ¡Quiero que me la devuelva! ¡Necesito ser feliz como antes!
-Él no tiene que devolverte tu parte. Tú eres la que debe quitársela y ser dueña de ti. Sé que lo intentarás una y mil veces hasta que lo logres.
-Tengo pánico que no ocurra nunca.
-Verás qué sí. Estaré siempre a tu lado para apoyarte. Decidas lo que decidas.


Lenya.

Ese día regresé al hotel a la noche. Después que logré que Rudolf, el dueño de la mueblería, entrara en confianza y se entusiasmara con mi visita, recorrí los alrededores de Moscú y compré varios juguetes para mi bebé. Casi a la media noche salí al balcón y observé la ciudad. Tenía una bella vista desde el séptimo piso. La avenida iluminada moría en la plaza del Kremlin. Moscú no era el mismo que ochenta años atrás. Hace mucho tiempo, comienzos de 1933, mezclado entre los humanos que transitaban las calles convulsionadas, se hallaba él. Ese ser bondadoso y fiel que no tenía maldad. Ese, que quizás hacía ocho décadas había deseado despertar de la pesadilla, engañado y despojado de todo lo suyo. Ese que aún, optó por el único bien preciado que tenía, la vida. Fue así como viajó a Murmansk queriéndose alejar de todo el pasado. Fue así como entró a mi vida… Fue así como lo conocí.

Rodion corrió con suerte en aquella época que gobernaba Stalin. En ese entonces, se reubicaron casi dos mil personas parte de un plan siniestro con el fin de quitar del medio a habitantes no productivos. La limpieza de Moscú se llevó vidas de agricultores, campesinos, y presos. Todos considerados socialmente dañinos. El destino, la Isla de Nazino. Territorio inhóspito sin abrigo ni alimento. Sin embargo él había escapado del terror. Quizás el destino para los que creen tenía preparado el encuentro con mi madre y un presente en mi vida. ¿Qué hubiera sido de mí sin Rodion? No deseaba pensar en ello.

Giré la cabeza y eché una mirada a los papeles sobre la mesa de luz. Cada dato investigado por Natasha me acercaba más a la venganza. Un humano jugador empedernido que en varias oportunidades había dejado sin ahorros a su familia era una excelente víctima para mi plan. Quedaba en mí convencerlo de pisar nuevamente un casino. Me creía convincente, sobre todo de tener el poder para endulzar lo suficiente hasta que mi víctima no tuviera escapatoria. ¿Acaso no lo había hecho miles de veces con las hembras antes de alimentarme y matarlas? ¿Qué cambiaba? Solo que esta vez sería un macho que vivía de lo que nunca le había pertenecido. En esta ocasión mi fin no sería alimentarme. Esta vez, mi arma no serían mis colmillos, sino… quizás… un perfecto póker de ases.

































3 comentarios:

  1. Uy lo dejaste muy interesante. Me dio pena Natasha que no olvida Lenya y la pobre de Bianca. Te mando un beso

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    1. ¡Hola Ju! A mí también me da pena sobre todo Natasha. Pero el amor tiene esos desencuentros. En cuanto a Bianca no podré adelantarte nada por ahora. Un besazo grande y muchas gracias por comentar.

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  2. Pobre Natasha no olvida a Lenya pero espero que llegue el amor pronto a ella, y Bianca tambien es otra que no esta muy feliz 100%, como a veces los mismo adultos son los que hacen perjuicios, porque los niños son inocentes que no ven nada malo lo digo por Brander que reacciono asi pero puede ser que él no lo a pasado nada bien ...gracias Lou por el capitulo!

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