Saga para + 18

Iris púrpura es el cuarto libro de la saga Los Craig. Para comprender la historia y conocer los personajes es necesario partir de la lectura de Los ojos de Douglas Craig.

La saga es de género romántico paranormal. El blog contiene escenas de sexo y lenguaje adulto.

Si deseas comunicarte conmigo por dudas o pedido de archivos escribe a mi mail. Lou.


domingo, 5 de febrero de 2017

¡Hola chicos! Aquí he llegado con el capi nuevo. He viajado por San Petersburgo para poder contarles un poco la escena. Gracias a internet puedo viajar sin gastar un peso. Algún día lo haré en persona. Maravillosa ciudad se los aseguro. Les dejo un besote grande y las gracias.

PD: Amé a Mijaíl en este capi.



Capítulo 18.
San Petersburgo.




Anoushka.


Sentada en la cocina bebía el café recién hecho, dulce y caliente. Hacía un buen rato que escuchaba ruidos en la habitación de mi abuelo. Ruidos normales a cuando él se levantaba y otros ruidos no familiares. Arquee la ceja. ¿Qué estaría haciendo?

Cogí un panecillo de salvado y mordí un trozo. El recuerdo de Dimitri alegró mi corazón. La noche anterior había decidido quedarse por quinta vez en mi habitación y habíamos hecho el amor nuevamente. Escondido entre las sombras del callejón y a unas altas horas de la madrugada, mi vampiro rubio de mirada púrpura, me visitaba.

No habíamos hecho planes de vivir juntos como pareja. Ninguno de los dos quiso pensar en un futuro promisorio si él no contaba con el apoyo de su madre. Los Gólubev podían notarse ser una familia muy unida, y aunque Sasha era sólo un eslabón, nada comenzaría bien si no había una reconciliación entre las partes. ¿Habría alguna vez? No lo sabía. Imploraba que así fuera.

No era que me sintiera culpable de aquella atrocidad cometida hace cien años. Sin embargo, era como soportar una carga que siempre me había molestado, pero hoy, se convertía en insoportable.

Si tuviera la oportunidad de pedir perdón a los zares en nombre de mi bisabuelo, lo haría. Aunque no me correspondiera. Aunque mis disculpas no arreglaran nada del pasado.

Bebí otro sorbo de café…

Un ruido extraño parecía venir del pasillo que daba a las habitaciones. Me puse de pie y abandoné mi taza de café y mi panecillo sobre la mesa. Me acerqué a la puerta de la cocina y pude ver a mi abuelo en pijama arrastrando una bolsa de consorcio como las que se usan para los residuos.

-Abuelo, ¿qué haces? Abrígate, estamos en invierno.

Se detuvo y sus ojos blanquecinos buscaron mi voz.

-Ah, Anoushka, estás levantada. Hoy es sábado. ¿O es domingo?
-Domingo, abuelo. No voy a trabajar.
-Ven, ayúdame con estas cosas. He hecho limpieza en la habitación.
-Pero abuelo… Si yo aseo a menudo. ¿Qué es lo que deseas tirar?

Su rostro se dirigió a la bolsa que apoyaba en el suelo. Aunque sus ojos no veían fue un claro mensaje de que contenía algo preciado, al menos hace un tiempo.

-Son cosas que ya no usaremos, Anoushka. ¿Para qué tenerlas ocupando lugar?

Me acerqué y abrí la bolsa para ver el contenido.

Lo miré sorprendida.

-Abuelo, estos objetos estaban en tus cajones. Son medallas y condecoraciones bolcheviques.

Encogió los hombros.

-¿Y para qué quiero yo medallas y condecoraciones?
-Son recuerdos.
-Recuerdos que nos hundirán en un pasado que ni tú ni yo queremos recordar. Ayúdame a botarlos.
-No lo creo adecuado.
-¿Para quién?

Titubee.

-Bueno… para ti. Son recuerdos de tu padre.
-No me servirán. No podré verlos. Además ya he soportado la vanidad en todas sus formas cuando era un niño. Ya es suficiente.

Mi abuelo intentó arrastrar la bolsa pero lo evité y la cogí.

-¿Quieres que la tire? ¿Estás seguro?
-Aún no. Ven, guíame hasta el hall.
-¿Qué tienes pensado?
-Ya verás.

Apenas llegamos al hall principal él se detuvo en la arcada cuya cortina pulcra pero un tanto vieja separaba el comedor.

Tanteó la tela oscura con bordes en punzó y dio unos siete pasos. Giró hacia la derecha y avanzó unos pasos más hasta tocar la pared. Sus palmas recorrieron centímetro por centímetro mientras yo lo observaba preocupada.

Sus dedos chocaron con el primer marco de un cuadro. Uno de los tantos que colgaban en la pared.
Con precisión como si sus ojos vieran, lo descolgó sin cuidado.

-¿La bolsa, Anoushka?
-Abuelo…
-Vamos niña, que tengo ganas de sentarme a desayunar y no lo haré hasta terminar lo que quiero hacer.

Levanté la bolsa del piso y la coloqué junto a sus pies.

-Ábrela, querida.
-Ya está abierta.

Mi abuelo dejó caer el cuadro que se estrelló contra los bronces.

Me sobresalté. Él lo noto y sonrió.

-Hace ruido el pasado, Anoushka. ¿No es así?

Poco a poco fue tanteando la pared y descolgando uno a uno los cuadros familiares. Cuando llegó al quinto se detuvo.

-Oh… Este debe ser el de tus padres. Mi querido hijo y mi nuera.
-Así es.
-Entonces, llévalo a tu habitación. Querrás tenerlo de recuerdo.
-Sí, por favor.

Cogí el cuadro de sus manos y lo aprisioné contra el pecho.

Apenas continuó con la tarea mi silencio fue notable e incómodo. ¿Lograría algo quitando los cuadros del hall?

Como adivinando mis dudas, murmuró.

-No es agradable para tu novio ver el pasado cada vez que entrará a tu casa. Hazle las cosas más fáciles.
-A Dimitri no creo que le importe.
-Eso es lo que tú crees. Aunque sea un buen chico es su familia y debe importarle. ¿Y si la señora Gólubev pisa esta casa? Sería una incomodidad para ella.
-Abuelo, la señora Gólubev jamás pisará esta casa. Me odia, nos odia a todos.
-¿No me has dicho que es culta e inteligente? Y debe amar a su hijo.
-Sí.
-Entonces, un día, la pisará. Pero antes una de las partes debe comenzar a borrar el pasado doloroso. Comenzaremos nosotros, ¿qué te parece?
-Sí –sonreí.

Casi al terminar el arduo trabajo, sobre todo para mi abuelo que no tenía el don de la vista aunque sabía de memoria cada posición, me acerqué a la bolsa.

-Abuelo… Estaba pensando que esos bronces… Quizás nos den dinero para comprar provisiones y tener una linda Navidad. Podremos comprar un trozo de pavo. ¿Te gusta la idea?
-Excelente. Encárgate de ello, querida.
-Abuelo…
-¿Sí, Anoushka?
-Si no te importa podría usar parte del dinero para comprar un pasaje en tren.
-¿Un pasaje en tren? ¿Tu novio vive tan lejos?
-No. Necesito hacer un viaje.
-¿Un viaje?
-Sí, necesito reconciliarme con el pasado.



Sasha.


Desde la terminal en Moscú, de Leningradski, lleguaría a la tarde a Moscovski, en San Petersburgo. Hubiera sido mucho más rápido en un avión, sin embargo decidí coger el tren Sapsan con una duración de casi cuatro horas. Necesitaba pensar durante mi viaje y el paisaje a recorrer sería un aliciente al que después de todo disfrutaría.

Los andenes de cemento no agregaban vida a los numerosos galpones y postes de electricidad, aunque atestados de personas que esperaban para partir, la nieve de finales de otoño parecía implacable y había comenzado a caer hacía una hora.

Eché un vistazo alrededor antes de entrar al tren. Reconocí que la mayoría de las personas eran turistas. Podían escucharse diferentes idiomas y dialectos mientras aguardaban la partida del lujoso Sapsan. El viaje a San Petersburgo era uno de los más deseados por los extraños que pisaban por primera vez Rusia. Vasta historia encerraba la ciudad junto a las espléndidas obras de arte creadas por los humanos. Sí… Porque cuando el humano usaba el intelecto para fines buenos era capaz de convertir un rincón del mundo en un lugar maravilloso. Sin embargo, su misma inteligencia podía hacer estragos.

En 1842, Nicolás I de Rusia deseó la unión de las dos ciudades y ordenó la construcción. Muchos siervos terminaron su vida en la riesgosa tarea y en condiciones paupérrimas. Durante muchos años el recorrido era una línea completamente recta con la excepción de una curva de 17 km cerca de la ciudad de Nóvgorod. La curva era objeto de una leyenda urbana. Se decía que el zar Nicolás I había trazado con una regla la ruta que seguiría el tren para explicar el proyecto como él lo deseaba. Pero al tener uno de sus dedos ligeramente curvos por la posición, dibujó alrededor y los ingenieros temerosos de su investidura no lo corrigieron. De allí que la vía tiene una ligera curva llamada el rodeo de Verrebinski.

Esa leyenda suma una nota de color a la construcción, pero después de mucho tiempo el trayecto varias veces se teñiría de sangre. Era imposible no viajar en el tren y no recordar los atentados escalofriantes provocados por explosiones de bombas. Una de ellas había ocurrido en el 2007, la otra dos años más tarde.

Mis ojos se desviaron hacia una gran expendedora de café y golosinas. Mucho tiempo atrás en su lugar, por el año 1927, había un negocio de chapa cuyo vendedor se encargaba de vender la misma mercadería. Me recordaba de pie junto a Ivan y Natasha de mi mano. En mis entrañas, crecía Dimitri. Inconscientemente llevé mi mano a mi abdomen recordando aquel tiempo que mis hijos mayores eran tan pequeños. Aún sentía la sensación de las pataditas del bebé. Creí que siempre íbamos a estar unidos igual que al gestarse en mi cuerpo, pero Dimitri se había enamorado de una Yurovsky. Era la bisnieta de mi peor enemigo… Cielos… ¿Por qué el destino me ponía una prueba tan dura? ¿Cómo aceptarla en mi familia sin sentir la traición a mis queridos Romanov? ¿Y Dimitri? ¿Cómo vivir enemistada con mi propio hijo?

Cogí asiento junto a una gran ventanilla del lado derecho. Desprendí los botones de mi abrigo y quité mi capucha hacia atrás. Apoyé mi bolso de cuero legítimo sobre las rodillas y quité el móvil para tenerlo a mano. Una señorita se escuchó por el altavoz anunciando la partida en ruso, después en inglés. Di un vistazo al andén prácticamente vacío. Comenzaba mi viaje, un viaje que aunque supiera el destino desconocía a dónde me llevaría. A los pocos minutos cuando el tren abandonó la estación de Moscú, recibí un mensaje de Mijaíl, “te encuentras bien”. Respondí al instante, “si cariño, volveré esta noche.”

Antes de guardar el móvil decidí hacer una llamada a mi hija Anouk. La última vez habíamos hablado cuando Dimitri nos había abandonado y no ignoraba que la había dejado preocupada. Por eso traté de minimizar los hechos asegurándole que pronto todo se arreglaría. Agradecía infinitamente a Sebastien Craig los cuidados y atenciones para con ella. Anouk, siempre había sido la niña mimada y caprichosa, y al parecer trabajar y vivir junto al líder de los vampiros había resultado más provechoso que nuestros consejos y reprimendas. Es que a veces no sabes cómo conducirte ante hijos rebeldes. No hay escuela que te indique que hacer y qué decir. Aprendes sobre la marcha, y los resultados muchas veces no son los esperados. Sin embargo confiaba en Anouk, porque por más que surgía en ella ese carácter despreocupado y vanidoso, era una Gólubev y no podía fallarnos.

La eduqué no como me criaron mis padres a mí, porque yo los perdí desde niña, sino como los zares educaban a sus hijos, con amor y respeto. Tenía dieciséis años cuando comencé a vivir con los Romanov, y permanecí con ellos hasta cumplir los cuarenta y dos, hasta esa noche… Esa noche que un despiadado asesino me los arrebató de por vida.

El provodnik o camarero me sirvió un café caliente. La primera clase tenía sus lujos de lo contrario hubiera tenido que servirme yo misma de un expendedor. Cuestión que no me hubiera importado. A pesar de crecer entre riquezas tuve que hacer tareas como doméstica, pero mentiría si dijera que era una más. Nunca fui una más de sus sirvientes. La misma zarina supervisaba lo que yo hacía y si notaba alguna tarea impropia o peligrosa su voz firme y autoritaria podía escucharse como si fuera hoy… “Ella no hará esa tarea, no le corresponde”.

Sonreí…

A decir verdad, pocas tareas me correspondían a los ojos de ella. Prácticamente después que fueron llegando las niñas, me convertí en una especie de niñera o dama de compañía de la zarina. Por eso sabía tantos pormenores de su convivencia. Nadie imaginaba que los poderosos zares, cuyas vestimenta lujosa y ademanes exquisitos ante el público, se convertían en una familia normal y corriente al cerrarse las pesadas puertas del palacio.

Una noche, Tatiana vino hasta mi habitación en un mar de lágrimas. La abracé y escuché el motivo de su angustia. Rusia había entrado en guerra desde 1914 y uno de sus enemigos era Alemania. Terrible detalle si nos poníamos a pensar que la zarina era de origen alemán. Tras que no era receptora de mucha simpatía para el pueblo, sus raíces empeoraban las cosas. Tatiana lo sabía y supuse que Olga también, ambas tenía una edad para entender aunque se las mantenía al margen de los disturbios. Es difícil aislar los hechos cuando se hacen tan evidentes. Sin embargo el malestar del pueblo ruso no fue suficientemente claro para el zar, que hasta último momento y después de crear el parlamento para calmar los ánimos, pensó que bastaba para salir ileso de tan grave conflicto social. Mientras una y otra vez se quejaba de encontrarse en el privilegiado estatus de zar, ya que nunca había deseado serlo, una sombra de oscuridad y de odio avanzaba cerniéndose sobre él y a su familia, y que no desaparecería hasta que Yurovsky concluyera su ansiada misión.

Esa misión no sólo era impedir que el ejército blanco pudiera liberar a los zares, tampoco era suficiente asesinarlos, sino que después, debía encargarse de hacer desaparecer los cuerpos para que ningún ser los hallara. Así fue como no sólo fueron enterrados, sino mutilados, degradados con ácido, y quemados.

Mis ojos se perdieron en la blanca campiña que ahora se abría paso a cada lado de las vías. Altos cipreses mostraban su pálido ocre de las ramas entre la abundante nieve…

“No saliste con la tuya, Yurovsky. Tarde o temprano los restos fueron encontrados”.

La voz de Anouk por el móvil me volvió al presente. Había olvidado que tenía marcado su número.

“¿Mamá? ¡Qué sorpresa! ¿Estás bien?”
-Sí, sí querida. Necesitaba saber de ti. Sé que te tengo un poco abandonada. Pero sabes…
“Sí, lo sé. ¿Se ha sabido algo de mi hermano?”
-Aún no, tus hermanos se comunican con él pero no quiere regresar a casa.
“Tú no te preocupes. Estoy segura que en Navidad estará con nosotros”.
-Claro, querida… A ver, cuéntame de ti. ¿Te sientes cómoda con los Craig?
“Sí mamá.”
-¿Estás estudiando para docencia como has dicho?
“Sí”.
-¿Has hecho nuevos amigos?

Silencio…

Volví a insistir.

-Anouk, ¿tienes nuevos amigos?
“Mamá, tengo amigos. Nuevos no, porque salvo mi relación con mi hermano Ivan, nunca he tenido amigos”.

Un dolor atravesó mi pecho. Era mi culpa no haber corregido con firmeza y a tiempo sus defectos y mañas.

-Me alegro que tengas amigos. Ellos son indispensables para la vida, ¿entiendes?
“Sí”.
-Pues cuéntame algo, no sé. Lo que se te ocurra.
“Bueno… He salido a hacer compras con Scarlet varias veces, y también fui una vez a buscar leña a la reserva de lobos”.
-¿No digas?
“Hay un leñador que vive con ellos. Por cierto muy antipático. Es el humano que salvó Adrien. Si lo escucharas opinarías como yo. Es altanero y detestable”.
-Bueno, tú no busques riñas y entredichos, no es de una señorita educada. Tú te apartas y ya.
“Hemos ido a un restaurante con una chica llamada Marin, hermana de Liz. Es muy buena y muy bonita. Ella sí es educada, no como el cavernícola del leñador. Claro que esa noche, Marin se emborrachó y perdió la compostura. Todo por Douglas. Ella lo ama y puedes creer que el tonto llegó al restaurante con una loba inmunda”.
-Anouk, por favor…
“Es verdad mamá, es insoportable. Una ridícula. Marin volcó el plato de la cena sobre la cabeza de la loba –abrí mis ojos como platos- entonces comenzó a chillar por su vestido y no sé qué más. La cuestión es que apoyé a mi amiga Marin y vacié una tinta que llevaba en el bolso en su preciada vestimenta, claro que…”
-¡Anouk, aguarda! ¿Qué has hecho qué?
“Mamá debía apoyarla, pobre Marin se sentía horrible”.
-Cielos, ¿se ha enterado Sebastien?
“¿De la borrachera de Marin o de mi hazaña?
-De ti, Anouk. Me preocupa que piense de ti.
“No te preocupes, él me tiene mucho cariño al igual que a todos los Gólubev”. No me ha llamado la atención desde que estoy aquí”.
-Anouk, prométeme que no harás más ese tipo de cosas, por favor.
“No puedo prometerte nada, mamá. Tú me has dicho siempre que si se tiene amigos hay que apoyarlos”.

Tragué saliva…

-Bueno, sí… Pero también puedes guiar a un amigo a que no cometa esta clase de escenas.
“¿Por qué? Para mí ha hecho muy bien. Loba resbalosa y engreída. Es una roba novios”. ¡Ah! También tengo una amiga que se llama Rose. Ella es sirviente de los Craig, ¡no, perdón! Los Craig no tienen sirvientes, tienen amigos que los ayudan en las tareas, me lo ha dicho Scarlet hasta el cansancio”.

Sonreí.

-Claro, cariño. Dime qué más.
“Mmm… También que monté una moto, pero no te preocupes vestía adecuada. Llevaba pantalón”.
-Ah… Okay… ¿Y quién te enseñó a conducir una moto?
“Nadie, yo no conducía. Fue una tarde que regresaba del hotel de los Craig y me encontré con ese leñador y me alcanzó hasta la mansión. Por supuesto que tuve que por poco rogarle. Es tan altanero, mamá”.

Arquee una ceja.

-Anouk, ¿te gusta el leñador?
“¿Qué? ¿Estás loca? Es insufrible. ¿Cómo se te ocurre tal disparate?”
-Se me ocurre porque lo has nombrado varias veces –sonreí.
“En absoluto”.
-Bueno, cuéntame sobre el cumpleaños de Sebastien. ¿Han pasado bonito?
“Sí, Bianca le regaló un viaje que harán juntos después de las fiestas. Creo que irán a Nueva York”.
-¡Qué interesante, hija!
“Douglas partió a la Isla del Oso, no sabemos si regresará para Navidad, ¡perdón mamá! Debo ir a trabajar. Te dejo un beso y hablaremos en otro momento”.
-Por supuesto, cariño. Cuídate. Te quiero.
“También yo”.

Corté la llamada con una sonrisa a flor de labios. Anouk parecía feliz y podía estar tranquila que estaba en buenas manos. Aunque lo del restaurante… En fin…

El tiempo transcurrió entre paisajes desolados y mis recuerdos. Apenas el tren fue aminorando la velocidad me preparé para enfrentarme a San Petersburgo.



Era una tarde fría y caía la nieve copiosamente cuando crucé la enorme plaza principal. Frente a mí el imponente museo Hermitage catalogado como el segundo museo más grande del mundo. Del margen opuesto la Fortaleza de San Pedro y San Pablo, construido a orillas del rio Neva. Su torre se elevaba más de los cien metros y terminaba en un ángel.

Después de comprar siete rosas blancas en un puesto frente a la iglesia, avancé decidida casi sin pensarlo. Planear llegar hasta aquí había sido fácil, pero no lo era enfrentarme al pasado escabroso y sobre todo saber que a pocos metros reposarían los restos encontrados de los que fueron mi familia del corazón.

Caminé lentamente por los grandes salones y atrios. Una belleza era quedarme corta. Altísimos techos donde predominaba el verde, el dorado, y el blanco. Columnas en mármol, y pisos con diagramas perfectos realzaban el lujo de antaño de una Rusia imperial y convulsionada.



Pero yo no había llegado hasta aquí para admirar el esplendor y la opulencia. Sólo deseaba sentirme cerca de los Romanov. Ni siquiera había programado que iría a hacer al margen de dejar mis rosas. ¿Rezar? ¿Y cómo se hacía? En mis tiempos de humana había sido una católica ortodoxa muy practicante… ¿Y ahora? ¿Ahora qué era?

Me acerqué a la reja que servía de cerco bajando mi capucha del abrigo. Mucho frío hacía en esta época del año y aunque fuera vampiresa acostumbrada que la circulación de la sangre fuera más lenta que la humana, era imposible no percatarse del rigor del invierno. Leí las lápidas de mármol. Mis manos se aferraron a la reja y una emoción me embargó… Mis queridos zares…



El gesto cordial y educado de Nicolás II vino a mi memoria. Sus ojos amables se presentaron frente a mí como si estuviera en cuerpo presente. Su voz…

“¿Tiene que acompañarnos en las vacaciones, Sasha?”
“Con todo respeto, no debería.”
“Los niños desean que vaya y nosotros también.”
“Sé que me necesitan pero…”
“No, no dije que la necesitan, es porque la quieren”.

Cerré los ojos y otra imagen golpeó mi memoria… Recuerdo ese día… Era una comida de una celebración importante. Muchas personalidades. Me quedé con el resto de los empleados domésticos porque hubiera sido un escándalo sentarme con ellos. Pero lo que llamó la atención a todas esas personas de ricas vestimentas y títulos honoríficos fue la decisión del zar de que su esposa presidiera a los comensales. Se acostumbraba que el hombre encabezara la mesa protocolar, sin embargo Nicolás II le hizo el honor a su esposa. Muchos lo criticaron, doy fe. Aunque a varios de los sirvientes provocó una sonrisa.


Me incliné lentamente persignándome y puse mis siete rosas en el florero dorado más cercano. Me disponía a rezar como alguna vez había aprendido, y fue cuando la vi… A pocos metros de mí estaba la joven Anoushka intentando ubicar sus flores en otro florero.

Varias emociones se hicieron dueñas de mí… La confusión, la rabia, el dolor de verla allí.

Me puse de pie inmediatamente y me acerqué con la sangre calentando mis entrañas.

-¿Qué haces aquí?

Ella alzó la vista y las flores cayeron al suelo. Me miró aturdida y murmuró un “no puede ser”.

-¡Lo que no puede ser es que te atrevas a tanto!

Había pocas personas merodeando por ser invierno. Ni siquiera muchos turistas se aventuraban en diciembre a la hora de la tarde pero aún así un par de ancianas que rezaban levantaron la vista hacia nosotras.

Bajé la voz mientras echaba un vistazo al guardia que de pie, al final de la escalinata, permanecía custodiando la entrada del mausoleo.

-Te he hecho una pregunta. ¿Qué estás haciendo aquí?
-Necesitaba llegar hasta aquí y pedir disculpas –susurró bajando la vista.
-¿Disculpas? Entérate que no les devolverás la vida.
-Eso ya lo sé, señora Gólubev. Pero es mi derecho tratar de acercarme a ellos y romper ese pasado tan doloroso.
-¡Qué fácil te resulta!
-No, no es fácil.
-Para ellos no fue fácil. Había niños, jóvenes… Tu maldito pariente terminó con sus vidas. Y mientras tú nacías y crecías con amor e ilusiones, ninguno de ellos pudo cumplir su sueño por tu desgraciada ascendencia.
-Lo siento, de verdad –tartamudeó-. ¡No tengo la culpa!

Rápidamente recogió las once flores. Once… No siete… Ella había traído rosas para los sirvientes que también perecieron con los Romanov. Me sentí una altanera aristocrática que solo había pensado en los zares, y una imbécil porque la enamorada de mi hijo me daba una lección.

Intentó hacer lugar en el florero repleto de rosas, parecía una tarea dificultosa pero no iba a acercarme a ayudarla de ninguna forma.

-Es evidente que tus rosas no son bien recibidas aquí –murmuré.

De pronto una señora que vestía de negro recogió su abrigo que lamía el suelo y avanzó hacia Anoushka. Una capucha oscura no dejaba ver su rostro pero parecía una mujer alta y robusta. Se inclinó y con su mano blanca y delicada hizo lugar en el jarrón dorado para que las flores quedaran junto al resto.

Anoushka no dio las gracias, creo que estaba muy alterada por verme allí.

Con la rodilla apoyada en el suelo pareció rezar una oración. Me sentía ultrajada con su presencia en ese lugar tan sagrado para mí. Aguardé en silencio sin apartar mi vista de ella…

Estaba indignada. ¿Cómo era posible que pisara el sitio de descanso de aquellos a quienes les dio muerte sin piedad ese cretino? ¿Es que no tenían límite los Yurovsky?

Al fin se puso de pie e intentó dirigirse a la salida, pero le corté el paso y la miré a los ojos. Esos ojos oscuros y renegridos como la noche.

-Tienes en tu mirada el mismo brillo del asesino de tu bisabuelo.

Ella me miró con honda tristeza.

-O el brillo de un asesino, o la mirada de amor sincero para con su hijo Dimitri. Usted, señora Gólubev, verá lo que desee ver.

Sin girarse para verme una sola vez, se retiró apresurada.

Angustiada, desconsolada, me acerqué quedándome de pie a una distancia de la reja y prendí los botones de mi abrigo. Mijaíl debía estar preocupado. Lo llamaría en cuanto abandonara la catedral. A esta altura mi viaje había resultado un desastre. Mi encuentro con los Romanov había sido empañado por otro encuentro indeseable.

A mi lado, la dama de negro avanzó hasta la reja quedando espaldas a mí. Parecía ser un descendiente de los Romanov por su actitud de recogimiento. Daba impresión de no importarle quien la miraba, ella estaba sumergida en sus pensamientos.

Se retiró en silencio después de varios minutos de orar pero ni siquiera cuando pasó a mi lado pude ver su rostro cubierto con la capucha. Por eso fue mi sorpresa cuando tras de mí se escuchó su voz.

-El odio no lleva a nada bueno. Cuando perdonamos nos liberamos, y caminamos más libres y sin dolor.

Su mano se posó en mi hombro y una corriente helada recorrió mi cuerpo hasta erizarme los cabellos.

Abrí mi boca, quise girarme y enfrentarla, pero algo me lo impedía.

-Tu corazón no merece sentir el rencor, Sasha querida. Perdona y libérate.

Inmediatamente saqué fuerzas de donde no tenía y giré reclamándole.

-¿Cómo sabe mi nombre?

Sin embargo la dama había desaparecido.

Miré hacia un lado y otro sin poder ubicarla. Cuando estaba a punto de darme por vencida pude reconocer su abrigo negro y su andar sutil bajando las escaleras. Pasó junto al guardia de la puerta y volví a perderla. Me apresuré hasta llegar al oficial de uniforme que atento observaba la entrada y salida de los visitantes.

Agitada y confundida llegué hasta él.

-Disculpe, ¿la señora que vestía de negro salió a la calle o cogió un pasillo?

El guardia me miró fijo sin entender.

-¿Señora de negro? No, se equivoca. Aquí no ha pasado nadie.

Me quedé mirándolo mientras mi corazón latía sin control.

-¿Está seguro?
-Por supuesto, señora.

Inclinó la cabeza a modo de respeto y continuó vigilando el alrededor.

Abandoné la catedral con el alma hecha añicos. ¿Estaba volviéndome loca? Lo peor de todo que hubiera jurado que no.

El viaje de regreso se me hizo largo y triste. No deseaba por un lado alejarme de mis Romanov, y a la vez necesitaba el refugio de los míos.

Al llegar y pisar mi hogar después de mi viaje lleno de sucesos dolorosos y extraños, Mijaíl me esperaba en la habitación. Recostado en la cabecera con dos almohadas leía el periódico muy concentrado. Aunque al escuchar el cierre de la puerta levantó la vista y me miró.

-Por fin llegas, me tenías preocupado.

Permanecí de pie sin moverme. Sonreí débilmente y lágrimas retenidas durante horas anteriores comenzaron a resbalar por mis mejillas.

De un salto mi marido se sentó en la cama.

-¡Cielos Sasha! ¿Qué te ha ocurrido?

Negué con la cabeza con firmeza.

-No, no te preocupes, estoy bien. Yo… Sólo necesito desahogarme.

Se acercó echando el periódico a un lado y me abrazó.

-Ven, vamos a la cama. No hay mejor lugar que mis brazos para sentirte mejor. No te preocupes –susurró acariciando mi espalda-, si lo deseas sólo te escucharé en silencio.
-Te amo tanto –murmuré aferrándome a él.

………………………………………………………........................

El nuevo día llegó refugiada en los brazos de mi amado. Tras los cristales de la ventana podían verse los primeros y débiles rayos de sol. La nevada del día anterior había cesado y ahora las calles de Moscú permanecerían despejadas. Recorrí con los ojos mi habitación de ambiente amplio y lujoso hasta encontrarme con lo único auténtico en ese espacio, los ojos púrpura de mi marido.

Me apoyé en su pecho musculoso y firme hasta lograr la posición perfecta para que ambos nos hundiéramos en una mirada de amor mutuo.

-¿Crees que soy mala, Mijaíl?

Él acarició mis cabellos.

-En absoluto. Nunca pensaría eso de ti.
-¿Qué crees de mí durante este último tiempo?
-Pienso que tienes problemas que debes solucionar. Y que serás capaz de salir adelante, con o sin mi ayuda… Pero lo harás.

Suspiré y me deslicé entre sus brazos que se cernieron a mí.

Una de mis manos resbaló hasta su bajo vientre. Él dio un respingo y contuvo la respiración.

-Hace una semana no hacemos el amor –murmuré besando la piel tersa de su abdomen.
-Lo sé. Siete días y cinco horas y media.

Sonreí.

-Te tengo abandonado, ¿verdad?
-No he dicho eso. Sólo que cuento el tiempo que no estoy en tus brazos con exactitud.

Lo miré a través de las pestañas.

Su sonrisa fue liberándose hasta convertirse en amplia y divertida.

-¿Tienes planeado ponerte al día?
-¿Tú qué crees?
-Creo que lo pasaré muy bien. ¿Y tú qué dices?
-Yo digo que te lo mereces por tu paciencia.

Mis labios resbalaron hasta sus piernas y mordisquee la piel perfumada con Bleu de Chanel. Los dedos ávidos de cada rincón de su cuerpo pasearon lentamente una y otra vez mientras su sexo endurecía por el deseo.

Dormíamos desnudos, siempre. Una costumbre que fuimos adoptando con el correr de los años a medida que él me hacía sentir hermosa y orgullosa de mi cuerpo. Al principio no era fácil. El género femenino es muy reacio a reconocer y aceptarnos tal cual somos frente a la desnudez de un macho como Mijaíl. Él era perfecto. Cincelado por el mejor escultor. Sin embargo, mucho tiempo de estar juntos había logrado mimetizarnos en muchas actitudes. Esperaba con todo mi corazón que la larga convivencia también me había contagiado sus virtudes. Mijaíl era bondadoso, clemente, compasivo e indulgente, en absoluto rencoroso. Características que debía haber adquirido con el paso de los años junto a él. ¿Había adoptado su ser tan misericordioso? Si no había sido así hasta ahora… Era el momento de tratar de lograrlo.

No deseaba que fuera al revés. Que mi orgullo y mi rencor terminara por convertirlo en la persona que rechazaba yo misma ser. Valía la pena el esfuerzo porque dentro de mi corazón la crueldad y vanidad me molestaba. El suceso del último tiempo había puesto a prueba la mezcla de sentimientos que a veces llevamos dentro de uno. Tarde o temprano debía decidirme que deseaba para mí.

El reguero de besos culminó en la entrepierna. Abrí los ojos para observar ese gesto de ansiedad y placer que amaba tanto. La lengua hurgó serpenteando hasta que mi boca capturó sus testículos. Se arqueó ofreciéndose por completo y entregándose como sólo sabía hacerlo él.

El primer gemido que escuché de sus labios provocó una sonrisa. Era la señal para saber fehacientemente que lo que hacían mis labios era lo correcto. Jugué con la lengua sobre la cabeza de su falo y lo hundí lentamente mientras mis ojos se deleitaban en las venas de su cuello tenso, en sus labios entreabiertos, en su iris oculto por sus largas pestañas, en sus puños aferrados a la almohada…

Degusté cada centímetro de su sexo no sólo porque a él lo enloquecía, sino porque yo lo disfrutaba. Poco a poco el movimiento de sus caderas suave y constante acompañó mi boca devoradora… Mi boca hambrienta…

-Mi amor… -susurró-. Quiero estar dentro de ti.

Subí a horcajadas y descendí sobre su duro pene.

Él siseó y el aire escapó de sus labios. Me miró con los ojos entreabiertos y sonrió.

-Cariño…

Sentí sus manos aferrarse a mi cintura y hundirse más dentro de mí.

Esta vez fui yo quien dejó escapar un quejido placentero. Sentí mi cavidad estrecha y húmeda dilatarse a medida que su cuerpo empujaba hasta lo profundo. Comencé a moverme sobre él disfrutando esos sonidos guturales que ya se confundían con los míos.

Sentí que el amor de Mijaíl seguía tan intacto como su pasión. Mi esfuerzo por ser cada vez mejor era un objetivo imperativo irrenunciable. Deseaba volver a ser la misma que lo esperaba coqueta y elegante. A la que le gustaba acompañarlo a esas reuniones aburridas de negocios, sólo por el hecho de estar con él. A la madre de sus hijos, aquella que vigilaba atenta cada movimiento de mis cinco retoños. La misma que amaba compartir las anécdotas en familia durante las reuniones en la sala. La que sonreía divertida por alguna pelea común entre hermanos. La consejera y amiga, la amante enamorada, la digna señora Gólubev de hace un tiempo. No deseaba ser la sombra de aquella que había sido nunca más. Para eso, debía romper con el pasado y sus rencores. ¿Lo lograría?




8 comentarios:

  1. Ufffff que final de capi amiga...me dio calorcito... Un bombon ese Mijaíl...como el buen vino... Jajaja
    Me gusto mucho,disfrute el paseo por rusia con tu relato.
    Espero q Sasha abra los ojos de una buena vez y recapaite.

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    1. ¡Hola Ale! Siii qué calor con este Gólubev! Además es un señor. Me alegro te haya gustado el paseo,quien sabe algún día pasearemos por allí.
      Lo de Sasha, paciencia... queda poco para resolver para bien o para mal. Un besote reina y gracias por leerme y comentar.

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  2. Ese Mijaíl es un amor de hombre y super sexy!...yo espero que Sasha abra los ojos y deje el pasado que la atormenta y no la deje vivir en paz, no hay duda que la lectura te lleva a lugares hermosos, Lou muchas gracias por el capitulo!

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    1. ¡Hola Lau! Mijaíl me tiene cautivada, debería hacer un libro sólo de los Gólubev, pero no tengo tiempo por ahora, quien sabe más adelante.
      Veremos que pasa con Sasha, viene una fecha muy especial y sería horrible que Dimitri no regresara. Muchas gracias cielo por leerme y comentar.Un besote grande.

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  3. Me encanta el personaje Mijail, me enamorado de nuevo. Adoro como combinaste la historia y la descripciones. Genial capítulo

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    1. ¡Hola Citu! Es cierto Mijaíl es un bombón. A mime tiene enamorada también. Me alegro mucho que te haya gustado la historia y las descripciones. Amo viajar. Algún día lo haré. Un besote grande amiga gracias por tu comentario, ¡y que tengas una buena semana!

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  4. Hola Lou... Me alegra que Dimitri y Anoushka estén juntos, aunque de momento no hagan planes de futuro... creo lógico que él quiera arreglar las cosas con su familia
    El abuelo me parece un personaje muy tierno... ha tirado todos los cuadros, menos mal que ha dejado los de los padres de Anoushka
    Preciosas las fotos que nos has mostrado en este capítulo, las historias que nos has contado, las descripciones...
    Me ha encantado la conversación que Sasha ha mantenido con Anouk... Creo que la madre acierta cuando piensa que a su hija le puede gustar ese "detestable leñador"
    Es terrible lo que Yurovsky les hizo a los Romanov... es lógico que a Sasha le cueste aceptar a Anoushka
    Las palabras de Sasha a Anoushka han sido muy duras, es horroroso que le diga que en su mirada tiene el mismo brillo asesino que su bisabuelo
    Me ha impresionado la dama de negro que ayuda a Anoushka a colocar las flores y que, antes de desaparecer, le pide a Sasha que perdone y se libere
    Creo que esta dama podría ser la esposa del zar
    Mijail es un encanto y creo que puede conseguir que Sasha olvide los rencores
    Me ha encantado, Lou... Ha sido un placer leerlo
    Besos

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    1. ¡Hola Mela! Anoushka y Dimitri parece que se aman pero deberán solucionar el conflicto con Sasha ya que es imprescindible estar en paz con la familia en este caso.
      Las historia son producto de la imaginación como ya habrás supuesto pero los datos los he buscado con amor y placer para ustedes. La imágenes hermosas.
      Yurovsky en ese contexto historico quizás no sea tan mal visto aunque para mí lo niños o jóvenes siguen siendo lo mismo en todas las épocas. Sasha obra por dolor pero en el medio también está el gran amor para con su hijo, deberá solucionarlo.
      La dama de negro, sí querida Mela, yo creo lo mismo que tú, parece ser la zarina a la que ella amo y respetó tanto.
      Mijaíl... qué agregar! Es un tierno y un verdadero hombre aunque es vampiro.
      El placer lo tengo yo, por tenerte como lectora. Gracias miles por estar aquí. Un besote.

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