Saga para + 18

Iris púrpura es el cuarto libro de la saga Los Craig. Para comprender la historia y conocer los personajes es necesario partir de la lectura de Los ojos de Douglas Craig.

La saga es de género romántico paranormal. El blog contiene escenas de sexo y lenguaje adulto.

Si deseas comunicarte conmigo por dudas o pedido de archivos escribe a mi mail. Lou.


domingo, 22 de enero de 2017

¡Hola chicos! Capi 17 con algunas novedades. Unas buenas otras no tanto. Hay que tener paciencia corazones. Espero les guste, lo he escrito con mucho cariño.
Un besazo y muchas gracias por estar aquí.


Capítulo 17.
Nueva vida.

Scarlet.


Mientras ordenaba las pocas prendas de Anne en la parte derecha de mi ropero, la observaba de reojo. Estaba sentada en la cama con su pijama puesto y se había recogido en una coleta el cabello húmedo por la ducha. Miraba distraída hacia la ventana casi sin parpadear. Tenía ojos azul profundo muy parecidos a las primas de Bianca, aunque Liz de ahora en adelante los luciría entre un rosa y un lila debido a su nueva condición.

Las manos de Anne descansaban en su regazo pero no la noté nerviosa, ni siquiera jugaba con sus pulgares como era su costumbre cuando lo estaba. Sin embargo la notaba un tanto resignada y abatida. Eran muchos cambios para ella. Nueva casa aunque fuera por un corto tiempo, nuevos rostros aunque fueran amistosos, pero sobre todo la lejanía y la falta de contacto con su hermano, a quien siempre lo había tenido a su lado noche y día.

—¿Estás cómoda? –pregunté—. ¿Te hace falta algo?

No me miró pero negó con la cabeza.

Quité un suéter azul de mi estante y lo expuse para mostrárselo.

—Mira, me he cansado de usarlo. ¿Te gusta para ti?

Al ver que sus ojos continuaban fijos en la ventana, insistí.

—Anne… ¡Anne!

Sólo así me miró.

—Oye, ¿te gusta?

Asintió levemente.

—Es tuyo, si lo quieres. Te hará juego con esos ojos bellos que tienes.
—Son iguales a los de Grigorii –susurró.
—Sí… Es cierto. Son bellos como los de él.

Giré de cara al ropero y seguí con la tarea de ordenar.

Grigorii ocupó mi mente y pensé que bonito sería que supiera la verdad sobre los Craig y me aceptara como era en realidad. Imaginé sólo por unos segundos su voz llamándome alegremente y yo corriendo a refugiarme en sus brazos. En mi imaginación y ese mundo perfecto lo incluía a él y a Anne viviendo en la mansión. Creía que la parte más difícil de mi historia de amor sería la aceptación por parte de mis hermanos, pero me había equivocado… lo más difícil sería que Grigorii supiera el gran secreto que escondíamos los Craig e incluso así me amara sin importarle.

—¿Te has puesto triste?

La voz de Anne me volvió a la realidad de la habitación. Ahora tenía de huésped una bella jovencita que debía cuidar y hacer lo imposible porque estuviera cómoda. En cuanto a mi historia de amor… No tenía idea si tendría un final feliz. Eso no significaba no darle importancia pero algo en mí había cambiado desde aquella noche que asesiné a Agravar. Fue como si la niña que habitaba en mi corazón hubiera crecido en instantes. Fue… como si al salvar a Sebastien y terminar con el ser que me había engendrado, tomara partida por una pandilla de aquí a la eternidad. Es cierto que siempre fui una Craig para Adrien y para los que me amaban, incluso para mí, sin embargo esa noche tormentosa mi acción violenta no sólo terminó con el mal, sino que me convirtió en una pieza que encajaba perfecto en este rompecabezas de la vida.

Era una Craig, por sobre todas las cosas y hechos. Y si Grigorii era un peligro para nosotros, lo apartaría de mí aunque cada año llorara su ausencia.

Me aproximé a Anne y le cogí la mano. Sonrió.

—¿Sabes? Cuando el parque ya no esté cubierto de nieve y no haga tanto frio, pasearemos juntas y conversaremos de cosas bellas.
—Pero no estaré aquí para la primavera.
—Cierto…
—Además me gusta la nieve. De pequeña hacía muñecos con ella.
—¿De verdad? Pues, entonces buscaremos una hora apropiada para que estemos solas y haremos muñecos de nieve. Los vestiremos con bufandas y gorras.

Rio.

Unos golpes en la puerta nos sobresaltaron.

—¿Quién es? –pregunté.

Anne apretó mi mano.

—Tranquila nadie pasará a la habitación sin permiso.
—Soy Rose, Scarlet. Traigo la cena para Anne.
—Adelante Rose. ¿Qué cenará Anne?

Rose avanzó hacia la mesa de luz y depositó la bandeja. Sonrió a Anne y me miró.

—Pues… Margaret dijo como se llamaban estas cosas… No recuerdo precisamente pero son… ¿tubos? ¿Rollos? ¿Cilindros? No sé, y son de verdura y queso.

Observé detenidamente el plato desde mi posición.

—Son panqueques, así los llaman muchos –sonreí.
—¡Qué cultura! ¿Tú de dónde sabes tanto si no comes?

Sonreí.

—Del hotel, los vi en la lista del menú.
—¡Ah, qué bien!

Anne se sentó a lo hindú en la cama y Rose le alcanzó la bandeja.

—Tienes jugo en este vaso, si te gusta…
—Gracias Rose, me encargaré de que coma. Igual debemos ordenarnos mejor para que pueda comer en el comedor mientras no haya nadie. No debe ser cómodo comer en una cama.
—Cierto. Okay, te averiguaré horarios en la casa.
—Vale, gracias… ¡Ah! ¿Sabes algo de Marin?

Negó con la cabeza rotundamente.

—Desde que vino para ver a Douglas y disculparse no me ha llamado.
—¿Por qué crees?
—¡Porque sabe que le diré unas cuantas frescas! Tendría que haber roto el noviazgo con ese lobo y decirle la verdad a Douglas. Tú sabes.
—Bueno, Douglas no ayudó mucho amenazando con irse lejos.
—No querida, Douglas no ha amenazado, Douglas se irá.

Rodee los ojos.

—¡Qué par de orgullosos!
—Voy a ver que necesita Sara. No se siente bien.
—¿El bebé?
—No te preocupes, ella dice que son náuseas y malestares comunes.

Antes de abandonar la habitación la simpática pelirroja dio un beso a Anne y comentó.

—Me olvidaba, dice Ron que cualquier cosa que necesites para Anne, él está a tu disposición.

Quité un par de botas de abrigo del fondo de la botinera y las coloqué más a la vista.

—Dile a Ron que “gracias”. Pero sabe de memoria que no podré contar con él por razones que ya he explicado.
—Se lo diré. Muy bien chicas, hasta luego.

Cuando Rose se fue Anne se animó a preguntar mientras cortaba un panqueque de verdura.

—¿Rose dijo algo sobre un lobo?
—Sí, hay lobos. Hombres y mujeres lobos. Viven en la reserva. No debes angustiarte al menos no asesinan personas para comer –hice una mueca de decepción.
—Sé que no eres mala, Scarlet. Lo veo en tus ojos. Has hecho muchas cosas por mí.

Sonreí y me senté en la cama.

—Gracias Anne. Nadie de esta casa es malo, te lo aseguro. Y en cuanto hacer cosas por ti, las volvería a hacer. Ahora… Si quisieras hacer algo por mí… Piensa… No tardes en contarle a Grigorii que te has animado a hablar. Lo pondría feliz.



Douglas.


Llegué al aeropuerto de Kirkenes pisando las dos de la madrugada. Allí aguardaría que Scandinavian Airlines partiera con mi pobre humanidad hasta las tierras de Leknes. Tendría que soportar unas cinco horas y veinte minutos de vuelo, y eso si el clima ayudaba. Una vez allí el Sterna me trasladaría a la Isla del Oso donde esperaba mi hermano Numa.

Cogí un paquete de galletas del expendedor después de deslizar varias monedas por la ranura. Acomodé mi mochila en el hombro y busqué una silla donde sentarme a esperar.

Mientras masticaba sin ganas me entretuve observando las distintas personas que iban y venían. Frente a mí los grandes cristales del aeropuerto exhibían una noche eterna y fría. Mañana cumpliría mi padre y no estaría para darle un beso, pero sabía que lo entendería. De hecho al despedirme y abrazarme sólo deseó que regresara con otros ánimos y con ganas de vivir.

En realidad no era que quisiera morirme, es que no sentía algún incentivo para mostrarme feliz. Pensaba que el futuro que para todos podría ser promisorio e incierto, para mí no era ni lo uno ni lo otro. Promisorio porque no tenía planes específicos, e incierto porque sabía de antemano como serían mis días sin Marin.

El altavoz anunció el vuelo a Oslo, ciudad de Bianca. Me hubiera gustado pasear y conocer sus calles ya que hace tiempo había estado allí aunque estaba ciego. Bianca decía que era una ciudad muy bonita y con muchas cosas que descubrir para los jóvenes. Sin embargo en la Isla del Oso al menos tenía a mi amigo para contar con él. ¿Y Drobak? ¿Me hubiera gustado conocer Drobak ahora que gozaba de la vista? Sí, pero con ella. Con ella me hubiera gustado recorrer su pequeña ciudad natal.

—¡Qué hijo de tu madre! Me has hecho salir de la cama por este horario de mierda que has elegido para partir.

Miré sorprendido hacia la voz a mi derecha.

—Tío… ¿Qué haces aquí?

Lenya sonrió y chasqueó la lengua.

—Vine hasta aquí para ver si de verdad nos abandonabas o era un simulacro para llamar la atención.
Reí.

Se acomodó en el respaldo y cruzó las piernas.

—Mentira. Quería saber si estabas bien.
—Gracias. Lo superaré.

Silencio…

—No era necesario –murmuré después.
—No lo sé. Siempre es bueno que alguien te despida en un aeropuerto cuando te vas. No me gustan los aeropuertos, ¿alguna vez te lo dije?
Negué con la cabeza.
—Pues, no me gustan.
—A mi tampoco.
—Sí… Quizás sea porque nunca estuve allí para recibir a alguien sino para despedirlo. Incluso yo… No recuerdo haberme sentido feliz cada vez que me iba de Kirkenes hacia Rusia.

Silencio…

—¿Las cosas con Liz cómo van?
—Normal.
—Tío, juro no me dará envidia. Te lo mereces.
—Okay, la amo, me ama, somos felices. Ahora bien… No creas que ha sido fácil. Sospecho que con esas dos rubias nada es fácil.

Sonreí.

—Es diferente. Marin tiene a Carl a su lado.
—Liz tenía a Drank.
—Estaba muriéndose.
—No importa eso. Era mi rival.
—Sí… y buen rival.

Me miró y arqueó una ceja.

—Lo siento… Tuvimos contacto últimamente, fui a la reserva y hablé con él. Me ayudó a decidirme.
—¿A irte? No me parece buen consejo.
—No… Él sólo me dijo que si la amaba de verdad la dejara ser feliz.
—Oh… ¡Qué gentil! Falta la armadura y el caballo blanco.

Sonreí.

—Debe tener varios defectos. No dije que fuera perfecto.
—No, si eso no tienes que decírmelo. Está a la vista de todos. San Drank es adorable.

No pude menos que echarme a reír.

—Okay, dejemos a ese chico y cuéntame que piensas hacer. ¿El viaje es parte de una estrategia?
—No. El viaje me servirá a mí para comenzar de nuevo.
—Ah… Por supuesto. Aunque recuerda que para empezar de nuevo debes haber cerrado todas las puertas anteriores. Esas que te carcomen la cabeza.
—Si te refieres a Clelia estoy mejor. Ya no me persigue la culpa. Eso también lo hablé con Drank.
—Ah…
—Disculpa es que…
—No, está bien. Estoy seguro de Liz y de su amor.
—¡Qué suerte! En cambio Carl…
—Carl es un idiota. Con su porche y sus lujos crees que mantendrá a Marin enamorada. No son chicas superficiales. Tarde o temprano le dará una patada en el culo.
—En ese caso no estaré para verlo. No quiero migajas.
—Eres terco. Buen Craig has resultado.
—¿Qué quieres que haga? Ella lo dejó en claro. Lo importante es un macho que le dé seguridad y una familia.
—¿Y tú le creíste?
—¿Por qué no?
—¡Por qué no! Las pocas veces que vi a Marin en la mansión se desespera por mirarte, te come con los ojos, y…
—Basta tío, es suficiente. Te repito, lo dijo ella misma y con mucha seguridad.

El altavoz anunció un vuelo…

Ambos prestamos atención.

—Ah, es la llegada de América Airlines. ¿A qué hora partes?

Busqué en el bolsillo de mi cazadora de cuero…

—Espera, aquí está… En media hora.
—Okay… Tienes media hora para pensar.
—Tío… No insistas.
—Vale… Cuéntame, ¿seguirás con la tesis de doctorado? En la isla no creo que puedas presentar tu trabajo.
—Terminaré la tesis sí… Después viajaré a presentarla. De cualquier forma no es aquí en Kirkenes. Debo rendir el examen en Bergen.
—¡Qué bien! Tendremos en la familia un inteligente graduado en Ciencias Económica. ¿Y de que va tu tesis?
—Bueno, es sobre las Pymes, pequeñas y medianas empresas y su influencia en el mercado internacional.
—¿No digas?

Sonreí.

—Anda tío, que no te interesa mucho esas cuestiones de economía. Sé que estás aquí para hacer más llevadero mi partida.

Encogió los hombros.

—Da igual para que estoy si no logro convencerte que tu lucha por ella está aquí. No en la Isla del Oso. Allí nada podrás hacer.
—Es que no quiero conquistarla. Quiero dejarla en paz. ¿No entiendes? La he jodido todo el tiempo hasta hacerla llorar decenas de veces. No quiero hacerle daño. Por primera vez estoy pensando en ella y no en mí.
—Entiendo.

El altavoz volvió a escucharse…

—Ahora sí es mi vuelo. Debo hacer cheking y abordar.
—Okay.

Se puso de pie al igual que yo y me abrazó fuerte.

—Espero verte pronto –murmuró palmeando mi espalda.
—Claro, esperaré verte en la isla.
—En la isla o aquí, deseo que seas feliz, Douglas.
—Gracias –sonreí—. Espero noticias de Liz y de ti. Me gustaría tener un primo a quien mal enseñar.
—¡Tú estás loco! Moriré de miedo si Liz me convierte en padre. No sabría qué hacer.

Reí mientras me alejaba con la mochila al hombro.

—¡Tendrás que aprender tarde o temprano!
—Te hice compañía y así me pagas, ¡cabrón!

Reí mientras atravesaba las puertas mecánicas.

Giré y alcé la mano. Él respondió con el saludo. Poco a poco el ir y venir de los pasajeros lo fue borrando de mi visión.



Marin.


Era la madrugada cuando decidí lustrar la escalera de madera que iba hacia las habitaciones. No podía dormir. Douglas partiría por un largo tiempo a la Isla del Oso y continuaría con su vida. Y yo… con la mía.

Sabina se encontraba en la puerta del hotel recibiendo una carga de mercadería alimenticia que se había retrasado ayer. Observé que pagaba con un cheque al conductor y solicitaba si podían dejar las cajas por la puerta del costado, por la calle lateral. Me miró varias veces de reojo sin sonreír.

Cuando el chofer y su ayudante abandonaron la entrada principal se acercó al pie de la escalera.

—Marin, no me gusta verte haciendo tareas que no corresponden.

Mientras sostenía el lustrador en una mano y el paño en la otra la miré sonriendo.

—Estaba aburrida. No podía dormir.
—Baja, por favor.

Seguí su consejo y al llegar a planta baja dejé los utensilios en la mesa baja de la sala.

—Sabina, no es un deshonor limpiar.
—¡Por supuesto que no! Yo misma me encargo de vez en cuando de completar las tareas de limpieza. Pero el hecho es que tú lo haces por devolverme el favor de cobrarte menos precio por el alquiler, cuestión que me parece innecesaria.
—Lo sé.
—¿Por qué no lo aprovechas? Será tu día libre en el hospital, duerme un poco más así podrás salir a divertirte.
—No tengo nada que hacer.
—¿En serio? ¿Una chica tan joven sin nada para entretenerse? ¿Tu novio?
—Carl viajó.
—¿Otra vez?
—Sí, a París.
—¿Por qué no te llevó?
—Pues… Era por negocios e iba a aburrirme.
—¿Aburrirte? ¿Te trata de tonta?

Rodee los ojos.

Era sabido que Sabina tenía a Carl entre ojos. En realidad a todos los Rotemberg.

—Tiene razón, me aburriría. No entiendo nada de sus negocios.
—Pues deberías entender. ¿No es que se comprometerán muy pronto? Tienes que saber a qué se dedica tu futuro marido. ¿Y si es un contrabandista? ¿O vende drogas?

Reí por la ocurrencia.

—Sabina, Carl no vende drogas, ni contrabandea.

Cruzó los brazos.

—¿Estás tan segura?
—Sí, sé que no es muy simpático a tus ojos y…
—Es muy antipático.
—Y sé también que es un poco egocéntrico y vanidoso pero…
—Bastante diría yo.
—Okay… —suspiré—. Sabina… Sé que me quieres y yo a ti. Pero… Pero mi relación con Douglas no funcionó ni funcionará. Deseamos cosas diferentes para nuestra vida.
—Eso me quedó claro. Los dos son muy jóvenes. Sin embargo… Hay algo entre ustedes que me llama la atención.
—¿Qué es?
—Ni tú ni él parecen felices. Tú, con los benditos preparativos, él escapando de lo que siente por ti. ¡Qué par de idiotas los dos! –bajó la cabeza arrepentida por el arrebato—. Lo siento.

Sonreí.

—Está bien… Sé que me quieres.

Estaba de espalda a la calle y tan metida en la charla que no me percaté de la señora que entraba a la sala. Por la chaqueta que llevaba puesta Sabina con la insignia del hotel supo que pertenecía a la empresa.

—Disculpe, busco una habitación para mi marido y para mí.

En ese instante reconocí la voz y giré. Mis ojos asombrados la contemplaron.

—¡Mamá!

Ella quedó estática, sin poder creerlo. Llevó sus manos al rostro y se tambaleó.

—¡Marin! ¡Oh Dios, Marin! ¡Te he encontrado!
—¿Qué? –fue la pregunta de Sabina mientras la contemplaba estupefacta.

Mi madre me abrazó tirando la maleta al suelo. Al principio fue muy chocante para mí, aunque en ese instante no recordé los malos tiempos y poco a poco correspondí al abrazo.

Ambas lloramos, ante el silencio de Sabina.

Al fin mi madre habló entre sollozos.

—Viajé a Drobak pensando que estarían allí, ¡Dios mío! Tú no sabes toda mi angustia. En la ciudad muchos no sabían de ustedes, Drank y su padre no estaban en su casa. Allí vive otra familia… ¡Dios mío!

Me cogió el rostro con las manos y lloró desconsoladamente.

Me compuse y alcancé a balbucear.

—¿Quién te dijo que estábamos aquí?
—Jul, el pescador. No sabía demasiado sobre ustedes sólo dijo que estaban en Kirkenes y por eso estoy aquí. Iba a recorrer toda esta ciudad… También mencionó algo sobre Drank y una enfermedad que sufría… ¡Dios Marin! –volvió a abrazarme.
—Mamá… —la aparté—. Ocurrieron muchos hechos. Algunos horribles. Signy… Signy falleció.

Rompí a llorar junto con ella.

—Pensé que aquel caballero me había engañado. No podía creerlo, hija… Yo las dejé muy bien, a las tres. Liz y Singy trabajaban, tenía su casa. ¿Qué ocurrió, cielo santo?
—No lo sé, mamá. ¡Todo se desmoronó cuando te fuiste! Vinieron heladas mortales, no había comida, ni dinero. Liz quedó sin trabajo, Signy murió.

Intenté explicarle dentro del llanto el motivo de la muerte de mi hermana pero recordé que Sabina era una loba y no hubiera sido cómodo para ella. Aunque Sabina no hubiera prestado atención a mis dichos. Sus ojos miel se oscurecieron mientras contemplaba a mi madre.

Finalmente estalló.

—¡Las dejó solas! ¡Las abandonó a su suerte! ¡Son muy jóvenes!
—Sabina –murmuré.

Mi madre la miró desconsolada.

—Usted no sabe lo que se siente cuando le dicen que un hijo ha muerto.
—¡Sí, claro que lo sé! No justifica lo ha hecho en el pasado. No debió irse tras un hombre hasta estar segura que todo estaba bien.
—¡Lo estaba! En ese momento jamás pensé lo que ocurriría.
—¡Pues debió imaginárselo!
—Sabina… –insistí.

Ella me miró.

—Lo siento. Las dejaré a solas. Y sí, si Marin está de acuerdo, tengo una habitación para usted y su marido. Cuando quiera pase por recepción.

Giró sobre sí misma y se alejó.

Volví a abrazar a mi madre que lloraba desconsoladamente. Yo pensaba que eran los únicos abrazos que recibiría en mucho tiempo, ya que Liz… Liz no la recibiría con tanta conmiseración.

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Esperé a mi madre que se instalara junto a mi tío en el hotel. Al parecer él atravesó la sala guiado por ella pero no me reconoció. Bianca había dicho que él no estaba bien de la cabeza.

Sentada en el sofá, recordaba un tiempo no muy lejano en el que vivíamos juntas y felices en Drobak. ¡En qué poco lapso habían ocurridos tantos hechos irreparables! La última Navidad con Bianca y Bernardo, en la que aún vivía mi abuela y Signy… Las risas, las comidas deliciosas, el entusiasmo de Liz por sus libros paranormales, el clima de un invierno normal. Drobak… Mi ciudad…

La voz de mi madre me sobresaltó.

—Mi niña…

Se sentó a mi lado y me cogió la mano.

—Debo contarte muchas cosas. Yo… Debo darte explicaciones del porqué me fui… A ti y a tu hermana… Les dejé una carta, ¿te la ha leído?  ¿Liz? ¿Está aquí? ¿Contigo?

Negué con la cabeza.

—Vive con su pareja… Ella…

De pronto enmudecí. ¿Cómo explicar que mi hermana amaba a un vampiro poderoso y vivía en una mansión junto a él?

Mi madre comenzó a llorar nuevamente. Repetía el nombre de mi hermana fallecida y el hecho de no volverla a ver. Así estuvo un buen rato. Traté de consolarla pero no había palabra alguna que sirviera para tanto dolor.

Finalmente acaricié su cabello y desee cortar el mal momento volviendo a Liz…

—Liz… Ella está bien.
—¿Y su pareja? ¿La quiere? ¿Está feliz? –preguntó sollozando.
—Sí, mamá.
—¿Tú crees que podré verla? –me miró con angustia y miedo.

Abrí mi boca y la cerré. Incapaz de pronunciar un “Liz te odia, no querrá verte”.

—Sé que estará enojada. Pero debo explicarle parte de mi vida oculta. Marin… Viví toda mi vida manteniendo un matrimonio con tu padre.

La miré con lágrimas en los ojos.

—Fue un hombre honorable y bondadoso. Me dio todo lo que deseaba, hogar, estabilidad, hijas bellas, pero… No lo amé, nunca lo amé aunque lo respeté mientras vivió. ¡Lo juro! No tienes idea lo que es vivir sin amor. Renunciar a esa felicidad que no te la dará nunca otro, por más buen esposo que se trate.

De pronto los dichos de mi madre me desestabilizaron. Hogar estable, hijos, buen pasar… nada la había hecho feliz. El amor… El amor por mi tío no había muerto ni con el paso de muchos años.

Me sentí aterrada… ¿No era lo mismo en mi vida?

Me puse de pie de un salto y se asustó.

—Lo siento, mamá… Debo irme… Ya mismo… Yo… seguiré esta conversación en otro momento.
—Pero Marin, necesito que hablemos.
—Sí, sí, lo haremos. Más tarde.

Corrí hacia la cocina del hotel donde Sabina ordenaba las cajas de leche junto a Luna.

—¿A qué hora parte Douglas?

Ella me miró sin comprender.

—Sabina, ¿a qué hora parte el avión?
—Ah… Pues… —miró el reloj de pared—. En veinte minutos.

Salí apresurada buscando un taxi no sin antes comprobar que llevaba dinero en los bolsillos de los jeans.

El aire helado del inminente invierno era demasiado para tener como abrigo sólo el grueso suéter y traspasó mis huesos, sin embargo nada importaba. Sólo encontrar a Douglas y decirle que lo amaba. Que no partiera lejos de mí. Ya no deseaba esa familia perfecta si él no era parte de ella.

Cuando el taxi frenó en la entrada principal, pagué el viaje y corrí por los pasillos del aeropuerto repletos de gente. Alcancé la mesa de informe y sin importar la fila de personas que esperaban pacientes pregunté a viva voz.

—¡Disculpe! ¿El avión que sale a Leknes? ¿Dónde abordan los pasajeros? ¡Por favor! Es urgente.
—Puerta cuatro, señorita.

Corrí… Corrí mientras las palabras de mi madre iban y venían en mi cabeza.

Al llegar a la puerta cuatro dos guardias y una azafata conversaban animadamente. No había pasajeros y el pasillo que seguía después del detector de metales estaba vacío.

—Lo siento no puede pasar. Los pasajeros ya abordaron.
—Lo sé, lo sé. Por favor sólo debo ver a uno de ellos. Es cuestión de vida o muerte.
—Señorita, lo lamento. No podrá pasar.
—Por favor, debe haber alguien que avise a Douglas Craig que estoy aquí por él.
—Imposible.
—¡Son unos inútiles! –grité exaltada.

Ni yo misma me reconocí…

—Mantenga la calma y retírese o llamaré a la policía.
—¡Por favor! –exclamé.

Intenté pasar por debajo de la cinta azul y sentí una mano fuerte que me cogía del brazo.

—¿Quiere entrar en razón?

Mi mano se estrelló contra la cara del guardia.

En un abrir y cerrar de ojos tenía a media policía de migraciones alrededor.

Lloré como una niña que ha perdido a sus padres. Quisieron llevarme detenida pero por suerte el mismo guardia al que había golpeado los interceptó.

—Está bien, está nerviosa. No es peligrosa.

Lo miré con lágrimas en los ojos. Se acercó más y mirándome fijo explicó.

—Señorita, la dejaríamos pasar si es que el avión aún estuviera abordando pasajeros. Pero ya es tarde, comprenda. Nada puede hacer.

Me retiré… Me retiré en silencio arrastrando los pies, maldiciendo por dentro mi destino y mala suerte. ¿Acaso no estaba quebrando reglas por una locura de amor? ¿Y si era pasión y no era amor? ¿Entonces por qué tanta angustia?

Subí la escalera que daba a la terraza. Allí los familiares y amigos recibían o despedían los aviones que llegaban y partían. Hacía mucho frío, y el aire helado de la noche boreal caló mi cuerpo. Pocas personas se habían quedado junto a la barandilla.

Al acercarme vi un avión tocar pista y carretear reduciendo velocidad. El altavoz mencionó algo de Oslo.

Mis lágrimas tibias corrían por mi rostro. Me hubiera tirado de la terraza si hubiera sido vampiresa como Liz. Pero no lo era…

Observé los grandes galpones y los hangares… Varios aviones inmóviles en diferentes lugares…

De pronto lo vi, entre la doble fila de reflectores de la pista. Un avión se abría paso a toda velocidad, y sus luces rojas y amarillas dibujaban la silueta perfecta de su forma en la oscuridad.

Se alejaba rápidamente, y yo sin nada que hacer más que contemplarlo con angustia y desolación.

El avión se elevó en el aire y las lucecitas azules de lo que serían las ruedas desaparecieron.

Me quedé un buen rato hasta que el avión se perdió en la oscuridad del cielo.



Sasha.


Sentada en el amplio sofá de la sala miraba televisión sin escuchar siquiera las noticias de la media noche. Tenía a Dimitri en mi cabeza desde hace un tiempo desde que había decidido abandonar su hogar y perder todo contacto con su familia. A decir verdad, con sus hermanos mantenía cortas llamadas pero con la firme amenaza de no decir dato alguno sobre su paradero.

Sabía que el castigo no era para Mijaíl sino para mí. Sin embargo era obvio que mi marido jamás me ocultaría algo tan importante como el lugar donde mi hijo estaría hospedándose.

Si me merecía lo que ocurría no estaba segura. Por un lado entendía que estaba defendiendo su amor, si este llegara a ser verdadero. Pero llegado el caso Dimitri podía visitarnos sin la compañía de esa chica aunque evidentemente para él no era tema de discusión. O la aceptaba a ella o no lo vería más.

Un dolor muy grande atravesaba mi pecho cada vez que pensaba como salir de la tortura que hace muchos años convivía conmigo. Nadie comprendería lo que pasaba por mi cabeza y mi corazón. Mijaíl sí… Él conocía de memoria lo que estaba sufriendo. Por eso no intentó forzarme a enfrentarla y mantener una relación al menos amistosa. ¿Cómo lograrlo si su presencia me recordaba una y otra vez esa fatídica madrugada donde mi familia del corazón fue asesinada a sangre fría? ¿Cómo ver cara a cara como si nada pasara, el rostro de quien en su sangre y su genética llevaba con orgullo la estirpe del asesino? Sus ojos negros como la noche… Su gesto austero y duro… Sus rasgos… Sí… Porque Anoushka Yurovsky se parecía mucho a su bisabuelo.

Natasha entró a la sala y buscó un libro en la biblioteca.

—Voy a leer en mi habitación. ¿Necesitas algo, mamá?

Negué con la cabeza.

Sin querer uno de los libros cayó al piso produciendo un ruido seco e imprevisto.

Me sobresalté ante la caída y ese sonido inocente se convirtió en algo similar a un impacto. Impacto de los tantos que escuché en la casa Ipatiev mientras me hallaba escondida con Mijaíl en el monte.

—Los niños… —susurré aterrada.

La mano de Natasha se posó en mi hombro.

—¿Estás bien mamá? Sólo fue un libro. Lo siento.

Sonreí con pena.

—Sí… Lo lamento. No debí sobresaltarme.
—¿Quieres algo fuerte? ¿Un coñac? ¿Un vodka?
—No, ya estará al llegar tu padre. Fue a Kirkenes ayer. ¿Te lo he dicho?
—Sí mamá. Ya me lo contaste. Papá mismo se despidió y me mostró el regalo que había escogido para Sebastien.
—Ah… Cierto.
—¿Quieres que me quede contigo?
—No, descuida. Ve tranquila. Prometo decirte si en tal caso necesito algo.

Cuando Natasha se retiró la sala volvió a quedar en silencio, salvo por la voz de la reportera que mostraba una escena de la región más pobre de Moscú. El invierno arremetía contra los más indigentes y muchos de ellos seguían muriendo de hambre como hacía centenas de años.

Observé alrededor… Mis ojos recorrieron los muebles y el lujoso empapelado… La alfombra tupida… Los cuadros costosos… Me sentí miserable. Los Gólubev brindábamos ayuda a muchos hogares de beneficencia sin declarar el origen, porque así se debía ayudar, sin dar el nombre. Sin embargo de una parte hasta hoy no me bastaba. Sentía que algo más debía hacer para no sentir vergüenza ante mi posición privilegiada. Me pregunté si haber sido parte de los Romanov era como continuar una maldición. La tajante diferencia entre pobres y ricos de mí amada Rusia. Esa indiferencia que parecía rodear a los zares y que yo bien sabía que no era tal cual. Pensaba si los zares hubieran estado vivos en estos momentos, ¿qué hubieran dicho de mí? “Sasha tu ayudas a mucha gente del pueblo, ¿pero en tu corazón no te empecinas en mantener esas diferencias?”

¡Qué horror! No quería ser una dama que fuera de compras en su coche conducido por un chofer mientras mi hijo me había gritado en la cara mi intolerancia y terquedad.

¿Cómo salir de esa prisión del pasado? ¿Cómo borrar el rencor que generaba aquella alma desalmada y cruel que había terminado con once vidas? Yurovsky luchaba con sus armas y sus actos sanguinarios por romper la desigualdad social… ¿Y yo? ¿Qué hacía yo viviendo absorta en la riqueza?

Me puse de pie y caminé hacia la ventana que daba al balcón. Desde allí, la vista del Kremlin iluminado y la catedral de San Basilio le daban la imagen típica a mi ciudad. La nieve caía mansamente desde hace dos semanas. El cielo no mostraba estrellas ni luna como aquella noche que los vi por última vez…

La voz de Olga llegó nítida a mi oído…

“Dime que canción quieres que toque, Sasha”.
“Cualquiera cariño, el piano me encanta.”

A un costado la zarina peinaba a Anastasia frente al espejo del gran salón. Pegado a su madre como miles de veces, Alexis en su silla de ruedas observaba el parque a través de la ventana.

“Mamá, ¿mañana podré salir?”
“No lo sé hijo. En invierno no es aconsejable, estás delicado de salud. Ten paciencia”.
“¿Cuándo crezca seré alto como papá?”
“Serás más alto” Acoté sonriendo. Él devolvió la sonrisa y buscó en su caja de soldados de madera quizás el que más le gustaba.
“Es para ti, Sasha”.
“¿Para mí?”
“Sí, es para que siempre lo lleves contigo”.

La zarina rio.

“Pero si Sasha no nos abandonará nunca. ¿Verdad Sasha?”
“Por supuesto. Siempre estaré con ustedes.”

Olga dejó de tocar el piano y me miró.

“Sasha, ¿y si te enamoras y te casas? ¿Nos dejarás?
“Jamás, traeré a vivir aquí a mi marido y viviremos todos juntos y felices.”
“Así se habla Sasha.” Rio la zarina.

Sin embargo no cumplí lo dicho…

El sonido de unas llaves provocó que mirara hacia la puerta. En segundos Mijaíl e Iván entraron hablando muy animados.

—Querido… Hijo… ¿Mucho frío en la ciudad?
—Hola cariño –mi marido se acercó quitándose el abrigo y los guantes y depositó un beso en los labios.
—Más frío en Kirkenes, mamá.
—Me imagino.

Ayudé a Iván a quitarse el abrigo y lo colgué del perchero.

—Mijaíl se sirvió un vodka y sirvió otro a nuestro hijo.

Ambos se sentaron frente a mí.

—Mijaíl, ¿Qué ha dicho Sebastien de mi ausencia?
—No te preocupes, él lo entendió. Desea que te repongas y que se arreglen nuestros problemas familiares.
—Tan atento.
—¿Y Bianca? ¿Cómo está ella?
—Muy bien, te envía un fuerte abrazo.
—¡Qué gentil! Le debo una visita… Quizás… Más adelante.
—Liz es toda una vampiresa –agregó Iván.
—Oh, cierto. Cuenten algo más. No sé… Lenya y ella, ¿se ven bien?
—Sí, mamá.
—Cariño, hay novedades de los Sherpa. Nos enteramos por Lenya que viajó a contactarlos en Siberia.
—¿En serio? ¿Son malas noticias?
—En realidad a Sebastien le preocupan. Dice que tarde o temprano deberán integrarse y aprender a vivir entre humanos.
—Cielos, Mijaíl. Khatry tenía entendido que había logrado avances, ¿pero las chicas?
—Las hijas de Agni se la verán difícil. No quieren abandonar la región y la hambruna sigue creciendo.
—Confío en que Sebastien logrará que abandonen Siberia.
—Yo también, querida… Y tú, ¿cómo has estado? ¿Has salido de compras para Navidad?
—No, hemos hecho con Anouk algunas compras ese día que… Okay… Lo que quiero decir es que por ahora dejaremos el resto de los regalos para más adelante.
—Mamá, Navidad llegará en trece días, no querrás dejarme sin regalo. Yo he comprado los de ustedes –sonrió Iván.
—Claro que no.
—Con razón te has ausentado toda la semana, Iván. Estabas muy misterioso.

Mi hijo y yo intercambiamos miradas furtivas.

—Por supuesto, papá. He aprovechado el tiempo de vacaciones.

Mijaíl bebió un trago de golpe y me sonrió.

—¿A qué no sabes? Nuestra hija Anouk está haciendo muy buena letra con los Craig. Por fin encontró la horma del zapato.
—¡Cuánto me alegra, querido! ¿Lo ves? Tenía razón.
—Sí, aunque sigue con la idea de rendir asignaturas para ser una docente de Jardín de Infantes.
—¡Qué bello!
—Anda ya, Sasha. No la veo a nuestra hija rodeada de niños gritones y malcriados.
—Estás exagerando.
—Mientras no salga con que se enamoró de un docente de colegio –protestó Iván.
—¿Por qué no? –retruqué.
—¡Ay mamá! Le durará dos segundos.
—Tú que sabes.
—Tiene razón tu madre el amor no tiene explicación –me guiño un ojo y se puso de pie—. Veré a mi princesa mayor, ¿está en su habitación?
—Sí, leyendo.
—Vale, le daré los mimos y atenciones antes que llegue el demonio rubio y me quiera acaparar –rio.
—Cierto, la próxima semana estarán aquí con Milenka. Estoy deseando ver a mi nieta.
—También yo, amor… Tú… ¿te encuentras mejor?

Mijaíl se detuvo en la puerta de la sala esperando una respuesta afirmativa. Conocía al dedillo que le mentiría para no preocuparlos. La verdad que mis pesadillas habían regresado y la tristeza por no abrazar a mi hijo iban consumiéndome poco a poco. Había salido a cazar la semana anterior todo porque Mijaíl amenazó con no alimentarse. No deseaba más estragos en mi familia por mi culpa.

—Tranquilo, aún falta para Navidad y tengo esperanza que… que él regrese.
—Por supuesto –murmuró mi marido. Después nos dejó a solas.

Aguardé unos segundos hasta escuchar la puerta de la habitación de Natasha abrir y cerrarse. Levanté la vista para ver los ojos violáceos de Iván.

Iván era mi hijo mayor. Había nacido en 1920. Dos años después de haber sido convertida en vampiro por mi esposo. Era tan bello de niño como lo era hasta ahora. Pero sus más destacadas virtudes eran su alto coeficiente intelectual y su memoria prodigiosa. Como nota de color Iván podía comunicarse con los animales aunque no era algo que él practicaba a menudo. Digno de un Gólubev llevaba en su dedo con orgullo el águila bicéfala mientras su porte distinguido y elegante le había abierto las puertas de las más prestigiosas Universidades del mundo. Conocía decenas de idiomas, hasta los más antiguos. Amaba a su familia aunque muchos lo tacharían de distante. Yo lo conocía al dedillo y aunque los hijos son todos iguales de amados a nuestros ojos no podía negar cierta predilección debido a su excelente comportamiento. Nunca me había dado trabajo.

Sonreí.

—¿Por qué sonríes, mamá?

Lo miré con ternura.

—Sólo te recordaba de niño. Mientras tus hermanos trepaban a cada estatua o mástiles de las plazas, tú leías a mi lado.
—Lo sé… Dime… No más vueltas. ¿Quieres saber lo que averigüé?
—Siento que no está bien lo que te pedí… Parezco una espía de la KGB.
—Ahora está hecho, no te arrepientas. De todas formas es la única forma de despejarte dudas.
—Okay… Cuéntame.

Él extrajo un pequeño anotador del bolsillo trasero y lo depositó en la mesa baja de living.

—Es para cuando quieras repasar datos. Los sé de memoria pero tú podrías necesitarlo.

Descansó sus antebrazos sobre las piernas entreabiertas y comenzó…

—Su nombre es Anoushka Yurovsky. Tiene veinticuatro años, cumple los veinticinco en abril. Exactamente el ocho. Nació en el barrio de Kitai Gorod donde vive actualmente.
—Entonces no se ha mudado con Dimitri? ¿Él vive allí? –interrumpí.
—Dimitri no vive allí. Pero no te diré donde, se lo prometí a mi hermano.
—Lo sé… Continúa.
—Su casa está a tres construcciones del antiguo convento, en el callejón Málaya. Sus padres fallecieron hace tiempo, quedó al cuidado de su abuelo ciego. Es una casa grande y antigua, pocos muebles. Considero que no pueden sacar dinero de las numerosas habitaciones vacías de planta alta y usarlo como kommunalka, ya que nadie se atrevería a vivir allí.
—¿Eso por qué?
—La maldición Yurovsky. En el barrio se comenta que es una casa con fantasmas y espíritus malignos. Ella misma es apartada de todo contacto social en varias calles a la redonda. Dicen que saludarla simplemente traería mala suerte.
—¡Qué idiotas!
—Compra el pan cada atardecer al regresar del “Hogar de huérfanos”. Lo hace en una panadería más lejana camino a su casa. El negocio de un tal Mujil no quiere venderle pan.
—¿Qué hay de su abuelo? ¿Es yerno o hijo del asesino?
—Su abuelo era único hijo de Yurovsky. Por eso el apellido trascendió.
—Cierto.
—¿Qué vida lleva? ¿Está metida en política o en reyertas?
—En absoluto. Ni sus padres ya fallecidos han incursionado en partidos políticos. Han llevado una vida normal y por supuesto humilde. Al parecer su padre era jugador, terminó con la fortuna que podía quedarle.
—¿Qué hace ella cada día?
—Anoushka se levanta alrededor de las seis, sale a trabajar en el ramo de la beneficencia, gana muy poco. Viven de eso y de la pensión de su abuelo. Pasa bastantes carencias pero al parecer no le importa. Al regresar cena con su abuelo, lee una hora antes de dormir, ah… también alimenta un par de animales de la calle. Dos perros para ser exactos y un gato, al que llama Coco.
—Dime más… No sé… ¿Hay señales de que esté en algo raro?
—Nada. En su closet tiene tres faldas, varios pares de medias de lana, una gorra y único abrigo. Tiene dos vestidos de verano y unas sandalias viejas.
—¡Iván! ¿Te has metido a revisar su closet?
—Sí, pero no te preocupes, ella cocinaba mientras me materialicé en la habitación.
—No lo digo porque fueras descubierto, creo que lo del closet estuvo demás.
—No estuvo de más si quieres saber todo. Ahora lo sabes.
—¿Desde cuándo trabaja en el hogar?
—Trabajaba hace años, después abandonó dos años atrás. Al parecer algo la hizo apartarse. Y si mi memoria no falla, Dimitri atendía un paciente allí. Seguramente se conocieron por esa fecha. Ella comenzó a ayudar en el hospital cerca de la Plaza Roja, pero volvió al hogar hace poco a pedido de una única amiga llamada Kika.
—Oh, Kika… Es la chica que llevaba la ropa que donábamos.
—Exacto. ¿Y bien? ¿Qué más quieres saber?
—De su abuelo, que más sabes.
—Lo que te he dicho. Es ciego. No pude averiguar desde cuándo pero la gente del barrio no recuerda que haya tenido visión. Aparentemente desde muy joven. Si me das un par de días podré saberlo.
—Es suficiente, Iván. Gracias. No sé cómo pagarte el gran favor.

Me miró sonriendo.

—Poniéndote bien.
—Estoy haciendo lo posible por aceptar lo inaceptable.
—No me importa si decides que vale la pena o no reconciliarte con el pasado y con Dimitri. Sí decides hacerlo bienvenido sea y si no será tu decisión que por supuesto respetaré. Pero en el medio no mamá, en el medio no se avanza. O lo uno o lo otro.
—Hijo, a veces hay grises en la vida…
—No creo en los grises mamá. O es blanco o es negro. Es tu decisión y vivirás con ella.
……………………………………………………………………………………………..................

Al otro día me levanté muy sigilosa y me vestí para salir. Mijaíl me miró entre dormido y preguntó entre susurros.

—¿Tan temprano vas de compras?
—Debo hacer un viaje. No te preocupes, estaré bien. Te amo.
—También yo.

NOTA: Gracias por comentar.


11 comentarios:

  1. Uy me dio pena lo Marin y Douglas lo dejaste muy interesante. Extrañaba leer tu novela

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    1. ¡Hola Ju! Gracias por pasarte. Lo de Marin y Douglas será un poco largo o no... Depende de ellos. En la semana paso por tu blog,cariño. Un besazo grande.

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  2. Que mal lo de Marin y Douglas esta pareja siento que le falta algo y paciencia, espero que sea pronto para que se arreglen y que Marin deje a ese baboso de novio!...gracias Lou!

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  3. ¡Hola Lau! Gracias a ti por comentar. Veremos que hacemos con estos chicos. Por lo pronto haremos fuerza porque este cupido rebelde se ponga a trabajar. Un besazo grande!

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  4. Auch....pobre Marin....quedarse ahi sin nada por diez miseros minutos de diferencia...igual se lo merece un poco,no serle fiel al corazon siempre tiene consecuencias.
    En cuanto a la aparicion de su madre...si bien sus palabras fueron el detonante de su reaccion, solo espero que Liz le sacuda los cimientos...(soy una bruja ya se)
    Vamos al principio...Anne...al.fin esta instalada ojala pronto las cosas cambien para bien...me dio penita Scarlet,pensando en abandonar su amor en caso de conflicto con su secreto...no es tan niña caprichosa ya,la realidad la maduro de golpe.
    Muy gentil Ron...no esperaba menos de el ;)
    Sasha Golubev...que personaje ese...los fantasmas del pasado le estan comiendo el alma...igual conociendo un poco como viene la mano, tengo fe amiga de que pronto superará eso...Ahhhhh casi me olvido...me senti recontra tocada con el consejo de Lenya a Douglas...fue como escucharte a vos a traves de su voz.
    Excelente capi mi solcito! Espero con ansias el otro.
    Te quiero!!

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    1. ¡Hola Aleee! Marin tendrá que aprender que la seguridad de una familia sin la pasión del amor no durará mucho o de lo contrario hará su vida miserable. y Tenes razón, no seguir al corazón trae consecuencias. Por ahora Douglas ha dejado el espacio para que piensen los dos. Liz, ya sabemos de su carácter y no recibirá bien a su madre, creo yo. Veremos que pasa con el correr del tiempo. Anne instalada, sí. Pienso que traerá capítulos interesantes pero a la vez Grigorii estará más cerca de los Craig y eso puede ser peligroso.
      Scarlet ha madurado pero no significará que eso la haga dura, supongo que no será fácil para ella si alguna vez tiene que decidir por el amor o su familia.
      Ron, un dulce. Como siempre.
      El tema de Sasha es complicado. Pero ¿viste? Anoushka cumple una fecha muy especial. Es en honor a ti.
      Besos querida amiga, y gracias como siempre por pasarte y leerme.

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  5. Sos mas dulce!!! Gracias por la fecha de cumpleaños...te quiero

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  6. Hola Lou... Anne echa de menos a su hermano, y es muy normal
    También es normal que Scarlett tema la reacción de Grigorii si se llega a enterar de quienes son los Craig... ya veremos que sucede porque no lo tienen sencillo
    Me ha encantado que Lenya haya ido a despedir a Douglas... se nota que quiere mucho a su sobrino... y me ha parecido muy bien lo que le ha dicho... que su lucha está en Kirkenes, y que ha visto muchas veces como le mira Marin
    Estoy de acuerdo con Sabina... ni Douglas ni Marin serán felices si están separados
    Sabina le ha reprochado a la madre de Marin que abandonara a sus hijas... creo que Liz también se lo reprochará y que no la perdonará tan fácilmente como Marin
    La madre de Marin, con un hogar estable, con hijos, no logró ser feliz... faltaba el amor
    Y Marin lo ha entendido y ha corrido al aeropuerto... me ha fascinado esta escena... Siento que el avión ya se fuera
    Sasha piensa en su hijo Dimitri... y Anoushka se parece mucho a su bisabuelo... difícil situación
    Me ha encantado el capítulo, Lou... y te felicito por la extraordinaria historia que estás creando
    Besos

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    1. ¡Hola Mela! Ha sido un capi bastante variado. Pero no podía dejar de tocar ciertos temas.Ya llegará Navidad para los Craig y vendrá con sorpresas. Espero te agraden.
      Te agradezco muchoel tiempo que te tomas en comentar,amo tus comentarios jugosos y detallistas. Gracias de verdad.
      Anne debe habituarse a su nueva vida aunque aparentemente será por poco tiempo, veremos...
      Sabina actúa como madre y siente que la felicidad de su hijo también depende de la decisión de Marin aunque sospecho que no logrará al menos por ahora nada.
      Lenya actúa como buen tio y creo que es porque ama su familia y valora tenerla después de un pasado solitario.
      Sasha sigue con problemas para aceptar a Anoushka pero es difícil.El destino le ha jugado una mala pasada. Esperemos salga adelante.
      Te dejo un besazo enorme y nuevamente gracias por pasarte y comentar.

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  7. hola LOU, siento que ya pronto, nos reencontraremos cuando descubras mis comentarios.,, muy buen capi,,,,saludos

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    1. ¡Hola Lobo! He estado de vacaciones desde el 10 de febrero.Lamento no haberte leído antes. Ante todo gracias amigo por pasarte y comentar. Me alegro mucho que te haya gustado. Veremos como sigue esta historia un poco complicada. Un abrazo desde Buenos Aires.

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